Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 31 de mayo de 2019

Edición ampliada de "Los Papeles de Leonardo Castellani"



SOBRE LA PRESENTE EDICIÓN

En noviembre de 2017 se publicó la primera edición de Los Papeles de Leonardo Castellani, recopilación de prólogos y epílogos que fue resultado de una  prolija investigación. Sin embargo no habíamos podido hallar el prólogo de Castellani al libro Semblanzas heroicas de Blas A. Malvicini, que providencialmente llegó a nosotros en este año de 2019. 
Ofrecemos, pues, esta edición ampliada; renovando nuestro propósito de continuar con la tarea de difusión de la obra castellaniana, como un servicio a Dios y a la Patria.
Los editores

jueves, 30 de mayo de 2019

La desolación de Lugones

Tres años han pasado desde que el más grande poeta nacido en las tierras del Plata puso fin a su vida con mano violenta; y después de haber testimoniado acerca de la enfermedad de la Patria en sus obras LA HORA DE LA ESPADA y LA MISIÓN DEL ESCRITOR selló por desgracia su testimonio con un acto de desesperación infinitamente deplorable. Tres años, y la nación ha olvidado a Lugones.

[https://blogdeciamosayer.blogspot.com/2019/05/la-desolacion-de-lugones-p-leonardo.html]

lunes, 13 de mayo de 2019

Futbolista y castellaniano

EL OTRO LADO

La vida no se debe reducir a una pelota

Diego Valeri, un futbolista poco habitual: habla tres idiomas y lee a San Angustín y a Santo Tomás: “Me gustan la teología y la filosofía. Es una forma de vida”. Su presente en los EE.UU, su pasado en Lanús y su visión de la Argentina...

 

Hace seis años, el Pelusa abandonó Argentina para dirigirse a Portland. Allí se encontró con una ciudad tranquila y cálida que lo acogió junto a toda su familia. Tiempo más tarde sería amado por cada uno de los habitantes de aquel lugar. Valeri llegó para dejar su huella y marcar un antes y después en la historia del club, logrando conseguir el título de la Liga por primera vez, en la cual además se llevó el premio de MVP en el 2017.

El ex volante de Lanús se caracteriza por poseer una amplia cultural ya que domina tres idiomas distintos: alemán, portugués e ingles. Además, es un gran amante de la lectura, con dos grandes debilidades a la hora de elegir la temática de un libro: teología y filosofía. Autores como San Agustín o Eduardo Galeano son los elegidos por el Conde cuando se desata los botines y quiere desconectarse de la pelota.

- ¿Cómo ves la MLS?
- En un crecimiento constante. Es un tipo de liga muy cambiante, año tras año modifican cosas, se está empezando a notar la competencia, a raíz de la política y reglas que están tomando los clubes de incorporar gente más joven e invertir cada vez mas a los equipos.

- ¿Por qué jugadores jóvenes eligen la MLS?
- Se está empezando a ver a esta Liga y al país como una posibilidad de seguir creciendo en la carrera. Casos como Almirón, van a seguir pasando cada vez más. Se convirtió en un paso para adelante y no para atrás.

- ¿Cómo fue tu adaptación cuando llegaste?
- La verdad no me costó mucho, ya había tenido la experiencia de haber vivido afuera. Estoy con mi mujer, que es lo que me sostiene a mí y a nosotros como familia, nos ayudamos mucho. La comunidad fue muy importante para nosotros, porque Portland es un lugar chico y muy cálido, eso me favoreció muchísimo.

- ¿Socialmente que diferencias hay con Argentina?
- Es otro tipo de sociedad. Tienen un orden diferente al de nuestro país, con una forma muy distinta a la forma de ser de la gente. Son países totalmente distintos, con estructuras diferentes. Cosas buenas y malas hay ambas sociedades, uno se va adaptando a lo necesita su familia.

- ¿Cómo ves a Argentina desde afuera?
- Estamos en una situación de crisis muy importante, que puede llegar a estallar de una manera peor, esa inestabilidad vino estos años, está cada vez peor, tiene que terminar. Debería haber un consenso y lograr una estabilidad, en principio económica, revirtiendo valores que siempre tuvo nuestra sociedad y así salir fortalecidos de esta situación. Por lo que se ve va a estar complicado. Argentina es un país que tiene una gran capacidad en su dirigencia política y en su gente, con recursos naturales que favorecen. Será cuestión de brindar orden.

- ¿Qué te gusta hacer fuera del deporte?
- Me encanta leer, sobre todo teología y filosofía. Es algo que siempre me gustó, soy un hombre de fe, me gusta poder instruirme, creo que es algo positivo en la vida poder cultivarse. Es un hobby, pero a la vez lo hago como una forma de vida. Lo nuestro es el fútbol, lo amamos, crecimos con una pelota toda la vida , pero la vida no se puede reducir solamente a una pelota, ni se debe.

- ¿Qué autores te gusta leer?
- La verdad que de todo. Respecto a la teología: la época mas clásica, San Agustín, Santo Tomás o algún sacerdote argentino, como Castellani, ese me gusta mucho. Si me voy a otros tipos de lectura, Galeano, Sacheri o diferentes cosas de fútbol: Menotti y Cappa.


- ¿Extrañas Lanús?
- Si claro, yo soy hincha del Grana y lo sigo siempre. Me considero un hijo de Lanús ya que crecí en el club y viví toda la vida allí. Tuve la oportunidad de representar a todos los hinchas dentro de la cancha. En mi corazón hay un sentimiento de gratitud con todos ellos y aquellas personas que estuvieron cerca mio.

- ¿Se puede dar tu regreso al club?
- Uno nunca sabe. A esta altura de mi vida y lo más importante lo comparto con mi familia, por lo que al final lo vamos a terminar decidiendo entre todos. Sería muy egoísta de mi parte tomar una decisión así solo. Mi corazón es de Lanús. Vamos a ver que me permite mi carrera y también hay que ver si el club me quisiera.

- ¿Qué recuerdos te quedaron del Grana?
- Siempre digo, que no hay cosa más linda que salir campeón con tus amigos. Es un privilegio que tenemos unos pocos y fue un detalle único. Eramos un gran grupo, con Lagos, Pelle, Fritzler, Biglieri, el Laucha y teníamos a Ramón, él para mí fue un padre deportivo, que me formó. Hoy de alguna manera nos sigue acompañando a todos.

 

martes, 7 de mayo de 2019

Castellani y San Alberto Hurtado


[Castellani] nació en la provincia de Santa Fe, Argentina. Ingresó a la orden en 1918 en Córdoba, para pasar luego a Buenos Aires a cursar la teología. Sin embargo, terminó sus cursos en la Universidad Gregoriana de Roma en 1931. Hizo la Tercera Probación en St. Acheul, Francia, donde aprovechó para obtener un diplomado en estudios superiores de filosofía. Ahora bien, para obtener el grado debía rendir examente y Hurtado lo convenció de estudiarlo en Eegenhoven, cerca de Lovaina, después de invitarlo a dictar unos Ejercicios Espirituales [...]. Cuenta Castellani en sus memorias que ese viaje a Bélgica fue providencial, ya que "Hurtado me persuadió a quedarme a preparar el examen y me resultó muy bien a causa de las tres bibliotecas colosales, de la lujosa soledad del parque, el contacto con los profesores, sobre todo el padre Maréchal S.J.; abatí trabajando lo menos el doble que en París". Ese mismo año de 1934 publicó en París una obra en francés sobre los Ejercicios de san Ignacio y que se reeditó en Buenos Aires en 1991. A fines de 1936, Castellani ya se encontraba nuevamente en Argentina, desarrollando una labor intelectual verdaderamente polifacética. Es evidente que más de una preocupación tenía en común con Hurtado. El chileno, en un manuscrito suyo de 1938 sobre "una reforma del bachillerato", dice lo siguiente: "No olvidar la experiencia hecha por el padre Castellani con sus alumnos que leyeron los clásicos y lo que los aprendieron por texto", experiencia que compartió antes de que este jesuita publicara su libro Reforma de la Enseñanza en 1939. Castellani también incursionó en política y fue candidato a diputado y figura de un sector del nacionalismo argentino. Una biografía apunta: "A causa de problemas surgidos con sus superiores, fue amenazado con la expulsión. Viajó a Europa a fines de 1946 y recurrió al padre general [Jean Baptist Janssens], pero en respuesta fue enviado a España y residió dos años en Manresa (1947-1949)". Justamente estando Castellani en esta estadía forzosa recibió la visita de su ya viejo amigo chileno. En su viaje a Europa en 1947, en carta al padre Álvaro Lavín S.J. desde Barcelona, dice Hurtado que "en Manresa vi al padre Castellani, muy bien en su espíritu, pero muy roto en su cuerpo". Castellani, por su  parte, escribió en su diario, con fecha 10 de septiembre de 1947, que le resultó "gratísimo" recibirlo. Su biografía en el Diccionario de la orden apunta que, en 1949, a su regreso a Argentina, "se le leyó el decreto de expulsión de la orden y se vio sometido a una larga suspensión canónica (1949-1966), que le impidió el ejercicio del sacerdocio". Murió en Buenos Aires quince años más tarde.

Manuel Salas Fernández, “Castellani Contepomi, Leonardo Luis (1899-1981)”, La formación jesuita de Alberto Hurtado: De Chillán a Lovaina (1923-1936) (Santiago de Chile: Univ. A. Hurtado, 2018).



lunes, 29 de abril de 2019

Un poco de luz castellaniana sobre lo que es y lo que no es la infalibilidad papal

La Infalibilidad del Papa que Dios ha hecho, es una cosa milagrosa; pero no es tan milagrosa como la infalibilidad del Papa que algunos protestantes han hecho. Ni Dios mismo, con ser topoderoso, puede hacer la infalibilidad que hizo Mr. Charles Kingsley (novelista y clérigo episcopaliano inglés del s.XIX, padre del “socialismo cristiano”), por ejemplo, y que regaló gratuitamente al Sumo Pontífice. Por eso, para decir lo que es, ayuda decir juntamente lo que no es la Infalibilidad Pontificia.

1. Infalibilidad no es el poder de hacer del mal bien y del bien mal.

La doctrina de la Iglesia reconoce la existencia de la ley natural, existencia del bien y del mal, es decir, de un orden que nace de la misma naturaleza de las cosas. Orden que Dios mismo no puede deshacer, porque Dios no puede hacer cosas contradictorias (“Deus contra primum ordinem non agit, quia contra seipsum nemo agit”, dice San Agustín). Dios mismo no puede hacer que una blasfemia deje de ser pecado, porque Dios no puede hacer que la criatura no sea criatura y el Creador no sea Creador. Dios puede dispensar de una ley divina positiva, como la de comulgar alguna vez en la vida; la Iglesia puede dispensar de una ley eclesiástica positiva, como la de comulgar una vez al año: porque todo legislador puede dispensar de su ley, cuya obligatoriedad dimana de su propia voluntad.

Así, pues, la Iglesia podía quizá dispensar el impedimento del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, impedimento de afinidad en primer grado, aunque de hecho no lo dispensó; pero que de eso se deduzca que el Papa “tiene el poder de crear el bien y el mal” en tal desmesurada proporción, que pueda por medio de las indulgencias (!) asegurar el perdón a cualquiera, “etsi matrem Dei violavisset”, parece que es una consecuencia tan monstruosa, que es imposible que haya sido escrita. Y si ha sido escrita, parece que debe de ser por algún dejado de la mano de Dios. Y si fue escrita por el Rev. Charles Kingsley en una crítica de la historia de Froude en el MacMillan Magazine, en enero de 1864, parece que yo no debería repetir sus palabras, siquiera por no ofender los píos oídos y por respeto al género humano. Y sin embargo, las tengo que repetir, para que se vea hasta dónde puede llevar el prejuicio a un hombre de estudios, Doctor Divinity (doctor en teología), que dice creer en Jesucristo y tiene a todos los papistas por fanáticos: para que sirva de ejemplo de lo que decía arriba acerca de la razón humana.

2. Infalibilidad no es impecabilidad.

Dicen que en algunas lenguas estas dos ideas se expresan con una palabra común (unfehlhar en alemán, nepogriechimosti en ruso), lo cual hizo gritar a los viejo-católicos alemanes y a los cismáticos rusos cuando la definición Vaticana, que los ultramontanos habían fabricado un Papa igual que Dios. Por lo cual, en el II Congreso de Velehrad, en 1905, el obispo ortodoxo A. Maltzew propuso cambiar por la palabra bezochibotchnosti (sin error), para quitar piedra de tropiezo a nuestros hermanos orientales. Pero no es así en la lengua latina (falli = equivocarse) ni en la nuestra. Nosotros sabemos hace mucho tiempo que no todo es trigo limpio en la Iglesia Catolica, y que no sólo pueden pecar, sino que de hecho algunos Papas pecaron. ¡Miren a qué hora se despierta el buen diputado socialista! Lo sabía yo al hacer la primera comunión, que en el campo del Padre de familia el hombre enemigo sembró en medio del trigo limpio, cizaña.

El Papa es pecador como hombre privado, y por eso tiene confesor y se arrodilla ante él cada semana; pero es infalible cuando habla ex cathedra.

Esta expresión técnica de los teólogos (hablar desde lo alto de la cátedra de Pedro) expresa las condiciones y límites de la promesa divina, que son tres:

1) cuando habla como Doctor público y cabeza de la Universal Iglesia, no como hombre, no como teólogo, no como obispo de Roma, precisamente;

2) cuando habla acerca de cosas de la fe y de la moral, es decir, acerca del depósito de la revelación pública hecha por Cristo y clausurada por los Apóstoles; 

3) cuando define, es decir, pronuncia juicio solemne, auténtico y definitivo acerca de si una verdad está o no contenida en ese deposito inmutable, no cuando aconseja, exhorta, insinúa o administra.

Ojo con esta palabra “depósito de la revelacion” (“Apostoli contulerunt in Ea, tanquam in repositorium dives, omnia quae sunt Veritatis”, dice Ireneo), que no significa una caja de verdades colgadas, pinchadas y clasificadas, como la teca de un naturalista.

En el capítulo último de Orthodoxy, Chesterton ha ilustrado las relaciones de la autoridad y el aventurero, con la comparación de su padre llevándolo de la mano a él pequeño al descubrimiento del jardín de su casa. “Yo sabía que mi padre no era un montón de verdades, sino una cosa que dice la verdad.

El montón de verdades supraterrenas que al Hijo de Dios plugo traernos están todas contenidas en la Iglesia Católica de Pío XI, como lo estuvieron en la Iglesia Católica de San Pedro; no precisamente en la cabeza de Pío X I, ni en el símbolo de Pedro, ni en la Suma Teologica, ni en el Concilio de Trento; sino en la vida de la Iglesia viva, a la cual pertenecen Pío X I y el símbolo y la Suma Teologica y el Concilio. La inspiración personal de los protestantes agarrados a la Biblia es el extremo contrario del estatismo autorital de los rusos agarrados a los ocho primeros Concilios; y las dos exageraciones matan la verdad revelada, la primera por desangramiento, la segunda por estrangulamiento.

Porque la asistencia continua del Espíritu de Verdad prometida a la Iglesia, ni es la continua profecía, ni es la profecía momentánea y petrificada en un libro o en veinte cánones.

Entre los dos extremos de la momificación del dogma y el continuo nacimiento del dogma, hay un medio verdadero que es la vida del dogma. Y de esta vida del dogma es la infalibilidad el órgano regulador y propulsor, como el corazón que en el medio del pecho bate tranquilamente la medida.

3. Infalibilidad no es ciencia universal.

Algunos católicos poco instruidos se imaginan quizá la Infalibilidad como un estado de ciencia actual, y al Papa flotando en mares de certidumbre infusa, ideal y sintética acerca de todas las cosas divinas.

Si no hay católicos tan sencillos, protestantes sí que los hay; y de esta gruesa fantasía brota la objeción anglicana que arbola cándidamente Chillinworth, por ejemplo: “Vamos a ver; si el Papa es infalible, ¿por qué no publica un comentario infalible de todos los versículos de la Escritura?” (Murray, De Ecclesia, t. II, p.361). Como si dijeran: “Si el Papa es infalible, que resuelva el problema aeronáutico de volar sin motor.”

De esta concepción nace también otra idea simplista, que ha cristalizado en el libro de Augusto Sabatier, Religions d’Authorite et la Religion de l’Esprit.

Representan la historia de la religión de Cristo como una lucha continua entre la Autoridad y la Razón, con mayúscula; y atribuyéndose a sí mismos la libertad de la razón, nos regalan gentilmente la esclavitud de la Autoridad. En la cual mazmorra papal el entendimiento del pobre papista tiene que estar preparado para recibir cada día nuevas listas de credenda, nuevos dogmas y verdades que, so pena del infierno, debe creer ciegamente, aunque contradigan todo lo que creyó ayer y creerá mañana. Claro que Sabatier no lo dice así, porque tenía más talento que eso; pero así lo dicen al pueblo los bautistas yanquis en la plaza Once de Buenos Aires y los anglicanos en el Hyde Park de Londres.

Pero no hay libertad para el entendimiento fuera de la verdad. Es no saber ontología, tener por un bien la libertad de pensar el error, que no es más que la esclavitud del espíritu a la carne y al orgullo. “La gente libre debajo de Dios” , llama San Agustín al pueblo cristiano.

Es no saber psicología, ignorar la elástica energía del entendimiento del hombre, centuplicada bajo la compresión benéfica de la Verdad Divina, como ya notara Aristóteles (X Etic., c. VII; De pan. anim. II), la elástica vitalidad de ese hijo del cielo, que como Anteo, hijo de la tierra, a cada golpe más gozoso salta y con freno es cuando más gallardea, piafa y salva barreras, mientras que sin freno se desboca y precipita.

Es no saber historia, ignorar por una parte el edificio estupendo de la Teología Católica, más sublime que la metafísica aristotélica y la ética platónica, que no son más que sus basamentos, arquitecturado bajo el rol de la Infalibilidad, por mentes como Atanasio, Agustín y Tomás de Aquino; ignorar, por otra parte, la descomposición casi instantánea de la teología protestante en manos del libre examen, la carrera al ateísmo pasando por el protestantismo liberal y el racionalismo, que hacía retroceder espantada en 1833 al alma religiosa de Newman y la ponía sobre el rastro de Dios. Descomposición de la cual escribió el mismo Loisy, a propósito de la encuesta “Jesus or Christ?” del Hibbert Journal: “Se siente uno tentadísimo de pensar que la teología contemporánea -excepción hecha de la católica romana…- es una verdadera torre babélica, donde la confusión de ideas es peor aún que la diversidad de lenguas.

Es que dentro de la palestra de la Infalibilidad hay espacio amplísimo para el torneo formidable y benéfico de la Razón y la Autoridad Divina, para que se agarren Agustín y Jerónimo sobre los ritos judaicos, tomistas y suaristas sobre los Auxilios, mientras que fuera del recinto trazado por Dios mismo, la razón rebelde galopa al escepticismo que es su ruina, detenida un momento solamente por otra Autoridad bien innoble y esclavizante, la autoridad humana de un Estado civil, del Rey de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana; del ex zar Romanoff, ex jefe de la Iglesia Rusa.

De modo que el magisterio infalible de Pedro no es la plenitud de la ciencia adquirida ni de la ciencia infusa; y no ha sido instituido por la Providencia para crear nuevas creencias y dogmas, sino “para custodiar incorruptas las creencias reveladas por Jesucristo-Dios, ni una más, ni una menos” (“para que no andemos vagando a todo viento de doctrina”), a través de todas las vicisitudes de los tiempos, hasta el fin. He aquí cómo la entiende un gran escritor ateo, y hoy amigo de la Iglesia, pero que ha leído historia: “El viejo de blancos hábitos que asienta en la cima del sistema católico puede parecerse a los príncipes de horca y cuchillo cuando corta y separa, expulsa y fulmina; pero la mayor parte de las veces, su autoridad participa de la función pacífica del maestro de coro, que marca el compás de un canto que sus coristas conciben como él y al mismo tiempo que él.” (Charles Maurras, Politique, Dilemme I, pág. 382)

4. Infalibilidad no es poder despótico de gobernar la Iglesia y aun los Estados.

El Sumo Pontífice es jefe supremo de la Iglesia y su potestad es inmediata, ordinaria y episcopal. No podría, sin embargo, disolver el Episcopado, que es institución divina; porque Cristo quiso que fuese monárquico-aristocrático el gobierno de esta sociedad visible y cuerpo místico. Pero este poder de mandar, que llaman de imperio, no es el poder de enseñar, que llaman de magisterio, al cual está prometida la Infalibilidad. Lo cual no impedirá que el tigre Clemenceau vocifere en el Senado en 1864, cuando se iba a definir: “Quieren hacer [los ultramontanos] al Papa como en los tiempos en que los reyes eran sus tenientes”; porque ¿qué obligación tienen Ellos (“What They don’t know” que dice Chesterton) de saber estas cosas?

Sobre el poder temporal de los príncipes, los Papas no tienen ninguna jurisdicción directa, como han enseñado casi unánimemente los Teólogos, Santos Padres, Apóstoles y el mismo Cristo. Es conocido el ejemplo del jefe del Centro Alemán Mallinckrodt negándose a seguir una insinuación meramente política de León XIII (votar las leyes militares de Bismarck), por parecerle dañosa a la patria, conducta que fue aprobada por el mismo Pontífice.

¿Qué es, pues, la Infalibilidad?

La Infalibilidad Pontificia no es más que la promesa del Hijo de Dios de que la fe de Pedro y sus sucesores no fallará; antes bien, servirá de sostén a sus hermanos, y de este modo la Iglesia de Pedro será hasta el Fin del Mundo columna y fundamento de la verdad revelada. Para negar que Dios pueda hacer eso, hay que negar que hay Dios.

¿Cómo lo hará Dios, por revelación, por inspiración, por simple vigilancia, por su eterna presciencia sola y habitual providencia?… El hecho es que si lo ha prometido, lo hará.”

lunes, 15 de abril de 2019

Nueva convocatoria para la Faja de Honor Padre Leonardo Castellani

aica.org  |  Especial  |  Libros y Revistas
Lunes 15 Abr 2019 | 11:40 am

Buenos Aires (AICA): El Comité Ejecutivo del Libro Católico, que fundó y preside don Manuel Outeda Blanco, convocó a dos certámenes literarios, uno de ellos destinado a jóvenes estudiantes. Se trata del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, para trabajos de alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario y, la 25° Entrega Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, para obras cuyas primeras ediciones hayan sido publicadas en el año 2018.
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El Comité Ejecutivo del Libro Católico, que fundó y preside don Manuel Outeda Blanco, convocó a dos certámenes literarios, uno de ellos destinado a jóvenes estudiantes. Se trata del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, para trabajos de alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario y, la 25° Entrega Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, para obras cuyas primeras ediciones hayan sido publicadas en el año 2018.

XXV Certamen Literario Católico Nacional Cardenal Antonio Quarracino
Al recordar al cardenal Antonio Quarracino en el 21° aniversario de su fallecimiento, el Comité Ejecutivo del Libro Católico convocó al XXV certamen literario católico nacional Cardenal Antonio Quarracino, destinado a alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario, quienes deberán presentar trabajos personales referidos al lema de este año: "La vida de los padres es el libro que leen los hijos” (San Agustín de Hipona).

El certamen, que tiene como finalidad promover la creación literaria y la edición de las obras de autores noveles, motivo por el cual el primer premio contempla la edición del trabajo ganador en la revista El Buen Libro, se llevará a cabo según las siguientes bases:

Bases del XXV certamen
1. Se convoca a alumnos y alumnas que estén cursando los dos últimos años del ciclo secundario.

2. Los trabajos presentados estarán referidos al lema “La vida de los padres es el libro que leen los hijos” (San Agustín).

3. Las propuestas contenidas en los trabajos deberán coincidir con las orientaciones fijadas en la materia por el Magisterio de la Iglesia Católica.

4. Los trabajos deberán ser personales, con una extensión máxima de 5 páginas tamaño carta y deberán estar impresos o mecanografiados a doble espacio en una cara del papel.

5. Los autores de los trabajos deberán firmar con sus nombres y apellidos reales y completos, indicando su domicilio (con mención del código postal), número telefónico y dirección electrónica. Indicarán también nombre y dirección postal y electrónica del colegio en el que cursan sus estudios.

6. Deberán presentar tres copias del trabajo en carpetas por separado, en cuya tapa figurarán el título, autor, datos personales y colegio en donde cursa (se aceptarán como máximo 4 (cuatro) trabajos por colegio).

7. Los trabajos deberán ser entregados personalmente o remitidos a nombre del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

8. El plazo de recepción de los trabajos vencerá el 30 de junio de 2019.

9. Las distinciones establecidas son:

Primer premio: Medalla de plata, diploma y edición de la obra.

Segundo premio: Medalla de plata y diploma.

Tercer premio: Medalla y diploma.

El jurado está facultado para adjudicar hasta 3 menciones.

Además se entregarán diplomas a los establecimientos de enseñanza en los que cursen sus estudios los autores distinguidos con premios y menciones.

10. El Jurado dará a conocer el nombre de los ganadores en la segunda semana de septiembre. El Comité Ejecutivo del Libro Católico enviará las correspondientes distinciones a los establecimientos educativos participantes.

11. Dado que entre los premios se encuentra la edición del trabajo, ésta se concretará dentro del año 2020.

12. El Jurado estará integrado por los escritores: doctor Jorge N. Ferro, profesora María Elena Vigliani de La Rosa y profesora Marta Susana Campos.

25° Entrega Faja de Honor Padre Leonardo Castellani
El Comité Ejecutivo del Libro Católico convocó también, por vigésimo quinto año consecutivo, a la Faja de Honor Padre Leonardo Castellani, que será otorgada a libros publicados en su primera edición durante el año 2018 y que cumplan los requisitos establecidos.

La faja tiene doble objetivo: rendir homenaje a la memoria del gran escritor y pensador católico padre Leonardo Castellani y alentar a los autores argentinos cuyas obras, a juicio del jurado, merezcan tal aliciente.

Los organizadores tienen el propósito de estimular "a quienes con su labor continúen la línea sostenida por el padre Castellani a lo largo de su vida, al servicio de la Iglesia y de la Patria". Por eso las obras que se presenten, además del requisito de ser primera edición, su contenido debe constituir, de una u otra manera, un aporte a la cultura nacional coincidente con los valores en que se funda la civilización cristiana".

El concurso se efectuará según las siguientes bases:

Bases de la 25 Entrega Faja de Honor
I. Objetivos: El otorgamiento de la faja tiene un doble objetivo: rendir homenaje a la memoria de ese gran escritor y pensador católico que fue el Padre Leonardo Castellani y, además, alentar a los autores argentinos cuyas obras, a juicio del jurado, merezcan tal aliciente.

II. Orientación: Los organizadores desean estimular a quienes continúen con su labor la línea sostenida por el Padre Castellani a lo largo de su vida, al servicio de la Iglesia y de la Patria.

III. Ámbito: El ámbito para la elección de los trabajos que resulten premiados es amplio, y no tiene limitaciones por materia ni forma de trabajo, (ensayos, narrativa, teatro, poesía), reduciéndose los requisitos fijados a: 1) Que se trate de obras editadas en su primera edición. 2) Que su contenido constituya, de una manera u otra, un aporte a la cultura nacional, coincidente con los valores en que se funda la civilización cristiana.

IV- Plazo: Las obras que serán consideradas para recibir la Faja de Honor deberán haber sido publicadas dentro del año calendario anterior a aquel en el que sean premiadas. El plazo de presentación vencerá el 30 de junio de 2019 y el jurado se expedirá en la segunda semana de septiembre del corriente año, mientras que el Comité Ejecutivo del Libro Católico dará a conocer las correspondientes distinciones a los autores o editoriales participantes.

V. Forma: Los autores podrán presentar directamente sus obras en el Hogar de la Empleada, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 18 horas, o enviarlas allí por correo a nombre de: Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani". En cualquiera de los casos, se acompañarán 4 ejemplares de las obras, sin obligación de los organizadores, de devolverlos.

VI. Distinciones: Las distinciones a otorgar serán las siguientes:

Primera, segunda y tercera Faja de Honor a las obras que resulten premiadas, por su orden.

Se otorgarán diplomas a los autores para acreditar su distinción.

El Jurado está facultado para otorgar hasta tres menciones.

VII. El Jurado destinado a discernir entre las obras presentadas estará integrado por el doctor Juan Luis Gallardo, el presbítero doctor José Ignacio Ferro Terrén y el doctor Horacio Sánchez de Loria.

Mayores informes: teléfono (011) 15-4470-7734: dirección electrónica: info@librocatolico.com.ar; sitio web: www.facebook.com/exposiciondellibro.catolico

sábado, 6 de abril de 2019

Linhas tortas

lunes, 25 de febrero de 2019

Apuntes sobre poesía /II




Este segundo volumen de Apuntes sobre poesía, Linhas tortas, toma su nombre de una serie de breves notas con ese título, que son sobre arte y belleza, y que están en contrapunto con unos textos del P. Leonardo Castellani. La serie está casi al final de este volumen que abarca apuntes que aparecieron en esta bitácora entre 2011 y 2013.

El trabajo de esta recopilación tiene cierta arduidad, que uno espera que no se traslade a la lectura. Por lo demás, tiene el beneficio cierto de permitirme repasar asuntos que de otro modo un servidor olvidaría casi por completo.

sábado, 30 de marzo de 2019

La biosfera, Leonardo Castellani, una especie que espera

16/03/2019


La Patria son ustedes. ¿Entonces la Patria real es muy chica?
No lo sé, puede que sí, puede que no. Pero la Patria son ustedes.
Leonardo Castellani
 
La vida siempre te da razones para sorprenderte. Y una de esas razones fue descubrir paso a paso al reconquistense sacerdote, pensador y escritor Leonardo Castellani. Corría la década de 1980 y la Biblioteca Popular General Manuel Obligado comenzaba a respirar otra vez y con ella un anhelo que comenzaba a redireccionar algunas lecturas. Creo que fue casi al mismo tiempo cuando sucedió, tan sólo como una circunstancia inesperada, ese viaje con el escritor e historiador Don Manuel Roselli a Santa Fe. No recuerdo los pormenores del por qué compartí ese viaje pero fue en mi caso un despertar. Asistiríamos a un Panel que organizaba la Universidad Católica de Santa Fe con motivo de uno de los aniversarios del escritor reconquistense y, en el que uno de los expositores, el crítico literario santafesino y rector de la Universidad en ese momento, Osvaldo Valli, hablaría de este autor, el Castellani jesuita, polémico por su activismo ante problemáticas religiosas de la orden a la que pertenecía, pero por sobre todas las cosas, un escritor prodigioso, reconocido internacionalmente y puesto bajo la lámpara en medio del Panel anunciado. 

Leonardo Castellani surgiría en mi vida cargada de simplezas como un faro que atraería mi atención a pesar de no imponerse, un atractivo que nunca abandonaría en tiempos transcurridos. No fue la lectura de su obra, en mi caso, una especialidad considerable pero sí, ella fue como un despertar glorioso a la posibilidad de escribir, leer y leer en segundas y terceras líneas, desde lo propio y colectivo con definitivo asombro. 

Dice Edelweis Serra: “Leonardo Castellani se inserta, a través de lo regional, dentro del marco de la narrativa nacional. Potenciado por una capacidad oratoria envolvente instala una situación comunicativa teñida de instancias juglarescas donde, a pesar de mediar la letra escrita, persiste el tono peculiar de la oralidad; una tendencia original dentro de la narrativa regional y nacional de su momento“
 
Hice algunos recorridos conversando con sacerdotes locales que tenían una idea muy vaga de este cura sorprendente lo que me confirmaba un silenciamiento sobre su existencia y accionar. Castellani experimento la persecución de la iglesia y fue excomulgado, a pesar de haber recibido como muy pocos hombres en la historia el diploma Ad Gradum, que exige la especialización en temas tan complejos que ningún hombre de nuestro continente lo había recibido, y nadie del mundo desde el siglo XVI. 

Indudablemente su vida contenía suficiente material para la realización de un film exitoso, así lo fui constatando en cada lectura sobre su vida. Entre hechos conmovedores es común recuperar el relato sobre aquella mesa de escritores junto al Dictador de turno en un almuerzo, sobre el que Vicente Zito Lema recuerda de esta manera en la entrevista de Daniel Dussex. 

Cuando el secuestro de Haroldo Conti, y a los pocos días del mismo, Borges, Sábato y el Padre Castellani fueron llamados a almorzar con el dictador Videla. Yo por entonces, compartía con Eduardo Galeano la dirección de la revista Crisis y Haroldo era parte de nuestra revista. Lo llamé a Borges, lo llamé a Sábato… y los dos con burlas y con malos tratos se negaron a aceptar el pedido que yo les hacía, cuando yo tenía relación tanto con Borges como con Sábato que publicaban habitualmente en nuestra revista. Bueno, la realidad concreta es que cuando salen del almuerzo, están los archivos y están las cámaras de entonces, Borges y Sábato dicen que había sido una conversación y un almuerzo espléndido en el que intercambiaron ideas. Cuando le preguntan al Padre Castellani, como tercero, aunque parecía que la prensa no tenía nada que preguntarle, Castellani dice “fue realmente una farsa, yo le hablé de los desaparecidos, de los escritores y especialmente de Haroldo Conti, como me pidieron sus compañeros de Crisis, y el General Videla se negó siquiera a contestarme.”
 
Sobre esta anécdota hay otras versiones, pero concluyen en un mismo acto que nos dice muy a las claras quién era Leonardo Castellani. 

Por éstas y otras actuaciones, en un contexto dado, se supone que su presencia en el canon literario nacional, regional y local careciera de real trascendencia. Sin embargo, en nuestra débil biosfera, recuerdo que en algunas aulas de la escuela normal y promovido por la Profesora Delia Ittig de Vasallo, en ese mismo tiempo, Camperas ocupaba un lugar en los programas de estudio de la Escuela Secundaria. También recuerdo nítidamente, como caso único, el haber presenciado la “clase modelo”, práctica de una estudiante de la carrera de Literatura, basada en el género policial que incluía un cuento de Castellani. Desde entonces fui forjando una probabilidad audaz y crítica. Consideré al autor como un pionero de este género en la Literatura Nacional pero entendiendo que su definición y activismo político como “nacionalista” entre otras rebeliones y procedimientos ya descriptos no propiciaban su aceptación en los grupos de intelectuales argentinos, políticos tradicionales, sectoriales y mucho menos en el “orden” de “la orden jesuítica.” 

Castellani en toda su obra literaria y filosófica, según E. Serra, expresa una voluntad seleccionadora en el manejo funcional del lenguaje. La oralidad dinamiza, dentro del discurso, el papel de una profunda función emotiva. Hay un emisor poderosamente imbuido de la necesidad de su mensaje. Es muy clara la idea ilusoria de un destinatario que experimente una excitante atención ante lo dicho en sus textos. Castellani deseaba convocar a un lector partícipe, a través de formas interrogativas y exclamativas, asegurando la función fática de la comunicación donde era posible que la narración de un ”hecho y sus consecuencias” constituyeran en su mensaje implícito un desafío a la razón que podía, inesperadamente, disolverse y desplazarse todo el hecho como sus consecuencias hacia un orden absolutamente natural y trascendente, propio de la vida, propio de la humanidad que tanto desconcierta, concede, amenaza, acepta, naturaliza o rinde un homenaje cósmico inquietante sobre nuestra existencia. 

Así, paso a paso, es posible acceder a un aspecto esencial de Castellani. Su actitud dialógica que se plasma una y otra vez con el “otro” ya sea ese otro el Mal o el Bien, a través de dos tipos de recursos: unos, propios de la técnica literaria que operan como excitantes para el lector, reforzando lo más poderoso de su estilo, el tono conversacional. Otros, extraídos de la lengua oral, plasmando fuertemente su estilo coloquial en la enunciación, proyectando genuina cercanía en un mismo saber y naturaleza. 

Este Castellani, nada inocente, estaba, indudablemente, abriendo la puerta “a un otro” diverso, distinto, o espejo de sí mismo, en esa tendencia al diálogo con el lector, con un total arrojo, virtualmente presente en toda su obra , particularmente, poniendo luz sobre problemáticas sociales, políticas, religiosas y hasta psicológicas de alta carga significativa. En este terreno, no resulta difícil para él, proclamar un “lector amigo” con extraordinario ingenio para la causa que lo motiva como maestro, sociólogo, filósofo, sacerdote, político, literato, ya que lo supone lector sabio, sensible, social, estratégico. Es más, necesita este tipo de lector porque su mensaje urge, en medio de la anécdota y la sentencia y todas las sombras a iluminar a pesar del dolor o una eficaz ironía. 

Reconquista, extrañamente, tal vez por la resistencia a su figura extravagante, a su decir incisivo, a su pensamiento nacionalista, a su genuina entrega religiosa, a su desmedida didáctica, o por el escenario de un crimen impune que lo antecede en su escritura, establece con el autor, ciertas y escasas conversaciones. Entre ellas recuperamos algunas tácitas o implícitas establecidas con Castellani a través del Certamen Nacional de Cuentos que lleva su nombre, a través de sus textos en la Biblioteca Popular General Obligado, los que fueran oportunamente gestionados en casas académicas para que pueblen sus estantes. 

Con tímida voluntad colectiva Reconquista ha logrado reconquistar sus restos que descansan en el Panteón de la Ciudad en el Cementerio Municipal y le ha ofrendado una Comisión Homenaje Permanente. Pero no es suficiente. Leonardo Castellani es una especie que espera en esta Biosfera reconquistense, lugar cuyas interrelaciones le dieron vida y hoy , albergan su muerte. 

Pienso en quienes deseen sumarse a estas conversaciones interrumpidas tantas veces, con el autor trashumante, pero jamás clausuradas porque se percibe por algún rayo de luz el valor de su talla internacional que prestigia nuestro patrimonio literario y filosófico. Hoy convoco a estudiantes en general a considerar un campo de investigación como lo es su vida y obra. Hoy promuevo su nombre a pesar de todos los silencios que lo amordazan injustificadamente. 

Es hora de permitirnos ser la pequeña patria que nos toca, ser nosotros mismos, pertenecernos en un encuentro sin prejuicios, continuar o iniciar conversaciones que nos impregnen de revelaciones castellanianas o no, revelaciones al fin, de viejos o nuevos enigmas que asolan a los unos y otros de este terruño inigualable.

lunes, 25 de marzo de 2019

El recuerdo de un pensador inclasificable

El recuerdo de un pensador inclasificable

Se cumplió otro aniversario de la muerte del extraordinario padre Leonardo Castellani.

POR CARLOS BUKOVAC
Un 15 de marzo de 1981 fallecía el Padre Leonardo Castellani, para muchos, un verdadero genio intelectual y literario. Nació el mismo año que Borges, en la ciudad de Reconquista; no obstante, pese a su enorme talento, no tuvo la misma suerte que Jorge Luis en cuanto a su fama. Su obra es inmensa y de lo más variada. Hace algunos años, fue escrita una biografía suya de dos tomos por el Dr. Sebastián Randle, un fabuloso libro, pero sólo para fanáticos del jesuita santafesino. Valga entonces este artículo para acercar a los lectores a la figura de este gran argentino.
Como datos biográficos vale repasar que luego de su infancia en el norte santafesino, ingresó como pupilo en el colegio santafesino "La Inmaculada" de los Padres Jesuitas. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1930, donde también logró el título de Doctor en Filosofía en la Universidad Gregoriana. En 1935 regresa a la Argentina, llevando a cabo una enorme actividad intelectual.
Su dolorosa vida fue sobrellevada bajo el signo constante de la incomprensión. Nunca rehuyó la polémica, pero le hizo mucho daño la mediocridad que lo rodeaba. En 1946 se le pide que abandone la Compañía de Jesús, a lo que se niega. Al poco tiempo se le ordena que se recluya en Manresa, España, comenzando a quebrarse su salud. Acusado falsamente ante el Papa Pío XII, en 1949 es expulsado de la Compañía y se le impide todo ministerio sacerdotal. A partir de allí, quedaría en la miseria, logrando sobrevivir gracias a algunos pocos amigos y a su brillante labor como escritor y conferencista.
Luego de muchos años en los que a lo largo de sus libros describiría de variadas formas autorreferenciales su doloroso caso, en 1966 se arregló definitivamente su situación canónica absurda e injusta. Sus últimos años los pasaría más recluido que nunca en su departamento del barrio de Constitución, ámbito que describen con claridad Pablo Hernández y Rodolfo Braceli en sendos reportajes que le harían, un tiempito antes de su muerte.
En cuanto a su obra, se ha dicho que Castellani era inclasificable o, también, de género único. Su tema principal fue la teología (y dentro de ella la esjatología: "Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de fe"), pero también brilló como crítico literario, periodista, poeta, cuentista y novelista. Pero acaso lo que mejor lo defina sea su especial sentido del humor, sumamente irónico y capaz de mecharlo en cualquier tema del que estuviera escribiendo o disertando, inclusive el Fin de los
Tiempos. Quizás sea ese uno de los aspectos que más lo emparentaba con el inglés Chesterton. Como muestra, basta un botón, permitiéndonos recomendar el fabuloso "Credo del incrédulo".
LA IDEOLOGIA
En relación a su filiación ideológica, también es absolutamente imposible de etiquetar. Dentro de la Iglesia, imposible catalogarlo como progresista. Su ortodoxia y su profundo amor por la Verdad descartan de plano esa posibilidad. Ahora bien, menos posible aún es identificarlo como conservador, seguramente por sus disputas con la jerarquía que lo llevaron a una de sus grandes luchas: su combate contra el fariseísmo católico. Son célebres sus quejas por un catolicismo amanerado o mistongo y sus cartas a sus superiores y obispos.
Vale citar una al Nuncio Apostólico de aquél entonces en la que le reclamaba: "No pedimos a S.E. que salve a la Nación Argentina, déjenosla nomás; le pedimos que cumpla el mínimum mínimo de su deber. No pedimos a los Obispos que sean todos varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones. No pedimos a los Curiales que tengan la santidad; les pedimos que perciban y no persigan la santidad. No pedimos a lo sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio".
Por otra parte, en lo político, también es sumamente difícil ubicarlo. En efecto, mal puede afirmarse que haya sido de izquierda, recordando su ortodoxia. Es cierto, en el contexto de su expulsión, en el que se ganaba la vida dando conferencias, frecuentó a varios intelectuales de izquierda con los que entabló una cordial relación. Ejemplo de ello es el interesante Los zurdos y Castellani (Pablo Hernández). No obstante, a pesar de esa cordial relación, ninguno logró convencerlo de que apostatara. Al respecto, es célebre su respuesta a Leónidas Barletta: "Tengo fe en Cristo y en la Iglesia por El fundada, que creo indestructible".
Y bien, ¿era entonces Castellani de derecha? ¿Era el típico nacionalista católico? Es verdad, suele ser un autor especialmente leído por los nacionalistas. No obstante, luego del paso en falso de su candidatura a Diputando Nacional en 1946 por la Alianza Libertadora Nacionalista, su relación con ellos fue por demás de compleja debido a los tan conocidos vicios que los caracterizaron a lo largo de su vida política. Ahora bien, que no se sintiera cómodo entre los nacionalistas y que los criticara con su habitual sarcasmo, no significa que su labor intelectual no haya estado impregnada de un profundo patriotismo. Vinculado con lo anterior, el politólogo Marcelo Gullo se atreve a realizar un parangón entre la figura de Borges, como paradigma del intelectual "cipayo" y el Padre Castellani, como un pensador verdaderamente nacional.
EL CASO BORGES
Aquí es por demás de interesante dedicarle una mención especial a la relación con Borges. En su faceta de crítico literario, Castellani le dedicó unos cuantos conceptos, algunos elogiosos y otros, bastante ácidos, entre los que vale mencionar la "agorafobia" de la que lo acusaba y su calidad de "blasfemo tímido". Por otra parte, ambos, Castellani y Borges, compartieron junto a Ernesto Sábato y Horacio Ratti, el famoso almuerzo en la Casa Rosada con el presidente Videla. Lo cierto es que, luego del almuerzo, tanto Borges como Sábato destinaron elogiosos comentarios hacia Videla, en tanto que Castellani fue el único que se atrevió a interceder por el paradero de Haroldo Conti, ante el desesperado pedido de su pareja.
Para ir finalizando, vale destacar que no son pocos los que opinan que el Padre Castellani fue una especie de Profeta. En tal sentido, no está de más citarlo en el prólogo a uno de sus mejores libros (Su Majestad Dulcinea): "Hay que saber que el que escribe un libro de estos no escribe lo que quiere sino lo que le sale de la cabeza; la cual a veces parece como conectada con una voluntad imperiosa, que no es la propia."
Llegado este punto, si bien su obra es relativamente conocida, considerando lo enorme de su talento, podemos preguntarnos, al igual que Rodolfo Braceli: "¿Cómo es posible que Castellani continúe siendo casi desconocido en la Argentina?" Quizás en parte debido a la acción de quién le había comprado los derechos sobre su obra a la heredera, para vendérselos luego a un grupo de españoles, impidiendo que se editen aquí y costando una enormidad los editados en la Península.
Pero quizás también, citando a su biógrafo, por aquello de que nadie es profeta en su tierra; pareciera que los argentinos sufrimos de un mal por el cual sólo apreciamos algo argentino si antes resulta alabado por extranjeros (el Martín Fierro, el tango y el mismo Borges son ejemplo de ello).
Quizás, ahora que el lúcido y valiente español Juan Manuel de Prada anda aprovechando cuanta ocasión sea para difundir y alabar su obra, quizás, sea hora de que el Padre Castellani sea reconocido como lo que realmente fue, uno de los más grandes pensadores que ha dado la "Argentada Tierra".

domingo, 24 de marzo de 2019

In memoriam P. Castellani

In memoriam P. Castellani

03/15/2019

Se cumple un nuevo aniversario de la muerte del Padre Leonardo Castellani, personaje ilustre y multifacético de nuestra historia argentina reciente. Sacerdote, por encima de todo; religioso jesuita, hasta su polémica expulsión de la Compañía de Jesús en 1947; teólogo, filósofo, poeta, novelista, periodista, profesor….Posiblemente algo se nos esté olvidando, pues ni siquiera una candidatura política falta en su extenso historial, integrando la lista de candidatos a diputados por la Alianza Libertadora Nacionalista en 1946, bien que a pedido de sus amigos, como lo confesó en su famosa entrevista a Pablo Hernández, en 1977. De más está decir que esta aventura tuvo un alto costo para él, dada su condición eclesiástica.

Si en algo concuerdan todos los lectores asiduos del querido p. Castellani, es en que ha sido injustamente relegado como escritor, al menos en nuestro país, ya que en España se han editado en los últimos años algunas obras de su autoría, como así también selecciones de textos suyos, a instancias del escritor y ensayista Juan Manuel De Prada, quien no vacila en afirmar que se trata del “mayor autor de la literatura católica de habla hispana del s. XXI”. Y es que, salvo contadas excepciones de alguna que otra edición o reimpresión reciente, los ejemplares nacionales que circulan de sus obras cuentan con más de una década de antigüedad, por decir lo menos.

No obstante ello, no se puede dejar de destacar, en este orden de ideas, la ímproba labor del Dr. Sebastián Randle, laico católico de nuestro medio, quien ha dedicado un esfuerzo titánico a la elaboración de su valiosísima biografía de Castellani, en dos tomos, publicada por la editorial Vórtice. El último de ellos es de aparición relativamente reciente, por lo que cuenta con el valor adicional que le otorga la actualidad de sus interesantes comentarios. Sin suscribir muchos de los juicios que se expresan en sus páginas (algunos del autor, otros del mismo biografiado), es de estricta justicia reconocer el gran valor de la obra, además del mérito que supone la recuperación de la figura del p. Castellani. No poco nos hemos valido de este trabajo a la hora de redactar estas líneas.

De personalidad harto compleja, Leonardo Castellani nació en el Chaco santafesino, en la ciudad de Reconquista, allá por 1899, el día 16 de noviembre. La prematura y violenta muerte de su padre Luis, asesinado cuando Leonardo eran tan solo un niño, contribuyó no poco a la formación de su carácter más bien introvertido, que con el correr de los años y bajo el influjo de los sufrimientos y contradicciones (también de un temperamento artístico y sensible), lo volverían un tanto huraño y sombrío, reduciendo al máximo su vida social, muy escasa durante los últimos 30 años de su vida. Él mismo llegó a definirse por aquel entonces como un “ermitaño urbano”, en líneas que destilan humor, pero que dan cuenta (sobre todo si las lee a la luz de las anotaciones de su diario personal) de una dedicación a tiempo completo a su labor de intelectual y escritor.

Capítulo aparte merece el “caso Castellani”, así llamado por su biógrafo Sebastián Randle, en referencia al proceso de su expulsión de la Compañía de Jesús. No caben dudas de que la difícil personalidad de Castellani, reacio a sujetarse a la estrecha disciplina de la vida religiosa jesuítica, tuvo su cuota, pero tampoco que la estrechez de miras y una excesiva rigidez por parte de sus superiores, derivada inclusive en el “fariseísmo” denunciado por nuestro autor, contribuyeron no poco al funesto desenlace, acaecido en 1947. Es dable destacar que la expulsión de la orden fue acompañada de la suspensión en el ejercicio del ministerio sacerdotal, en que Castellani se vio restablecido recién años más tarde.

A partir de su salida de la Compañía, la vida del padre continua en Salta, en donde es acogido por Mons. Tavella, arzobispo de la ciudad. Sin embargo, no se prolongó demasiado allí su estadía, ya que a los pocos años decidió regresar a Buenos Aires. Después de un tiempo ocupando una habitación en la casa de su hermano, logró comprar, con la ayuda de sus amigos Florencio Gamallo y Enrique Von Grolman, el pequeño departamento de un edificio sobre la avenida Caseros, en el que habitó durante casi 30 años, hasta su muerte, acaecida un día como hoy, hace 38 años.

La extensa bibliografía del P. Castellani puede consultarse por doquier. Quizá sus trabajos más sobresalientes sean “El Evangelio de Jesucristo”, verdadera obra maestra, y otros basados en comentarios del texto evangélico, como “Las parábolas de Cristo”, o “Domingueras prédicas”. Su preocupación escatológica, por otro lado, se plasmó en títulos como “El Apokalypsis de San Juan”, o “Cristo, ¿vuelve o no vuelve?”, de extraordinaria sustancia teológica. En el género de ficción o novela, finalmente, nos encontramos con “Su Majestad Dulcinea”, o “Juan XXIII (XXIV)”, que adquirió notoriedad a partir de la elección de Jorge Mario Bergoglio para ocupar la sede de Pedro, toda vez que relata la historia de un sacerdote argentino devenido Papa (el libro fue escrito en 1964).

Con todo, a nosotros nos interesa principalmente destacar aquí, a modo de homenaje, algunos rasgos del P. Castellani como escritor. En tal sentido, decir que nuestro autor supo amalgamar, en un estilo único y personalísimo, una vasta y pasmosa erudición (adquirida en parte durante sus años de estudio en Europa), que incluye el conocimiento de los autores más variados y el dominio de al menos ocho idiomas; profundidad filosófica y teológica como pensador; sensibilidad de artista (escribió muchas poesías), que confiere a sus escritos una gran belleza y amenidad; y el sentir genuino de criollo hispano-católico, por así decirlo, el cual se manifiesta a cada paso en toda su producción, sea a través del humor (otro rasgo muy suyo, cómo olvidarlo), sea a través del análisis más serio. Porque no podemos dejar de señalar su condición de verdadero patriota: Castellani amó y sufrió a la Argentina como pocos. Y todo lo que escribió al respecto constituye para nosotros un verdadero legado. Quizá nadie mejor que él lo haya expresado, al decir que su “segunda vocación” era precisamente la de escribir libros para Dios, mendigar para publicarlos, y regalárselos a la República Argentina. A lo que responde Sebastián Randle, en diálogo imaginario, con afectuosa ironía: “Casi nada, Padre, casi nada”.

Permitida su reproducción citando autor y a la www.lacumbrera.com

martes, 19 de marzo de 2019

Colección de la obra del Padre Castellani en la Biblioteca Popular de Reconquista


Colección de la obra del Padre Castellani en la Biblioteca Popular

La Municipalidad de Reconquista informa que, en el marco de la conmemoración por el fallecimiento del padre Leonardo Castellani, la Biblioteca Popular Gral. Manuel Obligado expone una nutrida colección de su obra.
Durante todo el mes de marzo, en la sala principal de la Biblioteca, quienes lo deseen podrán conocer y profundizar el contacto con los  escritos del sacerdote, escritor y periodista reconquistense.

La muestra permanecerá abierta en los horarios habituales de la Biblioteca, de lunes a viernes de 6:30 a 12:30 y 14:00 a 20:00 horas.

Vida

Leonardo Luis Castellani Contepomi nace en Reconquista, (Santa Fe, Argentina) el 16 de noviembre de 1899. Pierde a su padre -periodista y maestro librepensador-. Termina el bachillerato en Santa Fe, y en 1918 ingresa al noviciado jesuita de Córdoba. Estudia letras, filosofía y teología en Santa Fe, luego en Buenos Aires y comienza a escribir (Camperas), luego es enviado en 1929 a Europa a proseguir sus estudios, en 1931, es ordenado sacerdote y estudia Filosofía y Teología en la Gregoriana de Roma. Después estudia Psicología en la Sorbona de París. Tras unos meses en Alemania, en 1935 vuelve a Argentina.

Había egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con las más altas notas obteniendo el Título de “Doctor Sacro Universal” en Teología y Filosofía, lo que lo habilitaba a escribir con notas propias sobre las Sagradas Escrituras, sin previa autorización del Vaticano, lo que sólo pudieron hacer muy pocos hombres en los 2.000 años de historia de la Iglesia Católica.  El título obtenido se conoce vulgarmente como “Doctor de la Iglesia”.

Es el título más alto que la Iglesia otorga a los más sabios entre sus doctores, con Diploma Bulado que lleva como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias. Nunca nadie lo obtuvo en América Latina y en Europa fue el primero otorgado en los últimos quinientos años hasta ese momento.

Luego parte a Francia estudiando durante tres años en La Sorbona  en la carrera Superior de Filosofía, Sección Psicología. Luego pasa a Alemania para profundizar los estudios y la práctica con enfermos mentales.

Leonardo Castellani fallece en Buenos Aires el 15 de marzo de 1981.

Obras

Publicó 56 obras tanto religiosas como poéticas, fábulas campestres, relatos, y luego de una serie de conflictos con su orden (Jesuitas), fue expulsado de la misma soportando dos años de prisión en Manresa (España), de la cual puede escapar con ayuda de amigos en un estado físico y mental deplorable. Tampoco pudo ejercer su ministerio sacerdotal durante varios años. Pero nunca dejó de escribir tanto libros como artículos periodísticos en Diarios y Revistas.

El año 1975 marca el reconocimiento de los argentinos a este ciudadano ilustre: la Universidad de Buenos Aires le otorga el grado de “Doctor Honoris Causa” y el Gobierno Nacional le otorga el premio “Consagración Nacional”.

Fuente: Municipalidad de Reconquista.

 

viernes, 15 de marzo de 2019

Leonardo Castellani (†Buenos Aires 15/III/1981)


—Pero Ud. ¡ha hecho y pasado de cosas! Ud. ha vivido como dos vidas...

—Tres —sonrió el Cura—, por lo menos. Tengo una tercera vida secreta, que ni Ud. conoce ni nadie puede conocer, incomunicable, soledad absoluta. He vivido con gran rapidez. [...] He vivido en el aire. [...] Algún día lo contaré... Algún día o ningún día, no sé. Mis días están contados. Presiento que moriré pronto, lo cual no es nada extraño, por lo demás. ¿Cómo será mi muerte, Díos mío? Con tal que no me torturen... Pero en fin, Dios lo sabe.

Su Majestad Dulcinea

martes, 12 de marzo de 2019

Leído para Ud.: nueva edición de “Su Majestad Dulcinea” del P. Leonardo Castellani

“Dulcinea Argentina, nuestra Reina. Ella representa a la Reina del cielo a quien acabáis de invocar, representa a la Patria, representa a la Iglesia, y representa la Hermosura, que es uno de los nombres de Dios, por el cual nos batimos. Es una realidad, es una mujer real, que aunque intangible a todos, es de todos nosotros. Ella corre peligros mayores que los nuestros, ha hecho hazañas mayores que cualquiera, y sufre en su corazón la desolación y la ruina de este país en el cual nació como nosotros, peor que todos nosotros juntos. ¡Doblad todos la rodilla izquierda, no delante de una pobre mortal, sino delante de lo que ella divinamente representa!”.

Una nueva “patriada”, como decimos en mi país. Se trata de una nueva edición de la señera y profética novela del gran Padre Leonardo Castellani, “Su majestad Dulcinea”. Aquellos que conocen su trama y singular clarividencia sabrán recomendarla

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https://goo.gl/forms/UtwwQgc4lgiy5tuF2

 

Castellani recordado nuevamente en el diario La Prensa

El recuerdo de un pensador inclasificable

Se cumplió otro aniversario de la muerte del extraordinario padre Leonardo Castellani.

POR CARLOS BUKOVAC

Un 15 de marzo de 1981 fallecía el Padre Leonardo Castellani, para muchos, un verdadero genio intelectual y literario. Nació el mismo año que Borges, en la ciudad de Reconquista; no obstante, pese a su enorme talento, no tuvo la misma suerte que Jorge Luis en cuanto a su fama. Su obra es inmensa y de lo más variada. Hace algunos años, fue escrita una biografía suya de dos tomos por el Dr. Sebastián Randle, un fabuloso libro, pero sólo para fanáticos del jesuita santafesino. Valga entonces este artículo para acercar a los lectores a la figura de este gran argentino.

Como datos biográficos vale repasar que luego de su infancia en el norte santafesino, ingresó como pupilo en el colegio santafesino "La Inmaculada" de los Padres Jesuitas. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1930, donde también logró el título de Doctor en Filosofía en la Universidad Gregoriana. En 1935 regresa a la Argentina, llevando a cabo una enorme actividad intelectual. 

Su dolorosa vida fue sobrellevada bajo el signo constante de la incomprensión. Nunca rehuyó la polémica, pero le hizo mucho daño la mediocridad que lo rodeaba. En 1946 se le pide que abandone la Compañía de Jesús, a lo que se niega. Al poco tiempo se le ordena que se recluya en Manresa, España, comenzando a quebrarse su salud. Acusado falsamente ante el Papa Pío XII, en 1949 es expulsado de la Compañía y se le impide todo ministerio sacerdotal. A partir de allí, quedaría en la miseria, logrando sobrevivir gracias a algunos pocos amigos y a su brillante labor como escritor y conferencista.

Luego de muchos años en los que a lo largo de sus libros describiría de variadas formas autorreferenciales su doloroso caso, en 1966 se arregló definitivamente su situación canónica absurda e injusta. Sus últimos años los pasaría más recluido que nunca en su departamento del barrio de Constitución, ámbito que describen con claridad Pablo Hernández y Rodolfo Braceli en sendos reportajes que le harían, un tiempito antes de su muerte.

En cuanto a su obra, se ha dicho que Castellani era inclasificable o, también, de género único. Su tema principal fue la teología (y dentro de ella la esjatología: "Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de fe"), pero también brilló como crítico literario, periodista, poeta, cuentista y novelista. Pero acaso lo que mejor lo defina sea su especial sentido del humor, sumamente irónico y capaz de mecharlo en cualquier tema del que estuviera escribiendo o disertando, inclusive el Fin de los Tiempos. Quizás sea ese uno de los aspectos que más lo emparentaba con el inglés Chesterton. Como muestra, basta un botón, permitiéndonos recomendar el fabuloso "Credo del incrédulo".

LA IDEOLOGIA

En relación a su filiación ideológica, también es absolutamente imposible de etiquetar. Dentro de la Iglesia, imposible catalogarlo como progresista. Su ortodoxia y su profundo amor por la Verdad descartan de plano esa posibilidad. Ahora bien, menos posible aún es identificarlo como conservador, seguramente por sus disputas con la jerarquía que lo llevaron a una de sus grandes luchas: su combate contra el fariseísmo católico. Son célebres sus quejas por un catolicismo amanerado o mistongo y sus cartas a sus superiores y obispos.

Vale citar una al Nuncio Apostólico de aquél entonces en la que le reclamaba: "No pedimos a S.E. que salve a la Nación Argentina, déjenosla nomás; le pedimos que cumpla el mínimum mínimo de su deber. No pedimos a los Obispos que sean todos varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones. No pedimos a los Curiales que tengan la santidad; les pedimos que perciban y no persigan la santidad. No pedimos a lo sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio".

Por otra parte, en lo político, también es sumamente difícil ubicarlo. En efecto, mal puede afirmarse que haya sido de izquierda, recordando su ortodoxia. Es cierto, en el contexto de su expulsión, en el que se ganaba la vida dando conferencias, frecuentó a varios intelectuales de izquierda con los que entabló una cordial relación. Ejemplo de ello es el interesante Los zurdos y Castellani (Pablo Hernández). No obstante, a pesar de esa cordial relación, ninguno logró convencerlo de que apostatara. Al respecto, es célebre su respuesta a Leónidas Barletta: "Tengo fe en Cristo y en la Iglesia por El fundada, que creo indestructible".

Y bien, ¿era entonces Castellani de derecha? ¿Era el típico nacionalista católico? Es verdad, suele ser un autor especialmente leído por los nacionalistas. No obstante, luego del paso en falso de su candidatura a Diputando Nacional en 1946 por la Alianza Libertadora Nacionalista, su relación con ellos fue por demás de compleja debido a los tan conocidos vicios que los caracterizaron a lo largo de su vida política. Ahora bien, que no se sintiera cómodo entre los nacionalistas y que los criticara con su habitual sarcasmo, no significa que su labor intelectual no haya estado impregnada de un profundo patriotismo. Vinculado con lo anterior, el politólogo Marcelo Gullo se atreve a realizar un parangón entre la figura de Borges, como paradigma del intelectual "cipayo" y el Padre Castellani, como un pensador verdaderamente nacional.

EL CASO BORGES

Aquí es por demás de interesante dedicarle una mención especial a la relación con Borges. En su faceta de crítico literario, Castellani le dedicó unos cuantos conceptos, algunos elogiosos y otros, bastante ácidos, entre los que vale mencionar la "agorafobia" de la que lo acusaba y su calidad de "blasfemo tímido". Por otra parte, ambos, Castellani y Borges, compartieron junto a Ernesto Sábato y Horacio Ratti, el famoso almuerzo en la Casa Rosada con el presidente Videla. Lo cierto es que, luego del almuerzo, tanto Borges como Sábato destinaron elogiosos comentarios hacia Videla, en tanto que Castellani fue el único que se atrevió a interceder por el paradero de Haroldo Conti, ante el desesperado pedido de su pareja.

Para ir finalizando, vale destacar que no son pocos los que opinan que el Padre Castellani fue una especie de Profeta. En tal sentido, no está de más citarlo en el prólogo a uno de sus mejores libros (Su Majestad Dulcinea): "Hay que saber que el que escribe un libro de estos no escribe lo que quiere sino lo que le sale de la cabeza; la cual a veces parece como conectada con una voluntad imperiosa, que no es la propia."

Llegado este punto, si bien su obra es relativamente conocida, considerando lo enorme de su talento, podemos preguntarnos, al igual que Rodolfo Braceli: "¿Cómo es posible que Castellani continúe siendo casi desconocido en la Argentina?" Quizás en parte debido a la acción de quién le había comprado los derechos sobre su obra a la heredera, para vendérselos luego a un grupo de españoles, impidiendo que se editen aquí y costando una enormidad los editados en la Península.

Pero quizás también, citando a su biógrafo, por aquello de que nadie es profeta en su tierra; pareciera que los argentinos sufrimos de un mal por el cual sólo apreciamos algo argentino si antes resulta alabado por extranjeros (el Martín Fierro, el tango y el mismo Borges son ejemplo de ello).

Quizás, ahora que el lúcido y valiente español Juan Manuel de Prada anda aprovechando cuanta ocasión sea para difundir y alabar su obra, quizás, sea hora de que el Padre Castellani sea reconocido como lo que realmente fue, uno de los más grandes pensadores que ha dado la "Argentada Tierra".