Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 4 de junio de 2021

Castellani's Apokalypse of St John with English subs

Rafael de Arízaga 

@RafaeldeArizaga 

This is wonderful. A fantastically produced interpretation of Fr. Castellani’s teaching on St. John’s Apocalypse, now with very good English subs. Fr. Castellani has been a decisive influence on my formation. I highly recommend this take on his doctrine. Time to return to a truly Christian theology of history. There may be minor quibbles here or there with this reading of Fr. Castellani (or with Castellani himself), but what one gets out of it more than compensates for that. 

Fr. Castellani has come recommended to me by wise and holy pastors, and I find him highly illuminating. One final thing: that commentary on the Apocalypse in Anglo circles is dominated by protestant kooks should not scare Catholics away from reading what the Church herself, and her greatest theologians, have said about it. On the contrary, it’s the best inoculation against heresy.


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jueves, 20 de mayo de 2021

Entrevista a Erick Audouard, su traductor al francés

 

Erick Audouard, su traductor al francés, lamenta el olvido de la escatología

Al padre Castellani «no se le permitió hablar del Apocalipsis ni de la Parusía en la Iglesia»

Leonardo Castellani.
El padre Leonardo Castellani, uno de los grandes escritores argentinos del siglo XX, empieza a ser conocido para el público de habla no española gracias a su cuidada y rica traducción al francés por obra de Érick Audouard. 
 

El jesuita Leonardo Castellani (1899-1981), sacerdote, escritor, filósofo y teólogo y, sobre todo, combatiente de la pluma por Dios y por su patria argentina, e introducido en España hace algunos años a impulsos de Juan Manuel de Prada, puede ser ya leído en francés.

Y es gracias al empeño y el cuidado de Érick Audouard, quien no duda en calificarle como "el Argentino Magnífico". En 2017 publicó una primera selección de escritos castellanianos, Le Verbe dans le sang [El Verbo en la sangre], y acaba de ver la luz una segunda, La Vérité ou le néant [La Verdad o la nada].

Todo un regalo para provocar en el lector galo las mismas sacudidas católicas que la lectura de Castellani provoca en su lengua original.

-¿Cómo conoció a Leonardo Castellani ?

-Por casualidad, o providencialmente, según el punto de vista. Un día, mientras realizaba una investigación histórica sobre las enfermedades de la modernidad, oí a un psiquiatra mencionar su nombre; lo asoció al de Chesterton, un autor al que sigo con pasión desde el inicio de mi propio viaje.

»A medida que fui descubriendo su obra, me sorprendió la amplitud y profundidad de este pensador argentino totalmente desconocido que abordó temas esenciales de todas las maneras posibles. No sólo había un pensamiento poderoso, singular, todo un mundo, con sus dramas, sus fantasías, sus personajes, como sólo las grandes imaginaciones son capaces de producir, sino un verdadero destino, una vida ejemplar de testigo de la Verdad. Él mismo lo sabía. Una nota encontrada en sus cuadernos dice: “Me parece que Dios explicara algunas cosas con mi vida... no yo con mis libros”.

-¿Qué es lo que más le atrajo de su obra y de su vida?

-En primer lugar el tono, la superioridad natural, el humor casi constante. Un hombre totalmente en su idioma. Algo más musical que intelectual, como la brutal autoridad de un pianista sobre su teclado. Algo que se escucha antes de entenderlo. Y como era una autoridad a la vez religiosa, filosófica y literaria, era una maravilla. Y todavía lo es.

»Entonces, en los terribles acontecimientos de su vida, lo que me conmueve es quizás menos lo que hizo que lo que no pudo hacer. Nunca pudo aguar su vino. Nunca pudo halagar la estupidez y nunca pudo servir a dos amos.

Portada de

"La Verdad o la nada": un título que describe a la perfección la vida y obra de Leonardo Castellani.

-¿Por qué considera importante dar a conocer su obra al público francófono?

-Perdóname, pero no hay un “público francófono”. Sólo hay unas pocas almas hablando un francés cada vez más degradado y dispersas en un territorio desgarrado. No sé lo que es importante para ellas, sólo sé lo que es importante para mí. Y eso es lo que propongo.

-¿Qué criterio selectivo ha guiado esta nueva antología de Castellani?

-Esta segunda antología, La Vérité ou le néant, no contiene crítica literaria, a diferencia de la primera, Le Verbe dans le sang, publicada en 2017. Se compone esencialmente de textos en torno a la cuestión de la Verdad: conferencias, lecciones, exégesis, sermones, discursos, cartas y algunos poemas incluidos.

»Mi criterio de elección fue la franqueza de su enseñanza, un enfoque más didáctico e incluso más radical de la escatología cristiana. ¿Por qué ? Porque creo que la pérdida de esta escatología fue responsable de la apostasía de un gran número de cristianos, mucho antes del Concilio Vaticano II. Este es uno de los principales datos que se pueden extraer de la existencia de Leonardo Castellani. Ya no se le permitió hablar del Apocalipsis ni de la Parusía en la Iglesia.

-Castellani es un autor lingüísticamente complejo, por sus innovaciones, sus sobre-entendidos, sus dobles sentidos. ¿Cómo lo ha resuelto en el idioma francés?

-No me corresponde a mí decirlo. Hice el trabajo que tenía que hacer, con el apoyo de un buen amigo escritor de Buenos Aires, que además de facilitarme las obras y los textos de Castellani, a veces muy difíciles de encontrar, me proporcionó todo lo que necesitaba en cuanto a diccionarios: lunfardo, porteño, criollo y hasta lenguas indígenas.

Érick Audouard.

Érick Audouard se define como "católico, francés, escritor, esposo, padre de un hijo... más o menos en este orden".

»En cuanto a los neologismos que Castellani gustaba de forjar, como comparto este gusto de escritor fue más bien un gran placer crear equivalentes en mi idioma. Otro amigo argentino me dijo que su madre prefería leerlo en mi traducción. Es una gran exageración, pero como se puede ver mis amigos son muy suaves conmigo.

-¿Cree que es un autor perdurable en el tiempo, a pesar de que siempre escribió muy pegado a la actualidad?

-Me parece que no estuvo muy al tanto de las noticias que pasan, sino de lo que hay detrás de la noticias y no pasa. Los eventos actuales son la ocasión de la Eternidad, o no son nada. Por supuesto que Castellani se interesó por la educación y la política, por los cambios de comportamiento y por las producciones literarias de su tiempo, pero siempre lo hizo desde un punto de vista teológico. Cuando habla de la calle, de una reforma, de un cofrade tonto o de la moda de las minifaldas, no puede evitar hacerlo sub specie æternitatis. Incluso en sus increíbles artículos periodísticos, nunca se olvida de dar la definición correcta a las cosas, para identificar sus primeros principios, para dirigirlas a sus fines últimos.

»Entonces, ¿es Castellani un autor perdurable ? Su obra es más perdurable que todo lo que se escribe hoy en día; de hecho, no creo que esté desapareciendo, sino que nos está viendo desaparecer a toda velocidad.

-¿Qué papel cree que juega la denuncia del fariseísmo en la vida de Castellani?

-Un papel central, como usted sabe. Vio la lucha contra los fariseos como el gran drama de la vida de Cristo. También fue la lucha de su propia vida, antes y después de su expulsión de la orden jesuita. No se puede leer sin encontrar en casi todas las páginas las huellas de esta lucha, cuyo mayor reto es renunciar al resentimiento, para conseguir dar un bien contra un mal. Así lo hizo, no sin gemir a veces, al darnos sus cincuenta libros, tesoro de su alma herida pero invicta.

-¿Puede ser hoy Leonardo Castellani un modelo para sacerdotes y religiosos?

-Es una cuestión difícil, que tiene que ver con la elección y la formación de los hombres de Dios. Sólo puede haber una persona a la que imitar para los religiosos, y es Jesucristo… No soy sacerdote, pero no creo que a todos los curas se les exija la prodigiosa erudición de Castellani ¡ni su genio estilístico! Pero un poco de su verticalidad y virilidad no les haría daño. Aun así, tendría que ser algo más que una parodia de virilidad, por supuesto. "Cuando era un niño, solía rezar para que los sacerdotes fueran santos", escribió: "¡Hoy rezo para que al menos sean hombres!"
 
 

sábado, 15 de mayo de 2021

Proyecto Apokalypsis de S. Juan según Castellani en el diario La Prensa

 [http://www.laprensa.com.ar/501842-Imagenes-del-Apocalipsis.note.aspx]

UN DOCUMENTAL RECREA LA PROFECIA DEL LIBRO DE SAN JUAN, SEGUN CASTELLANI

Imágenes del Apocalipsis

La miniserie, que acaba de estrenar el primer capítulo de los diez que se filmarán, presenta una exquisita calidad cinematográfica. El director, Simón Delacre, es un admirador del teólogo argentino.

Pocas cosas pueden resultar menos extrañas hoy en día que meditar sobre la proximidad del fin de los tiempos. A esa cercanía, que era una sospecha vehemente para la Iglesia al menos hasta hace unos años, adhirieron desde san Pío X a Paul Claudel, desde Belloc y Newman a Donoso Cortés o nuestro Gustavo Martínez Zuviría, como dijo alguna vez el padre Leonardo Castellani. Hoy podría pensarse que cualquier persona evoca esa idea, aunque más no fuera por la peste que asuela al mundo. Ya sea porque se esté horrorizado ante el conteo de muertos o, peor aún, porque se advierta que un designio más siniestro se va consumando en medio del pánico. Pero el Apocalipsis, esa profecía que abraza todo el tiempo de la Iglesia hasta la segunda venida de Cristo, con una referencia constante a los últimos tiempos, sigue siendo en buena medida ignorado. Y no es extraño que así suceda, cuando el libro escrito por el apóstol san Juan ha sido dejado de lado entre quienes le niegan su carácter profético y quienes han visto en él apenas un poema alegórico.

Por eso la aparición de un documental que vuelve a proponer una lectura del último libro de las Sagradas Escrituras es para agradecer. Más aún porque esa lectura es hecha nada menos que de la mano del padre Leonardo Castellani y porque, para mejor, se presenta con una exquisita calidad cinematográfica.

El responsable de esta proeza es Simón Delacre, un director de cine de 39 años, admirador de la obra de Castellani, cuyos escritos viene estudiando "desde hace unos veinte años", según comenta en una entrevista con La Prensa.

Castellani, uno de los mayores intelectuales que ha dado el país, doctor en Filosofía y Teología, estudió como pocos el Apocalipsis, al que aborda en diferentes obras: Los papeles de Benjamín Benavidez, El Evangelio de Jesucristo, Su Majestad Dulcinea, Cristo, ¿vuelve o no vuelve? y El Apocalipsis de San Juan.

CLARIDAD

Delacre, que acaba de estrenar el capítulo I de su documental en YouTube el pasado 26 de marzo y está avanzando con los siguientes, señala que, en este último libro, Castellani reunió y ordenó todo lo que había escrito antes de modo disperso. Y cuenta que se basó en él para su filmación precisamente por su claridad expositiva.

El Apocalipsis es un libro de difícil lectura y, como toda profecía, tiene cierta oscuridad. Incluye visiones del apóstol san Juan que aluden a la consumación de la historia, entre sucesos descomunales y una tribulación como nunca antes se vio. Sin embargo, como señaló Castellani, sería un contrasentido que el mensaje sea por completo oscuro e incomprensible cuando Apocalipsis significa en griego "Revelación". Suele pasarse por alto también que su mensaje tampoco se agota en el anuncio de catástrofes, sino que su fin es el consuelo y la esperanza.

Mediante imágenes y la narración de un locutor, el documental sigue el texto bíblico y la explicación de Castellani, que consiste en una interpretación literal, en la senda de los primeros padres de la Iglesia y de lo que recomienda Pio XII en su encíclica Divino Afflante Spiritu. El sacerdote jesuita se apoya en los escritos patrísticos, los del cardenal Louis Billot y los de san John Henry Newman, entre otros. Esa interpretación literal no desconoce sin embargo que el Apocalipsis está escrito con un lenguaje simbólico que el teólogo ayuda a descifrar.

El primer capítulo de la serie, que ya suma medio millón de vistas desde su estreno hace un mes en https://www.elapocalipsis.org/, se titula Cartas a las 7 iglesias y nos presenta a san Juan exiliado en la isla griega de Patmos por orden del emperador Domiciano en el año 95 d.C.

Desde su destierro, san Juan escribe cartas a las siete iglesias de Asia -Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea-, que eran sufragáneas de la suya. Cada carta contiene un reconocimiento por su labor, una admonición por sus faltas y una promesa de recompensa para quienes se mantengan fieles.

Esas palabras a las siete iglesias son interpretadas aquí como alusiones a siete épocas en la historia de la Iglesia universal. Efeso sería el primer tiempo de la Iglesia; Esmirna, las persecuciones romanas; Tiatira, el esplendor de la Cristiandad en la Edad Media. Cada una, a su vez, encierra una enseñanza para el hombre de hoy.

La adaptación del texto al lenguaje cinematográfico no ha sido nada fácil, pero el resultado es soberbio. Delacre confiesa que "desde el principio sabía lo que no quería hacer: un trabajo para la persona que ya está al tanto del tema". 

"Quería un cine entretenido, de buena calidad, para que lo vea el que no es católico". Para eso trabajó con material de archivo -fotos de alta resolución de grandes obras de la pintura universal- y con filmaciones propias, para hacer el documental más ameno y atractivo.

Así, incluso a las imágenes estáticas les incorporó "una animación digital para que las figuras del cuadro cobren movimiento, y no quedara todo en enfocar la obra y acercarse con la lente. Esa animación permite ver, por ejemplo, cómo san Miguel Arcángel clava su espada al demonio", señala.

ESTRUCTURA

En cuanto a la estructura de los capítulos, comenta que es similar a lo que hizo Castellani en su libro: se mencionan dos o tres versículos y luego se explican. "No quería caer en el recurso fácil de poner los versículos en una placa negra y luego explicarlos, que para eso está el libro, así que filmamos a un actor escribiendo en la playa, en un lugar que quiere representar la isla de Patmos", apunta.

"A esa escritura que va trazando el actor le sigue la explicación narrada por un locutor, ilustrada con las pinturas animadas, las líneas de tiempo, etc. En los siguientes capítulos empezará a haber más efectos", añade. "Me gustaría filmar los cuatro caballos del Apocalipsis con actores, con un buen vestuario, un escenario apropiado", confiesa.

Delacre, casado y con dos niños pequeños, cuenta que "tenía una pequeña empresa de alquiler de juegos para cumpleaños, actividad que de un día para el otro se cortó en marzo del año pasado por la cuarentena". Entonces se dispuso a "aprovechar el tiempo que tenía disponible para encarar este viejo proyecto". Para eso vendió su empresa y lo invirtió en el documental.

El capítulo Cartas a las 7 iglesias es el primero de una serie de septenarios, al que le seguirán los siete sellos (que representan el auge y caída del cristianismo entre guerras y hambre), las siete trompetas (herejías) y las siete copas (castigos de Dios). Más adelante aparecerán el Anticristo o "Fiera del Mar" (el mar es un símbolo asociado al mundo o la política), y el Pseudoprofeta o "Fiera de la Tierra" (la tierra firme es la religión).

"La miniserie la pensé en diez capítulos -según Delacre-, con el último dedicado al sermón escatológico de Jesús". De ese total, el director cuenta que lleva escritos tres guiones. Pero admite que lograr un trabajo profesional como el que se propuso cuesta mucho esfuerzo y dinero -el primer capítulo costó 28.000 dólares, de los que solo cubrió el 30%- y que no podrá continuar si no consigue los fondos.

Sobre lo que resta filmarse, es oportuno recordar lo que advertía Castellani: el Apocalipsis no es una crónica lineal, sino que pertenece a otro género literario, el profético, que tiene sus propias reglas, entre ellas la recapitulación y la historicidad. Su estructura es en espiral: es decir, san Juan toma un aspecto de la historia de la Iglesia y lo desarrolla hasta la Parusía, para luego volver atrás, con el fin de iluminar otra faceta de esa historia hasta llegar otra vez a la Parusía.

MILENARISMO

Hay un elemento del Apocalipsis que suele generar discrepancias -esta vez no fue la excepción- y es el milenarismo, del que trata el capítulo XX del libro. Un asunto que en la miniserie ya fue adelantado al hablarse de la recompensa para los justos. Los milenaristas sostienen que habrá un período de paz y prosperidad para la fe en la tierra por mil años, o por una gran cantidad de años, después de la Segunda Venida de Cristo. Frente a tal idea se alzan quienes sostienen que la venida de Cristo va a ser simultánea con el Juicio Universal, sin período de prosperidad.

Delacre responde en ese sentido que se sujetó, como en todo lo demás, a la interpretación de Castellani, que surge de una lectura literal, y dice que la Iglesia lo que condenó es el milenarismo carnal, algo que está explicado en el filme.

Por lo demás, la miniserie plantea que nuestro presente se correspondería con la última etapa antes de la Parusía. Un tiempo en el cual la influencia que tenía la Iglesia se va reduciendo con rapidez hasta la nada misma y en el que aparecerá el Anticristo.

Sobre esa figura del Anticristo, Castellani alguna vez afirmó que presidirá la apostasía ya consumada, y también que será la cabeza de un imperio tan organizado, fuerte e implacable como era el Imperio Romano. El genial teólogo argentino continúa diciendo que San Pablo llamó al Anticristo "Anomos", hombre sin ley, hombre de pecado. Y que el obstáculo para la aparición de esta figura es el Katéjon que los santos padres asociaron con el Imperio romano. Una asociación que no deja de ser paradójica, ya que el Imperio romano, siendo perseguidor de la Iglesia, garantizó sin embargo el orden con su ejército y su cuerpo jurídico.

Ese "orden romano", la romanidad, compuesta de cuatro pilares -familia, propiedad, ejército y religión-, prosiguió hasta nuestros días, si bien es cierto que hoy asediados y tambaleantes.

Delacre no ve que haya aparecido todavía una figura como la del Anticristo ni como la del Pseudoprofeta, que otros sí ven. "Cualquier de los nombres que se mencionan se queda corto. Puede que sean anticipos de aquellas otras figuras. Cristo dice que se van a levantar muchos falsos profetas. Pero "el" falso profeta no lo veo. En el Apocalipsis se dice que al Pseudoprofeta lo obedecerá el mundo entero, que va a hacer portentos, y que le va a transmitir la autoridad al Anticristo para que todos lo sigan. Eso no lo veo".

Sin embargo, sí cree, junto con Castellani, en la proximidad del fin de los tiempos, y sostiene que el mayor signo que puede verse hoy en ese sentido es la apostasía de la Iglesia.

Pero también acepta que hay signos misteriosos que se han manifestado en torno a la actual pandemia, como la consolidación de un gobierno mundial sin Jesucristo, el surgimiento de filántropos que impulsan sospechosas vacunas para salvar a la humanidad o, en general, la entronización de la ciencia. "Si -concede-. Lo del gobierno mundial o Soros ya muchos lo ven hoy con claridad. Y son signos claros del Anticristo".

"Porque el Anticristo -prosigue- va a ser alguien que va a encabezar todo este movimiento mundial. El Señor del mundo se va a aprovechar de todo este mundo globalizado. A eso apunta la cuarentena".

Cuando a Castellani le preguntaban si la Parusía estaba próxima, el notable sacerdote argentino respondía que no lo sabía, y especulaba que podría venir "el silencio de media hora antes de la séptima trompeta, o sea un arreglo corto de una generación antes del Anticristo", como sucedió en el Siglo XIV. Porque -explicaba- eso depende de dos libres albedríos, el de Dios y el de los hombres, que con su prédica y ejemplo pueden apartar ese final.

El jesuita decía que varias veces los cristianos creyeron próxima la Parusía y se equivocaron, como él podía equivocarse. Pero cuando explica las manifestaciones de la ira de Dios -como corrupción de la cultura, tortura de la ciencia, poder político convertido en tenebroso-, o cuando se refiere a la herejía actual, una herejía total, que no niega solo la obediencia a la Iglesia sino hasta la razón, y que engendra un hombre débil que acepta todo lo que le dicen los diarios, la realidad actual parece reflejada.

En cualquier caso, Delacre ofrece en su documental un guía tradicional y seguro para entender el Apocalipsis. Y dice que se decidió a filmarlo porque está convencido de que la explicación del teólogo argentino "nos da la llave para interpretar el tiempo que vivimos". Claro que, como destaca en la apertura del primer capítulo, nada de lo que se dice en el filme pretende ser dogma, salvo que Cristo vuelve.

 

lunes, 10 de mayo de 2021

Causerie à Ollioules sur Leonardo Castellani (10 juin 2021 à 19h00)

 


Chers amis, 

J'aurai la joie de participer à Ollioules le jeudi 10 juin prochain à 19h00 à la présentation du livre de Leonardo Castellani "La Vérité ou le Néant" avec son traducteur (et ami) Erick Audouard.

Plus d'information dans le document joint avec le lieu et les modalités d'inscription.

Vente et signature des exemplaires à la fin de la causerie. Le livre, qui paraîtra le 12 mai prochain, est en précommande sur le site des Editions Artège: 

 
Je compte sur vous pour faire suivre ce mail à vos amis du sud (Ollioules, Toulon et environs). 

Amitiés. 

Santiago Muzio
 

sábado, 8 de mayo de 2021

«Sobre Esquiú, Más y lo Mismo»

 [https://blogdeciamosayer.blogspot.com/2021/05/sobre-esquiu-mas-y-lo-mismo-leonardo.html]

Nuestro colaborador el Cura Niño, responde hoy a Fray Antonio de Santa Clara, edición de ayer.

Sr. D. J. M. F. U. – Estimado Director:

La publicación del artículo (o lo que sea) titulado «¡Irresponsable!» y firmado con el nombre (que ojalá sea un seudónimo) de Fray Antonio de Santa Clara, Franciscano, Córdoba, es de lamentar; pero si en realidad se trata de una petición con carácter de exigencia, ¿qué le vamos a hacer? Penitencia. Pero nadie me hará creer a mí que sea un franciscano de verdad.

Me servirá para repetir lo dicho en mi ensayo del 8-X-46 en forma más clara, ya que por lo visto hay una persona por lo menos, a quien no me he dado bien a entender. Ando escaso de temas: me servirá esto de tema para otro artículo, cuyo estilo no será como «un armónico coro de exultantes voces», ni tan esplendoroso como «el sol que arroja su refulgente lumbre desde el Oriente», después de haber bañado un Continente, exclamando a su paso: ¡Libertad!; pero al menos será claro, exacto y tranquilo.

Lo dividiremos en tres partes como los sermones: primero, lo que yo no he dicho; segundo, lo que yo he dicho; tercero, lo que yo he querido decir. Omitiré por superfluo explicar lo que soy, porque eso lo hace con abundancia mi religioso contrincante, que solamente en la primera parte de su artículo (o lo que sea) me llama «irresponsable, destemplado, infeliz, carcomido de envidia, escudado en el pseudónimo, impotente, enlodador, incapaz de imitar a Esquiú, el colmo de la audacia, de la inconsciencia y de la perversión...». Vean el número de ayer, a ver si no es cierto. Lo único que no me dice es asesino y ladrón; que es justamente lo que yo soy, aunque en sentido metafórico. Fray Mamerto Esquiú ¿estará gozoso en el cielo de que le haya salido un defensor tan fervoroso? Yo dudo mucho que el Pobrecito de Asís le celebre el vocabulario.

¡A la obra! 1º Lo que yo no he dicho. – He vuelto a leer mi ensayo. Hay muchas erratas de imprenta, pero ¡loado sea Dios! no está nada de lo que contra Esquiú su defensor ha leído, si es que realmente leyó el artículo, cosa que se puede poner en duda. ¿Dije yo que Esquiú no era virtuoso? Dije lo contrario. ¿Dije que no era santo? Dije lo contrario. ¿Dije que era liberal? Ni por sueños. Estoy sospechando que mi acusador no recibe Tribuna, sino que algún malintencionado le sopló una falsa información, y el tipo agarró y montó el picazo, el cual se le desbocó inmediatamente. Si es de veras un franciscano, el hombre le debe tener rabia a Esquiú y a su propia benemérita orden. Ningún franciscano de los que yo conozco (y amo) en la Argentina es capaz de escribir una cosa semejante; no digamos nada de mi maestro en Italia, Fray Agostino Gemelli. Hace poco he viajado a Córdoba junto con dos estudiantes franciscanos del convento de San Antonio y eran dos espléndidos mozos, llenos de discreción y de piedad religiosa. Siempre ha habido de todo en la viña del Señor; pero lo malo es cuando sube a la superficie y se produce en público, en predicador, escritor y superior, lo que no ha sido hecho para la vista del gran público. Cosa que por desgracia está pasando un poco por todo en la Santa Iglesia, en nuestros calamitosos tiempos; y hemos de rogar a Dios que se corrija. La «rebelión de las masas» que dice Ortega, no ha perdonado del todo al mecanismo corporal de la Iglesia, como no era posible que lo perdonase. Así que, por amor de Dios, no vayan a juzgar a todos los franciscanos, y mucho menos al santo catamarqueño, por este defensor e «imitador» que le ha salido.

2º Lo que yo he dicho –Si el autor del «armónico coro de exultantes voces» hubiese suprimido la mitad de sus adjetivos, hubiera tenido espacio para transcribir los textos donde yo habría dicho todas esas atrocidades del Santo catamarqueño, al cual he dedicado ya en 1941 un elogio mejor que el suyo –que está en la pág. 197 del libro Las Canciones de Militis[1] –, y una moción de que lo canonizaran. Y si hubiera suprimido la mitad de sus metáforas y un tercio de sus insultos, hubiera tenido tiempo el amigo de leer mi artículo y encontrarse con asombro que todo lo elogioso que él dice de Esquiú («virtuoso, humilde, santo prelado, patriota, espejo clarísimo rodeado de aureola más brillante que el sol, asceta de fe profunda, parecido a un santo», etc., etc.), lo digo yo también en mi modesto ensayo, aunque, eso sí, sin metáforas. Lo único que él añade son las metáforas y dos o tres faltas de ortografía. Entonces ¿para qué tanto barullo?

No tema que peligre la canonización del «primer santo argentino» por artículo periodístico más o menos, si la Divina Providencia lo quiere y él hace tres milagros. Dios no precisa de nuestras mentiras. Si Esquiú no fue un genio intelectual, Dios tuvo la culpa. Si no estuvo al tanto de la polémica religiosa contemporánea, él no tuvo la culpa. Si se aprovecharon de eso los enemigos de la Iglesia, es más bien una señal de mérito que otra cosa.

3º Lo que quise decir – Una canonización es una cosa importante, donde no debe hallarse ni sombra de contaminación. Si Roma no tiene información completa, no puede hacer nada; o si hace algo, la emboca mal, y sufrimos todos. Lo que mi contrincante llama «salivazo» (él lo escribe con b larga) «inmundo», está dirigido a favorecer ese merecido triunfo de los franciscanos.

He tenido ocasión de examinar el catálogo de la Biblioteca del convento de Catamarca en los tiempos de Esquiú. La gran mayoría de los libros eran Derecho Canónico y Liturgia. Las pocas obras de Teología no son contemporáneas: algunos antiguos tratados escolásticos, como Escoto, y algunos manuales comunes. Y es natural que así sea. Una colonia (una pequeña villa de una colonia) no tiene por qué hacer investigaciones científicas. La doctrina les viene hecha de la metrópoli y ellos deben cuidarse de las aplicaciones, para lo cual sirve el Derecho Canónico. Tampoco hoy día, con ser una nación libre, hay casi nada de investigación teológica en la Argentina. Justamente por el hecho de habernos vuelto semicoloniales, hay poca investigación original en todos los órdenes. Prueba de ello es la poca suerte del libro argentino y la balumba de traducciones de libros anglosajones mezcolados y en gran parte dañinos con que nos inundan actualmente las editoras, como Losada, Sudamericana, Lautaro, Esplendor, Prometeo, Claridad, etcétera.

Esquiú «profesó a los 16 años y a los 17 concluyó Teología» –dice él mismo en las notas autobiográficas que con el nombre de Historia de Mi Entendimiento escribió a los 27 años. Sus escritos solos, por lo demás, testimonian de la brevedad de su Teología, así como también, por otra parte, de su familiaridad con la Sagrada Escritura y la solidez dogmática elemental de su piedad. No pudo, pues, estar al día, hasta su vuelta de Europa, de la polémica religiosa de su tiempo, que es la piedra de toque del teólogo; porque se puede decir que todo el inmenso acervo doctrinal de la Iglesia está viviendo entero en cada momento de la historia en el punto preciso e indivisible donde ataca la Anti-Iglesia; así como el poderío de un ejército está resumido en la trinchera actualmente atacada. El «Doctor» en Teología es el que lucha con los herejes de su tiempo; y haciendo eso, es una especie de mártir, dice Santo Tomás de Aquino.

Sus adversarios porteños estaban al día por desgracia; estaban empapados de Michelet, Hugo, Mazzini, De Savigny, Saint-Simon, Fourier, etc. De su poca preparación, que él deplora, le vinieron sus grandes disgustos. Importante lección sobre la necesidad del estudio para todo el clero, empezando por mí y acabando por mi vehemente contrincante.

«Para terminar: sepa el autor del infame escrito (que sabemos perfectamente de dónde viene) que le negamos... que sea cura, porque ningún prelado habría cometido el desatino de confiarle un puesto de tanta responsabilidad...».

Para terminar: sepa el autor del fogoso escrito (y ya lo debe saber, si me conoce, como él dice) que el Prelado de los Prelados me ha confiado el título de Doctor en Filosofía y Sacra Teología por la Universidad Eclesiástica Primera del mundo, la Gregoriana de Roma, «cum licentia ubique docendi», puesto de más responsabilidad que el de Cura Párroco, pues que Santo Tomás de Aquino lo compara al de Obispo. Y que si él, por el hecho de ser «esquiuista» (?) se considera autorizado a insultarme (cosa que desde ya olvido en lo posible), no tiene derecho a eliminar al Sumo Pontífice. Aprenda a respetar la Jerarquía Eclesiástica, en la cual el «Doctor» tiene un lugar, conforme está escrito en I Corintios 12.

P.D. –Yo soy asesino de necedades, ladrón al revés y loco, loco de atar… Yo ¿para qué nací? Para salvarme – Que tengo de morir es infalible. – Dejar de ver a Dios y condenarme, – Dura cosa será, pero posible. – ¿Posible? ¿Y tengo amor a lo visible? – ¿Qué hago, en qué me ocupo, en qué me encanto? – Loco soy en verdad, pues no soy santo.

Pero… me avisan de mi Curia que no use más el pseudónimo El Cura Loco (inocente sobrenombre impuesto por un politicastro al finado mi tío) pues dicen allí con mucha razón: «Un cura, si está loco, no debe escribir; debe irse al manicomio». Así que gracias a mi caro hermano en Cristo, Fray Antonio O.F.M., ya que los locos y los niños son los que dicen las verdades, cambiaré de pseudónimo y firmaré en adelante:

El Cura Niño

* En “Tribuna”, octubre de 1946.


[1] «Carta del Obispo de Córdoba, Mamerto Esquiú, al Presidente Ramón S. Castillo», también en Seis Ensayos y Tres Cartas, Dictio, Buenos Aires, 1973, pp 222-226. Cfr. también Lugones, Dictio, Buenos Aires, 1976, pp 120-121.

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martes, 4 de mayo de 2021

El Suarismo, según Castellani (para entender los designios de Bergoglio)

 [http://catapulta.com.ar/?p=10932]

 

Reproduzco aquí una nota publicada hace casi cinco años en A LA DERECHA, donde Castellani desmenuza al suarismo y pido al lector que repare en la tercera tesis, un inmejorable punto de referencia para entender el dañino embrollo mental de Bergoglio. ( http://aladerecha.com.ar/?p=425)

Por cierto, no se me ocurre  equiparar a “Decime Jorge” con su ilustre cofrade granadino porque sería una afrenta para el “Doctor Eximio”.

Y voy nomás a Castellani Magno:

“Un padre le deja de herencia a su hijo una casa y una tuberculosis; la casa es tradición, la tuberculosis no es tradición.

No. Ni la Colonia, ni la Organización nacional de 53 crearon aquí una filosofía con pensamiento original; y lo que es más, ni siquiera una filosofía continuada y permanente con cualquier pensamiento, aunque sea ajeno. Este fenómeno se explica de la siguiente manera: el suarismo fue la primera metafísica que aportó a nuestras playas,, cuando en Norteamérica todavía estaban cazando indios con Winchester y leyendo la Biblia, puesto que fuimos adultos antes que ellos, y quizás fuimos adultos antes de tiempo, con una adultez importada y prematura.

El suarismo fue la primera metafísica que aportó a la colonia, el primer reflejo de la filosofía europea que hubo en la Argentina. El suarismo fue, por decirlo así, la filosofía oficial del gran imperio español, y penetró con las armas españolas en Italia, en Germania y en toda Hispanoamérica: fue la filosofía de la Contrarreforma, una especie de arreglo ecléctico de la primera escolástica. Francisco Suárez, granadino, profesor en Coimbra, hizo una especie de gran compilación sistemática de la filosofía cristiana con el título de DISPUTATIONES METAPHYSICAE, tomando nominalmente como base a Santo Tomás de Aquino, pero introduciendo en su sistema tesis enteramente inconciliables de Guillermo Occam y Duns Scoto que simplemente-para decirlo sin ambages-rompen el espinazo de la doctrina metafísica de Santo Tomás.

Estas tesis son principalmente cuatro:

1) La no distinción real entre la esencia y la existencia.

2) El conocimiento intelectual de lo singular antes que de lo universal..

3) El voluntarismo: distinción real del intelecto especulativo y el práctico; predominio del intelecto práctico

4) La aptitud de existir de la materia sin la forma.

En otras muchas tesis particulares se apartó Suárez de Santo Tomás; pero estas que he nombrado son tesis fundamentales, de modo que configuran un sistema metafísico-o por mejor decir una metafísica y coherente y sin sistema- enteramente distinta y aún contraria a la de Santo Tomás; de manera que llamar al suarismo tomismo español o tomismo jesuita o tomismo moderno o tomismo de cualquier manera, es un simple equívoco; y decir que Suárez es “el mayor comentador de Santo Tomás”, es una cruda falsedad.

Suárez, lo mismo que Duns Scoto, no fue un comentador ni un discípulo sino un émulo de Santo Tomás; y siendo de poca potencia metafísica, es decir, mediocre como filósofo, intentó construir una “filosofía moderna” acogiendo la cantidad de corrientes divergentes y antitradicionales que habían tomado auge en el Renacimiento, corrientes que no llegó absorber ni a asimilar del todo. Cualesquiera sean su méritos como teólogo y como jurista, su obra filosófica es endeble, es ecléctica, es invertebrada, no está iluminada por el sol de una intuición del Ser- lo que es propio de todo gran metafísico- sino que es un mandamiento o combinación de tesis que no pueden fundirse entre sí en una gran intuición. La decadencia de la escolástica no cesó con Suárez como como se suele decir; sino que Suárez es el producto más notable de esa decadencia. La decadencia de la escolástica viene desde el siglo XIV, desde el olvido y la negligencia en que se dejó la obra genial del príncipe de la Escolástica, Tomás de Aquino, y Suárez transformó esa negligencia en una falsificacion.

 

 

Todo voluntarismo es una forma de narcisismo y Bergoglio es narcisista enfermizo, como es de público y notorio, dominado por el puro activismo, negador de la inteligencia especulativa e incapaz de la contemplación. De allí que su magín albergue designios  utópicos, como su intento de presentarse-sin parar mientes- como el fundador de una nueva iglesia fraternal y universal, de cuño masónico.

De Jorge Mario Bergoglio, del insano voluntarismo  y de la metafísica suarista, libera nos Dómine.

Nota catapúltica

1) El texto de Castellani apareció en Seis ensayos y tres cartas, Ediciones Dictio, Buenos Aires,1978,pp.94-96

2) La imagen está tomada de https://radiocristiandad.org/2020/07/10/padre-castellani-prevision-de-profeta-10/

 

lunes, 19 de abril de 2021

"La Verdad o la nada": Nueva antología en francés de Castellani

Pour le français, veuillez vous rendre ci-dessous.

Amigos y lectores de Leonardo Castellani,

Me complace anunciar la publicación el 12 de mayo, por las ediciones Artège, de La Vérité ou le néant ("La Verdad o la nada"), una nueva antología del Gran Argentino en francés.

La sustancia de este libro se ha desarrollado para apoyar a los resistentes de larga date y los trabajadores de la undécima hora. No son muchos aquí, pero existen, y merecen las palabras de un buen pastor. (Con un alto contenido en sal, naturalmente no es recomendable para los franchutes que rechazan la escatología, el riesgo de vivir y pensar, y tantas otras cosas !).

Con mis salutaciones 

In Xto Rege

Erick Audouard
 
 


A paraître le 12 mai 2021 

Amis et lecteurs de Leonardo Castellani, 

Je suis heureux de vous annoncer la parution le 12 mai prochain de La Vérité ou le néant, une nouvelle anthologie du Grand d'Argentine en français. 

La substance de cet ouvrage a été élaborée pour soutenir les résistants au long cours et les ouvriers de la onzième heure. 

D'une forte teneur en sel, elle est naturellement déconseillée à ceux qui refusent l'eschatologie, le risque de vivre et de penser. 

En précommande chez votre libraire et aux éditions Artège : https://www.editionsartege.fr/livre/fiche/la-verite-ou-le-neant-9791033610892 

En espérant que vous en ferez bonne et féconde lecture, à votre disposition pour en parler si vous le souhaitez, 

Bien cordialement 

Erick Audouard 

erickaudouard.com

jueves, 15 de abril de 2021

Brochero por Castellani: Dos cristianos elocuentes

 [https://es.aleteia.org/2021/03/17/brochero-por-castellani-dos-cristianos-elocuentes/]

Cultura e Historia

Brochero por Castellani: Dos cristianos elocuentes

PADRE CASTELLANI - CURA BROCHERO


 

Esteban Pittaro - publicado el 17/03/21

A 40 años del fallecimiento del Padre Castellani, en la Fiesta del Santo Cura Brochero. Dos cristianos sin igual

Son dos de los cristianos más elocuentes que hayan nacido en suelo argentino. José Gabriel del Rosario Brochero falleció en 1914. Por ese entonces, Leonardo Castellani tenía 15 años. La fiesta del Santo Cura Brochero se celebra el 16 de marzo. El aniversario del fallecimiento del padre Castellani el 15.

Brochero nació y murió en Córdoba: es Córdoba. Castellani se crió en Santa Fe, donde fue al colegio de la Inmaculada Concepción, que tiempo después tendría de profesor a Jorge Bergoglio, otro cristiano de estas tierras rápido y creativo usuario de la lengua, que providencialmente llevó a esa casa de estudios de visita a Jorge Luis Borges, acaso el oriundo de estas tierras que más huella ha dejado en el mundo de la lengua.

Pero ya en 1918, el aspirante a Jesuita Castellani continuaría sus estudios en las tierras brocherianas, y luego en Roma, donde completaría su formación en Teología y Filosofía con calificaciones que lo perfilaban como un notable intelectual.

Obra poco conocida

Quizá sea su condición sacerdotal la que haga que la obra de Castellani no sea tan reconocida y recordada, pero baste evocar que cuando Jorge Rafael Videla citó a la Casa Rosada a tres ilustres hombres de letras convocó a Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, y Leonardo Castellani.

Se sumó también Horacio Esteban Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores. Se dice que durante el almuerzo, que casi todos rehusaron comentar, y habría sido convocado en un intento de propaganda de la junta militar, Castellani fue el más audaz y hasta arriesgó su propia vida al pedir por Haroldo Conti, escritor desaparecido en la dictadura.

Castellani se definía como “un loco que en todos sus días nunca ha hecho una cosa prudente. Nunca ha calculado el costo ni contado lo que otra cosechaba el fruto de su ingente siembra contento con desparramar la semilla”.

Evangelizador con la palabra

Cuentista, novelista, ensayista, periodista, siempre apasionado por su patria. Y, por supuesto, evangelizador con la palabra y promotor de la santidad. En la edición noviembre-diciembre de 1964 de la revista Dinámica Social, a 50 años del nacimiento de Brochero, como rescata del recuerdo el Instituto Eremita Urbanus, proféticamente Castellani habla en el artículo de tres santos que reconocía de su patria: el Cura Brochero, Mama Antula, y Fray Mamerto Esquiú.

El primero, cuya festividad se celebra el 16 de marzo, ya es santo, el primero nacido y fallecido en la Argentina. Mama Antula ya es beata. Y la beatificación de Esquiú estaba programada para este año, aunque la pandemia la postergó.

 

domingo, 4 de abril de 2021

El revisionismo

 

“Esta nueva y promisoria crítica del liberalismo, que es del todo necesaria para plasmar una restauración nacional simultánea, adolece de un carácter fragmentario y ensayista…dado que el liberalismo, no se importó a la Argentina en forma de doctrina (Sarmiento era nulo filósofo) sino en realizaciones, aplicaciones, conclusiones y programas, su crítica actual toma de buena gana la forma histórica más bien dialéctica, a lo cual invita también el terrible y manifiesto fracaso práctico del régimen liberal en todos los órdenes nacionales, desde la enseñanza hasta la economía. El problema candente y concreto de la apreciación de Rozas (sic) fue el punto de arranque…Por esta brecha entró el descubrimiento de la oligarquía argentina, hecho por los hermanos Irazusta, es decir, de la continuidad histórica de una cadena de errores político-económicos de raíz a la vez ideológica y social, encarnados en una pòstura de extranjerismo servil, que es lo que llama ‘La Prensa’ la tradición liberal argentina.” (Castellani, Leonardo. Decíamos ayer. Sudestada. Buenos Aires. 1968, p. 42). 
 
Castellani enseñaba, pues, que al no “producir” filosofía, el liberalismo argentino justificó su dominio de la vida social y política desde una elaboración historiográfica. Por este motivo, la respuesta que dio la reacción antiliberal fue más historiográfica que filosófica, dando origen al revisionismo histórico.
 

 

domingo, 28 de marzo de 2021

Castellani: a 40 años de su muerte: Miniserie documental sobre el Apocalipsis


 

Castellani: a 40 años de su muerte. Miniserie documental sobre el Apocalipsis

Hace cuarenta años, un 15 de Marzo de 1981, fallecía ese profeta incómodo que tuvo la Argentina, el Padre Leonardo Castellani, cuyas obras nunca nos cansaremos de recomendar y difundir: apasionado crítico de la realidad y gran conocedor del último libro del Nuevo Testamento: el Apocalipsis, quizá el libro de la Biblia más arcano y menos leído, aunque el más actual.

Leerlo sin la guía de un buen intérprete pareciera ser tarea vana.

Simón Delacre, director de cine, ha emprendido hace tiempo la difícil tarea de llevar el libro del Apocalipsis (y su interpretación castellaniana) a la pantalla grande de una manera pedagógica y seria, al mismo tiempo.

En esta entrevista -homenaje al ilustre sacerdote jesuita- conversaremos acerca de este tema y otros más, adentrándonos poco a poco en esta obra única en su género.

 

Web del proyecto: https://www.elapocalipsis.org/

Estrenos en Youtube: https://www.youtube.com/caraveltv

Web de la productora: https://www.caravel.com.ar/

Mini-biografía del P. Castellani: “¿Quien fue el Padre Leonardo Castellani?”
https://www.youtube.com/watch?v=qIqJ-kYDNZ4

 

jueves, 25 de marzo de 2021

40 AÑOS – HOMENAJE AL PADRE CASTELLANI

 

RADIO CRISTIANDAD:

Conservando los restos

En el combate de resistencia

REVERENDO PADRE LEONARDO CASTELLANI

1981 – 15 de marzo – 2021

40º Aniversario de su muerte

Hace diez años Radio Cristiandad homenajeó al Padre Leonardo Castellani con un Especial dedicado a quien tanto le debemos.

En el siguiente enlace, publicado cinco años más tarde, usted podrá escuchar el audio del mismo, dividido en tres bloques, o puede leer el texto que lo acompaña:

https://radiocristiandad.org/2016/03/15/15-de-marzo-35-anos-de-la-muerte-del-padre-leonardo-castellani/

Como allí se dijo, sobre muchas cosas ha reflexionado y escrito el Padre Castellani; y de todas podemos meditar y aprender.

Para los que tuvieron la gracia de conocerlo personalmente (o para los que gastaron entre sus manos sus escritos), su sabiduría, su erudición, su espíritu profético, su humor… han servido de mucho para comprender los últimos años de la historia argentina y del mundo…, y les han ayudado a sobrevivir en medio de este desorden y corrupción… sirviéndose incluso de esa misma Babel que es el mundo postmoderno para ir ganándose la eterna bienaventuranza.

Hoy, que lo recordamos a 40 años de su muerte, recopilamos parte de sus enseñanzas y las aplicamos a lo que vivimos actualmente.

Nos encontramos en Cuaresma y cerca de la Fiesta de la Anunciación a María Santísima y de la Encarnación del Verbo Eterno en su seno purísimo.

El texto de la Ponencia del Padre Castellani en el Congreso Mariano de 1946 ayudará a la contemplación y meditación de estos misterios.

EL DESQUITE DE LA MUJER

La mujer se levantó sin ruido y se inclinó sobre el nidal de sus hijos, de donde había surgido un gemido. Los cuatro dormían sobre un montón de grama y en medio de animales. La mujer se arrodilló al lado y apoyó sobre una roca su cabeza. No podía dormir.

En el borde superior de la caverna, se veía una estrella extraordinariamente grande. Los pinos de los farallones susurraban suavemente, como el ruido de un río lejano.

La noche era templada y clara. La mujer comenzó a llorar hilo a hilo sin ningún sollozo, por nada, por un no sé qué, por la general inquietud y angustia indeterminada que sienten las mujeres acerca de sus hijos y forma parte del instinto materno.

Ahí estaba el mayor, llamado Poseí-un-hombre-por-Dios: encogido, los puños cerrados, la cabeza replegada sobre el pecho, ensortijado y moreno, su inquietante tesoro.

El segundo, llamado Esto-es-mi-nuevo-paraíso, estirado, rígido en su posición habitual, la boca levemente abierta, cara al techo; los brazos derechos y envarados, inmóvil. La madre, que ya sabía lo que era la muerte, se sobrecogió al verlo y lo tocó levemente; el niño se movió y gimió.

Las mellizas dormían al lado, descuajaringadas en posiciones inverosímiles, los graciosos y rechonchos miembros como desparramados, las cabecitas amorosas juntas, a la vez iguales y diferentes. La mujer sintió invadirla de nuevo la tierna y absoluta maravilla ante esa cosa nueva y milagrosa, el niño. Tú-también-serás-madre y Mujer-y-hermana dormían profundamente al lado de los varones.

Miró más allá y vio a su hombre, Tierra-Roja, medio envuelto en el pedazo de piel fulva manchada de sangre, tal como había llegado rendido por la caza; y por primera vez en su vida le pareció ver una especie de bestia, un animal de presa; sofocó inmediatamente un primer movimiento levísimo de repugnancia. Recordó el golpe con que el padre al llegar había arrojado por tierra al caprichoso hijo mayor, el golpe que a ella le pareció tremendo. El golpe fue moderado y merecido, porque le estaba pegando al otro; pero ella lo recibió en pleno corazón, y ahí no fue moderado.

Sin dejar de llorar pronunció de nuevo sus nombres, las palabras inventadas por ella, los cuatro disílabos extraños que en el primer idioma tienen preñez y fuerza de frase: Kain’m, Abheil, Ajdah, Leizrha. Eso, que estaba ahí amontonado era lo único absolutamente que le quedaba en el mundo, esos cuatro seres vivos que rompiéndola por el centro le habían enseñado el Miedo y el Dolor, la cara interior de la Muerte.

De golpe la primera mujer fue visitada por la majestad de la tristeza, una tristeza más inmensa que el día de la condena, una tristeza de sudar sangre, mezcla de todas las pasiones: una cólera sorda contra Dios, que iba a hacer sufrir y morir a sus hijitos por una culpa de ella; una angustiosa ansiedad de todo lo que irían a pasar en esta vida, un horror en la médula de los huesos, como un cuchillo en un nervio, de que ellos podían también pecar y perderse.

Eva sintió que su corazón desfallecía. Conoció que su deseo rencoroso de vengarse de Dios, de que Él también sufriera y muriera, que fuera un niño impotente sujeto a una mujer, era culpable.

Invocó a Dios contra su corazón malvado, contra esas impulsiones malas que nacían ahora en él y eran en su cabeza como una corona de espinas.

Se sintió pesada, fatigadísima sobre la tierra, impotente a todo. Miró a sus hijos, y miró a los hijos de sus hijos, y más allá a innumerables hijos nacideros de los hijos de sus hijos, y de todos se sintió ser la madre. Sintió el dolor de todas las madres: que toda mujer que había de concebir y dar a luz era ella misma, que por eso se llamaba ahora Euah, sucio Manantial-Viviente, la primera y la última de todas las madres.

Y de su inmenso arrepentimiento nació un amor colosal hacia todos sus hijos, una especie de viento arrollador y solemne que iba a buscarlos hasta el fin de los siglos y trataba desesperadamente de acariciarlos, de cubrirlos y de protegerlos. Pero sintió que no podía nada; y el viento arrollador la empujó hacia atrás, la arrojó sin que ella pudiera impedirlo a los días pasados, a los tiempos sin horas de la amistad con Dios, al Paraíso.

Por primera vez después de siglos, pensó en el Paraíso. Nunca pensaba en el Paraíso, cuya imagen indeleble había de emponzoñar de nostalgia eternamente la sangre de sus hijos: el recuerdo de su pérdida le producía náuseas de muerte. Pero ahora se vio de golpe sobre el césped blando, debajo de los terebintos, a la orilla de los ríos grandes como el mar, gozando del dominio danzante de su cuerpo intacto, libando la miel primera de todas las cosas, tomando posesión deslumbrada de la natura nueva y sumisa, los pies desnudos sobre el terrible terciopelo dorado de los enormes felinos dominados por la luz de los ojos del ser inteligente, sentada como en un trono sobre las rodillas de su hombre.

Recordó sus largos coloquios con Adán inocente, sus juegos de doncella arisca, de hermanita salvaje, el diálogo primigenio y eterno en el cual se inventaron todas las lenguas, a partir de los primeros gestos totales, cuando comprendieron el valor inteligente de los sonidos y empezaron a jugar con ellos como dos niños gozosos.

Pero su recuerdo más lancinante era el de sus coloquios con Dios: el éxtasis del atardecer, la oceánica invasión del dueño invisible, la pérdida del yo y la fusión perfecta con la causa infinita de todo, esa pasividad vibrante surcada como por relámpagos de deliciosas palabras en silencio, que venía cuando quería y se iba cuando quería, como la brisa de la tarde, dejándola después por un rato con la sensación de que nada existía y que la creación era una sombra vana.

Justamente por allí empezó la tentación, por querer tener la disposición del éxtasis, “seréis como dioses”. Eva se estremeció de horror y desdicha. Había codiciado lo que es estrictamente divino, quiso ser dueña del embeleso total, tenerlo cuando quisiera y sobre todo darlo, sí, ser capaz de comunicar cuando quisiera el éxtasis boca a boca a otra criatura que por lo tanto tuviera que adorarla; como la adorara allí mismo embriagadoramente aquella nueva criatura fulgurante que ostentaba vagamente las vivísimas formas del ofidio.

Eva se postró en el suelo, en un total reconocimiento de su error, en una conciencia traspasadora de su infatuación y su ignorancia. Ya era tarde. Pero ella sabía que la justa e irrevocable sentencia estaba unida a una misteriosa misericordia, cuyo signo eran esos mismos hijos que se le dieran en lugar del Paraíso, uno de los cuales aplastaría un día a la poderosísima serpiente.

Miró de nuevo su doloroso paraíso. De la boca de Abel surgió de nuevo el gemido, sordo, articulado en las sílabas ma-ma, el fonema misterioso que la penetraba, la palabra que ella nunca había dicho a nadie. Un inmenso anhelo de decirlo a alguien surgió de su soledad infinita.

Sintió el deseo absurdo de decírselo al Dios lejano y perdido, pero decírselo en medio del éxtasis antiguo en que su boca lo tocaba; decirlo y que Él lo tragara; el deseo de ser hija chiquita de alguien, de esconder como Abel en un regazo su pequeñez y su desolación infinita, de resignar por un momento la carga insoportable de ser madre de todos los vivientes, responsable única de toda la vida.

Todos aquellos que habían de ser sus hijos, serían hijos bastardos de Dios al mismo tiempo, hijos de mala madre, inficionados de más en más por la tara de su cuerpo maculado.

Tuvo un deseo inmenso de ser madre otra vez, pero madre de un ser absolutamente puro, más intacto que ella en su perdida virginidad paradisíaca; el deseo disparatado de ser madre de Dios mismo, o por obra de Dios.

Y sintió con horror que ese deseo imposible y casi sacrílego era más fuerte que ella, y que la arrastraba vertiginosamente hacia la pasividad de otrora, hacia el estado antiguo, en que se bañaba, en el seno de la Deidad, como en un mar aniquilante de delicias.

Sintió que su cuerpo se levantaba en el aire; o por mejor decir, no sintió mas su cuerpo, como si estuviese por encima del mundo entero y al lado de aquella solitaria estrella, el lucero de la tarde, Venus. ¡Tembló!

Entonces, en su exceso quiso, temblando, decir a Dios las dos sílabas ma-ma.

Gimió su alma, mareada como quien se siente trastabillar en un abismo.

Pero, en vez de decirle a Dios las no acostumbradas sílabas, con un gran temblor de su cuerpo y sin saber lo que decía, ¡lo llamó Hijo!

martes, 23 de marzo de 2021

Recuerdan al genial padre Castellani a 40 años de su fallecimiento

 Noticias Interés General

  • 15 de marzo, 2021
  • Buenos Aires (AICA)
Se cumplen hoy 40 años del fallecimiento del escritor y sacerdote Leonardo Castellani, de prolífica obra y profundo sentido apostólico y profético.

“Los que recuerdan el nacimiento celebran la aparición poco pulcra de un informe y desvalido embrión humano, que no se sabe si durará y qué dará de sí; los que festejan la muerte celebran la madurez de un alma inmortal, que rompe un cuerpo gastado hasta la cuerda”, escribió el propio Leonardo Castellani, sacerdote, brillante escritor y un lúcido pensador, que un 15 de marzo de 1981, hace hoy 40 años, moría en Buenos Aires, dejando una prolífica obra que enorgullece a las letras argentinas.

“Hoy se celebra un nuevo aniversario de la partida a la Casa del Padre del querido Padre Leonardo Castellani de feliz memoria”, recuerda Manuel Outeda Blanco, director de la Exposición del Libro Católico.

“A lo largo de su vida fecunda se destacó como sacerdote escritor y patriota, dando testimonio con su pluma siempre para honrar a Dios y demostrar su amor al prójimo”, expresó a AICA Outeda.

Y añadió: “En el marco de la Exposicion del Libro destacamos y honramos su trayectoria de notable e ilustre escritor con la entrega anual de la Estatuilla que lleva su nombre. La recibieron hombres y mujeres que siguieron sus pasos como monseñor Octavio Derisi, el profesor Enrique Mayocchi, el padre Cayetano Bruno, la doctora Lila Archideo, el doctor Alberto Caturelli, monseñor Juan Carlos Rutta, el doctor Pedro Luis Barcia y el profesor José María Castiñeira de Dios. “Todos ellos conocieron y se enriquecieron del genio del padre Castellani”, afirmó Manuel Outeda.

“Castellani se destaca en todos los géneros y ciencias sagradas y profanas hasta crear como decía el cardenal Quarracino 'un género propio’”, destacó por su parte el doctor Rafael Breide Obeid, director de la Revista Gladius y propagador de la obra del Padre Castellani.

“Su prosa -añade Breide Obeid- es genial. Fluye diáfana y cristalina integrando todos los saberes. Es plenamente católico es decir universal, y por su unión con Nuestro Señor Jesucristo con Él, es rey, sacerdote y profeta”.

“Sus sesenta libros son el tesoro más grande de la Argentina. Que más se enriquece cuanto más se difunde”, indicó el director de Gladius.

El Padre Castellani
“Es la mente más brillante que dio la Argentina en el siglo XX”, supo decir Jorge Luis Borges sobre este hombre nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe, un 16 de noviembre de 1899.

Terminó el bachillerato en Santa Fe y en 1918 ingresó al noviciado jesuita de Córdoba. Estudió letras, filosofía y teología en Santa Fe, luego en Buenos Aires y comenzó a escribir (Camperas), luego fue enviado en 1929 a Europa a proseguir sus estudios, en 1931 fue ordenado sacerdote y estudió Filosofía y Teología en la Gregoriana de Roma. Después estudió Psicología en la Sorbona de París. Tras unos meses en Alemania, en 1935 volvió a la Argentina.

Había egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con las más altas notas obteniendo el Título de “Doctor Sacro Universal” en Teología y Filosofía, lo que lo habilitaba a escribir con notas propias sobre las Sagradas Escrituras, sin previa autorización del Vaticano, lo que sólo pudieron hacer muy pocos hombres en la milenaria historia de la Iglesia Católica. El título obtenido se conoce vulgarmente como “Doctor de la Iglesia”.

Luego partió a Francia a estudiar durante tres años en La Sorbona la carrera Superior de Filosofía, Sección Psicología. Luego pasó a Alemania para profundizar los estudios y la práctica con enfermos mentales.

Publicó 56 obras tanto religiosas como poéticas, fábulas campestres, relatos, y luego de una serie de conflictos con su Orden (Jesuitas), fue expulsado de la misma soportando dos años de prisión en Manresa (España), de la cual puede escapar con ayuda de amigos en un estado físico y mental deplorable. Tampoco pudo ejercer su ministerio sacerdotal durante varios años. Pero nunca dejó de escribir tanto libros como artículos periodísticos en diarios y revistas.

No solo fue un docente responsable y bien preparado, sino también un periodista nato, y un iniciador de la crítica literaria seria en la Argentina, con no menos de veinte seudónimos colaboró en publicaciones diversas editadas en la ciudad de Buenos Aires como Estudios, revista El Salvador, Criterio, Revista de la Universidad de Buenos Aires, Nuestro tiempo, Verbo, Cabildo (sobre todo), Dinámica social, Patria libre, entre otras,

Firmó cerca de 500 artículos y dirigió dos revistas: Estudios, de la Academia Literaria del Plata y Jauja, fundada por él mismo. La gran mayoría de sus libros editados hasta ahora son colecciones de artículos, lo cual no quita nada a su originalidad y solidez doctrinaria. En el último tramo de su vida se dedicó a la exégesis bíblica, preocupado, sobre todo, en el tema de la segunda venida de Cristo.

El año 1975 marcó el reconocimiento de los argentinos a este ciudadano ilustre: la Universidad de Buenos Aires le otorga el grado de “Doctor Honoris Causa” y el Gobierno Nacional le otorga el premio “Consagración Nacional”.

En 2004 sus restos fueron trasladados, en un significativo acto, al cementerio de Reconquista, al “Panteón de la Ciudad”, lugar donde descansan “los restos mortales de aquellos ciudadanos que se hayan destacado en algún aspecto de la vida social”. 

El presbítero Francisco Avellá Chafer, historiador del clero porteño y alumno del padre Castellani, describía así a su antiguo profesor: “En grado eminente, se daban en él tres requisitos esenciales: memoria firme, fantasía fértil e ingenio agudo, cualidades que lo elevaron a niveles de genio”.+

[https://aica.org/noticia-recuerdan-al-genial-padre-castellani-a-40-anos-de-su-fallecimiento]

 

 

viernes, 19 de marzo de 2021

Leonardo Castellani, el gran escritor y profeta argentino ausente en el canon de nuestras letras

 

[https://www.infobae.com/cultura/2021/03/15/leonardo-castellani-el-gran-escritor-y-profeta-argentino-ausente-en-el-canon-de-nuestras-letras/]

Incansable en su prédica contra la decadencia nacional, este sacerdote jesuita rebelde, fallecido hace 40 años, dejó una prolífica obra ignorada por la historia oficial de la literatura argentina, por estar sembrada de incómodas verdades que muchos no quieren escuchar

autor

PorIciar Recalde

Leonardo Castellani, sacerdote, filósofo, teólogo, ensayista, novelista, periodista y polemista, murió hace 40 años, el 15 de marzo de 1981
Leonardo Castellani, sacerdote, filósofo, teólogo, ensayista, novelista, periodista y polemista, murió hace 40 años, el 15 de marzo de 1981

El 15 de marzo de 1981 partió hacia la inmortalidad el sacerdote Leonardo Castellani. Con él desaparecía uno de los más lúcidos pensadores católicos del siglo XX.

Este hombre, que sintió arder dentro de sí la misión providencial de hacer Verdad, “una verdad por la cual se pueda vivir y morir (...) una verdad viva y vital” (San Agustín y Nosotros), había nacido en San Jerónimo del Rey, luego ciudad de Reconquista, en la provincia de Santa Fe, el 16 de noviembre de 1899. Hijo del florentino Luis Héctor Castellani, fundador del diario El Independiente, asesinado por la policía en medio de las luchas electorales de 1906, cuando Castellani era aún un niño, y de Catalina Contepomi.

En una Argentina intelectualmente desarmada, donde los hombres vivían de prestado, pidiendo al extranjero ojos, oídos, conciencia y sensibilidad, Castellani comenzó a forjar en la levadura del talento un estilo único y hondamente argentino, que tempranamente fuera ponderado en su autenticidad por Hugo Wast en el prólogo a Camperas (1931) y ratificado por Hernán Benítez como “género propio” en el Estudio Preliminar a Crítica Literaria (1945).

Castellani fue uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh
Castellani fue uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh

Evitado esmeradamente al día de hoy por las historias de la literatura, fue sin embargo uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh. Legó una obra crítica inmensa: 48 libros publicados en vida en editoriales sumergidas en el olvido y cientos de artículos de acentos huracanados esparcidos en los múltiples periódicos en los que participó. En la huella de Miguel de Cervantes y José Hernández, sintetizó el dominio del idioma con una destreza tal que le permitió peregrinar por todos los géneros existentes sin perder un ápice la preocupación teológica que está en el corazón de todos y cada uno: poesía, novela, fábula, cuentos, teatro, ensayos políticos, filosóficos, pedagógicos, psicológicos, crítica literaria, exégesis. Como está en el corazón de todos y cada uno el amor y la defensa de la Patria, cuyos dramas comprendió y combatió como pocos hombres de su tiempo, con el todo admonitor y el acento rudo de los profetas.

En 1913 ingresó como pupilo en el colegio de “La Inmaculada” perteneciente a la Compañía de Jesús en Santa Fe, donde se recibió de bachiller en 1917. Un año después, pasó al Noviciado de los Jesuitas en Córdoba y en 1923 ingresó en el Seminario porteño de Villa Devoto. Entre 1924 y 1927 enseñó en el Colegio del Salvador y comenzó a publicar sus primeros cuentos y fábulas. En 1928 inició sus estudios de Teología y al año siguiente fue enviado a Roma a completarlos en la Universidad Gregoriana, donde se ordenó sacerdote. En 1932 se instaló en Francia por dos años y obtuvo el diploma de Estudios Superiores en Filosofía en la Sorbona.

Promediando la década infame, regresó al país donde continuó la labor docente que alternó con el ministerio sacerdotal, el periodismo y la publicación de sus primeros libros: Sentir la Argentina, (1938), La Reforma de la enseñanza y Martita Ofelia (1939), Conversación y crítica filosófica (1941), Las nueve muertes del Padre Metri y El nuevo gobierno de Sancho (1942),entre otros.

En 1945 integró la lista por la Alianza Libertadora Nacionalista como candidato a diputado nacional para las elecciones de febrero de 1946, acontecimiento que ofició de preludio de un largo y tortuoso suceder de desventuras con el Provincial de su Orden que se ahondaron tras la publicación de las cartas “Dic Ecclesiae”, en donde Castellani esbozó una serie de críticas a la Compañía de Jesús, en las que ya comenzaba a asomar el audaz polemista fustigador del fariseísmo. Se lo conminó, entonces, a abandonar la Orden voluntariamente, se rehusó y viajó a Europa con el objetivo infructuoso de exponer su caso. Fue confinado dos años en Manresa, de donde escapó en 1949 para regresar a la Argentina. Expulsado definitivamente de la Orden, se refugió temporalmente en la diócesis de Salta, donde subsistió como docente. Recién en 1952 le fueron devueltas sus cátedras en Buenos Aires, tres años después se lo rehabilitó para decir misa y en 1966 arregló su situación con la Iglesia, de la que jamás apostató y a la que sirvió en su fe hasta sus últimos días: “De modo que la primera parte deste protocolo consistiría en quejarme que la Iglesia me ha perseguido y la Patria me ha pospuesto y postergado; y de ahí concluir que hay un estrato de vitriolo en el fondo de la Iglesia y un gusano inmortal en el seno de la Patria. Pero después deso tendré que confesar que la Patria me ha dejado vivir- lo cual no es poco- y la Iglesia me ha enseñado la fe de Cristo” (Seis ensayos y tres cartas).

Castellani sobre los "partidos": “No había diferencia esencial alguna en los 'programas' (ni) en las 'doctrinas'. Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias ('quítate tú que me pongo yo')"
Castellani sobre los "partidos": “No había diferencia esencial alguna en los 'programas' (ni) en las 'doctrinas'. Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias ('quítate tú que me pongo yo')"

Los crímenes del Liberalismo

Castellani golpeó como puños premiosos contra las puertas del liberalismo como causa fundante de los males del país: “Lo más conducente entre nosotros para probar que el liberalismo es pecado, es examinar los efectos del liberalismo en la Argentina. Son tan feos que sólo pueden proceder de un pecado. ‘Por sus frutos los discerniréis’. He aquí los diez crímenes (…) El liberalismo exterminó al indio. El liberalismo arruinó la educación argentina. El liberalismo relajó la familia argentina. El liberalismo esterilizó la inteligencia argentina. El liberalismo nos infundió un ánimo abatido (…) un complejo de inferior. El liberalismo mutiló a la Nación de su territorio natural histórico. El liberalismo empequeñeció a la Iglesia argentina. El liberalismo creó gratis el problema judío. El liberalismo nos enfeudó al extranjero. El liberalismo rompió la concordia y creó la división espiritual de los argentinos que actualmente se encamina a una crisis dolorosa” (Sentencias y aforismos políticos).

La Argentina era en consecuencia “como un cigarro fumado a la vez por las dos puntas” (Jauja, 1969), cuya norma era la “propensión a entregarse del todo al extranjero” (La religión y la libertad, 1956). La riqueza producida por el sudor del trabajador argentino sangraba hacia afuera y encadenaba al país a ser una semicolonia económicamente raquítica y espiritualmente vencida: “La cuestión económica y la política exterior, es decir, los dos problemas polos de todo gobierno REAL (...) nos eran dados hechos desde fuera; y para que nos creyésemos Nación, nos dejaban divertirnos, afanarnos y matarnos con los triquitraques sórdidos de la ‘política interna’”. O sea, la farsa demoliberal que consistía “en el llamado JUEGO DE LOS PARTIDOS, instrumento artificial de una pseudodemocracia, que tiene poquísimo de política real (…) consiste simplemente, al final del proceso del régimen liberal, en que NO HAY PARTIDOS. No hay una cosa realmente partida -a no ser la concordia y el bien común de la Nación-, hay una sola cosa real (...) Los partidos liberales (…) tienden a convertirse en una clase de hombres homogéneos moral, intelectual y hasta caractéricamente, que se adjudican como prebenda la función de gobernar, y luchan continuamente (…) por el poder; en el cual, si las cosas marchan como deben, lo justo es que se vayan turnando”, y dice más: “no había diferencia esencial alguna en los «programas» (…) ni en las «doctrinas». Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias («quítate tú que me pongo yo»), obcecadas diferencias en los ánimos («nosotros somos los buenos, nosotros ni más ni menos; los otros son unos potros, comparados con nosotros»)” (Seis Ensayos y Tres Cartas).

Leonardo Castellani fue un precursor de la novela policial argentina
Leonardo Castellani fue un precursor de la novela policial argentina

Así, los dirigentes del liberalismo “cayeron en la tentación que ahora llaman «progresismo»; o sea, de vender el alma al diablo y las riquezas del país a los Malditos, a cambio de un aparatoso progreso técnico, al cual pagamos escandalosamente caro y no conseguimos entero, pues todavía estamos subdes, según nos echan en cara” (Jauja, 1969). El fundamento de que una Nación rica y con sobradas condiciones de convertirse en potencia hubiese aceptado tan indigno vasallaje, o sea, la capitulación política y el expolio de la riqueza nacional, para Castellani estaba directamente ligado a la colonización espiritual del país: “Si caímos en redes de foráneos mercaderes, fue porque primero escuchamos silbos de foráneos masones, y el miasma sutil de la herejía había contaminado entre nosotros los intelectos. El Liberalismo antes de ser un mal sistema político y un mal método económico, es una mala teología, es una herejía, una cosa espiritual, que no se puede conjurar del todo sino en su propio centro, que es la región de la estratósfera donde combaten invisiblemente los espíritus” (Crítica Literaria). Por tanto: “La Argentina (…) No será del todo independiente mientras no sepa pensar sola” (La Reforma de la Enseñanza).

Palabras que parecen escritas hoy como azotes a la “idolatría” de lo políticamente correcto que viene imponiendo hace décadas una nueva “fe” donde prima el relativismo radical y la “libertad de opinión” por sobre la búsqueda de una verdad trascendente, cuyo corolario al decir de Castellani es el “chillar los ineptos hasta acallar al sabio” (El nuevo gobierno de Sancho). Pensamiento que postula que todas las opiniones valen lo mismo, que todo es discutible hasta el derecho sagrado a la vida sobre el que se asientan el resto de los derechos, junto al consignismo vacuo anudado a reclamos histéricos de más derechos sin ninguna obligación del pensamiento progresista cuyos valores son los valores elementales del liberalismo que bajo ropajes variados mantiene su esencia: globalismo y cosmopolitismo, ataque a la tradición, tecnocracia y economía de libre mercado, individualismo y hedonismo, destrucción de la persona humana, de la familia y de la comunidad, democracia como el dominio de las minorías sobre las mayorías. Guerra sin cuartel contra la nacionalidad en el suelo que lo único que produce para sus hijos es hambre, pobreza y dolor: “No son la Patria los que actualmente y desde hace mucho tiempo mangonean el país a su gusto o a gusto del diablo (…) No es la Patria la ideología liberal, la plutocracia mercantil ni el imperialismo extranjero; esas cosas no se pueden consagrar al Corazón de María. (…) ¡Cómo va a ser la Patria esta inmensa laguna en que andamos braceando con desesperación, nadando contra corriente y empantanándonos sin poder ir ni atrás ni adelante; esta casona derruida donde respiramos aire gastado, comemos pan duro, estamos inundados de mentiras y pamplinas, leemos o vemos cada días que nos dan en rostro, estamos vejados por el cretinismo ambiente y creciente, soportamos vergüenzas nacionales!” (Seis ensayos y tres cartas).

Leonardo Castellani (a la derecha en segundo plano)
Leonardo Castellani (a la derecha en segundo plano)

En defensa de la Tradición y la Cristiandad que reintegrasen a la Argentina su fisonomía católica e hispánica limpiándola de elementos extranjerizantes -“El eje permanente de la historia argentina es la pugna entre la tradición hispánica y el liberalismo foráneo, bajo cuyo signo nacimos a la ‘vida libre’”-, Castellani formuló la necesidad de restauración de un principio de autoridad y de un orden moral justo. El país debía entrar en “la etapa de la inteligencia”, como elemento unificador de la vida afectiva comunitaria. La Nación dependía de “muchos factores, algunos materiales como la geografía, la economía y la raza; otros formales como la religión, un ideal histórico común, y la lengua, que los une a todos”, que actúan como plataforma fundante de un ideal trascendente, elemento espiritual que hace posible la unidad nacional: “Una creencia común, que por trascendental cubra las diferencias contingentes individuales es el cemento indispensable de una sociedad que se concreta en un ideal nacional capaz de proponer una empresa conjunta con alcance universal” (Dinámica Social, 1951), porque “toda Nación para existir decentemente debe tener una misión en el mundo, una idea trascendental que realizar, llamada «el ideal nacional», porque así como el hombre no es fin de sí propio, tampoco las naciones” (Decíamos Ayer).

Es por eso que, a la par de la espera consoladora del único dogma del Credo aún no cumplido, el Venturus est, el regreso de Cristo a poner la justicia y el bien a la Tierra, llamó al despertar aunque más no sea de un puñado de argentinos dispuestos al sacrificio: “Y mientras ellos existan, aunque sea como generación sacrificada, la redención de la Argentina es posible” (Seis ensayos y tres cartas). Que así sea.