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martes, 1 de junio de 2021
martes, 23 de marzo de 2021
Recuerdan al genial padre Castellani a 40 años de su fallecimiento
Noticias Interés General
- 15 de marzo, 2021
- Buenos Aires (AICA)
Se cumplen hoy 40 años del fallecimiento del escritor y sacerdote Leonardo Castellani, de prolífica obra y profundo sentido apostólico y profético.
Padre Leonardo Castellani
“Los que recuerdan el nacimiento celebran la aparición poco pulcra de un informe y desvalido embrión humano, que no se sabe si durará y qué dará de sí; los que festejan la muerte celebran la madurez de un alma inmortal, que rompe un cuerpo gastado hasta la cuerda”, escribió el propio Leonardo Castellani, sacerdote, brillante escritor y un lúcido pensador, que un 15 de marzo de 1981, hace hoy 40 años, moría en Buenos Aires, dejando una prolífica obra que enorgullece a las letras argentinas.
“Hoy se celebra un nuevo aniversario de la partida a la Casa del Padre del querido Padre Leonardo Castellani de feliz memoria”, recuerda Manuel Outeda Blanco, director de la Exposición del Libro Católico.
“A lo largo de su vida fecunda se destacó como sacerdote escritor y patriota, dando testimonio con su pluma siempre para honrar a Dios y demostrar su amor al prójimo”, expresó a AICA Outeda.
Y añadió: “En el marco de la Exposicion del Libro destacamos y honramos su trayectoria de notable e ilustre escritor con la entrega anual de la Estatuilla que lleva su nombre. La recibieron hombres y mujeres que siguieron sus pasos como monseñor Octavio Derisi, el profesor Enrique Mayocchi, el padre Cayetano Bruno, la doctora Lila Archideo, el doctor Alberto Caturelli, monseñor Juan Carlos Rutta, el doctor Pedro Luis Barcia y el profesor José María Castiñeira de Dios. “Todos ellos conocieron y se enriquecieron del genio del padre Castellani”, afirmó Manuel Outeda.
“Castellani se destaca en todos los géneros y ciencias sagradas y profanas hasta crear como decía el cardenal Quarracino 'un género propio’”, destacó por su parte el doctor Rafael Breide Obeid, director de la Revista Gladius y propagador de la obra del Padre Castellani.
“Su prosa -añade Breide Obeid- es genial. Fluye diáfana y cristalina integrando todos los saberes. Es plenamente católico es decir universal, y por su unión con Nuestro Señor Jesucristo con Él, es rey, sacerdote y profeta”.
“Sus sesenta libros son el tesoro más grande de la Argentina. Que más se enriquece cuanto más se difunde”, indicó el director de Gladius.
El Padre Castellani
“Es la mente más brillante
que dio la Argentina en el siglo XX”, supo decir Jorge Luis Borges sobre
este hombre nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe, un 16 de
noviembre de 1899.
Terminó el bachillerato en Santa Fe y en 1918 ingresó al noviciado jesuita de Córdoba. Estudió letras, filosofía y teología en Santa Fe, luego en Buenos Aires y comenzó a escribir (Camperas), luego fue enviado en 1929 a Europa a proseguir sus estudios, en 1931 fue ordenado sacerdote y estudió Filosofía y Teología en la Gregoriana de Roma. Después estudió Psicología en la Sorbona de París. Tras unos meses en Alemania, en 1935 volvió a la Argentina.
Había egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con las más altas notas obteniendo el Título de “Doctor Sacro Universal” en Teología y Filosofía, lo que lo habilitaba a escribir con notas propias sobre las Sagradas Escrituras, sin previa autorización del Vaticano, lo que sólo pudieron hacer muy pocos hombres en la milenaria historia de la Iglesia Católica. El título obtenido se conoce vulgarmente como “Doctor de la Iglesia”.
Luego partió a Francia a estudiar durante tres años en La Sorbona la carrera Superior de Filosofía, Sección Psicología. Luego pasó a Alemania para profundizar los estudios y la práctica con enfermos mentales.
Publicó 56 obras tanto religiosas como poéticas, fábulas campestres, relatos, y luego de una serie de conflictos con su Orden (Jesuitas), fue expulsado de la misma soportando dos años de prisión en Manresa (España), de la cual puede escapar con ayuda de amigos en un estado físico y mental deplorable. Tampoco pudo ejercer su ministerio sacerdotal durante varios años. Pero nunca dejó de escribir tanto libros como artículos periodísticos en diarios y revistas.
No solo fue un docente responsable y bien preparado, sino también un periodista nato, y un iniciador de la crítica literaria seria en la Argentina, con no menos de veinte seudónimos colaboró en publicaciones diversas editadas en la ciudad de Buenos Aires como Estudios, revista El Salvador, Criterio, Revista de la Universidad de Buenos Aires, Nuestro tiempo, Verbo, Cabildo (sobre todo), Dinámica social, Patria libre, entre otras,
Firmó cerca de 500 artículos y dirigió dos revistas: Estudios, de la Academia Literaria del Plata y Jauja, fundada por él mismo. La gran mayoría de sus libros editados hasta ahora son colecciones de artículos, lo cual no quita nada a su originalidad y solidez doctrinaria. En el último tramo de su vida se dedicó a la exégesis bíblica, preocupado, sobre todo, en el tema de la segunda venida de Cristo.
El año 1975 marcó el reconocimiento de los argentinos a este ciudadano ilustre: la Universidad de Buenos Aires le otorga el grado de “Doctor Honoris Causa” y el Gobierno Nacional le otorga el premio “Consagración Nacional”.
En 2004 sus restos fueron trasladados, en un significativo acto, al cementerio de Reconquista, al “Panteón de la Ciudad”, lugar donde descansan “los restos mortales de aquellos ciudadanos que se hayan destacado en algún aspecto de la vida social”.
El presbítero Francisco Avellá Chafer, historiador del clero porteño y alumno del padre Castellani, describía así a su antiguo profesor: “En grado eminente, se daban en él tres requisitos esenciales: memoria firme, fantasía fértil e ingenio agudo, cualidades que lo elevaron a niveles de genio”.+
[https://aica.org/noticia-recuerdan-al-genial-padre-castellani-a-40-anos-de-su-fallecimiento]
sábado, 30 de marzo de 2019
La biosfera, Leonardo Castellani, una especie que espera
jueves, 21 de junio de 2018
Actualización Faja de Honor “P. Leonardo Castellani” 2018
Lugar de Presentación: Las obras deberán ser presentadas personalmente o remitidos por correo postal a nombre de: Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el horario de lunes a viernes de 10 a 18 hs.
Informes: (011) 15-4-470-7734; info@librocatolico.com.ar; www.librocatolico.com.ar; @LibroCatolico; www.facebook.com/exposiciondellibro.catolico; y https://exposicionlibrocatolico.blogspot.com.ar.
BASES COMPLETAS EN: https://issuu.com/exlica/docs/bases_certamenes-2018
lunes, 9 de octubre de 2017
viernes, 25 de noviembre de 2016
El micrófono de Dios
[Sobre el estado actual de la Iglesia] ya ha hablado el padre Lombardi, en un librote titulado Pío XII: Per un mondo migliore que está en nuestras manos; el cual Lombardi, "il microfono di Dio", aunque no esea santo de nuestra devoción, "propala" aquí varias cosas excelentes, entre ellas una amplia revisión del armazón externo de la Iglesia, que parece —y está— hoy día carcomido en tantas partes.
"La introducción más y más larga y directa de los laicos en la ciudadela eclesiástica, tan celosa hasta hoy de la exclusividad de sus poderes", exclama el orador italiano, tesis que tiene por autor primero al excelso poeta francés Paul Claudel. En suma, en vez de que los sacerdotes se "entren" de obreros, que los obreros hagan un poco de sacerdotes, en ese gran "senado de católicos" que él propicia. También él hace notar que el manejo impersonal de los asuntos eclesiásticos por una burocracia mecánica y ciega puede producir males espantosos, como produjo el resentimiento y la caída reciente de una gran teólogo alemán ¡y no uno solo a osadas!, idea que en sus dos librotes Pío XII per un mondo migliore y Per un mondo nuovo propala el porvenirista "il microfono di Dio", con bastante malhumor de la prelatura vaticana, pero con el auspicio directo de Pío XII, según leemos en periódicos italianos. ["Los curas proletarios", Dinámica Social, nº 45 (Bs. As.: mayo de 1954); reproducido en Seis ensayos y tres cartas (Bs. As.: Dictio, 1978).]En su curso sobre Psicología Humana, sigue diciendo Castellani:
El temor que cubre nuestra época se desahoga a ratos en espasmos de euforia y de esperanza, basadas en la superstición. Prosperan los pseudo-profetas, los profetas eufóricos, sacerdotes o no sacerdotes; y sacerdotes de la religión o sacerdotes de la Ciencia, que es hoy día la verdadera religión de las masas. Por aquí anduvo un sacerdote muy elocuente y afamado, el P. Lombardi, a quien yo tengo por pseudo-profeta, que tiene grandes éxitos en las masas italianas predicándoles un siglo de paz, de dicha y de bienandanza basado en el democristianismo, en la bondad o en la bondadosidad (que no es la caridad) y en el Primado de Italia, “il primato italiano”; nación según él elegida por Dios para dominar al mundo, por lo menos en lo religioso. [En cuanto a Lombardi, si macaneó aquí todo lo que quiso, fue porque yo no estaba: o si estaba, estaba sin los medios de ladrar. Yo soy el perro guardián para estos casos; el perro de la Iglesia Argentina por lo menos (Tachado en el original).]Y más adelante,
Cuando yo estaba en Roma en 1947, el P. Lombardi proponía una Cruzada de la Bondad aplaudida por todas las revistuchas y diaruchos de Europa, que haría él con otros doce Apóstoles, elegidos de todas las razas y lenguas del mundo, vestidos de blanco y en un aeroplano blanco con un piloto negro. Recorrerían todos los Luna Park del mundo predicando la bondad, todo lo cual se inició con una gran colecta; y terminó lo mismo que la ascensión a la estratósfera del P. Puig y el Mayor Olivera, y la gran colecta de los 10.000 pilotos, y otras grandes colectas. Esto es romanticismo religioso, y como en el mundo hay muchos vivos, siempre hay alguno que se aprovecha del tango de modo contante y sonante.” [Psicología Humana, (Mendoza: Jauja, 1996).]Pero donde se despacha realmente es en Los Papeles de Benjamín Benavides, donde lo llama Milanesi.
Leyó el folleto L’Italia di rimpetto ai nuovi tempi del padre Milanesi —creo que este apellido que don Benya usa es, en realidad, Lombardi— y escuchó por radio a este célebre orador dos veces. Organizaron en el camp una solemne audición para todos los prisioneros y asistió el teniente italiano, el capellán y todos los guardias. Éste era un predicador que “hacía furor” en este tiempo en Italia, recorría Italia y llenaba de oyentes los teatros. Al viejo no le gustó nada. En el cuaderno que tengo hay dos fragmentos, del 27 de febrero y del 2 de marzo de 1947 que voy a copiar y que expíe san con todo desenfado la impresión y el juido que le mereció. ¿Qué mal puede hacer ya ahora a don Benya el que eso se conozca?
Pero, ¿quién era el Padre Lombardi?
miércoles, 15 de junio de 2016
viernes, 2 de octubre de 2015
viernes, 21 de noviembre de 2014
Colección de Castellani en revistas...
Castellani en revistas
# | hernan | 10-noviembre-2014 | comentarios |
martes, 17 de junio de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
El cuento
Número 76 año VII (marzo de 1928) de la revista mensual Ichthys del Centro de Estudios Religiosos para Señoras y Señoritas, dirigida por Delfina Bunge de Gálvez, donde el P. Castellani, bajo el seudónimo Jerónimo del Rey, publicó el ensayo "El Cuento".
miércoles, 26 de septiembre de 2012
El verbo salvífico de Leonardo Castellani
martes, 7 de agosto de 2012
Conti habla de Castellani
Por Haroldo Conti
Se publicó como recuadro junto al reportaje que Guillermo Gutiérrez hizo al P. Castellani, con notas y selección de textos del mismo Gutiérrez, y que fue publicado como “Padre Castellani: Un oficio parecido al deshollinador”, en la revista Crisis, nº 37, Buenos Aires, Mayo de 1976, p. 43. Lamentablemente no hemos podido dar con la "famosa" fotografía.
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| Viñeta aparecida en el reportaje que le hiciera esta misma revista en su número 39. |
miércoles, 1 de agosto de 2012
Para castellanianos impenitentes
http://www.cuadernas.com.ar/libreria.php?id=63
|
Consultas por correo electrónico.
jueves, 26 de julio de 2012
"Los Duques" (de Chesterton)
El duque de Chambertin-Pommard era la minúscula pero vivaz reliquia de una familia realmente aristocrática, cuyos miembros fueron casi ateos hasta el tiempo de la Revolución Francesa, pero desde este suceso, tan benéfico en algunos aspectos, eran extremadamente devotos. El Duque era un realista, un nacionalista y un patriota acendrado-dése estilo que consiste en predicar constantemente que la patria está no tanto en peligro cuanto del todo arruinada. Escribía chispeantes articulemos en la prensa maurrasiana titulados: El Fin de Francia o La última alerta y todo eso, y estaba dando la última mano a un cuadro del Kaiser galopando sobre una alfombra de postrados parisienses, con un fulgor de patriótica exultación. Era sumamente pobre y hasta sus amigos y relaciones eran impechables. Paseaba vivazmente hasta una modesta fondita para sus diarias comidas y allí tenía el aspecto de uno cualquiera.
Viviendo en una comarca donde no existe aristocracia tenía una alta opinión de ella. Añoraba las espadas y las estatuarias maneras de los Pommards antes de la Revolución-muchos de los cuales habían sido (en teoría) republicanos. Pero todavía con más práctica afición se volvía hacia una región de Europa donde la tricolor nunca llegó a flotar y los hombres nunca fueron torpemente igualados delante la ley. La miel y el consuelo de su vida era Inglaterra, que toda Europa mira como la única pura aristocracia sobreviviente. Tenía además un vago gusto por el deporte y criaba un dogo inglés, creyendo que el inglés era una raza de dogos, de heroicos hidalgos y corajudos mesnaderos, porque leía todo eso en los diarios ingleses conservadores, escritos por exhaustos tinterillos semitas. Pero su principal lectura era desde luego en los diarios conservadores franceses, y fue allí donde se enteró del horrible asunto del Budget. Allí leyó la confiscatoria revolución planteada por el Gran Lord Guardasellos, el siniestro Lloyd Georges. También leyó cuán caballeroso el Príncipe Sir Arturo Balfour de Burleigh había desafiado a este demagogo, apoyado por Austen el Lord Chamberlain y el gayo y agudo Walter Lang. Y siendo un listo partidario y un periodista capaz, decidió hacer una visita a Inglaterra y reportar a su periódico acerca de la batalla.
Rodó por una eternidad en campo abierto, entre hermosos bosques, con, en el bolsillo, una presentación a un Duque que debía presentarlo a otro Duque. Las interminables innumerables galerías de azarosos pinares le daban la extraña impresión de ser transportado por los incontables corredores de un sueño. Pero el vasto silencio y la frescura curaban su irritación contra la inquietud y fealdad urbana. Parecía un propio escenario para el retorno de la caballería. En tal foresta podía un Rey con corte y todo perderse cazando, o un andante caballero perecer sin más compañía que Dios. El mismo castillo donde abordó era un poco más reducido de lo esperado, pero lo hechizó con su perfil almenado y romántico. Iba ya a saltar, cuando alguien abrió dos enormes valvas a un lado y el vehículo rodó rápido adentro.
-¿No es la casa? -preguntó al cochero.-No, señor -dijo el cochero controlando una sonrisa-, es el puesto.-Ah, sí -dijo el Duque de Chambertin-Pommard-. Aquí es donde comienza la tierra del Duque.-¡Oh, no! -dijo el hombre, enteramente boleado-. Hemos estado en tierras de Su Alteza todo el día.
El francés agradeció y se reclinó en el carruaje, sintiendo como si toda cosa fuese inmensamente vasta y grande, como Gulliver en el país de los Gigantes.
Aportaron al frente de una larga fachada de un edificio más bien severo, y un hombrecillo negligente en cazadora y bombacha descendió rápido los escalones. Llevaba flojos bigotes rubios y azules opacos aniñados ojos: sus facciones eran vulgares, pero su acogida extremadamente amable y hospital. Era el Duque de Aylesbury, quizá el terrateniente mayor de Europa, y conocido sólo como gran criador de caballos antes que empezara a escribir cartitas a los diarios acerca del Budget. Condujo arriba al Duque francés, parlando nonadas con cordialidad, y allí le presentó otro más importante oligarca inglés, que se alzó de un escritorio con un elance levemente senil. Tenía calva luciente y anteojos, media cara enmascarada con una corta barba oscura, que no escondía una sonrisa de agrado, no desprovista de rigor. Pendía un poco al caminar, como un viejo empleado o cajero; y aun sin el talonario de cheques en su mesa, habría dado la impresión de un negociante o mercader. Vestía un ligero terno gris. Era el Duque de Windsor, el gran estadista conservador. Entre estos dos amigables compinches, el pequeño galo estaba erguido en su levitón negro, con la monstruosa gravedad de la ceremonia francesa. Esta rigidez llevó al Duque de Windsor a ponerlo cómodo (como a un subalterno) y a decir, frotando las manos:
-Encantado con su carta... encantado. Muy satisfecho si puedo proporcionar a usted... este... algunos detalles.
-Mi visita -dijo el francés- difícilmente permitirá el metódico agote del detalle. Voy detrás de la idea. La idea, que es siempre la cosa inmediata.
-Exactamente -dijo el otro enseguida-, exactamente... la idea.
Sintiendo vagamente que era su turno (el inglés habiendo dicho todo lo que se podía esperar), Pommard continuó:
-Quiero decir, la idea de aristocracia. Yo consideró ésta como la última gran batalla por la idea. La aristocracia, como todo lo demás, debe justificarse ante la humanidad. La aristocracia es algo bueno, porque mantiene una pintura de la dignidad humana en un mundo en que tal dignidad está por todo ofuscada por serviles menesteres. Sólo la aristocracia mantiene una alta reticencia de cuerpo y alma, una cierta noble reserva entre los sexos, por ejemplo.
El Duque de Aylesbury, que tenía un nebuloso recuerdo de haber chuflado un sifón de soda descote abajo de una Condesa la noche antes, parecía un poco mohino, como si lamentara el espíritu teórico de la raza. El Duque más viejo se rió cordialmente y dijo:
-Bien, bien, usted sabe: nosotros ingleses somos horriblemente prácticos. Para nosotros la gran cuestión es la tierra. Aquí en el campo... ¿conoce usted esta parte?
-Sí, sí -dijo el francés vivamente-. Comprendo lo que dice. ¡El campo! ¡La antigua vida simple de la humanidad! ¡Una cruzada contra las sucias apretadas urbes! ¿Qué derecho tienen esos anarquistas para atacar vuestras sólidas y prósperas campañas? ¿Acaso todo no ha prosperado bajo vuestra dirección? ¿Y acaso las aldeas inglesas no devienen día a día más grandes y alegres bajo la entusiasta conducción de vuestros dinámicos Squires? ¿No existen las Fiestas Mayas? ¿No existe la Gaya Inglaterra?
El Duque de Aylesbury hizo un ruido en la glotis y luego dijo distintamente:
-Todos se van a Londres.-¿Todos se van a Londres? -repitió Pommar con mirada absorta-. ¿Por qué?
Esta vez nadie respondió y Pommard tuvo que partir de nuevo.
-El espíritu de aristocracia es esencialmente opuesto a la codicia de las grandes ciudades industriales. Sin embargo, hay hoy día en Francia uno o dos nobles tan viles como para mercantear carbón o tejidos y mercantear fuerte.
El Duque de Windsor miró la alfombra.
El Duque de Aylesbury fue y miró afuera de la ventana. Al fin el último dijo:
-Vea, eso es medio duro. Uno tiene también que rebuscárselas en la ciudad.-¡No diga eso! -gritó el pequeño francés irguiéndose-. Yo les aseguro que toda Europa es una viva batalla entre el negocio y el honor. Si no luchamos por el honor ¿quién luchará? ¿Qué otro derecho tenemos nosotros patudos pecadores a títulos y cuarteles en el escudo, anoser el que estamos mal que bien sosteniendo en el mundo cierta idea de dar cosas que no pueden exigirse y evitar cosas que no pueden castigarse? Nuestra única obligación es que somos una valla en toda la Cristiandad, contra el judío prendero y mercachifle, contra los Goldstein y los...
El Duque Aylesbury se volvió redondo, las manos en los bolsillos.
-Oh, pucha -dijo-; usted ha estado leyendo a Lloyd George. Nadie si no es un chancho comunista puede decir una palabra contra Goldstein.
-Y yo no puedo permitir por cierto -dijo el Duque viejo lamentándose medio temblón- que el respetado nombre de Lord Goldstein...
Quería ser impresionante; pero había algo en los ojos del francesilla que no es fácilmente impresionable: brillaba allí ese acero vivo que es el alma de Francia.
-Caballeros -dijo-, me parece que ahora tengo los detalles. Habéis regido Inglaterra por cuatrocientos años. Por confesión propia, habéis vuelto la campaña inglesa invisible a hombres. Por confesión propia, habéis ayudado al triunfo de la urbe, del humo y de la confusión. Por confesión propia sois carne y uña con esos prestamistas y esos aventureros, que tenerlos a raya es la única misión y justificación en este mundo del caballero. Yo no sé lo que hará con vosotros vuestro pueblo. Mi pueblo os daría muerte.
Algunos minutos después estaba fuera de la casa ducal; y algunas horas luego fuera de la hacienda ducal.
martes, 10 de julio de 2012
En el día de la patria
miércoles, 16 de mayo de 2012
Problema
mi copero mayor y mi grey
llenarían mi vaso de plata
de Falerno, de Chipre y Jerez...
Pero Hirt es pagano, pagano,
y sus siervos le dan de beber
¡tres tazones de leche por día
y espinacas cocidas con té!
Si yo fuera pagano, pagano,
besaría unos labios de miel,
en mi alcoba do raudas volaran
danzarinas de lúbrico pie...
Pero Hirt es pagano, pagano,
y sus tías preparan con él
conferencias pro Ley de Divorcio
¡y son viejas solteras, pardiez!
Si yo fuera pagano, pagano,
tumbaría de Ortiz (*) el poder
y hollaría los pueblos limítrofes
con mis huestes y mi palafrén ...
Pero Hirt es pagano, pagano,
y se afana con pluma y papel
por poder prestar plata a los pobres
¡y dejarlos más pobres después!
Si yo fuera pagano, pagano,
cuando se ha morir una vez
moriría entre el fuego y la pólvora,
sable en mano, luchando con diez...
Pero Hirt es pagano, pagano,
y se apesta con purgas de hiel
para hacerse un atroz vejestorio
¡que ni el mismo fogón crematorio
va a hacer algo inodoro con él!
Te regalo el problema, querido.
Si eres brujo podrás resolver
cómo hay seres que a Dios han perdido
y lo pierden al diablo también.
Yo me he roto la testa pensando
y ya he dado mi brazo a torcer
cómo hay tipos que viven sin Cristo
y no tienen tampoco el placer.
Gilbert Keith Chesterton
Traducción (¿adaptación?) de Leonardo Castellani, reproducida en Crítica Literaria.
(*) Ortiz: Roberto Marcelino Ortiz, fue presidente de la República Argentina entre 1938 y 1942.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Nueva edición de "Lugones"
De la contratapa,
La obra de Leonardo Castellani (Reconquista, 1899 - Buenos Aires, 1981) atraviesa el siglo XX argentino; en cuyas polémicas estéticas, culturales, políticas y teológicas participa de manera lúcida y visceral. Sacerdote jesuita en conflicto con las autoridades eclesiásticas, poeta, exégeta notable de las escrituras cristianas, controvertido publicista político del campo nacionalista, puntal del relato policial argentino. Castellani practica la crítica literaria desde sus años de seminario como un ejercicio en el que el mapa de la cultura se configura como un espacio donde los textos chocan entre sí, exhiben sus zonas de tensión y de fuga, derivan a través de constelaciones conflictivas, se abren hacia sentidos laterales e inesperados.
Desde el momento mismo de su suicidio en 1938, la figura de Leopoldo Lugones es, para Leonardo Castellani y para su generación, una presencia que aqueja. Publicado por primera vez en 1964, el Lugones de Castellani representa un momento particularmente álgido de la escritura crítica del jesuita argentino. Es este libro la evocación de un "fantasma sangriento" cuyas palabras, como las del propio Castellani, se obstinan en no apagarse; como la escucha de una voz que, suspendida entre el mundo de los vivos y el reino de los muertos, interroga los puntos constitutivos de la Argentina contemporánea.








