El secretario de redacción deFuego y Raya, Rodrigo Ruiz Velasco Barba, firma el primer artículo, «Claroscuros de la guerra cristera». Sigue el de Manuel Gutiérrez González «La Guerra del Pacífico 1879-1883. Una visión chilena contemporánea de sus consecuencias». El tercero es de Juan Bautista Fos Medina: «El problema de la continuidad de la propiedad familiar agraria».
Eldossiercentral está dedicado aLeonardo Castellani(1899-1981). Tras laPresentaciónaparecen cuatro trabajos, obra de Pedro Luis Barcia, Erick Audouard, Elena Calderón de Cuervo y Horacio M. Sánchez de Loria.
ElDocumentode esta entrega es el anteprólogo a laSuma Teológicade Santo Tomás de Aquino que escribió Leonardo Castellani para su traducción inacabada de la misma. Explica laPresentación: «La obra se diseñó en 20 tomos y el primero apareció en 1944. De éste es el texto que reproducimos. Y al que no hay que agregar nada más, pues en él está todo Castellani».
Las 250 páginas de este número 22 se completan con once reseñas bibliográficas.
Se cumplen hoy 40 años del
fallecimiento del escritor y sacerdote Leonardo Castellani, de prolífica
obra y profundo sentido apostólico y profético.
Padre Leonardo Castellani
“Los que recuerdan el nacimiento celebran la
aparición poco pulcra de un informe y desvalido embrión humano, que no
se sabe si durará y qué dará de sí; los que festejan la muerte celebran
la madurez de un alma inmortal, que rompe un cuerpo gastado hasta la
cuerda”, escribió el propio Leonardo Castellani, sacerdote, brillante
escritor y un lúcido pensador, que un 15 de marzo de 1981, hace hoy 40
años, moría en Buenos Aires, dejando una prolífica obra que enorgullece a
las letras argentinas.
“Hoy se celebra un nuevo aniversario de la partida a la Casa del
Padre del querido Padre Leonardo Castellani de feliz memoria”, recuerda
Manuel Outeda Blanco, director de la Exposición del Libro Católico.
“A lo largo de su vida fecunda se destacó como sacerdote escritor y
patriota, dando testimonio con su pluma siempre para honrar a Dios y
demostrar su amor al prójimo”, expresó a AICA Outeda.
Y añadió: “En el marco de la Exposicion del Libro destacamos y
honramos su trayectoria de notable e ilustre escritor con la entrega
anual de la Estatuilla que lleva su nombre. La recibieron hombres y
mujeres que siguieron sus pasos como monseñor Octavio Derisi, el
profesor Enrique Mayocchi, el padre Cayetano Bruno, la doctora Lila
Archideo, el doctor Alberto Caturelli, monseñor Juan Carlos Rutta, el
doctor Pedro Luis Barcia y el profesor José María Castiñeira de Dios.
“Todos ellos conocieron y se enriquecieron del genio del padre
Castellani”, afirmó Manuel Outeda.
“Castellani se destaca en todos los géneros y ciencias sagradas y
profanas hasta crear como decía el cardenal Quarracino 'un género
propio’”, destacó por su parte el doctor Rafael Breide Obeid, director
de la Revista Gladius y propagador de la obra del Padre Castellani.
“Su prosa -añade Breide Obeid- es genial. Fluye diáfana y cristalina
integrando todos los saberes. Es plenamente católico es decir universal,
y por su unión con Nuestro Señor Jesucristo con Él, es rey, sacerdote y
profeta”.
“Sus sesenta libros son el tesoro más grande de la Argentina. Que más
se enriquece cuanto más se difunde”, indicó el director de Gladius.
El Padre Castellani “Es la mente más brillante
que dio la Argentina en el siglo XX”, supo decir Jorge Luis Borges sobre
este hombre nacido en Reconquista, provincia de Santa Fe, un 16 de
noviembre de 1899.
Terminó el bachillerato en Santa Fe y en 1918 ingresó al noviciado
jesuita de Córdoba. Estudió letras, filosofía y teología en Santa Fe,
luego en Buenos Aires y comenzó a escribir (Camperas), luego fue enviado
en 1929 a Europa a proseguir sus estudios, en 1931 fue ordenado
sacerdote y estudió Filosofía y Teología en la Gregoriana de Roma.
Después estudió Psicología en la Sorbona de París. Tras unos meses en
Alemania, en 1935 volvió a la Argentina.
Había egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con
las más altas notas obteniendo el Título de “Doctor Sacro Universal” en
Teología y Filosofía, lo que lo habilitaba a escribir con notas propias
sobre las Sagradas Escrituras, sin previa autorización del Vaticano, lo
que sólo pudieron hacer muy pocos hombres en la milenaria historia de la
Iglesia Católica. El título obtenido se conoce vulgarmente como “Doctor
de la Iglesia”.
Luego partió a Francia a estudiar durante tres años en La Sorbona la
carrera Superior de Filosofía, Sección Psicología. Luego pasó a Alemania
para profundizar los estudios y la práctica con enfermos mentales.
Publicó 56 obras tanto religiosas como poéticas, fábulas campestres,
relatos, y luego de una serie de conflictos con su Orden (Jesuitas), fue
expulsado de la misma soportando dos años de prisión en Manresa
(España), de la cual puede escapar con ayuda de amigos en un estado
físico y mental deplorable. Tampoco pudo ejercer su ministerio
sacerdotal durante varios años. Pero nunca dejó de escribir tanto libros
como artículos periodísticos en diarios y revistas.
No solo fue un docente responsable y bien preparado, sino también un
periodista nato, y un iniciador de la crítica literaria seria en la
Argentina, con no menos de veinte seudónimos colaboró en publicaciones
diversas editadas en la ciudad de Buenos Aires como Estudios, revista El
Salvador, Criterio, Revista de la Universidad de Buenos Aires, Nuestro
tiempo, Verbo, Cabildo (sobre todo), Dinámica social, Patria libre,
entre otras,
Firmó cerca de 500 artículos y dirigió dos revistas: Estudios, de la
Academia Literaria del Plata y Jauja, fundada por él mismo. La gran
mayoría de sus libros editados hasta ahora son colecciones de artículos,
lo cual no quita nada a su originalidad y solidez doctrinaria. En el
último tramo de su vida se dedicó a la exégesis bíblica, preocupado,
sobre todo, en el tema de la segunda venida de Cristo.
El año 1975 marcó el reconocimiento de los argentinos a este
ciudadano ilustre: la Universidad de Buenos Aires le otorga el grado de
“Doctor Honoris Causa” y el Gobierno Nacional le otorga el premio
“Consagración Nacional”.
En 2004 sus restos fueron trasladados, en un significativo acto, al
cementerio de Reconquista, al “Panteón de la Ciudad”, lugar donde
descansan “los restos mortales de aquellos ciudadanos que se hayan
destacado en algún aspecto de la vida social”.
El presbítero Francisco Avellá Chafer, historiador del clero porteño y
alumno del padre Castellani, describía así a su antiguo profesor: “En
grado eminente, se daban en él tres requisitos esenciales: memoria
firme, fantasía fértil e ingenio agudo, cualidades que lo elevaron a
niveles de genio”.+
Sólo a modo de coleccionista-exhibicionista, y porque creo que no
se encuentran en Internet, algunas referencias a Castellani de unas
revistas que tengo:
1. “El gato negro”, revista argentina de narrativa policial y de misterio, dedicó el número 7 (diciembre de 1996)
a Castellani: una nota de Juan José Delaney sobre el cura como escritor
de ficción, y una bibliografía meritoria hecha por Pedro Luis Barcia.
2. En la revista Gente (enero de 1976),
se menciona su inclusión en un “Premio consagración nacional”, que
habría recibido -junto con Sábato y otros- a fines de 1975. Sólo como
curiosidad, va también la página opuesta.
3. En la revista argentina “Vigencia” (marzo de 1980
– director: Avelino J. Porto) hay una entrevista realizada en febrero
de aquel año. Su contenido no es muy jugoso, pero la foto principal
tiene lo suyo. Castellani tenía entonces 80 años, y moriría un año
después.