Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 18 de marzo de 2021

Padre Castellani, «excelencia argentina decapitada»

 

[https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=40048]

Se cumplen 40 años de la muerte del recordado jesuita (+ Buenos Aires, 15 de marzo de 1981); y hoy son cada vez más las noticias sobre el creciente conocimiento y valoración de su obra, en Argentina y en el exterior.

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Cuenta un sacerdote argentino que, en su Seminario, vio al padre Leonardo Castellani leer con fruición un libro, mientras caminaba por las galerías. Se acercó, y le preguntó sobre la obra que tanto estaba disfrutando. Las Últimas Noticias, fue la respuesta contundente. ¡Pero si es un libro, y no un diario!, descerrajó para retrucar. Son las Últimas Noticias. ¡Estoy leyendo el Apocalipsis!, concluyó el religioso. ¡Castellani puro y lúcido, como tantas otras veces! Le bastaron pocas palabras para dar una clase de Esjatología; y si se quiere, también, de periodismo…

Se cumplen 40 años de la muerte del recordado jesuita (+ Buenos Aires, 15 de marzo de 1981); y hoy son cada vez más las noticias sobre el creciente conocimiento y valoración de su obra, en Argentina y en el exterior. No han faltado, justo es reconocerlo, en esta tierra del fin del mundo, corajudos e inteligentes discípulos y admiradores suyos que, contra viento y marea, en una soledad cubierta de hostigamientos, hicieron casi heroicamente lo imposible por divulgar su legado. Valga citar, por ejemplo, al recordado Cardenal Antonio Quarracino, Arzobispo de Buenos Aires, y primado de la Argentina, entre 1990 y 1998. Y por supuesto, también, al padre Alfredo Sáenz, SJ, quien fuera hermano del padre Castellani, en la Compañía de Jesús; y que le ha dedicado importantes páginas en sus numerosos libros. Y, en las filas de los seglares, a Sebastián Randle, autor de dos voluminosos tomos de lo que constituye, hasta el presente, su biografía más completa; Jorge Ferro, y los organizadores de la Exposición del Libro Católico, entre otros. Pero, como ocurrió con el tango, que primero triunfó en París y, luego, en nuestras pampas, vale reconocer que gracias al escritor Juan Manuel de Prada, y otros intelectuales españoles y de otros puntos de Europa, la obra del sacerdote santafecino se va descubriendo, con nueva fuerza, en este arrabal del globo terráqueo…

Jamás imaginé que daría una clase magistral sobre Castellani, en una universidad europea; y que sería aplaudido de pie, confesó hace un tiempo uno de sus alumnos, padre de un Sacerdote. No pude dejar de comentarle, entonces, lo que me tocó vivir, en 1999, con motivo del Centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges, y del propio Castellani. Los homenajes oficiales, no oficiales, paraoficiales; de intelectuales de brillo, y de mercenarios metidos a intelectuales, se multiplicaban como los hongos después de la lluvia. Toneladas de papel, y ríos de tinta, aquí y allá, ostentaban ditirambos a la figura de Borges. De Castellani, ni una palabra por ningún lado. Seis años después, ya en el Seminario, Mons. Miguel Ángel Irigoyen, me contó que Borges –más allá de la obcecación agnóstica, con que se pretendió y aun se pretende etiquetarlo- murió como hijo fiel de la Iglesia. Y que fue su gran amigo, Mons. Daniel Keegan, entonces Rector de la Catedral de Buenos Aires, quien viajó especialmente a Ginebra para darle, en 1986, la Unción de los Enfermos. No puedo dejar de imaginar la intercesión de Castellani para que su colega, cinco años después de su partida para el Juicio del Eterno Padre –y no, claro está, de la crítica literaria-, muriese con los auxilios de la Santa Religión Católica.

Alternaba yo, en aquel final del siglo XX, mi labor periodística con la enseñanza en colegios secundarios. Y cuando intenté incluir en los tributos centenarios la figura de Castellani, obtuve como resultado expresiones de asombro –por el total desconocimiento de su obra, incluso por parte de profesores de Literatura-, conmiseración, indiferencia e, incluso, de desprecio. Desafiando, entonces, la ignorancia supina y el rechazo, empecé con sus cuentos policiales, para llegar a los adolescentes. Desfilaron, así, por las aulas, Las nueve muertes del padre Metri, y El crimen de Ducadelia y otros cuentos del trío. Colegas y autoridades de esos establecimientos me hicieron sentir, de mil y un modos, su desdén. Los jóvenes, en su gran mayoría, quedaron fascinados. Incluso, varios años después, cuando me encontraban por la calle me gritaban, ¡Gracias, ‘profe’ por habernos hecho conocer a Castellani!...

Providencialmente, a través de mi gran amigo Alejandro Bilyk, propietario de Editorial Vórtice, el Señor ha querido que leyese, en este accidentado verano plandémico, la nueva edición de Cristo y los fariseos; que publicaron, conjuntamente, la propia Vórtice y Jauja. Fue un huracán de frescura que, como ocurre con todas las páginas de Castellani, me sirvió una vez más para interpretar las siempre fugaces noticias, a la luz de las Últimas Noticias… Baste tan solo una cita de Castellani, que hace Eduardo Allegri, en la Introducción, para vislumbrar la esencia del libro: El fariseísmo es esencialmente homicida y deicida. Da muerte a un hombre por lo que hay en él de Dios. Instintivamente, con más certidumbre y rapidez que el lebrel huele la liebre, el fariseo huele y odia la religiosidad verdadera. Es el contrario de ella, y los contrarios se conocen. Siente cierto que, si él no la mata, ella lo matará.

En el capítulo titulado, El dulce Nazareno, se recoge este planteo de Castellani:

  • ¿Una pateadura puede salvar un alma?
  • No- es la respuesta corriente. Pero si una pateadura no pudiese salvar un alma, Cristo no hubiese dado pateaduras. Y el Evangelio nos relata dos formidables pateaduras por lo menos, dadas por Cristo a los mercaderes del Templo.

Suprimid la indignación viril en Cristo y suprimís su virilidad. La indignación viril queda borrada de la lista de las virtudes cristianas. Y la indignación justa, con todos sus gestos y sus efectos, es una virtud.

Dejo, también, aquí, otra expresión que me impactó hondamente: Sólo el fariseísmo puede devastar a la Iglesia por dentro, sin lo cual ninguna persecución externa le haría mella, como vemos por su historia, pues ‘la sangre de los mártires es semilla de cristianos’. Si la Iglesia está pura y limpia, es hermosa, y atrae, no repele. Atrae prodigiosamente, como se vio ya en su asombrosa propagación entre dificultades sin cuento, muertes y martirios.

No es mi propósito hacer una recensión de la obra. Dejo esa labor para quienes puedan realizarla. Traje, tan solo, algunas de sus frases emblemáticas, para alentar el interés por leer o releer a Castellani. Si alguno de los lectores de esta nota lo hace, me sentiría más que satisfecho. Ni qué hablar si algún profesor de colegio secundario se anima a desafiar al sistema, al Estado profundo, como se lo llama ahora; y aun exponiéndose a perder su trabajo, decide incluir sus obras en las clases…

Vuelvo, por un momento, al querido e inolvidable Cardenal Quarracino. Como decíamos más arriba, a él se le debe en gran medida que el padre Castellani fuera rescatado del olvido e, incluso, de la cultura de la cancelación; como se denomina, actualmente, a los despiadados hostigamientos, contra quienes se animan a desafiar el totalitario pensamiento único. En 1996, a quince años de la muerte de Castellani, el purpurado enfatizaba, en un homenaje: Vivimos en un tiempo, en una sociedad, en un país muy proclive al olvido y muy reacio a admitir y reconocer las excelencias y las gratitudes… Alguna vez definí a la Argentina como el país de las oportunidades perdidas, y añadí de manera un tanto pedante, el país de las excelencias decapitadas. A veces da la impresión de que, si alguien sobresale, de inmediato le rompen la cabeza. Entre esas excelencias decapitadas hay que ubicar la figura del padre Castellani.

No se equivocó, por cierto, el valiente primado. Estas palabras, tranquilamente, podrían decirse hoy; 25 años después. Me viene a la memoria, de cualquier modo, aquello que otro poeta argentino, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte); ciertamente, desde otros ámbitos, escribió en Piu avanti: No te des por vencido ni aún vencido, no te sientas esclavo, ni aún esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz ya mal herido… ¡Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza!

Quisieron decapitar a Castellani, y solo lograron multiplicar su legado. Él mismo lo intuyó: Los profetas vivos dan disgustos; los profetas muertos dan dinero. Aunque en eso se quedó corto. Además de plata dan, por todas partes, una riqueza mucho mayor; desbordante de anticipos de eternidad…

 

+ Padre Christian Viña

miércoles, 17 de marzo de 2021

A cuarenta años de la muerte del P. Castellani

 

lunes, 15 de marzo de 2021

A cuarenta años de la muerte del P. Castellani

 


P. Leonardo Castellani 

16/XI/1899 - 15/III/1981


Religión es religación o unión amorosa con Dios, no espantamientos contra un ‘destino’ inexistente, que los idólatras de todos los tiempos han creído inexorable, por ignorar y menospreciar de hecho la maravillosa intervención de la Divina Providencia. La tranquilidad ante el mañana incierto, el hombre verdaderamente religioso lo obtiene por añadidura (Mt. VI:33). Además, toda violencia, miedo y tristeza, no suele ser de Dios. 

La vida devota no es un conjunto de prácticas y reglas fastidiosas, que fraccionan la vida, pero son ineludibles; una lucha contra los deseos permitidos que es necesario trabar para vencerse; en fin, la ejecución de lo más molesto para salir victorioso de sí mismo (Y, sin confesarlo, ¡se saborea la victoria!).

Pues bien, ¡no, no y no! Todo esto es estar en el abecé de la vida espiritual; es no haber comprendido el amor ni el esplendor de Dios y del hombre. 

La verdadera piedad, el amor verdadero, es una vida: una vida transformada, una vida apacible, llena de confianza en Dios; una vida gozosa, porque es libre, una vida amante, porque se ha dado, una vida de maravillosa dilatación del alma… ¡una novedad de vida! Una de las cosas más sorprendentes del cristianismo, para el que lo mirase como una mera regla moral, sin espiritualidad, es ver cuántas veces los reprobados por Dios son precisamente los que quieren multiplicar los preceptos, como los fariseos de austera y honorable apariencia; mientras en la Epístola a los Gálatas San Pablo lucha por quitar preceptos en vez de ponerlos, con gran escándalo del beaterío de su época. Es esto un ejemplo notable para comprender que lo esencial, para el Evangelio, está en nuestra espiritualidad; es decir, en la disposición de nuestro corazón para con Dios. 

Lo que Él quiere, como todo padre, es vernos en un estado de espíritu amistoso y filial para con Él, y de ese estado de confianza y de amor hace depender, como lo dice Jesús, nuestra capacidad (que sólo de Él viene) para cumplir la parte preceptiva de nuestra conducta.

Domingueras Prédicas II, Mendoza, Jauja,1998 268-69.


jueves, 11 de marzo de 2021

Sobre la esperanza y sus contrarios

 

Leonardo Castellani

[https://blogdeciamosayer.blogspot.com/2021/03/sobre-la-esperanza-y-sus-contrarios-p.html] 

Leopoldo Marechal se sirvió, en su novela Adán Buenosayres, de un imaginario «descenso a los infiernos» para hacer ver las miserias más típicas del ser argentino. Estructura su infierno en torno a los ocho pecados capitales (que en la más antigua tradición eran justamente ocho, aunque hoy se cuentan siete). Cada círculo infernal responde a uno de los vicios. El quinto es la pereza.

Al pretender abandonar el quinto infierno, Adán, el protagonista, se encuentra con unas apariciones que le cierran el paso. Son los «potenciales», como los llama Marechal. «Lector vidente, raro es el hombre que escondido en la intimidad segura de su alma, no haya inventado para sí destinos locos, aventuras imposibles, gestos desmesurados y personificaciones absurdas que, forjadas en el inviolable taller del ensueño, no se atrevería él a confesar ni bajo tortura».

Se le presenta el primero: «Yo habría sido aquel Edison Anabaruse, aquel muchacho boxeador, la Pantera Salvaje de Villa Crespo... (que) vencí o habría vencido a Jack Dempsey en la segunda vuelta de aquel match formidable...» El segundo, Don Brandán Esoseyúa, que pregunta ante la pampa desierta: «¿dónde están los establecimientos ideales, las estancias maravillosas que yo fundé o habría fundado en el sur, distribuyendo mis tierras entre los colonos que trabajaban como ángeles y proliferaban como bestias, no sin que una y otra función les dejara tiempo para leer a Virgilio y meditar la Política de Aristóteles?». El tercero también se interpone, pese a la súplica de Adán: «–¡Usted no! ¡Sería demasiado ridículo! –¿Ridículo? Yo, Bruno de San Yasea, en pleno siglo XX, asumí o asumiría el gobierno de la República; y durante ocho lustros regí sus destinos con una mano de hierro y otra de azucena... En llanos, montes, aldeas y urbes templé y armonicé las clases sociales como si fuesen las cuerdas de un laúd... Y aún falta lo sublime: ...quise darles el ocius necesario, la oportunidad de redescubrir en ellos la imagen del Creador. Y fue así como, ni bien logré o habría logrado que el solar argentino fuese una “gran provincia de la tierra”, conseguí también que se transformara en una “gran provincia del cielo”... Se vio cómo los desertores de la ciudad construían sus Tebaidas en los eriales de Santiago del Estero, en la Puna de Atacama o en la travesía de San Luis. ¡Gran Dios, las catedrales brotaban como hierbas!» (Vale la pena leer toda la fantasía política de San Yasea).

Y, por fin el último: «En la provincia de Corrientes, a orillas de la misteriosa Iberá, existe una región insalubre que parece dejada de la mano de Dios. ¿Recuerda el sitio? En aquella comarca y llamado por el Señor a las duras vías de la penitencia, edifiqué o habría edificado mi ermita, un chiquero de paja y barro casi hundido en la ciénaga. El sol implacable, los ponzoñosos vahos de la laguna y las trompas mordientes de los insectos castigaban allá toda carne; de modo tal que yo, fray Darius Anenae O.S.B., consagré o habría consagrado mis días y mis noches a lavar las llagas de los leprosos, enterrar a los muertos,  restañar el llanto de las viudas y alimentar a los huerfanitos».

Éstos eran los potenciales de Adán, que describe muy adecuadamente como peleles, casi figuras humanas, con contornos apenas esbozados en una materia sin color y traslúcida como el celuloide, de extrema liviandad, que se bamboleaban pero nunca caían, como los monigotes de base redonda con que juegan los niños. Una buena descripción para esas imaginaciones tan nuestras, que elaboramos en modo potencial: yo sería, yo haría, yo habría hecho...; o en modos verbales cercanos: ¡ah, si yo fuera, si yo pudiese, si yo hubiera o hubiese hecho...!, y que están bien ubicadas en el infierno de la pereza, cerrándonos el paso, impidiéndonos salir de él.

Porque si el cristianismo es esperanza (y lo es fundamentalmente), el peor enemigo de la esperanza cristiana no es tanto la desesperación, a pesar de ser su contrario, sino esta suerte de falsa esperanza que aceptamos complacidos, no sólo en la adolescencia sino también en la vida adulta, como un ejercicio de la fantasía o un juego de la imaginación, pero que muchas veces es refugio de nuestra cobardía y pretexto de nuestra pereza ante la propia conciencia, que se duerme acunada por estos cuentitos de hadas.

Justamente lo contrario es lo que hace la esperanza. Al activar el deseo, la esperanza pone en marcha la acción, es virtud que impulsa a la ejecución, no en modo potencial sino en indicativo. Acción presente o futura, pero siempre real. La esperanza, que considera el bien futuro como posible, aunque sea arduo y trabajoso, impulsa el deseo para transformar eso posible en real, lo futuro en presente, lo perseguido en alcanzado, el bien deseado en gozado. Y lo hace en relación al más alto bien de la Vida Eterna (por eso es esperanza teologal), pero también en relación a los otros altos bienes, siempre con referencia al fin último. Eso es la santidad. Y buena falta le está haciendo al tiempo presente hombres y mujeres con esta esperanza, en una nación desde hace años llena de «potenciales» –no de potencias–.

De esta manera la esperanza hace al hombre magnánimo, mientras que la falta de esperanza lo transforma en perezoso y pusilánime, alguien que vive de sueños o fantasías, delirios de grandezas o, cuando menos, inútiles buenas intenciones, de las que está lleno el infierno, según certifica uno de esos potenciales de Marechal.

Toda verdadera grandeza depende de la esperanza. Es grande el que espera grandes cosas, y pequeño el que espera pequeñeces. Y al mismo tiempo la fortaleza que permite soportar la adversidad y perseverar en la ardua búsqueda del ideal (último o intermedio), la decisión y el temple de la voluntad dependen también de ella. Cierto es que sin la caridad cristiana podría entenderse mal esta esperanza, convirtiéndola en una virtud voluntarista, puramente humana y hasta, a veces, soberbia. Pero eso no sucede al cristiano.

Porque el cristiano funda su esperanza en la Gracia de Cristo. Si el cristianismo ha podido producir verdaderos Brandán Esoseyúa, Bruno de San Yasea y Darius Anenae (no estoy seguro de un Edison Anabaruse), es porque Cristo, que alimenta nuestra esperanza y nos hace capaces de lo grande, de esperar y desear lo excesivo sólo porque nos ha sido prometido.

La esperanza del cristiano es cierta, no caben en ella dudas ni potenciales. Su certeza viene de la promesa, el anuncio recibido, que es la Buena Noticia (el Evangelio). No necesita de utopismos, sueños o quimeras, porque está seguro. Y no vacila.

Es lo que enseña Santo Tomás (S. Th. II-II, q,7, a.1): «Obiectum spei est bonum futurum arduum possibile haberi», el objeto de la esperanza es tener por posible el arduo bien futuro. Como en el caso eminente de la Santísima Virgen: «Feliz de ti –le dice Isabel a María en su visita– por haber creído que se cumplirá –no en potencial– lo que te fue anunciado de parte del Señor». El haber creído (que equivale a un haber confiado) no conlleva dudas; es certeza. Como de otro modo lo expresa el místico y poeta San Juan de la Cruz en su Oración del Alma Enamorada: «confiaré en que no te tardarás si yo espero». La esperanza como fruto de la confianza, como motor de ésta durante la tardanza, condición para el fin de ese tardar. Todo a la vez. Dicho para nosotros, para que olvidemos las luchas con peleles imaginarios y descubramos el objeto de nuestra esperanza:

¿Quién se podrá librar de los modos y de las metas bajas, si no lo levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas si no lo levantas tú, Señor, con la mano con que lo hiciste?
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu Hijo Jesucristo, en quien me diste todo lo que quiero. Por eso confiaré en que no te tardarás si yo espero.
Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos, y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios. Y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Entonces, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos, ni repares en migajas. Sal fuera y gloríate en tu gloria. Escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

* En «Revista Gladius» n°51, 15 de agosto de 2001. Artículo que fue enviado a dicha revista por el Dr. Luis A. Barnada. Reproducido en el blog Decíamos Ayer....

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Castellani como periodista (2ª parte)

 

Cultura
SEGUNDA PARTE DE LA CONFERENCIA RECUPERADA SOBRE LA RELACION DEL SACERDOTE-ESCRITOR CON LA PRENSA

Castellani como periodista (II)

El aterrizaje de Castellani en el periodismo tuvo un inesperado efecto apostólico, que también me explicó Carlitos Ibarguren, pues fue él quien, fino observador, lo advirtió en su momento, siendo asimismo partícipe del fenómeno.

Dividía Carlitos a los nacionalistas en dos grandes grupos: los "catos" y los "curdos". "Catos" eran los católicos, provenientes muchos de los Cursos de Cultura Católica, con buena formación doctrinal y firmes defensores del aspecto religioso incluido en el legado hispánico. Los "curdos", en cambio, eran los viejos muchachos, patriotas instintivos a quienes las cuestiones espirituales los habían tenido más o menos sin cuidado, provenientes de la milonga y proclives al castañazo y el exabrupto. Carlitos se preciaba de contarse entre ellos. 

No en vano, con malévola exageración, cierta publicación de izquierda, al informar sobre un acto político donde habló Carlitos y terminó en trifulca, dijo de él: "Harto de apalear mujeres y romper espejos en los cabarets se hizo fascista".

Pues bien, esos viejos muchachos, afines con los que décadas atrás habían militado en la "Liga Patriótica" de los Carlés, advirtieron un día con sorpresa que un cura era de los suyos. Y lo advirtieron a través de los escritos del Padre Castellani en las publicaciones nacionalistas que mencioné.

Descubrimiento éste que los impulsó, primero, a mirar al clero con mayor interés y, paulatinamente, hacia unas prácticas religiosas de las que habían estado lejos, pese a conocerlas por ser hijos de madres devotas. 

Ejemplo de ello es el caso de Eduardo Muñiz, Nenucho, temible dibujante en varias de las publicaciones nacionalistas que he mencionado. Nenucho era agnóstico y, como digo, poseedor de una cáustica agudeza, que se revelaba en sus caricaturas. Sin embargo, admirador de Castellani, terminó concurriendo los domingos a la iglesia del Tránsito, provisto de un grabador, a fin de registrar los comentarios al Evangelio que hacía el cura en su sermón. Comentarios que, conviene apuntarlo, dieron lugar a ese espléndido libro de éste que se llama, precisamente, El Evangelio de Jesucristo. Y a otros sucesivos que se siguen publicando bajo el título de Domingueras Prédicas.

-o-

Ruego me disculpen si me cito a mí mismo. Pero, como ya me ocupé de Castellani como periodista en un librito lleno de erratas que me publicó la editorial AZ, repetiré unos párrafos del mismo que estimo oportunos. Digo allí:

""Para calibrar adecuadamente las implicancias de su actuación periodística, en órganos de definido carácter ideológico, es necesario recordar que ésta tiene lugar a principios de la década del 40 y que la Segunda Guerra Mundial había dividido al planeta en general y a Buenos Aires en particular, determinando bandos ferozmente enfrentados: aliadófilos y germanófilos, nacionalistas y democráticos, fascistas y cipayos, dicotomías todas que encerraban una oposición inconciliable. Ello, naturalmente, informa la política de la época y le confiere áspera intemperancia: no está el horno para bollos. Y, apenas concluida la guerra, el advenimiento de Perón determinará que nadie baje la guardia, continuando los enfrentamientos con otros motivos inmediatos y parecidas causas mediatas.

"En este ambiente caldeado esgrime Castellani su pluma de periodista, asistida por luengos saberes teológicos, filosóficos, históricos, psicológicos, literarios. Y, si bien nuestro autor tratará con altura catedrática temas específicamente ligados con su formación académica, en otras oportunidades utilizará tal formación para opinar en cuestiones de picante actualidad. Si a ello se agrega el personalísimo sentido del humor que posee y su invariable costumbre de llamar a las cosas por su nombre, se comprenderá por qué sus artículos, leídos con avidez, levantan roncha".

Castellani era lo que luego se llamaría "un escritor comprometido". Pese a lo cual, nunca se definió a sí mismo como nacionalista, aunque nacionalistas hayan sido la gran mayoría de sus amigos. Y aunque llegara a ser candidato a diputado por la Alianza Libertadora Nacionalista, postulación que terminó de arruinar su relación con la Compañía de Jesús.

Dije que fue un "escritor comprometido" y que nunca se definió a sí mismo como nacionalista. Lo que pasó es que su verdadero compromiso fue con la verdad, tal como la veía en cada caso abordado por su aguerrida pluma.

-o-

Mis amigos y yo tuvimos un periódico que se llamó De Este Tiempo y que apareció en los años sesenta. Castellani escribía en él con bastante regularidad. Y, a propósito de sus colaboraciones, recuerdo que llegaban escritas a mano, con esa letra suya amplia, clarísima, casi escolar, que ponía de manifiesto su intención de ser entendido, a la vez que revelaba la falta de afectación de su carácter.

Dicen que sabía escribir a máquina, pero no lo hacía. De allí que mencionar "su aguerrida pluma", como acabo de hacer, no sea en realidad una metáfora.

Bueno ¿y qué decía la aguerrida pluma del propio Castellani sobre el periodismo y los periodistas? Un botón de muestra es el capítulo denominado "La Información", de su libro El nuevo gobierno de Sancho.

En pleno ejercicio del mando, instalado Sancho en la Sala de Sumas Examinaciones, se presenta un candidato a examinarse y Sancho pregunta:

-¿Quién es?

Le responde su colaborador Pedro Recio:

-Señor, es un aprovechado garzón destos reinos que acaba de acabar sus estudios.

-¿Pariente de los Garzones de Córdoba?

-No, señor, en modo alguno. Ni por pienso.

-¿Y qué estudios ha hecho?

-Estudios de periodista.

-¿Dónde?

-En todos los cafés, bares y bebederos públicos desta Insula.

-¿Qué leyó?

-Todos los libros de la Editorial Tor y la Editorial Claridad y además las obras completas de Vargas Vila, sin contar que tiene aprobado el bachillerato argentino (aclaro yo que la editorial Claridad es una editorial masónica y que Vargas Vila era un autor pornográfico).

-¿Qué demanda?

-Demanda de su Prominencia solamente el merecido diploma de Redactor de Primera Plana y, si fuera posible, el correspondiente puesto en el mejor diario de la Insula.

A continuación Sancho toma examen al candidato, del cual extraeré sólo algunas preguntas y respuestas.

-Señor Periodista ¿cómo se llaman las noticias del extranjero?

-Información.

-¿Y las noticias del país?

-Otras informaciones de carácter local.

-¿De qué hablará Chamberlain en su próximo discurso?

-De los fines de la guerra aliados.

-¿Y en el otro siguiente?

-De los fines aliados de la guerra.

-¿Y Hitler?

-Del Tratado de Versalles.

-¿Y Roosevelt?

-Del cariño que tiene a Sudamérica.

-¡Muy bien! Y dígame un poco ¿cómo son las incursiones nocturnas?

-Infructuosas.

-¿Y el fuego de artillería?

-Nutrido.

-¿Cómo se retiran las patrullas enemigas?

-En desorden

-¿Y nuestras tropas?

-Habiendo obtenido todos sus objetivos.

-¿Por qué peleamos nosotros?

-Por la justicia y el derecho.

-¿Quién tiene la culpa de la guerra?

-Los contrarios.

-¿Hacia dónde vamos con certeza?

-Hacia la victoria.

-La victoria ¿qué traerá?

-Un mundo mejor.

-Un mundo mejor ¿en qué consiste?

-En la fraternidad universal, por encima de todas razas y religiones.

Como ven, Castellani no era un devoto admirador de la sapiencia periodística en general, aunque respetaba y sentía afecto por algunos periodistas en particular. Escribió también sobre la prensa:

El diario de hoy es viejo y dice lo mismo que ayer.
Homero es nuevo como el sol.
El diario lo sé de memoria y por eso me pongo a leer
la última noticia en Platón.

Pues bien, pese a no considerar al periodismo un sacerdocio y pese a no guardar una actitud reverente ante la prensa, el cura ejerció el periodismo con denuedo, valiéndose de la prensa para servir a la patria y divulgar esforzadamente la verdad. Que no es poco mérito.

*Esta conferencia fue pronunciada el 14 de octubre de 2011 en la Universidad Católica Argentina.

 

lunes, 25 de enero de 2021

Castellani como periodista

 

ESTA CONFERENCIA RECUPERADA EXAMINA LA RELACION AMBIVALENTE QUE EL SACERDOTE-ESCRITOR MANTUVO CON LA PRENSA

Castellani como periodista (I)

jueves, 14 de enero de 2021

Conferencia de J. M. De Prada sobre Castellani y el género apocalíptico

Juan Manuel de Prada impartirá una conferencia telemática organizada por la Diócesis de Getafe que tratará sobre ‘La actualidad del género apocalíptico. Una visión contemporánea desde la figura de Leonardo Castellani’.

La charla tendrá lugar el 18 de enero, a las 20.00 horas (16 hs. Argentina, 15 hs. Venezuela, 14 hs. Perú, 13 hs. México) y a su término los participantes podrán realizar preguntas.

En el siguiente enlace encontrarán información para inscribirse en el encuentro

https://www.diocesisgetafe.es/index.php/noticias/convocatorias/309-convocatorias-2020/6615-el-escritor-juan-manuel-de-p

Más información (gentileza S. Randle): https://infovaticana.com/2021/01/16/la-diocesis-de-getafe-invita-a-juan-manuel-de-prada-a-hablar-de-leonardo-castellani/

jueves, 24 de diciembre de 2020

Homilía de Navidad (1964)

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/ba/Adorazione_del_Bambino_-_Beato_Angelico.jpg/1200px-Adorazione_del_Bambino_-_Beato_Angelico.jpg
 
 La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño – aunque eso nos enternece – sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: “apareció la benignidad y la humanidad de Dios – dice San Pablo; “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo” – dice San Juan. “Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como ésta podía mostrar su amor a los hombres” – dice Santo Tomás.
 
Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: “propter nimiam caritatem suam qua dilexit no” – o sea, por la caridad loca con que nos amó (Ef.2,4). Ese es el misterio.
 
Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacificador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el mundo caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: “Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia”. El Niño Dios hubiese contestado: “Lo que me interesa son los individuos: por esos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz” -. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.
Los antiguos no comprendía el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos que existe. 
 
Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento – y el temor – a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con los hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: “El amor busca iguales”, “amor pares invenit”, al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: “aut facit”, ¡o los hace! “El amor busca iguales o los hace”. Así Dios comenzó por igualarse a los hombres haciéndose hombre “nacido de mujer, nacido bajo la Ley”, y después trató de igualarnos con Él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues “seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es” dice el Evangelista del Amor (I Jn.3,2). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español:
 
“Si dese temblar de Dios
Yo también la causa fui
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
Cuando yo tiemble y no Vos?
 
En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es el Infierno, anda cerca. “Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe” – que ése es el cántico de los ángeles: “tées eudokías”: no dice “de buena voluntad” sino de buena doctrina, de fe: “paz a los bienaventurados” (Lc.1,14): ésa es la palabra.
 
Para el amor se precisan dos. EL Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre – una familia; también un padre postizo; al cual Dios Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque e agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, - contra lo que dice dél el “el negro gordo”, o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:
 
“Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenemos, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, su madre olvidada…
Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos…
 
Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: “hay negros de todos colores”. (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; “El gallego ese”. Y le dijeron: “¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca”. Y él retrucó: “¿Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades”).
 
Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrarlo, como hicieron y hacen después de él mucho filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡cómo! Y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas la amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). 
 
Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino amistad conyugal –. Y él con una mujer se portó como un caballero andante – como Don Quijote con Dulcinea – si no es irreverencia.
 
Así que “tanto amó Dios al mundo”, con una caridad de chiflado, que le dio su Hijo Unigénito para que salvara al mundo – con el Amor rectificado y santificado.
 
Domingueras Prédicas

lunes, 16 de noviembre de 2020

Conferencia del Padre Biestro

El próximo viernes 20 de noviembre, a las 20:30 hs. de la Argentina, cierra el ciclo de Conferencias sobre el Padre Leonardo Castellani, con la charla 

"Aventura y Naufragio: Un recorrido por la poesía Jauja" a cargo del Pbro. Carlos Biestro. 

La transmisión en vivo será por el canal de YouTube del Instituto Padre Castellani y Ediciones Jauja: https://www.youtube.com/channel/UCnDAMQkijYGRiLHIwIzhxFw/

La imagen puede contener: 1 persona, texto que dice "CICLO DE CONFERENCIAS CASTELLANI: aventura y naufragio Aventura y naufragio Un recorrido por la poesía "Jauja" P. Carlos Biestro Viernes 20/11 20:30 hs ORGANIZA: Instituto P. Leonardo Castellani AUSPICIA: Ediciones JAUJA"

jueves, 22 de octubre de 2020

Más noticias del Proyecto "Apokalypsis" de Castellani

[Del Facebook de Caravel Producciones:]

Prueba de maquillaje con la genia y talentosa @jose.helguera ! Ya tenemos fecha de rodaje! No tenemos ni 1/3 del presupuesto pero sobra confianza en la Providencia!!!
Para ser instrumento de la providencia visitá www.apocalipsiscastellani.com
 

lunes, 19 de octubre de 2020

jueves, 8 de octubre de 2020

Proyecto "Apokalypsis": Novedades

 En una entrada anterior informamos sobre la miniserie documental inspirada en la obra El Apokalypsis de San Juan del P. Leonardo Castellani en la que están trabajando unos amigos de Caravel Producciones. Aún están necesitando aportes para continuar la filmación y producción, por lo que pueden ponerse en contacto con ellos para hacer su donación, por mínima que sea. 

A continuación, los avances del primer episodio.


martes, 29 de septiembre de 2020

Anécdota de Carlos Desimone

Hace un tiempo que quiero contarles esa anécdota:

Cuando el Padre Castellani fue expulsado de los Jesuitas, quien le dio asilo en su Diócesis salteña fue Monseñor Tavella. El Secretario del Obispado era, por ese entonces, mi tío el R.P. Roberto Desimone, salesiano.
 
Como mi tío pasaba sus vacaciones de verano en su Mendoza natal, si bien su alojamiento habitual era el Colegio Don Bosco, la siesta, sagrada en estos lares, lo sorprendía en casa, después del almuerzo.
 
En una ocasión, siendo yo Cadete del Colegio Militar de la Nación, durmió la siesta en mi habitación y descubrió sobre mi mesa de luz un libro del P. Castellani.
 
Me preguntó si lo leía y me contó la historia.
 
Al día siguiente recorrimos todas las librerías de Mendoza y me compró todos los libros que encontramos del P. Castellani, los que he leído y aún conservo. 
 
Esta historia data de entre los años 1982 y 1985, sin poder precisar exactamente cuál.
 
Si era ya por entonces asiduo lector de su obra, que un tío mío, sacerdote como él, me haya transmitido la bondad de sus escritos, y la contemporaneidad de su vida con la del P. Castellani, no hizo más que engrandecer su figura ante mis ojos.
 
Mi tío también fue un santo: fundador y primer Rector del Instituto de Humanidades de Salta y creador de la Orquesta Sinfónica Juvemil que supo deleitarnos en el Club Mendoza de Regatas.
 

 
 
 
Tomado del Grupo de Facebook "Padre Leonardo Castellani", reproducido con permiso del autor.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Conferencia del Dr. Sergio Castaño

 Actualización: Aquí se puede ver la conferencia del Dr. Castaño.

Transmisión por canal de You Tube: https://www.youtube.com/channel/UCnDAMQkijYGRiLHIwIzhxFw/ 
 
Sobre el expositor:

Sergio Castaño (Buenos Aires, 1962) es investigador principal del CONICET y profesor titular por concurso de Derecho Político II (Teoría del Estado) en la Fac. de Derecho y Cs. Sociales de la Univ. Nacional del Comahue, así como director del Centro de Estudios Políticos de la Fac. de Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales de la Univ. del Norte Santo Tomás de Aquino.

Es Doctor en Derecho Político de la Univ. Nac. de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Filosofía de la Univ. Abat Oliva de Barcelona. Becario postdoctoral de la Fund. Universia en España, Italia y Alemania, realizó estudios postdoctorales en el Max Planck Institut für europäische Rechstegeschichte.

Ha sido profesor por concurso en la Fac. de Derecho de la UBA, y en las Universidades Católica Argentina, Austral, Católica de La Plata, FASTA, Santo Tomás de Chile y San Sebastián de Chile. Es autor de más de 140 artículos, entradas y capítulos en publicaciones científicas alemanas, italianas, españolas, polacas, mexicanas, brasileñas, colombianas, chilenas, uruguayas y argentinas. Autor, además, de varios libros.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Roque Raúl Aragón y una semblanza del P. Castellani

 [Tomado de The Wanderer.]

 

Estimado Wanderer:
Hace la friolera de 27 años, en Bella Vista con los entonces muchachos de la Guardia de San Miguel, organizamos dos "Jornadas de Celebración del P. Castellani" que se desarrollaron los días 14 y 15 de agosto de 1993. 
Hace unos días, me topé por casualidad con los "cassettes" en los que habían quedado grabadas las charlas, debates y discusiones que tuvieron lugar durante aquellos dos inolvidables días. Pero, claro, la perla escondida, estaba en la señal de los festejos, la conferencia inicial de Roque Raúl Aragón, el fundador de la Guardia (junto con el P. Pinto O.P.) quien, en escasos 30 minutos, con su inconfundible cadencia tucumana, su articulado y sencillo castellano (desgrabarlo fue un placer, tan fácil se imponía la puntuación), su tono entre melancólico y esperanzado, su voz de argentino católico militante usque ad finem y su escondida sabiduría, nos entregó a un Castellani perfectamente retratado. 
Como oirán, se trata de una obra maestra de un maestro, un perfecto ejemplo de buena retórica, de oratoria amable, de... sencillo testimonio (con razón que lo queríamos tanto). 
Encontré esta versión en un cassette medio perdido entre mis cosas y lo hice convertir a un formato accesible para los amables lectores del blog de usted. 
Lo encontré de casualidad (sino que la casualidad no existe). 
Sursum corda, 

Jack Tollers

 

 

Aprovechamos para pedir oraciones por la pronta recuperación del biógrafo de Castellani, el Dr. Sebastián Randle.