Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 25 de marzo de 2022

Dossier dedicado a Castellani

Agencia FARO, 25 marzo 2022, fiesta de la Anunciación.

Madrid / Mendoza / Ciudad de Méjico, febrero / marzo 2022. FUEGO Y RAYA, revista semestral hispanoamericana de historia y política, distribuyó las pasadas Navidades su número 22 (noviembre de 2021). Publicación del Consejo de Estudios Hispánicos Felipe II, esta entrega lleva en portada la de la segunda edición (Buenos Aires, Ediciones Penca, 1944) del libro de Cide Hamete (pseudónimo de Leonardo Castellani, a quien se dedican el Dossier y el Documento de este número) El nuevo gobierno de Sancho.

El secretario de redacción de Fuego y Raya, Rodrigo Ruiz Velasco Barba, firma el primer artículo, «Claroscuros de la guerra cristera». Sigue el de Manuel Gutiérrez González «La Guerra del Pacífico 1879-1883. Una visión chilena contemporánea de sus consecuencias». El tercero es de Juan Bautista Fos Medina: «El problema de la continuidad de la propiedad familiar agraria».

El dossier central está dedicado a Leonardo Castellani (1899-1981). Tras la Presentación aparecen cuatro trabajos, obra de Pedro Luis Barcia, Erick Audouard, Elena Calderón de Cuervo y Horacio M. Sánchez de Loria.

El Documento de esta entrega es el anteprólogo a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino que escribió Leonardo Castellani para su traducción inacabada de la misma. Explica la Presentación: «La obra se diseñó en 20 tomos y el primero apareció en 1944. De éste es el texto que reproducimos. Y al que no hay que agregar nada más, pues en él está todo Castellani».

Las 250 páginas de este número 22 se completan con once reseñas bibliográficas.

Puede verse la portada, sumario y otros datos de esta nueva entrega de Fuego y Raya haciendo clic en este enlace.

fuegoyraya22portada



DOSSIER: Leonardo Castellani 

Presentación La redacción 

Leonardo Castellani en perspectiva Pedro Luis Barcia 

El Argentino Magnífico Erick Audouard 

Cuatro ensayos «cimarrones» del Padre Castellani Elena Calderón de Cuervo 

Notas sobre el liberalismo en Leonardo Castellani Horacio M. Sánchez de Loria 

DOCUMENTO 

Presentación La dirección 

Anteprólogo a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino Leonardo Castellani

 

 

viernes, 19 de marzo de 2021

Leonardo Castellani, el gran escritor y profeta argentino ausente en el canon de nuestras letras

 

[https://www.infobae.com/cultura/2021/03/15/leonardo-castellani-el-gran-escritor-y-profeta-argentino-ausente-en-el-canon-de-nuestras-letras/]

Incansable en su prédica contra la decadencia nacional, este sacerdote jesuita rebelde, fallecido hace 40 años, dejó una prolífica obra ignorada por la historia oficial de la literatura argentina, por estar sembrada de incómodas verdades que muchos no quieren escuchar

autor

PorIciar Recalde

Leonardo Castellani, sacerdote, filósofo, teólogo, ensayista, novelista, periodista y polemista, murió hace 40 años, el 15 de marzo de 1981
Leonardo Castellani, sacerdote, filósofo, teólogo, ensayista, novelista, periodista y polemista, murió hace 40 años, el 15 de marzo de 1981

El 15 de marzo de 1981 partió hacia la inmortalidad el sacerdote Leonardo Castellani. Con él desaparecía uno de los más lúcidos pensadores católicos del siglo XX.

Este hombre, que sintió arder dentro de sí la misión providencial de hacer Verdad, “una verdad por la cual se pueda vivir y morir (...) una verdad viva y vital” (San Agustín y Nosotros), había nacido en San Jerónimo del Rey, luego ciudad de Reconquista, en la provincia de Santa Fe, el 16 de noviembre de 1899. Hijo del florentino Luis Héctor Castellani, fundador del diario El Independiente, asesinado por la policía en medio de las luchas electorales de 1906, cuando Castellani era aún un niño, y de Catalina Contepomi.

En una Argentina intelectualmente desarmada, donde los hombres vivían de prestado, pidiendo al extranjero ojos, oídos, conciencia y sensibilidad, Castellani comenzó a forjar en la levadura del talento un estilo único y hondamente argentino, que tempranamente fuera ponderado en su autenticidad por Hugo Wast en el prólogo a Camperas (1931) y ratificado por Hernán Benítez como “género propio” en el Estudio Preliminar a Crítica Literaria (1945).

Castellani fue uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh
Castellani fue uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh

Evitado esmeradamente al día de hoy por las historias de la literatura, fue sin embargo uno de los principales forjadores del género policial argentino, reconocido exclusivamente por la voz solitaria de Rodolfo Walsh. Legó una obra crítica inmensa: 48 libros publicados en vida en editoriales sumergidas en el olvido y cientos de artículos de acentos huracanados esparcidos en los múltiples periódicos en los que participó. En la huella de Miguel de Cervantes y José Hernández, sintetizó el dominio del idioma con una destreza tal que le permitió peregrinar por todos los géneros existentes sin perder un ápice la preocupación teológica que está en el corazón de todos y cada uno: poesía, novela, fábula, cuentos, teatro, ensayos políticos, filosóficos, pedagógicos, psicológicos, crítica literaria, exégesis. Como está en el corazón de todos y cada uno el amor y la defensa de la Patria, cuyos dramas comprendió y combatió como pocos hombres de su tiempo, con el todo admonitor y el acento rudo de los profetas.

En 1913 ingresó como pupilo en el colegio de “La Inmaculada” perteneciente a la Compañía de Jesús en Santa Fe, donde se recibió de bachiller en 1917. Un año después, pasó al Noviciado de los Jesuitas en Córdoba y en 1923 ingresó en el Seminario porteño de Villa Devoto. Entre 1924 y 1927 enseñó en el Colegio del Salvador y comenzó a publicar sus primeros cuentos y fábulas. En 1928 inició sus estudios de Teología y al año siguiente fue enviado a Roma a completarlos en la Universidad Gregoriana, donde se ordenó sacerdote. En 1932 se instaló en Francia por dos años y obtuvo el diploma de Estudios Superiores en Filosofía en la Sorbona.

Promediando la década infame, regresó al país donde continuó la labor docente que alternó con el ministerio sacerdotal, el periodismo y la publicación de sus primeros libros: Sentir la Argentina, (1938), La Reforma de la enseñanza y Martita Ofelia (1939), Conversación y crítica filosófica (1941), Las nueve muertes del Padre Metri y El nuevo gobierno de Sancho (1942),entre otros.

En 1945 integró la lista por la Alianza Libertadora Nacionalista como candidato a diputado nacional para las elecciones de febrero de 1946, acontecimiento que ofició de preludio de un largo y tortuoso suceder de desventuras con el Provincial de su Orden que se ahondaron tras la publicación de las cartas “Dic Ecclesiae”, en donde Castellani esbozó una serie de críticas a la Compañía de Jesús, en las que ya comenzaba a asomar el audaz polemista fustigador del fariseísmo. Se lo conminó, entonces, a abandonar la Orden voluntariamente, se rehusó y viajó a Europa con el objetivo infructuoso de exponer su caso. Fue confinado dos años en Manresa, de donde escapó en 1949 para regresar a la Argentina. Expulsado definitivamente de la Orden, se refugió temporalmente en la diócesis de Salta, donde subsistió como docente. Recién en 1952 le fueron devueltas sus cátedras en Buenos Aires, tres años después se lo rehabilitó para decir misa y en 1966 arregló su situación con la Iglesia, de la que jamás apostató y a la que sirvió en su fe hasta sus últimos días: “De modo que la primera parte deste protocolo consistiría en quejarme que la Iglesia me ha perseguido y la Patria me ha pospuesto y postergado; y de ahí concluir que hay un estrato de vitriolo en el fondo de la Iglesia y un gusano inmortal en el seno de la Patria. Pero después deso tendré que confesar que la Patria me ha dejado vivir- lo cual no es poco- y la Iglesia me ha enseñado la fe de Cristo” (Seis ensayos y tres cartas).

Castellani sobre los "partidos": “No había diferencia esencial alguna en los 'programas' (ni) en las 'doctrinas'. Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias ('quítate tú que me pongo yo')"
Castellani sobre los "partidos": “No había diferencia esencial alguna en los 'programas' (ni) en las 'doctrinas'. Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias ('quítate tú que me pongo yo')"

Los crímenes del Liberalismo

Castellani golpeó como puños premiosos contra las puertas del liberalismo como causa fundante de los males del país: “Lo más conducente entre nosotros para probar que el liberalismo es pecado, es examinar los efectos del liberalismo en la Argentina. Son tan feos que sólo pueden proceder de un pecado. ‘Por sus frutos los discerniréis’. He aquí los diez crímenes (…) El liberalismo exterminó al indio. El liberalismo arruinó la educación argentina. El liberalismo relajó la familia argentina. El liberalismo esterilizó la inteligencia argentina. El liberalismo nos infundió un ánimo abatido (…) un complejo de inferior. El liberalismo mutiló a la Nación de su territorio natural histórico. El liberalismo empequeñeció a la Iglesia argentina. El liberalismo creó gratis el problema judío. El liberalismo nos enfeudó al extranjero. El liberalismo rompió la concordia y creó la división espiritual de los argentinos que actualmente se encamina a una crisis dolorosa” (Sentencias y aforismos políticos).

La Argentina era en consecuencia “como un cigarro fumado a la vez por las dos puntas” (Jauja, 1969), cuya norma era la “propensión a entregarse del todo al extranjero” (La religión y la libertad, 1956). La riqueza producida por el sudor del trabajador argentino sangraba hacia afuera y encadenaba al país a ser una semicolonia económicamente raquítica y espiritualmente vencida: “La cuestión económica y la política exterior, es decir, los dos problemas polos de todo gobierno REAL (...) nos eran dados hechos desde fuera; y para que nos creyésemos Nación, nos dejaban divertirnos, afanarnos y matarnos con los triquitraques sórdidos de la ‘política interna’”. O sea, la farsa demoliberal que consistía “en el llamado JUEGO DE LOS PARTIDOS, instrumento artificial de una pseudodemocracia, que tiene poquísimo de política real (…) consiste simplemente, al final del proceso del régimen liberal, en que NO HAY PARTIDOS. No hay una cosa realmente partida -a no ser la concordia y el bien común de la Nación-, hay una sola cosa real (...) Los partidos liberales (…) tienden a convertirse en una clase de hombres homogéneos moral, intelectual y hasta caractéricamente, que se adjudican como prebenda la función de gobernar, y luchan continuamente (…) por el poder; en el cual, si las cosas marchan como deben, lo justo es que se vayan turnando”, y dice más: “no había diferencia esencial alguna en los «programas» (…) ni en las «doctrinas». Lo cual no quiere decir no hubieran brutales diferencias en las codicias («quítate tú que me pongo yo»), obcecadas diferencias en los ánimos («nosotros somos los buenos, nosotros ni más ni menos; los otros son unos potros, comparados con nosotros»)” (Seis Ensayos y Tres Cartas).

Leonardo Castellani fue un precursor de la novela policial argentina
Leonardo Castellani fue un precursor de la novela policial argentina

Así, los dirigentes del liberalismo “cayeron en la tentación que ahora llaman «progresismo»; o sea, de vender el alma al diablo y las riquezas del país a los Malditos, a cambio de un aparatoso progreso técnico, al cual pagamos escandalosamente caro y no conseguimos entero, pues todavía estamos subdes, según nos echan en cara” (Jauja, 1969). El fundamento de que una Nación rica y con sobradas condiciones de convertirse en potencia hubiese aceptado tan indigno vasallaje, o sea, la capitulación política y el expolio de la riqueza nacional, para Castellani estaba directamente ligado a la colonización espiritual del país: “Si caímos en redes de foráneos mercaderes, fue porque primero escuchamos silbos de foráneos masones, y el miasma sutil de la herejía había contaminado entre nosotros los intelectos. El Liberalismo antes de ser un mal sistema político y un mal método económico, es una mala teología, es una herejía, una cosa espiritual, que no se puede conjurar del todo sino en su propio centro, que es la región de la estratósfera donde combaten invisiblemente los espíritus” (Crítica Literaria). Por tanto: “La Argentina (…) No será del todo independiente mientras no sepa pensar sola” (La Reforma de la Enseñanza).

Palabras que parecen escritas hoy como azotes a la “idolatría” de lo políticamente correcto que viene imponiendo hace décadas una nueva “fe” donde prima el relativismo radical y la “libertad de opinión” por sobre la búsqueda de una verdad trascendente, cuyo corolario al decir de Castellani es el “chillar los ineptos hasta acallar al sabio” (El nuevo gobierno de Sancho). Pensamiento que postula que todas las opiniones valen lo mismo, que todo es discutible hasta el derecho sagrado a la vida sobre el que se asientan el resto de los derechos, junto al consignismo vacuo anudado a reclamos histéricos de más derechos sin ninguna obligación del pensamiento progresista cuyos valores son los valores elementales del liberalismo que bajo ropajes variados mantiene su esencia: globalismo y cosmopolitismo, ataque a la tradición, tecnocracia y economía de libre mercado, individualismo y hedonismo, destrucción de la persona humana, de la familia y de la comunidad, democracia como el dominio de las minorías sobre las mayorías. Guerra sin cuartel contra la nacionalidad en el suelo que lo único que produce para sus hijos es hambre, pobreza y dolor: “No son la Patria los que actualmente y desde hace mucho tiempo mangonean el país a su gusto o a gusto del diablo (…) No es la Patria la ideología liberal, la plutocracia mercantil ni el imperialismo extranjero; esas cosas no se pueden consagrar al Corazón de María. (…) ¡Cómo va a ser la Patria esta inmensa laguna en que andamos braceando con desesperación, nadando contra corriente y empantanándonos sin poder ir ni atrás ni adelante; esta casona derruida donde respiramos aire gastado, comemos pan duro, estamos inundados de mentiras y pamplinas, leemos o vemos cada días que nos dan en rostro, estamos vejados por el cretinismo ambiente y creciente, soportamos vergüenzas nacionales!” (Seis ensayos y tres cartas).

Leonardo Castellani (a la derecha en segundo plano)
Leonardo Castellani (a la derecha en segundo plano)

En defensa de la Tradición y la Cristiandad que reintegrasen a la Argentina su fisonomía católica e hispánica limpiándola de elementos extranjerizantes -“El eje permanente de la historia argentina es la pugna entre la tradición hispánica y el liberalismo foráneo, bajo cuyo signo nacimos a la ‘vida libre’”-, Castellani formuló la necesidad de restauración de un principio de autoridad y de un orden moral justo. El país debía entrar en “la etapa de la inteligencia”, como elemento unificador de la vida afectiva comunitaria. La Nación dependía de “muchos factores, algunos materiales como la geografía, la economía y la raza; otros formales como la religión, un ideal histórico común, y la lengua, que los une a todos”, que actúan como plataforma fundante de un ideal trascendente, elemento espiritual que hace posible la unidad nacional: “Una creencia común, que por trascendental cubra las diferencias contingentes individuales es el cemento indispensable de una sociedad que se concreta en un ideal nacional capaz de proponer una empresa conjunta con alcance universal” (Dinámica Social, 1951), porque “toda Nación para existir decentemente debe tener una misión en el mundo, una idea trascendental que realizar, llamada «el ideal nacional», porque así como el hombre no es fin de sí propio, tampoco las naciones” (Decíamos Ayer).

Es por eso que, a la par de la espera consoladora del único dogma del Credo aún no cumplido, el Venturus est, el regreso de Cristo a poner la justicia y el bien a la Tierra, llamó al despertar aunque más no sea de un puñado de argentinos dispuestos al sacrificio: “Y mientras ellos existan, aunque sea como generación sacrificada, la redención de la Argentina es posible” (Seis ensayos y tres cartas). Que así sea.

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Castellani como periodista (2ª parte)

 

Cultura
SEGUNDA PARTE DE LA CONFERENCIA RECUPERADA SOBRE LA RELACION DEL SACERDOTE-ESCRITOR CON LA PRENSA

Castellani como periodista (II)

El aterrizaje de Castellani en el periodismo tuvo un inesperado efecto apostólico, que también me explicó Carlitos Ibarguren, pues fue él quien, fino observador, lo advirtió en su momento, siendo asimismo partícipe del fenómeno.

Dividía Carlitos a los nacionalistas en dos grandes grupos: los "catos" y los "curdos". "Catos" eran los católicos, provenientes muchos de los Cursos de Cultura Católica, con buena formación doctrinal y firmes defensores del aspecto religioso incluido en el legado hispánico. Los "curdos", en cambio, eran los viejos muchachos, patriotas instintivos a quienes las cuestiones espirituales los habían tenido más o menos sin cuidado, provenientes de la milonga y proclives al castañazo y el exabrupto. Carlitos se preciaba de contarse entre ellos. 

No en vano, con malévola exageración, cierta publicación de izquierda, al informar sobre un acto político donde habló Carlitos y terminó en trifulca, dijo de él: "Harto de apalear mujeres y romper espejos en los cabarets se hizo fascista".

Pues bien, esos viejos muchachos, afines con los que décadas atrás habían militado en la "Liga Patriótica" de los Carlés, advirtieron un día con sorpresa que un cura era de los suyos. Y lo advirtieron a través de los escritos del Padre Castellani en las publicaciones nacionalistas que mencioné.

Descubrimiento éste que los impulsó, primero, a mirar al clero con mayor interés y, paulatinamente, hacia unas prácticas religiosas de las que habían estado lejos, pese a conocerlas por ser hijos de madres devotas. 

Ejemplo de ello es el caso de Eduardo Muñiz, Nenucho, temible dibujante en varias de las publicaciones nacionalistas que he mencionado. Nenucho era agnóstico y, como digo, poseedor de una cáustica agudeza, que se revelaba en sus caricaturas. Sin embargo, admirador de Castellani, terminó concurriendo los domingos a la iglesia del Tránsito, provisto de un grabador, a fin de registrar los comentarios al Evangelio que hacía el cura en su sermón. Comentarios que, conviene apuntarlo, dieron lugar a ese espléndido libro de éste que se llama, precisamente, El Evangelio de Jesucristo. Y a otros sucesivos que se siguen publicando bajo el título de Domingueras Prédicas.

-o-

Ruego me disculpen si me cito a mí mismo. Pero, como ya me ocupé de Castellani como periodista en un librito lleno de erratas que me publicó la editorial AZ, repetiré unos párrafos del mismo que estimo oportunos. Digo allí:

""Para calibrar adecuadamente las implicancias de su actuación periodística, en órganos de definido carácter ideológico, es necesario recordar que ésta tiene lugar a principios de la década del 40 y que la Segunda Guerra Mundial había dividido al planeta en general y a Buenos Aires en particular, determinando bandos ferozmente enfrentados: aliadófilos y germanófilos, nacionalistas y democráticos, fascistas y cipayos, dicotomías todas que encerraban una oposición inconciliable. Ello, naturalmente, informa la política de la época y le confiere áspera intemperancia: no está el horno para bollos. Y, apenas concluida la guerra, el advenimiento de Perón determinará que nadie baje la guardia, continuando los enfrentamientos con otros motivos inmediatos y parecidas causas mediatas.

"En este ambiente caldeado esgrime Castellani su pluma de periodista, asistida por luengos saberes teológicos, filosóficos, históricos, psicológicos, literarios. Y, si bien nuestro autor tratará con altura catedrática temas específicamente ligados con su formación académica, en otras oportunidades utilizará tal formación para opinar en cuestiones de picante actualidad. Si a ello se agrega el personalísimo sentido del humor que posee y su invariable costumbre de llamar a las cosas por su nombre, se comprenderá por qué sus artículos, leídos con avidez, levantan roncha".

Castellani era lo que luego se llamaría "un escritor comprometido". Pese a lo cual, nunca se definió a sí mismo como nacionalista, aunque nacionalistas hayan sido la gran mayoría de sus amigos. Y aunque llegara a ser candidato a diputado por la Alianza Libertadora Nacionalista, postulación que terminó de arruinar su relación con la Compañía de Jesús.

Dije que fue un "escritor comprometido" y que nunca se definió a sí mismo como nacionalista. Lo que pasó es que su verdadero compromiso fue con la verdad, tal como la veía en cada caso abordado por su aguerrida pluma.

-o-

Mis amigos y yo tuvimos un periódico que se llamó De Este Tiempo y que apareció en los años sesenta. Castellani escribía en él con bastante regularidad. Y, a propósito de sus colaboraciones, recuerdo que llegaban escritas a mano, con esa letra suya amplia, clarísima, casi escolar, que ponía de manifiesto su intención de ser entendido, a la vez que revelaba la falta de afectación de su carácter.

Dicen que sabía escribir a máquina, pero no lo hacía. De allí que mencionar "su aguerrida pluma", como acabo de hacer, no sea en realidad una metáfora.

Bueno ¿y qué decía la aguerrida pluma del propio Castellani sobre el periodismo y los periodistas? Un botón de muestra es el capítulo denominado "La Información", de su libro El nuevo gobierno de Sancho.

En pleno ejercicio del mando, instalado Sancho en la Sala de Sumas Examinaciones, se presenta un candidato a examinarse y Sancho pregunta:

-¿Quién es?

Le responde su colaborador Pedro Recio:

-Señor, es un aprovechado garzón destos reinos que acaba de acabar sus estudios.

-¿Pariente de los Garzones de Córdoba?

-No, señor, en modo alguno. Ni por pienso.

-¿Y qué estudios ha hecho?

-Estudios de periodista.

-¿Dónde?

-En todos los cafés, bares y bebederos públicos desta Insula.

-¿Qué leyó?

-Todos los libros de la Editorial Tor y la Editorial Claridad y además las obras completas de Vargas Vila, sin contar que tiene aprobado el bachillerato argentino (aclaro yo que la editorial Claridad es una editorial masónica y que Vargas Vila era un autor pornográfico).

-¿Qué demanda?

-Demanda de su Prominencia solamente el merecido diploma de Redactor de Primera Plana y, si fuera posible, el correspondiente puesto en el mejor diario de la Insula.

A continuación Sancho toma examen al candidato, del cual extraeré sólo algunas preguntas y respuestas.

-Señor Periodista ¿cómo se llaman las noticias del extranjero?

-Información.

-¿Y las noticias del país?

-Otras informaciones de carácter local.

-¿De qué hablará Chamberlain en su próximo discurso?

-De los fines de la guerra aliados.

-¿Y en el otro siguiente?

-De los fines aliados de la guerra.

-¿Y Hitler?

-Del Tratado de Versalles.

-¿Y Roosevelt?

-Del cariño que tiene a Sudamérica.

-¡Muy bien! Y dígame un poco ¿cómo son las incursiones nocturnas?

-Infructuosas.

-¿Y el fuego de artillería?

-Nutrido.

-¿Cómo se retiran las patrullas enemigas?

-En desorden

-¿Y nuestras tropas?

-Habiendo obtenido todos sus objetivos.

-¿Por qué peleamos nosotros?

-Por la justicia y el derecho.

-¿Quién tiene la culpa de la guerra?

-Los contrarios.

-¿Hacia dónde vamos con certeza?

-Hacia la victoria.

-La victoria ¿qué traerá?

-Un mundo mejor.

-Un mundo mejor ¿en qué consiste?

-En la fraternidad universal, por encima de todas razas y religiones.

Como ven, Castellani no era un devoto admirador de la sapiencia periodística en general, aunque respetaba y sentía afecto por algunos periodistas en particular. Escribió también sobre la prensa:

El diario de hoy es viejo y dice lo mismo que ayer.
Homero es nuevo como el sol.
El diario lo sé de memoria y por eso me pongo a leer
la última noticia en Platón.

Pues bien, pese a no considerar al periodismo un sacerdocio y pese a no guardar una actitud reverente ante la prensa, el cura ejerció el periodismo con denuedo, valiéndose de la prensa para servir a la patria y divulgar esforzadamente la verdad. Que no es poco mérito.

*Esta conferencia fue pronunciada el 14 de octubre de 2011 en la Universidad Católica Argentina.

 

martes, 4 de agosto de 2020

Father Leonardo Castellani in English

[http://www.quenotelacuenten.org/2020/08/04/father-leonardo-castellani-in-english/]


Hace algunos años dábamos cuenta aquí del libro Le Verbe dans le sang una selección en francés, de textos del gran Padre Leonardo Castellani, el profeta maldito de la Iglesia Católica en Argentina del siglo XX.

Por gracia de Dios, también ahora en Estados Unidos, se está comenzando a conocer.

Dejamos, para muestra, este tesis del año 2015 tituladOf Order and Liberty: Catholic Intellectuals in Argentina and Brazil«. enviada, justamente para que se divulgue, cosa le pedimos a nuestros amigos de habla inglesa.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

lunes, 4 de diciembre de 2017

Castellani y el modelo cervantino

 
El nuevo gobierno de Sancho de Leonardo Castellani a la luz del modelo cervantino
María Mercedes Rodríguez Temperley
 
El Quijote ejerció, casi desde sus inicios, un atractivo magnetismo en escritores de diversa procedencia y de distintas épocas, que se encargaron de imitarlo, continuarlo, glosarlo y reescribirlo, en un ejercicio laborioso y desigual si se lo compara con los afanes y trabajos cervantinos. La Argentina es, posiblemente, el país de América que más ha contribuido a enriquecer este acervo creativo a través de su literatura. Contemporáneo al difundidísimo «Pierre Menard, autor del Quijote» publicado por Jorge Luis Borges en 1939 y 1941 (quizás el paradigma de reelaboración de un texto cervantino en las letras argentinas) surge un texto que, por sus características, resulta altamente representativo en este campo, en tanto recrea el libro de Cervantes buscando una identidad manifiestamente argentina. Se trata de El nuevo gobierno de Sancho (1942), sátira política de Leonardo Castellani, que analizamos a la luz de su modelo cervantino.
 
[Leer]
 

Una de las célebres ilustraciones de "Marius" a El Nuevo Gobierno de Sancho de L. Castellani.

 

 

 
 

viernes, 6 de noviembre de 2015

Recuerdo del homenaje por los 80 años del Padre Castellani






[Revista Cabildo, 2ª época, año IV, nº 27, Buenos Aires: 6 de septiembre de 1979. Director: Ricardo Curutchet. Secretario de Redacción: Juan Carlos Monedero.]

viernes, 14 de diciembre de 2012

El lobo y el cordero








El Lobo y el Cordero


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Apenas hubo el rubicundo Apolo proyectado sobre la faz de la tierra su tórrido barniz fosforescente y policromado, y las canoras y pintadas avecillas, empezando por los gorriones y acabando por las campanas de los conventos, elevado a la gloria del amanecer sus armoniosos trinos, con la utilidad subsidiaria de despertar a destiempo a los vecinos, cuando llevaron al nuevo Gobernador, el cual había dormido regular no más, al Salón de las Poéticas Expresiones, para hacer un poco descanso dominical.
Pero, no bien se hubo sentado Sancho Primero el Único en su trono, se oyó en las puertas de bronce un infernal pataleo y entraron al inmenso recinto -uno a grandes brincos caminando de espaldas, y otro resbalando suavemente por el bruñido y resplendente mármol- dos especies de bichos de ignota catadura.


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lunes, 14 de mayo de 2012

El fabril de frases hechas


“SER IMBÉCIL ES PECADO” 
 EL FABRIL DE FRASES HECHAS 

 Apenas hubo el rubicundo Febo asomado la rútila y aberenjenada faz por entre las randas y encajes de oro de las nubes orientales, cuando dejó el nuevo Gobernador muy descansado y bien dispuesto las bienhechoras chalas y se dirigió a la Sala de las Medidas Momentáneas para resolver los asuntos del día. No bien se hubo sentado cuando se abrieron las anchurosas puertas y entró por ellas el Doctor Pedro Recio trayendo del brazo a un señor desvaído, descolorido y sin señas particulares que traía colgado al cuello una especie de organillo titirimundi o máquina de calcular. Mirólo Sancho atentamente, sin poder hallar en él cosa de provecho, y después dijo al hombruco con reposada voz y continente: [Seguir leyendo...]


lunes, 24 de octubre de 2011

¿No es un sueño de nuestras mentes idealistas?


Del Profeta de la Argentina

UN INMENSO SUEÑO FUTURO
   
   
— Fuera de bromas —dijo Sancho—, contéstemén a mi pregunta. ¿Existe la Insula Agatháurica? ¿Existe la afamada República del Plata? ¿No es un sueño de nuestras mentes idealistas? ¿Es una verdadera nación este montón abigarrado de gentes que no se entienden? ¿Es una verdadera capital este agloberrado horripilante de barracas con pretensión de rascacielos? ¿No hay cuatro ínsulas o catorce o tres o dos almenos en este inmenso territorio desarticulado? ¿Cómo puede ser una nación real este conbloberrado heterogénero de vasos no comunicantes? ¿Y quién es el que gobierna aquí de veras y al fondo? ¿Y cuál es nuestro ideal, qué es lo que tenemos que hacer en el mundo? ¿Y cuál es nuestro canto y cuál nuestra bandera y cuál nuestra lengua verdadera, sacando la lengua de comerciar y sacando el tango? ¿Y cuál es nuestra religión, somos moros o cristianos, si éstos son todos los católicos que hay y el jefe dellos es Picardía?



viernes, 23 de septiembre de 2011

Sancho y la educación

Castellani-educ-gobSancho

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre la cobardía



Uno de los sugestivos dibujos 
de “Marius” (Carlos Vergottini) que 
acompañan esta obra del P. Castellani.
Volviendo Sancho de su infructuosa cuanto edificante gira, se halló de golpe con un gran golpe de gente con la boca abierta delante de una gran pizarra negra, como si fuese un choque de colectivos o un sermón del Partido Socialista Obrero. Preguntó Sancho lo que era y le dijeron que eran las últimas y más verídicas noticias de la guerra. Miró Sancho el gran placard parlante y vio aparecer en él con grandes letras luminosas el siguiente letrero:

Noticia Primera. “Los italianos carecen de coraje, de valor y de valentía y no saben dar puñaladas más que por la espalda”.

Batieron palmas al ver tan fausta noticia todos los mirantes, hicieron gran aclamación, se rieron entre sí, se abrazaron con lágrimas de alegría en los ojos, como si todos de un golpe hubiesen sacado la lotería, por lo cual Sancho no pudo menos de batir palmas, hacer aclamación, reírse entre sí y abrazarse con lágrimas de alegría; en tanto que el director del placard, que era un mozo grandote, boquirrubio, apelmazado, carne de paloma y ojos de tango, pedía insistentemente silencio para pasar a la segunda noticia. Apretó entonces el botón de cambio y apareció la Segunda Noticia. “Los italianos son unos pusilánimes”.

Volvieron todos los circumaspicientes a los mismos extremos de sentimiento de antes; menos Sancho, el cual estaba fijo, deletreando penosamente la nueva noticia con gran afán de descubrir el mecanismo que las hacía funcionar por adentro; y lo que no le dio tiempo el manejante que dio curso rápidamente a la Tercera Noticia.
“Los italianos son unos maulas y unos mandrias”.

Rióse Sancho al entender el letrero, esta vez en genuino dialecto de la Ínsula, y alzando una poderosa voz de Gobernador nato por encima de la algarabía de los festejantes, preguntó al letrero:

— ¿Y cómo sabe usted que son maulas?
— Porque su flota no sale a pelear con la nuestra.
— ¿Y por qué no sale?
— Porque si sale la venceríamos.
— ¿Cómo sabe que la vencerían?
— Porque la acabamos de vencer en el mar Jónico, así como la hemos vencido ya otras cuatro veces.
— ¿Y cómo la han vencido si no sale? Porque el que nunca sale nunca es vencido, como sabrá usté por experiencia o por ciencia, Señor Mandria de la Máquina Parlante —dijo Sancho con velocidad.

Calló el letrero. El Mozo Mandria se precipitó sobre la caja de dirección y bajando una palanquita originó adentro un enorme crujido de ruedas y engranajes, al mismo tiempo que decía con enfado:

— Usted está preguntando demasiado ligero, señor, y me va a romper la máquina, porque no le da tiempo de hacer la combinación.
— Aquí así preguntamos —dijo Sancho—, porque aquí somos preguntones desde los tiempos de Cervantes I, mi abuelo.

Acabó en este momento el laborioso crujido y apareció un elaborado letrero de este tenor o tiple:

“Los hemos vencido en África, y los hemos vencido en Tarento, y los hemos vencido en Albania y los hemos vencido en Etiopía, y encima les hemos echado paracaidistas en Nápoles, los cuales mataron a un pastor de ovejas.
Y si no ha habido revolución todavía es porque nosotros no queremos; y en cuanto queramos, se levantarán todos los italianos y matarán al Dus de ellos para dar gusto al Dus de nosotros”.

Leyó dos veces el letrero Sancho y dijo después despacito:

— ¿Y cómo en tantas partes?
— Porque los infelices querían conquistar Suez, conquistar el Mediterráneo, conquistar colonias en África y defender su territorio y además el de Suiza, por donde nosotros los entramos noche a noche.
— ¿Y estaban preparados para tanto?
— No estaban preparados para tanto y se lanzaron lo mismo a todo eso.
— ¿Y cómo se llama en lengua castilla el que no está preparado y se lanza?
— Se llama temerario.
— ¿Es lo mismo cobarde que temerario?
— No es lo mismo. Es lo opuesto, y es lo contrario.
— ¿Y el primer letrero qué decía?

Crujió otra vez la Máquina espantosamente y el Mozo Mandria se lanzó al embrague, accionando otra vez las tres palancas sin obtener respuesta. Por lo cual se lanzó con furor contra Sancho y apelando al gran público, el cual se estaba arremolinando peligrosamente, le dijo:

— ¡Usted está perturbando el orden público! No hay derecho. Estas son informaciones controladas y suministradas por la mejor y más voluminosa prensa de la Ínsula, prensa seria, prensa que es un orgullo de la Ínsula, principalmente en todas las naciones extranjeras. Retírese, so borracho y desacatador del cuarto poder, si no quiere que lo haga retirar con la policía.

Sacó Sancho cachazudamente su carnet de policía secreto, que tenía para estos casos, y acto seguido interrogó al Mozo Mandria, ya todo sumiso y de oreja a oreja sonriente, en la forma siguiente:

— ¿Quién es usté?
— Yo soy el Pequeño Porteño.
— ¡Es el Pequeño Porteño! ¡Viva el Pequeño Porteño! —gritó toda la gente entusiasmada—. ¡Qué graciosos que son los porteños!
— ¿Edad?
— Joven avejentado.
— ¿Ocupación?
— Fabricante de chistes de café para suministro de todas las provincias. Eventualmente, autor de letras para tango.
— ¿Títulos?
— Bachiller. Hijo de papá. Vago. Simpaticón. Sentimental. Año y medio y diez materias por dar en la Facultad de Derecho. Tío político…
— ¿De quién?
— Tengo un tío político, un tío que pertenece a la casta superior desta Ínsula, que son los políticos, señor, si es que usté entiende la castilla y sabe algo de historia patria. Él es mi orgullo, mi esperanza y mi herencia.
— ¿Y qué hereda?
— Heredo un puesto público que mi tío me da cuando sube y me quita la puerca oposición cuando lo bajan. Veinte años hace que estoy rodando por puestos públicos, esperando hacerme rico para acabar mi carrera.
— ¿Y qué puestos?
— Lo que se ofrezca, señor, todo es bueno. He sido desde Inspector de Avalúos en el Mercado de Aves hasta Ayudante Mayor de Fastidiar con Papeleos Inútiles a la Enseñanza Incorporada y Otras. Con tal de no estar abajo, yo a todo me avengo.
— ¿Y qué come cuando está abajo?
— Mi mujer, señor, me mantiene, que es maestra normal.
— ¿Y los hijos, quién cuida dellos?
— ¿Hijos, señor? Ni somos tan pavos ni somos tan ricos para gastar la plata en lujos y en hijos.
— Bien —dijo Sancho—. Me gusta la modestia y la parsimonia.
— ¿Se convenció, señor pesquisa, que no soy Ladrón de Guevara, sino más bien, como puede decir esta buena gente, el Tipo Representativo Medio del Muchacho Estatalmente Educado (o sea Estupendamente Educado) desta progresista Ínsula?

Entusiasmóse al oír esto toda la plebe circunstante y prorrumpió en los siguientes gritos:

— ¡Viva el Pequeño Porteño!
¡Viva el Porteño Medio! ¡Viva el Porteño Representativo y Federal!

Pero la reacción de Sancho fue muy diferente, porque arrebatándose bruscamente y cayendo sobre el Mozo Mandria con resolución insospechable a su plácida papada y risueña pancita, y agarrándolo por las solapas del saco lo sacudió brutalente imponiendo:

— ¡O usté contesta con su máquina a mi última pregunta, o se las ve conmigo mano a mano, porque creo que aquí debe haber una especie de trampa!

Palideció el Mozo Mandria al oír esto, e hizo bramar de un violento rodadón de la manija toda la máquina, la cual se puso furiosamente al trabajo, viéndose claro que estaba dando todo lo que podía a revientacaldera. Y Sancho se puso a preguntar precipitosamente, al mismo tiempo que sacaba de la cintura un gran facón del tiempo de Rosas:

— ¿En qué quedamos? ¿Los italianos son cobardes o son temerarios?
— Son las dos cosas. Oscilan continuamente entre los dos extremos.
— Y el que oscila, ¿no es más fácil que pase por el medio que el que no oscila nada?
— No, señor, ni por pienso. Los únicos que estamos en el medio somos nosotros.
— ¿En qué medio? ¿En el medio de la vía?
— En el medio de la valentía. “In medio consistit virtus”.
— No me venga a hablar aquí en guaraní o quichua —dijo Sancho—. ¿Y de qué clase de valentía?
— De la valentía que consiste en no dar puñaladas por la espalda.
— ¿Y recibir con paciencia puntapiés por la misma mano?
— ¡Alto! —hizo la Máquina en ese momento con el último vapor que le quedaba—. ¡Este hombre es un traidor! ¡Detengan a este hombre! ¡Es un neutralista, es un totalitario y es un nazi de la quinta columna! —Y dando un gran estallido, se descompuso.
— ¡Alto ustedes! —dijo Sancho enfrentando a la muchedumbre con el facón desenvainado, la cual retrocedió espantada—. ¡Sepan ahora que yo soy italiano, y no sólo italiano, sino calabrés, mejicano y napolitano, y ahora les voy a mostrar, al primero que se ponga, uno a uno, de a dos y de a tres, si quieren, por dónde usamos nosotros los puñaladas!

Dio un grito de desesperación el abriboca multicéfalo de la calle Florida al saber que tenía delante de sí a un calabrés con armas, que con el furor que mostraba y la arrogancia más que otra cosa parecía paraguayo o correntino, y se arrojó a huir en mil direcciones, atropellando a las mujeres y a los vendedores de columbas, que así era posible darle una puñalada en la espalda como volverse turco. Pero Sancho lo manoteó a tiempo y agarró al Mozo Mandria otra vez por la solapa, y dejando caer el cuchillo le dio tal bofetada en los rosados y rasurados mofletes que —con gran espanto suyo— se le cayó la cara y apareció detrás otra carita, pecosa, ganchuda y miope.

— ¡Hola, hola! —dijo el Gobernador—. ¿No dije yo que aquí había trampa?

Sacudióse y convulsionóse el cuitado para garrearse del puño de Sancho, y en esas tironeadas se le arrancó de golpe el impecable —como dicen los radiocharlistas— traje azulgris de casimir inglés, con la corbata de fantasía y los refucilantes zapatos crema y apareció de golpe ante los ojos asombrados de Sancho una muy diversa figura: patas abiertas, zapatones punta arriba, calzones caídos, cara de bobo con rulitos y dos puchos de bigote, nariz aguileña o lechucífera, pavita aplastada y un traje de arlequín multicolor o payaso de profesión, hecho todo con retazos falsos de banderas extranjeras. Parpadeó Sancho un rato como vizcachón al sol sin dar crédito a sus ojos, y al fin, reconociendo al disfrazado, que lo miraba con una sonrisita triste pidiendo lástima, lo agarró con más furor por el cogote y empezó a sacudirlo como un pelele:

— ¡Eras vos, entonces, payaso de nacimiento —decía con poco gobernil decoro—, eras vos, vagabundo reconocido, Juan sin Patria, mercachifle zalamero y sin lomo, hijo de la raza menos guerrera del Universo, que me estabas sembrando la Ínsula de chistes contra Italia, la tierra del amor y de la guerra, la tierra del vino, el canto, la gloria y el catolicismo, con esas manos lavadas que no solamente no son capaces de agarrar un acero por la hoja pero ni la mancera de un arado, ¡qué digo! ni el oro ya lo manejan por pesado, sino inmundos billetes y roñosos cheques todos llenos de endosos al 50 por ciento! ¡Eras vos, que en el fondo no tenés más pasión patriótica que el odio inextirpable a Roma, que representa sólo con existir la muerte de todas tus malas artes y todos tus embustes y trapacerías, que representa el refugio sacro del honor y de la sangre del hombre! ¡Ahora vas a ver por la espalda, como ven los cangrejos, qué es lo que te va a suministrar más abajo de la espalda un hombre de bien, que no anda por el mundo disfrazado!

domingo, 5 de junio de 2011

Nobleza

--¿Qué es un noble?--dijo Sancho. 


-- Difícil de definir, señor. Eso se siente y no se dice. 


-- Es un hombre de corazón --saltaron en el grupo voces por todos lados. Es un hombre que tiene alma para sí y para otros. Son los capaces de castigarse y castigar. Son los que en su conducta han puesto estilo. Son los que no piden libertad sino jerarquía. Son los que se ponen leyes y las cumplen. Son los capaces de obedecer, de refrenarse y de ver. Son los que odian la pringue rebañega. Son los que sienten el honor como la vida. Los que por poseerse pueden darse. Son los que saben cada instante las cosas por las cuales se debe morir. Los capaces de dar cosas que nadie obliga y abstenerse de cosas que nadie prohíbe.

(El Nuevo Gobierno de Sancho.)