Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 11 de agosto de 2011

Fábulas castellanianas: Nuevo curso para jóvenes



Curso de formación para jóvenes
 
Las fábulas de Castellani
 
a cargo de la Prof. Angélica Seguí
 
"Sus fábulas no se parecen a las de nadie; son cosa propia de él, mejor dicho, son cosa nuestra. Está en ella toda la tierra argentina, el Chaco y la Pampa, y el río y los bañados, y en el espíritu del chajá, y del zorzal, y del zorro y del loro y de la comadreja, y del tigre, y del pirincho, y de la palomita de la Virgen...
 
No sólo me gustan las fábulas de Jerónimo del Rey por su realismo, sono por la fuerza poética de su visión y la originalidad de su expresión, y finalmente porque no ha sentido ese temor pueril que sientes nuestros escritores docentes de hablar de Dios". Hugo Wast
 
 
Viernes 12 y 19 de agosto de 19 a 21 hs
Librería Leonardo Castellani - Bartolomé Mitre 2162
Ciudad de Buenos Aires - Curso gratuito
 

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miércoles, 22 de junio de 2011

El zorzalito


Salió del nido una tarde de verano, dio un revuelo de sus alas todavía un poco inseguras, se asentó en la copa del aguaribay, emitió un silbido agudo que hizo callar atento a todo el monte, y después ensayó un gorjeo y luego un trino, que salió lleno y limpio como el viento de la tarde entre las hojas.

El mismo extrañaba la potencia y agilidad de su garganta. La calandria, para oírlo mejor, voló hasta su rama en silencio. El zorzalito entusiasmado había iniciado una magnífica sinfonía. El zumbido de la brisa, las quejas de las hojas, la orquesta rumorosa del amanecer, el aliento de la noche estrellada, el grito de los árboles bajo el sacudón de la tormenta, todas las hondas impresiones que había recogido en su nido, pasaron a su garganta y se vertieron en el silencio crepuscular convertidas en sonidos tan hermosos, que la calandria creyó que ella misma nunca había entendido el monte hasta aquel momento...

 Calló el zorzalito y se hizo un silencio armonioso en el monte.

 Y entonces un gorrión superficial que no entendía de música exclamó bruscamente:
-Qué feo queda. Cuando hincha la garganta, parece un sapo.

 Y la Calandria, el Jilguero, el Tordo, el Cardenal y el Boyero, que entendían de música, arrobados en su admiración, no dijeron nada.

 El zorzalito levantó el vuelo todo cortado, y se perdió a lo lejos convencido de haber hecho un papelón. Y desde aquel día ya no cantó más. Porque cuando el corazón le pedía canto, le venía a las mientes la imagen de la garganta del sapo y el alma se le caía a los pies, amargada para siempre por aquella primera y repentina desilusión...

 Los que entienden, que alaben a los que valen, no sea que vengan los que no valen y se hagan dueños del mundo.

(Camperas.)

miércoles, 8 de junio de 2011

El bien que nos hacen

- Yo los voy a arreglar, bichos de la gran flauta -dijo el Hombre descolgando la escopeta.
- Dejalos, pobrecitos, quién sabe no tengan nido -dijo la Mujer. Todos los años vienen y la cosecha no falla.
- Comen muchas matitas tiernas de maíz -dijo el Hombre. ¿Vos sabés lo que sería la cosecha sin esos bichos dañinos?

     Desde la casa se veían las gaviotas sobre el maizal, como un remolino de papelitos blancos. El Hombre se situó atrás de la parva y comenzó a batirlos a tiro seguro. Diez días sonaron los estampidos fragorosos y cayeron los pájaros aleteando. Y después se fueron las Gaviotas para no volver.

     Y sucedió que ese año se perdió la mitad de la cosecha, porque salió una plaga de gusanos peludos y asquerosos que comían los choclos hasta el marlo. Y el año siguiente la cosecha se perdió entera, porque parece que las gaviotas eran las que se comían esos gusanos pestíferos que antes nadie había visto.

- ¡El bien que me hacían las gaviotas y yo no supe! -dijo el Hombre. El bien que nos hacen no lo vemos, y el mal que nos hacen, aunque sea pequeño, enseguida lo notamos.
- Así es el Hombre -dijo una Gaviota.