Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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martes, 29 de septiembre de 2020

Anécdota de Carlos Desimone

Hace un tiempo que quiero contarles esa anécdota:

Cuando el Padre Castellani fue expulsado de los Jesuitas, quien le dio asilo en su Diócesis salteña fue Monseñor Tavella. El Secretario del Obispado era, por ese entonces, mi tío el R.P. Roberto Desimone, salesiano.
 
Como mi tío pasaba sus vacaciones de verano en su Mendoza natal, si bien su alojamiento habitual era el Colegio Don Bosco, la siesta, sagrada en estos lares, lo sorprendía en casa, después del almuerzo.
 
En una ocasión, siendo yo Cadete del Colegio Militar de la Nación, durmió la siesta en mi habitación y descubrió sobre mi mesa de luz un libro del P. Castellani.
 
Me preguntó si lo leía y me contó la historia.
 
Al día siguiente recorrimos todas las librerías de Mendoza y me compró todos los libros que encontramos del P. Castellani, los que he leído y aún conservo. 
 
Esta historia data de entre los años 1982 y 1985, sin poder precisar exactamente cuál.
 
Si era ya por entonces asiduo lector de su obra, que un tío mío, sacerdote como él, me haya transmitido la bondad de sus escritos, y la contemporaneidad de su vida con la del P. Castellani, no hizo más que engrandecer su figura ante mis ojos.
 
Mi tío también fue un santo: fundador y primer Rector del Instituto de Humanidades de Salta y creador de la Orquesta Sinfónica Juvemil que supo deleitarnos en el Club Mendoza de Regatas.
 

 
 
 
Tomado del Grupo de Facebook "Padre Leonardo Castellani", reproducido con permiso del autor.

viernes, 16 de junio de 2017

Sale la tan esperada segunda parte de la biografía



En esta segunda parte de la vida del P. Leonardo Castellani, el lector podrá acompañarlo en el largo calvario que le tocó en suerte después de su expulsión de la Compañía de Jesús (peripecia que se expuso con detalle en la primera parte de su biografía).

Con apenas 50 años de edad, Castellani es suspendido “a divinis”: no puede administrar sacramentos, ni predicar, ni enseñar, ni publicar libros, y es, prácticamente, reducido al estado laical. Pero como no hubo debido proceso previo a esta condena, tampoco hubo apelación posible. Y mucho menos término al castigo que, de hecho, duró casi veinte años. Randle examina minuciosamente todo esto y muestra cómo Dios –una vez más– se las arregló para sacar bienes de tanto mal: veremos cómo Castellani adoptó el estado de “ermitaño urbano”, consiguió casa y se puso a escribir los mejores libros de su vida. También comprobaremos cómo se santificó en perfecta pobreza y cómo se las ingenió para no volverse loco, cerrando en cambio el ciclo de su vida, después de haber combatido el buen combate, con una muerte tan santa cuanto conmovedora.


Más información en http://www.vorticelibros.com.ar/libro.php?id=144

miércoles, 2 de enero de 2013

Hernández, Castellani y la obediencia



MIÉRCOLES, 2 DE ENERO DE 2013

Desobediencia


...

Castellani habló de este asunto casi directamente en una fábula conocida de Camperas, que se llama, precisamente, Mandar mal y que está en el capítulo breve de fábulas salteñas.

“-¡Qué animales son estos animales!”.
“-Pero estos hombres son más brutos que nosotros!”.

Yo supe tener una yegua que hablaba –naturalmente, como todo animal de fábula- y hablaba con las orejas.

Una vez la Chuncha tuvo que haberme matado y no me mató por pura consideración. La llevé a beber en el Río Grande de Salta –llamado también Arias y Santa María-, jornada y media de Cafayate, y era una temeridad, como supe luego. La obligué a entrar; y es que el animal caballar es sonso para el peligro; es demasiado obediente, no es como el mular, desconfiado. Era febrero, el agua venía como ariete y la arena floja. Para mejor, ese agua no sirve para abrevar, por el salitre. No me fijé que hundía en la arena cada vez más los vasos; y cuando noté que temblaba y resoplaba creí la mareaba la velocidad del agua, que yo mismo tenía que mirar lejos. “Bebé, animal imbécil”. Cabeceó con furia. Entonces la dejé salir. Pisó un lugar de ciénaga, hundió toda la mano, se debatió para sacarla, y hundió la zurda; y entonces se tiró de lado, pero con todo cuidado a fin de no hacerme un Sargento Cabral. Gracias a eso saqué de abajo la pierna y el pie con tiempo; que si me lo agarra entre su cuerpo y una piedra, lo hace salame.

Le pegué una paliza al salir –pues con la ira me parecía entonces que era toda la culpa de ella- diciendo: “¡Qué animales estos animales!”. La yegua contestó con las orejas la respuesta que puse arriba.

Hicimos las paces al rato; y entonces yo, con serena intención de instruirla, le empecé a decir los siguientes versos:
El que está sujeto a otro
nunca tuvo suerte blanda,
pero su soberbia agranda
el rigor de que padece.
Obedezca el que obedece
y será bueno el que manda.
Con gran sorpresa mía, que no la sabía poeta, la Chuncha volvió la cabeza, y contestó de contrapunto esta estrofa:
Mande bien el que está arriba
si de Dios quiere hacer caso,
si de Dios es como el brazo
no haga a Dios aborrecible,
pues si manda lo imposible,
reventó la yegua el lazo.


Como se ve, cita como de memoria el texto del poema y cita desprolijo. Pero el sentido no se mueve, porque obedecer es estar sujeto a otro, en cualquier caso. Más todavía: la respuesta en verso de la yegua va directo al punto en controversia, refutándolo, que sería esa relación como causal entre la calidad del mando según sea la calidad de la obediencia, cosa, como digo, medio intragable salvo (y no estoy seguro de que salga del todo bien...) que se le hagan todos los secundumquides que a uno se le pudieren ocurrir. Podrá decirse, por ejemplo, que el consejo está circunstanciado y que de ese modo confirma la doctrina más exigente, porque se trata allí de que, en el caso de que sea lícito obedecer, mejor le vale al súbdito (que está sujeto a otro) no tentarse con la soberbia y más específicamente la vanagloria de retobarse, porque de ese modo pone al mandamás en situación de apretar las clavijas, para someter a quien debe someterse, y así, el sometido sufre el doble... por su culpa.

Podría ser. Lo voy a pensar, de todos modos, porque ni a mí me convence del todo, aunque su razón le asiste al comento ése.

En Cristo y los fariseos, a propósito de otra cosa (más bien religiosa), Castellani vuelve a tratar el asunto con mayores pormenores y desarrollos, en un capítulo que se llama Sobre la obediencia. Una cosa es la prosa, por cierto, y otra la lírica, aunque según se ve, ruedan ambos textos a lo mismo. 

...


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