Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 17 de noviembre de 2023

Una Religión y una Moral de repuesto

En vísperas de una nueva jornada electoral en la Argentina, vayan estas luminosas y esclarecedoras líneas, que son como «un llanto sobre la Patria», y escritas hace ya más de sesenta años, pero de gran actualidad.

Le hemos rendido el debido culto, en la medida en que no podemos sustraernos, so pena de multa.

El democratismo liberal, en el cual somos nacidos, uno puede considerarlo como una herejía, pero también por suerte como un carnaval o payasada: con eso uno se libra de llorar demasiado, aunque tampoco lo es lícito reír mucho. Ahora está entre nosotros en su desarrollo último –en su desarroi, como dicen los franceses– y una especie de gozo maligno es la tentación del pensador, que ve cumplirse todas sus predicciones, y desenvolverse por orden casi automático todos los preanuncios de los profetas y sabios antiguos que –empezando por Aristóteles– lo vieron venir y lo miraron acabar…, como está acabando entre nosotros. [SEGUIR LEYENDO]

jueves, 18 de marzo de 2021

Padre Castellani, «excelencia argentina decapitada»

 

[https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=40048]

Se cumplen 40 años de la muerte del recordado jesuita (+ Buenos Aires, 15 de marzo de 1981); y hoy son cada vez más las noticias sobre el creciente conocimiento y valoración de su obra, en Argentina y en el exterior.

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Cuenta un sacerdote argentino que, en su Seminario, vio al padre Leonardo Castellani leer con fruición un libro, mientras caminaba por las galerías. Se acercó, y le preguntó sobre la obra que tanto estaba disfrutando. Las Últimas Noticias, fue la respuesta contundente. ¡Pero si es un libro, y no un diario!, descerrajó para retrucar. Son las Últimas Noticias. ¡Estoy leyendo el Apocalipsis!, concluyó el religioso. ¡Castellani puro y lúcido, como tantas otras veces! Le bastaron pocas palabras para dar una clase de Esjatología; y si se quiere, también, de periodismo…

Se cumplen 40 años de la muerte del recordado jesuita (+ Buenos Aires, 15 de marzo de 1981); y hoy son cada vez más las noticias sobre el creciente conocimiento y valoración de su obra, en Argentina y en el exterior. No han faltado, justo es reconocerlo, en esta tierra del fin del mundo, corajudos e inteligentes discípulos y admiradores suyos que, contra viento y marea, en una soledad cubierta de hostigamientos, hicieron casi heroicamente lo imposible por divulgar su legado. Valga citar, por ejemplo, al recordado Cardenal Antonio Quarracino, Arzobispo de Buenos Aires, y primado de la Argentina, entre 1990 y 1998. Y por supuesto, también, al padre Alfredo Sáenz, SJ, quien fuera hermano del padre Castellani, en la Compañía de Jesús; y que le ha dedicado importantes páginas en sus numerosos libros. Y, en las filas de los seglares, a Sebastián Randle, autor de dos voluminosos tomos de lo que constituye, hasta el presente, su biografía más completa; Jorge Ferro, y los organizadores de la Exposición del Libro Católico, entre otros. Pero, como ocurrió con el tango, que primero triunfó en París y, luego, en nuestras pampas, vale reconocer que gracias al escritor Juan Manuel de Prada, y otros intelectuales españoles y de otros puntos de Europa, la obra del sacerdote santafecino se va descubriendo, con nueva fuerza, en este arrabal del globo terráqueo…

Jamás imaginé que daría una clase magistral sobre Castellani, en una universidad europea; y que sería aplaudido de pie, confesó hace un tiempo uno de sus alumnos, padre de un Sacerdote. No pude dejar de comentarle, entonces, lo que me tocó vivir, en 1999, con motivo del Centenario del nacimiento de Jorge Luis Borges, y del propio Castellani. Los homenajes oficiales, no oficiales, paraoficiales; de intelectuales de brillo, y de mercenarios metidos a intelectuales, se multiplicaban como los hongos después de la lluvia. Toneladas de papel, y ríos de tinta, aquí y allá, ostentaban ditirambos a la figura de Borges. De Castellani, ni una palabra por ningún lado. Seis años después, ya en el Seminario, Mons. Miguel Ángel Irigoyen, me contó que Borges –más allá de la obcecación agnóstica, con que se pretendió y aun se pretende etiquetarlo- murió como hijo fiel de la Iglesia. Y que fue su gran amigo, Mons. Daniel Keegan, entonces Rector de la Catedral de Buenos Aires, quien viajó especialmente a Ginebra para darle, en 1986, la Unción de los Enfermos. No puedo dejar de imaginar la intercesión de Castellani para que su colega, cinco años después de su partida para el Juicio del Eterno Padre –y no, claro está, de la crítica literaria-, muriese con los auxilios de la Santa Religión Católica.

Alternaba yo, en aquel final del siglo XX, mi labor periodística con la enseñanza en colegios secundarios. Y cuando intenté incluir en los tributos centenarios la figura de Castellani, obtuve como resultado expresiones de asombro –por el total desconocimiento de su obra, incluso por parte de profesores de Literatura-, conmiseración, indiferencia e, incluso, de desprecio. Desafiando, entonces, la ignorancia supina y el rechazo, empecé con sus cuentos policiales, para llegar a los adolescentes. Desfilaron, así, por las aulas, Las nueve muertes del padre Metri, y El crimen de Ducadelia y otros cuentos del trío. Colegas y autoridades de esos establecimientos me hicieron sentir, de mil y un modos, su desdén. Los jóvenes, en su gran mayoría, quedaron fascinados. Incluso, varios años después, cuando me encontraban por la calle me gritaban, ¡Gracias, ‘profe’ por habernos hecho conocer a Castellani!...

Providencialmente, a través de mi gran amigo Alejandro Bilyk, propietario de Editorial Vórtice, el Señor ha querido que leyese, en este accidentado verano plandémico, la nueva edición de Cristo y los fariseos; que publicaron, conjuntamente, la propia Vórtice y Jauja. Fue un huracán de frescura que, como ocurre con todas las páginas de Castellani, me sirvió una vez más para interpretar las siempre fugaces noticias, a la luz de las Últimas Noticias… Baste tan solo una cita de Castellani, que hace Eduardo Allegri, en la Introducción, para vislumbrar la esencia del libro: El fariseísmo es esencialmente homicida y deicida. Da muerte a un hombre por lo que hay en él de Dios. Instintivamente, con más certidumbre y rapidez que el lebrel huele la liebre, el fariseo huele y odia la religiosidad verdadera. Es el contrario de ella, y los contrarios se conocen. Siente cierto que, si él no la mata, ella lo matará.

En el capítulo titulado, El dulce Nazareno, se recoge este planteo de Castellani:

  • ¿Una pateadura puede salvar un alma?
  • No- es la respuesta corriente. Pero si una pateadura no pudiese salvar un alma, Cristo no hubiese dado pateaduras. Y el Evangelio nos relata dos formidables pateaduras por lo menos, dadas por Cristo a los mercaderes del Templo.

Suprimid la indignación viril en Cristo y suprimís su virilidad. La indignación viril queda borrada de la lista de las virtudes cristianas. Y la indignación justa, con todos sus gestos y sus efectos, es una virtud.

Dejo, también, aquí, otra expresión que me impactó hondamente: Sólo el fariseísmo puede devastar a la Iglesia por dentro, sin lo cual ninguna persecución externa le haría mella, como vemos por su historia, pues ‘la sangre de los mártires es semilla de cristianos’. Si la Iglesia está pura y limpia, es hermosa, y atrae, no repele. Atrae prodigiosamente, como se vio ya en su asombrosa propagación entre dificultades sin cuento, muertes y martirios.

No es mi propósito hacer una recensión de la obra. Dejo esa labor para quienes puedan realizarla. Traje, tan solo, algunas de sus frases emblemáticas, para alentar el interés por leer o releer a Castellani. Si alguno de los lectores de esta nota lo hace, me sentiría más que satisfecho. Ni qué hablar si algún profesor de colegio secundario se anima a desafiar al sistema, al Estado profundo, como se lo llama ahora; y aun exponiéndose a perder su trabajo, decide incluir sus obras en las clases…

Vuelvo, por un momento, al querido e inolvidable Cardenal Quarracino. Como decíamos más arriba, a él se le debe en gran medida que el padre Castellani fuera rescatado del olvido e, incluso, de la cultura de la cancelación; como se denomina, actualmente, a los despiadados hostigamientos, contra quienes se animan a desafiar el totalitario pensamiento único. En 1996, a quince años de la muerte de Castellani, el purpurado enfatizaba, en un homenaje: Vivimos en un tiempo, en una sociedad, en un país muy proclive al olvido y muy reacio a admitir y reconocer las excelencias y las gratitudes… Alguna vez definí a la Argentina como el país de las oportunidades perdidas, y añadí de manera un tanto pedante, el país de las excelencias decapitadas. A veces da la impresión de que, si alguien sobresale, de inmediato le rompen la cabeza. Entre esas excelencias decapitadas hay que ubicar la figura del padre Castellani.

No se equivocó, por cierto, el valiente primado. Estas palabras, tranquilamente, podrían decirse hoy; 25 años después. Me viene a la memoria, de cualquier modo, aquello que otro poeta argentino, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte); ciertamente, desde otros ámbitos, escribió en Piu avanti: No te des por vencido ni aún vencido, no te sientas esclavo, ni aún esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y arremete feroz ya mal herido… ¡Que muerda y vocifere vengadora, ya rodando en el polvo, tu cabeza!

Quisieron decapitar a Castellani, y solo lograron multiplicar su legado. Él mismo lo intuyó: Los profetas vivos dan disgustos; los profetas muertos dan dinero. Aunque en eso se quedó corto. Además de plata dan, por todas partes, una riqueza mucho mayor; desbordante de anticipos de eternidad…

 

+ Padre Christian Viña

miércoles, 16 de agosto de 2017

Traducciones de Castellani al inglés

El amigo "Trujamán Reaccionario" (Roberto Hope) ha realizado la traducción al inglés de varios escritos del Padre Leonardo Castellani, además de artículos "castellanianos" y originales.

Se pueden descargar de aquí: https://plus.google.com/collection/giEnbB


sábado, 15 de noviembre de 2014

Benson y Castellani en "La Prensa"


CULTURA
La novela del fin del mundo
Por Jorge Martínez

Publicada en 1908, la novela Señor del mundo, de Robert Hugh Benson (reeditada años atrás por Librería Córdoba), deslumbra por la exactitud de algunas de sus anticipaciones y la lógica de un argumento místico que imagina el fin de los tiempos y la aparición del Anticristo, encarnado en un misterioso y cautivante político estadounidense. Pero lo más perturbador del relato es que el mundo que Benson describe en vísperas de su destrucción se parece mucho al que conocemos hoy, más de cien años después de publicada la obra. 

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Una lectura castellaniana del Sínodo de la Familia

Leonardo Castellani y el Sínodo

Publicado por: Hildebrando Tittarelli 31 octubre, 2014.

Dije en mi primer artículo que la intención era, primordialmente, aportar claridad, en estas épocas de confusión, desde la luz que proyecta la obra del Padre Leonardo Castellani. No es el propósito poner bajo examen el papado de S.S. Francisco –menos aún criticar a Maradona-, sino rescatar pinceladas de la obra del jesuita argentino que, con su genio, abarcó todas las facetas y lo constituyó un escritor inclasificable. Por supuesto que muchas de las citas de este autor –y de otros que vengan al caso- harán ineludible referencia a temas actuales. El don profético de Castellani fue una de las características más asombrosas. La mayoría de sus cosas parecen escritas ayer.

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jueves, 25 de octubre de 2012

Reliquias castellanianas

Seguimos con los "tesoros" que el amigo Whiskerer ha querido compartir con todos nosotros.

A continuación el folleto de unas conferencias:

Folleto Conferencias: "La profecía y el fin de los tiempos"

Gracias a la desinteresada labor de Jack Tollers se puede descargar el texto de la desgrabación de dichas conferencias en Word o PDF.


viernes, 23 de marzo de 2012

Profeta de desgracias

Es desagradable ser profeta de desgracias, y paga mucho más ser profeta de venturas; y yo pido a Dios me haga mal profeta de desgracias. Pero la destrucción de la tradición en Occidente es una cosa que está allí delante, y cerrar los ojos ante ella es como cerrar los ojos andando por la calle.

Abrir los ojos puede ser un remedio en todo caso, por aquello de que «La primera medicina es saber la enfermedad» (...) La Humanidad camina hacia la resolución del gran drama de la Historia, drama que tiene un protagonista y muchos antagonistas (...) La situación actual del mundo, eso que llaman la «crisis contemporánea», es la de una destrucción progresiva de la tradición occidental y de una defensa de ella.

San Agustín y nosotros

jueves, 17 de noviembre de 2011

Audios del P. Castellani



En YouTube, el usuario "Malpibe" ha subido gran cantidad de archivos de audio con homilías, discursos y charlas de Castellani. Aquí.


lunes, 24 de octubre de 2011

Patriota y Parusíaco



ARQUETIPOS

Flavio INFANTE

Castellani, Patriota y Parusíaco



.

De la escritura de Castellani supo decirse que es un "paneo entre tiempo y eternidad", atribución ésta propia de los profetas. Puede el hombre hablar en lugar de Dios porque vive el tiempo a la vista de la eternidad, porque su vista va de las cosas de acá abajo a las celestes, en donde reconoce el modelo y acabamiento de aquéllas. La gracia extraordinaria llamada "don de profecía" otorga al hombre una visión de lo venturo justamente porque la historia y las edades —las pasadas y las advenientes— son sumergidas, si así cabe decirse, en ese presente absoluto de la vida eterna, y desde allí se las atisba.


miércoles, 19 de octubre de 2011

Dr. Sebastián Randle, "¿Quién era Leonardo Castellani? Aproximación a un personaje difícil."

Gracias al amigo Whiskerer, presentamos en exclusividad el texto de la conferencia dictada por el Dr. Randle el pasado 13 de octubre de 2011 en la U.C.A.

Castellani: un tipo difícil

Castellani a primera vista.
Tímido, hosco, retraído, callado―tenía un exterior áspero, un humor astringente, gestos adustos, apenas si sonreía, nadie recuerda su risa, su palabra podía ser cortante, muy pocos de sus contados amigos accedieron a su intimidad―quizás su sastre, Florencio Gamallo, quizás Ernesto Palacio, quizás ninguno.
Y claro, cualquiera que conozca someramente los hitos principales de la vida de Castellani no puede sino ver en este hombre de carácter, de temperamento, de personalidad difícil, el reflejo de una vida atribulada en extremo.
Me he pasado más de cuarenta años hablando sobre Castellani con quienes lo conocieron de una manera u otra, e infaltablemente se me ha señalado esto: que no era fácil de tratar, que raramente se mostraba afable, o que infaliblemente parecía enojado con alguien, con las cosas que pasaban, con las cosas que le pasaban, consigo mismo, quizás incluso con Dios mismo.
Y algo de eso parece desprenderse de sus innumerables referencias autobiográficas con las que salpica todos sus escritos.
No, no era un tipo fácil y quizás se puede afirmar que no era un tipo simpático.
Pero como veremos, (more about that in a minute) otro era el parecer del Padre Pío, el santo de Pietralcina.
Malhumorado.
Estaba de malhumor: un malhumor que le duró algo así como unos treinta años, desde lo expulsaron de la Compañía en 1949, hasta su muerte, en 1981.
Pero para entender esto, necesito mostrarles un par de fotos. La primera, allí donde lo dejamos, al final de mi media-biografía, parado en la escalinata del Colegio del Salvador el 18 de octubre de 1949.
Ahí lo tienen, pueden contemplarlo: está suspendido “a divinis”, ha sido suspendido sin juicio previo, no hubo acusación, no tiene defensa y de derecho ni hablar. No sabe cuándo, si acaso, lo van a rehabilitar, en una de esas el día del arquero. No puede administrar sacramentos, ni laburar de cura (apenas si le dejarán usar la sotana). No puede dar clases pues le han quitado las cátedras. No puede publicar nada, pues está siendo sistemática y prolijamente censurado. No tiene plata. No tiene dónde vivir. Tiene mala salud, una diabetes incipiente y el médico le ha dicho que si no se cuida puede quedarse ciego. No tiene qué hacer. En su diario anota: “Con sólo olvidarse ellos de mí, la máquina trituradora funciona sola.”
 Es un maldito, y está de mal humor, qué se figuran ustedes.
Otra foto: Estuvo un año en Salta donde lo recibió como “obispo benévolo” Mons. Tavella, pero allí la cosa tampoco anduvo y finalmente recaló en casa de su hermana, Magdalena, casada con Edmundo Pagano, en su ciudad natal, Reconquista, año del Señor de 1951. Lo alojaron en un cobertizo, al fondo del minúsculo jardín de la casa de los Pagano. Le ha escrito a Benítez, el confesor de Evita, para que le conceda un crédito: tiene la idea de comprar un camión para repartir leche, que de algo tiene que vivir. Y claro, Benítez ni le contestó. Y esto está en sus diarios: una tarde sale al jardín Muñeca, su hermana, y lo ve a su hermano maldito, paseándose de un lado para el otro en esos cinco metros cuadrados que hay entre el cobertizo y la casa. Aquí la foto: la hermana le pregunta de qué le vale ahora todo lo que estudió, todo lo que sabe. Y él anotó en su diario: “No supe qué contestar.”
Castellani, el maldito, de mal humor. Sigue con los insomnios, no puede dormir. La pasa mal de día, la pasa mal de noche.
Los amigos lo han abandonado, todos sus amigos jesuitas, casi todos sus amigos curas, todos los nacionalistas, salvo Federico Ibarguren y Ernesto Palacio. Con el tiempo hará migas con otros, el cura Améndola, Fermín Chávez, Ángel Vergara del Carril, el Padre Sánchez Abelenda, el joven Pancho Bosch, Tomás Richards, Margarita Quantín y algunos pocos más. Pero eso, lentamente, a lo largo de largos y pesadillescos años.
Graffigna.
Y aquí no me quiero insolentar, ni convertirme en un amigo más de Job, ni parecerme a ésos que le escribían “cartas prepotentes”, con “consuelos” falsarios del tipo “padezca, que eso le hará bien si se resigna”, etcétera―pero digamos las cosas como son. Esta distinción que hacemos todos, ¿no?, que cuando las cosas nos caen bien, decimos “Dios lo quiere” y cuando nos caen mal, “Dios lo permite”…
En último término, ¿quién es el culpable de todo esto?
Dios, claro. Dios le quitó a Castellani, la salud y el sueño, las cátedras y el ministerio sacerdotal, el buen nombre y el prestigio, la compañía de buenos amigos y la posibilidad de hacer fructificar su genial talento.
Hay un texto de Taulero acerca de esto: de cómo promediando los cuarenta años de edad, a menudo aparece Dios y te rompe toda la casa. Recurre a la imagen de la dracma perdida, cómo la mujer revuelve toda la casa a la búsqueda de esa moneda. Y dice que Dios nos revuelve todo nuestro interior hasta que encuentra la dracma perdida, que es la verdadera interioridad, el verdadero corazón del hombre, el centro de la personalidad por Él creada, libre de polvo y paja, tal como Él la pensó y la quiso.
Porque ahora Castellani no es más que Castellani, sólo, con el corazón contrito, pobre, desahuciado, desprestigiado, desolado, sin esperanza alguna en este mundo, deprimido, desguarecido, desfigurado: no hay apariencia de belleza en él.
Y sigue de malhumor, qué quieren que les diga a ustedes.
Entonces sucede el milagro, tal como lo predice Taulero. Había tenido un compañero de colegio al que no veía desde hacía más de treinta años. Se trata de Santiago Graffigna, el sanjuanino de la famosa bodega. Lo que sigue ha sido contado por una nieta, monja dominica que relató el sucedido que ella había oído por tradición familiar.
Graffigna se había enterado de las peripecias sufridas por su compañero de colegio a través de los diarios, sabía poco sobre su suerte pues vivía en San Juan, y estaba preocupado con todo lo que oía. El asunto es que que en 1950 resolvió ir a Roma para el Año Santo y resolvió confesarse con el famoso Padre Pío. Al terminar la confesión le preguntó al famoso confesor: “¿Qué debo pensar sobre el P. Castellani?” Y el Padre Pío le respondió: “El Padre Castellani es un santo y hay que ayudarlo.”
De regreso al país, fue a verlo y acordaron la publicación en el diario del sanjuanino, “El Tribuno”, de una columna semanal en la que Castellani comentaría las lecturas del evangelio correspondientes a cada domingo. Graffigna le pagaría como a cualquier periodista y de allí salió el primer libro sobre Dios de nuestro autor: “El Evangelio de Jesucristo”, libro luminoso, espléndido, brillante, genial en donde Castellani despliega todo su genio, su erudición, su humor, su incisiva percepción de la realidad, su talento para ponerlo en negro sobre blanco.
Y con eso arrancará una serie de libros sobre Dios, no ya sobre los hombres. “Las Parábolas de Cristo”, “Cristo ¿vuelve o no vuelve?”, “El Apocalipsis”, “Los Papeles de Benjamín Benavídes”, “El Ruiseñor Fusilado” y muchos, muchos más.   
Y así es que el viejo hucha, el ermitaño urbano que mazca rabias en un departamento de la calle Caseros durante treinta años, produjo y le regaló a la Argentina una veintena de libros sin par, dos novelas fantásticas (Juan XXIV y Su Majestad Dulcinea”) además de la mejor revista que jamás se haya hecho en este ingrato país.
¿Y ustedes creen que el Padre Pío lo conocía al Padre Castellani? No hay la menor posibilidad. Pero lo conocía a Dios.
Y Dios lo conocía a Castellani. Y permitió que padeciera tribulaciones sin par. Y quiso hacer de él un profeta para la Argentina.
Y que todos nosotros nos beneficiáramos de su obra.
La obra de Dios.
El profeta.
Ahora, cualquiera que conozca mínimamente las Escrituras sabe que todos los profetas, absolutamente todos, son tipos difíciles, que vaticinan cosas que nadie quiere oír, que padecen persecuciones y toda clase de tribulaciones por decirlas a los cuatro vientos, que la pasan mal, que son desoídos, que terminan, como dice Newman, desilusionados.
Todos.
Y así, el 11 de octubre de 1962, año especialmente malo para Castellani, en la solemne apertura del Concilio, cuando arrancaba lo que se anticipaba sería “la primavera de la Iglesia”, el Papa Juan XXIII dijo lo que sigue:
De cuando en cuando llegan a Nuestro oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida.
Insinuaciones que hieren los oídos del Papa. Esto parece raro. ¿A qué querrá referirse?
Estas personas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas ha ido empeorando…
Bueno, Su Santidad, qué sé yo, a fe mía… pero el Papa continúa.
Se comportan como si nada hubieran aprendido de la historia, que sigue siendo maestra de la vida, y como si en tiempos de los precedentes Concilio Ecuménicos todo hubiese procedido con un triunfo absoluto de la doctrina y de la vida cristiana, y de la justa libertad de la Iglesia.
Como ven, la imprecisión que sería la nota distintiva de los documentos de este bendito Concilio torna imperioso hacer toda clase de distinciones, pero claro, no es aquí donde las haremos. Pero el Papa continúa y va a identificar a estos personajes siniestros que hacen insinuaciones que “hieren sus oídos”:
Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, expertos en anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos fuera inminente.
Et voilà! Con estas palabras se inaugura la famosa “primavera de la Iglesia” y la larga serie de calamidades que se sucedieron en los últimos cincuenta años y cuyo inventario espero me sepan dispensar.
¿Pero quiénes serían estos profetas de calamidades? En 1962 Bouyer abrigaba grandes esperanzas, Ratzinger era demasiado joven, Von Hildebrand y Bruckberger no habían dicho esta boca es mía. Lefebvre mismo todavía no había dicho nada. ¿A quiénes se refería el Papa? ¿A Ottaviani y Bacci? Sí, eran conservadores pero nada apocalípticos y tampoco creo que por entonces tampoco hayan ventilado sus aprehensiones.
“Como si el fin de los tiempos fuera inminente” es expresión especialmente desafortunada, puesto que Cristo repite una y otra vez que volverá “pronto” y es, como lo explica Newman (y con él, todos los Padres) lo que todo cristiano, en cualquier tiempo, en todas las generaciones, debe esperar. Y si no, quitemos el Apocalipsis de entre los libros canónicos.
Yo creo que Castellani ni se enteró de esta alocución y estoy seguro que el Papa gloriosamente reinante no tenía la menor idea de quién era Castellani, aquel que hizo un agudísimo diagnóstico del estado de la Iglesia antes del Concilio y que sabía perfectamente que aquellos polvos engendrarían estos lodos, este perfecto pantano en que se ha convertido Nuestra Santa Iglesia Católica.
Sí, sin duda, Castellani era el profeta de todas estas calamidades.
La pasó mal por decirlo, quisieron hacerlo callar, casi lo logran.
Como le escribió a Mons. Plaza:
Todo el mundo sabe que tengo razón, incluso V.E. Y todo el mundo sabe que nadie me la va a dar, incluso yo.
Ja. Era un tipo difícil, creía inminente el fin de los tiempos y nos previno de la Gran Calamidad por venir, a nosotros, los fieles de los países del Plata, desde su ignominia, noche oscura y destierro.
Y es parte no pequeña de la Gran Calamidad, que todavía, cincuenta, sesenta años después, aún no se le preste la debida atención.

Sebastián Randle    

viernes, 19 de agosto de 2011

La pesadilla



«La Iglesia actual no está inspirada por el Espíritu de Dios. Muchas cosas que pasan en la Iglesia de hoy, sería impiedad nefasta atribuirlas a Dios. Habría que renunciar al sentido moral y aun a la más tenue idea del Dios del Evangelio.

«Conmigo la santa madre Iglesia no se ha portado como madre. Se ha portado de un modo inicuo, injusto, maligno, cruel e impecable. No se ha portado ni siquiera de un modo humano. He aquí una experiencia directa e irreductible, que no puedo eliminar ni interpretar al revés con ningún conato ni esfuerzo posible. Es una visión inmediata, como la de los ojos; más que la de los ojos. Visión mía propia, que no puedo comunicar a nadie. Pero yo la sé.

«Lo que me ha pasado no es algo que por accidente o excepción proceda de algún mandón eclesiástico desviado o malo. Procede directamente de la cabeza, es cosa de la “Jerarquía” y viene de lo más alto.

«Si la Iglesia ahora es así, siempre debe haber sido así; no veo solución de continuidad en ella. Entonces, Galileo, Giordano Bruno, Juana de Arco, Carranza… todos los que nos han enseñado a condenar como herejes y malos en las clases de Apologética…

«Mas si la Iglesia es un manantial de iniquidad desde su parte más alta; si es un simple organismo de ordenamiento humano y político, con esa condición de toda sociedad humana de odiar a la inteligencia; si no hay en ella el sentido de que no se puede promover el bien común condenando a un inocente; entonces, ¿qué queda de nuestra fe?...

«Pero Cristo es Dios, y Cristo fundó la Iglesia; hay bastante testimonio cierto de lo que Cristo hizo y dijo; hay evidencia del efecto moral sobrehumano de su doctrina en la historia; aquí en las mismas costumbres y gestas de este buen pueblo catalán, en las leyendas y las figuras esplendentes de sus santos, en la ley moral sublime vigente en el mismo lenguaje tosco del payés – si no siempre en sus actos…

«¿No estaremos sufriendo una corrupción nueva y misteriosa de la Iglesia? ¿No habrá dos iglesias, la de los ricos y la de los pobres? ¿No se habrá refugiado el Espíritu Santo en el pobrerío?

«¿Pero esto no es el error mismo de los protestantes, que niegan la Iglesia Visible, condenan su organización jerárquica, y encierran la Iglesia verdadera y las promesas de su Fundador en el secreto de los corazones, librando así la objetividad de la doctrina al capricho de la interpretación individual?

«¡Oh mi cabeza, mi cabeza!

«¿Cuál es el alcance exacto de las promesas explícitas de Cristo? Prometió que Pedro no erraría en la fe, ni por consiguiente sus sucesores; no prometió hacerlos íntegros e incólumes en su moral; es decir, no los hizo impecables. Prometió que Él estaría con la Iglesia hasta la consumación de los siglos; no durante la consumación de los siglos, en los cuales habrá, según está escrito, una inmensa apostasía. ¿No estaremos ya en los tiempos parusíacos? ¿No habrá volado la Iglesia al desierto? ¿No se habrá refugiado (por dos tiempos, un tiempo, y medio tiempo) en el corazón de hombres en soledad, que sin romper sus lazos con la jerarquía mundanizada, la soportan sobre sí como una carga de montañas y una presión de lagar; y son incluso perseguidos por ella?

«¿Qué hacer entonces? ¿Cómo conciliar el sentido moral interno con las órdenes inicuas e inhumanas de afuera?

«Acatar y no obedecer, como decía Alfonso el Sabio; aguantar la nota de rebelde y las sanciones más mortíferas; hacerse anatema por amor de sus hermanos; mirar de frente a una muerte desolada; antes de admitir en su interior la arrollante frase que está en la boca del vulgo: la Iglesia es una porquería.

«Yo soy la Iglesia también, al fin y al cabo; y está en mí no volverme una porquería…»

Ésta fue la pesadilla de Verdaguer; la que lo consumió, como se puede fácilmente colegir.

No está explícita en sus angustiosas cartas En defensa propia; pero las informa todas desde atrás, y asome en algunas frases fulgurantes; así como en esa veleidad que tuvo de predicar “la Iglesia de los pobres”; veleidad que Rusiñol hizo el eje de su drama, convirtiendo a Verdaguer en una vulgar cura socialista, teñido de un franciscanismo sentimental. Está sobre todo en los hechos de los últimos cinco años, en esa rotura definitiva de su lira esencialmente religiosa y devota, y en la consunción rápida de su salud y su vida. ¡Qué diferencia entre el retrato del rozagante joven presbítero, que está al principio del libro de Güell, y el retrato al lápiz del hombre maduro envejecido y devastado, del genial dibujante Casas, que está en el Museo Moderno de Barcelona!

Esta pesadilla no se disipó nunca del todo en el “poeta asesinado”; nunca surgió de su pluma el grito triunfal de la certidumbre. Su pluma simplemente se secó. Puesto antes al servicio de la Iglesia su iris de colores suaves —hasta rozar a veces la adulación su entusiasmo ingenuo—, después de los golpes recibidos, simplemente no pudo servir más. Se rompió.

Los asesinos de cuerpos son castigados por la ley; los asesinos de almas entristecen al Espíritu Santo, y su hecho no tiene perdón ni en ésta ni en la otra vida; aunque mueran “homenajeados” y luego les levanten estatuas.

La única solución teórica a la pesadilla de Verdaguer está en la parábola del trigo y la cizaña y en el dogma de la Parusía. Llegará un tiempo en el que el trigo y la cizaña, mezclados siempre en las eras humanas durante el curso de las edades, llegarán a la lucha suprema, la que no conoce piedad; y la cizaña crecida oprimirá al trigo de Dios de un modo insoportable, rodeándolo por todas partes como sin esperanza y sin respiro; tiempo en que la persecución, prometida a todo creyente, se hará interna a más de externa; y en que gemirá su carne a punto de aniquilarse.

Para ese tiempo se escribieron las últimas y más terribles —y más consoladoras— profecías.

— El Ruiseñor Fusilado (Manresa, invierno de 1947 — Reconquista, verano de 1952).

Retrato de Jacinto Verdaguer joven
en el libro Vida íntima de Mossen Jacinto Verdaguer, Pbre. por Mossen Joan Güell, Pbre.
[Fuente: http://www.todocoleccion.net/]

Retrato de Jacinto Verdaguer, por Ramon Casas i Carbó
[Fuente: EpistemoWikia]



martes, 9 de agosto de 2011

Saber adónde vamos


¡Oh, quién nos dará el conocimiento de las profecías en esta época oscura, que no sabe adonde va y cuya principal necesidad es saber adónde vamos! De mí sé decir que ninguna cosa le pido en mi vida dura y difícil sino entender su Palabra; puesto que si no es para eso, no se entiende para qué ha hecho mi vida tan dura y difícil.
Psicología

jueves, 14 de julio de 2011

“El que recibe a un profeta como profeta tendrá recompensa de profeta”

Es notable lo que mandó Cristo acerca de los profetas y apóstoles que prometió mandar a su Iglesia en el curso de los siglos hasta la consumación de ella: mandó que “los reconociéramos”, que “supiésemos distinguirlos”, que “los recibiésemos”. “El que recibe a un profeta como profeta, dijo, tendrá recompensa de profeta”.

Es difícil y meritorio reconocer a los profetas actuales mientras viven; a los que han muerto ya están en los altares muy pintaditos y acicalados, que no se mueven ni estorban, eso es fácil y no incomoda. Pero ahora las curias ¿reconocen a los profetas actuales y los reciben?”

Carta al Nuncio Zanín

viernes, 1 de julio de 2011

No sé por qué será...


No sé por qué será
lo que yo digo en verso
no sé por qué será
siempre resulta cierto.
Si es de cosa pasada
es como un documento
si es de cosa futura
surge un día el suceso
—y pasado y futuro
son uno allá
en lo eterno—
el suceso increíble
indescifrable y tétrico
y muestra que lo que
leí en el cielo,
le puse rimas,
arrojé al viento,
había dado en el
mismo centro
como pedrada en ojo
tuerto.

                                                                      Libro de las Oraciones

viernes, 24 de junio de 2011

Castellani en los blogs (semana 17/6-23/6)


Del democratismo russoniano....Leonardo Castellani, “Dinámica Social”, n.º 93, julio de 1958. Tomado de “Pluma en ristre”, Ed. Libros Libres, Madrid 2010, págs. 264-265.[1] Se refiere, claro está, al gran escritor político español Juan Donoso Cortés, marqués de Valdegamas.
Homilía Padre Castellani: Fiesta del Corpus Christi...Leonardo Castellani, Visitador clandestino de Parroquias."Perdonen este cuento poco piadoso, pero el Cura Brochero decía que nunca había que predicar sin contar algún cuentito; pero éste no es cuentito sino sucedido de pe a pa. Ha sido para decir que el amar a Dios no puede consistir en tener "arrobos cristianos" ni "enajenaciones místicas". Si ...
Homilía Padre Castellani: Fiesta del Corpus Christi...Leonardo Castellani, Visitador clandestino de Parroquias." Perdonen este cuento poco piadoso, pero el Cura Brochero decía que nunca había que predicar sin contar algún cuentito; pero éste no es cuentito sino sucedido de pe a pa. Ha sido para decir que el amar a Dios no puede consistir en tener "arrobos cristianos" ni "enajenaciones místicas". ...
Sobre Dios en la naturaleza....por Leonardo Castellani, Las ideas de mi tío el cura, pág. 104.
PADRE CASTELLANI: TERCERA CONFERENCIA 21 de junio de 1969...Castellani, profecias
Ni con elocuencia ni con dialéctica....Leonardo Castellani, “Dinámica social”, nº 81, julio de 1957. Versión reproducida en “Pluma en ristre” pág. 190.[1] Réprobos, condenados a las penas del infierno.
Homilía Padre Leonardo Castellani: La Santísima Trinidad  La Santísima Trinidad es un misterio absoluto que no podemos comprender, y frente al cual podría llegar incluso a dudarse de la utilidad de tal revelación incomprensible. Pero su fin puede aclararse con tres verbos: Saber, Humillar y Conocer.Dios quiere que sepamos como Él es para que podamos amarlo mejor. Al mismo tiempo, siendo el intelecto la ...
La Trinidad, Homilía del P. Castellani, 1966...Leonardo Castellani, SJ(Audio: 17' 50")Volvemos a publicar en nuestro Blog esta sustanciosa homilía que el querido padre Castellani pronunció en la Iglesia de la Visitación. Para oírla, despliegue esta entrada.La Santísima Trinidad es un misterio absoluto que no podemos comprender, y frente al cual podría llegar incluso a dudarse de la utilidad ...



domingo, 22 de mayo de 2011

Profetas vivos, profetas muertos

Porque es muy fácil levantar sepulcros de mármol a los profetas muertos; lo difícil es reconocer como profetas a los profetas vivos, cuando todavía pesan. Un profeta muerto da dinero; un profeta vivo da disgustos.

Leonardo Castellani, Diarios.

El siervo de Dios José Gabriel del Rosario Brochero, cura del Tránsito, 
Leonardo Luis Castellani Conte-Pomi, ermitaño urbano, 
dos profetas que la Iglesia argentina desperdició.