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miércoles, 17 de marzo de 2021

A cuarenta años de la muerte del P. Castellani

 

lunes, 15 de marzo de 2021

A cuarenta años de la muerte del P. Castellani

 


P. Leonardo Castellani 

16/XI/1899 - 15/III/1981


Religión es religación o unión amorosa con Dios, no espantamientos contra un ‘destino’ inexistente, que los idólatras de todos los tiempos han creído inexorable, por ignorar y menospreciar de hecho la maravillosa intervención de la Divina Providencia. La tranquilidad ante el mañana incierto, el hombre verdaderamente religioso lo obtiene por añadidura (Mt. VI:33). Además, toda violencia, miedo y tristeza, no suele ser de Dios. 

La vida devota no es un conjunto de prácticas y reglas fastidiosas, que fraccionan la vida, pero son ineludibles; una lucha contra los deseos permitidos que es necesario trabar para vencerse; en fin, la ejecución de lo más molesto para salir victorioso de sí mismo (Y, sin confesarlo, ¡se saborea la victoria!).

Pues bien, ¡no, no y no! Todo esto es estar en el abecé de la vida espiritual; es no haber comprendido el amor ni el esplendor de Dios y del hombre. 

La verdadera piedad, el amor verdadero, es una vida: una vida transformada, una vida apacible, llena de confianza en Dios; una vida gozosa, porque es libre, una vida amante, porque se ha dado, una vida de maravillosa dilatación del alma… ¡una novedad de vida! Una de las cosas más sorprendentes del cristianismo, para el que lo mirase como una mera regla moral, sin espiritualidad, es ver cuántas veces los reprobados por Dios son precisamente los que quieren multiplicar los preceptos, como los fariseos de austera y honorable apariencia; mientras en la Epístola a los Gálatas San Pablo lucha por quitar preceptos en vez de ponerlos, con gran escándalo del beaterío de su época. Es esto un ejemplo notable para comprender que lo esencial, para el Evangelio, está en nuestra espiritualidad; es decir, en la disposición de nuestro corazón para con Dios. 

Lo que Él quiere, como todo padre, es vernos en un estado de espíritu amistoso y filial para con Él, y de ese estado de confianza y de amor hace depender, como lo dice Jesús, nuestra capacidad (que sólo de Él viene) para cumplir la parte preceptiva de nuestra conducta.

Domingueras Prédicas II, Mendoza, Jauja,1998 268-69.


miércoles, 3 de febrero de 2021

Castellani como periodista (2ª parte)

 

Cultura
SEGUNDA PARTE DE LA CONFERENCIA RECUPERADA SOBRE LA RELACION DEL SACERDOTE-ESCRITOR CON LA PRENSA

Castellani como periodista (II)

El aterrizaje de Castellani en el periodismo tuvo un inesperado efecto apostólico, que también me explicó Carlitos Ibarguren, pues fue él quien, fino observador, lo advirtió en su momento, siendo asimismo partícipe del fenómeno.

Dividía Carlitos a los nacionalistas en dos grandes grupos: los "catos" y los "curdos". "Catos" eran los católicos, provenientes muchos de los Cursos de Cultura Católica, con buena formación doctrinal y firmes defensores del aspecto religioso incluido en el legado hispánico. Los "curdos", en cambio, eran los viejos muchachos, patriotas instintivos a quienes las cuestiones espirituales los habían tenido más o menos sin cuidado, provenientes de la milonga y proclives al castañazo y el exabrupto. Carlitos se preciaba de contarse entre ellos. 

No en vano, con malévola exageración, cierta publicación de izquierda, al informar sobre un acto político donde habló Carlitos y terminó en trifulca, dijo de él: "Harto de apalear mujeres y romper espejos en los cabarets se hizo fascista".

Pues bien, esos viejos muchachos, afines con los que décadas atrás habían militado en la "Liga Patriótica" de los Carlés, advirtieron un día con sorpresa que un cura era de los suyos. Y lo advirtieron a través de los escritos del Padre Castellani en las publicaciones nacionalistas que mencioné.

Descubrimiento éste que los impulsó, primero, a mirar al clero con mayor interés y, paulatinamente, hacia unas prácticas religiosas de las que habían estado lejos, pese a conocerlas por ser hijos de madres devotas. 

Ejemplo de ello es el caso de Eduardo Muñiz, Nenucho, temible dibujante en varias de las publicaciones nacionalistas que he mencionado. Nenucho era agnóstico y, como digo, poseedor de una cáustica agudeza, que se revelaba en sus caricaturas. Sin embargo, admirador de Castellani, terminó concurriendo los domingos a la iglesia del Tránsito, provisto de un grabador, a fin de registrar los comentarios al Evangelio que hacía el cura en su sermón. Comentarios que, conviene apuntarlo, dieron lugar a ese espléndido libro de éste que se llama, precisamente, El Evangelio de Jesucristo. Y a otros sucesivos que se siguen publicando bajo el título de Domingueras Prédicas.

-o-

Ruego me disculpen si me cito a mí mismo. Pero, como ya me ocupé de Castellani como periodista en un librito lleno de erratas que me publicó la editorial AZ, repetiré unos párrafos del mismo que estimo oportunos. Digo allí:

""Para calibrar adecuadamente las implicancias de su actuación periodística, en órganos de definido carácter ideológico, es necesario recordar que ésta tiene lugar a principios de la década del 40 y que la Segunda Guerra Mundial había dividido al planeta en general y a Buenos Aires en particular, determinando bandos ferozmente enfrentados: aliadófilos y germanófilos, nacionalistas y democráticos, fascistas y cipayos, dicotomías todas que encerraban una oposición inconciliable. Ello, naturalmente, informa la política de la época y le confiere áspera intemperancia: no está el horno para bollos. Y, apenas concluida la guerra, el advenimiento de Perón determinará que nadie baje la guardia, continuando los enfrentamientos con otros motivos inmediatos y parecidas causas mediatas.

"En este ambiente caldeado esgrime Castellani su pluma de periodista, asistida por luengos saberes teológicos, filosóficos, históricos, psicológicos, literarios. Y, si bien nuestro autor tratará con altura catedrática temas específicamente ligados con su formación académica, en otras oportunidades utilizará tal formación para opinar en cuestiones de picante actualidad. Si a ello se agrega el personalísimo sentido del humor que posee y su invariable costumbre de llamar a las cosas por su nombre, se comprenderá por qué sus artículos, leídos con avidez, levantan roncha".

Castellani era lo que luego se llamaría "un escritor comprometido". Pese a lo cual, nunca se definió a sí mismo como nacionalista, aunque nacionalistas hayan sido la gran mayoría de sus amigos. Y aunque llegara a ser candidato a diputado por la Alianza Libertadora Nacionalista, postulación que terminó de arruinar su relación con la Compañía de Jesús.

Dije que fue un "escritor comprometido" y que nunca se definió a sí mismo como nacionalista. Lo que pasó es que su verdadero compromiso fue con la verdad, tal como la veía en cada caso abordado por su aguerrida pluma.

-o-

Mis amigos y yo tuvimos un periódico que se llamó De Este Tiempo y que apareció en los años sesenta. Castellani escribía en él con bastante regularidad. Y, a propósito de sus colaboraciones, recuerdo que llegaban escritas a mano, con esa letra suya amplia, clarísima, casi escolar, que ponía de manifiesto su intención de ser entendido, a la vez que revelaba la falta de afectación de su carácter.

Dicen que sabía escribir a máquina, pero no lo hacía. De allí que mencionar "su aguerrida pluma", como acabo de hacer, no sea en realidad una metáfora.

Bueno ¿y qué decía la aguerrida pluma del propio Castellani sobre el periodismo y los periodistas? Un botón de muestra es el capítulo denominado "La Información", de su libro El nuevo gobierno de Sancho.

En pleno ejercicio del mando, instalado Sancho en la Sala de Sumas Examinaciones, se presenta un candidato a examinarse y Sancho pregunta:

-¿Quién es?

Le responde su colaborador Pedro Recio:

-Señor, es un aprovechado garzón destos reinos que acaba de acabar sus estudios.

-¿Pariente de los Garzones de Córdoba?

-No, señor, en modo alguno. Ni por pienso.

-¿Y qué estudios ha hecho?

-Estudios de periodista.

-¿Dónde?

-En todos los cafés, bares y bebederos públicos desta Insula.

-¿Qué leyó?

-Todos los libros de la Editorial Tor y la Editorial Claridad y además las obras completas de Vargas Vila, sin contar que tiene aprobado el bachillerato argentino (aclaro yo que la editorial Claridad es una editorial masónica y que Vargas Vila era un autor pornográfico).

-¿Qué demanda?

-Demanda de su Prominencia solamente el merecido diploma de Redactor de Primera Plana y, si fuera posible, el correspondiente puesto en el mejor diario de la Insula.

A continuación Sancho toma examen al candidato, del cual extraeré sólo algunas preguntas y respuestas.

-Señor Periodista ¿cómo se llaman las noticias del extranjero?

-Información.

-¿Y las noticias del país?

-Otras informaciones de carácter local.

-¿De qué hablará Chamberlain en su próximo discurso?

-De los fines de la guerra aliados.

-¿Y en el otro siguiente?

-De los fines aliados de la guerra.

-¿Y Hitler?

-Del Tratado de Versalles.

-¿Y Roosevelt?

-Del cariño que tiene a Sudamérica.

-¡Muy bien! Y dígame un poco ¿cómo son las incursiones nocturnas?

-Infructuosas.

-¿Y el fuego de artillería?

-Nutrido.

-¿Cómo se retiran las patrullas enemigas?

-En desorden

-¿Y nuestras tropas?

-Habiendo obtenido todos sus objetivos.

-¿Por qué peleamos nosotros?

-Por la justicia y el derecho.

-¿Quién tiene la culpa de la guerra?

-Los contrarios.

-¿Hacia dónde vamos con certeza?

-Hacia la victoria.

-La victoria ¿qué traerá?

-Un mundo mejor.

-Un mundo mejor ¿en qué consiste?

-En la fraternidad universal, por encima de todas razas y religiones.

Como ven, Castellani no era un devoto admirador de la sapiencia periodística en general, aunque respetaba y sentía afecto por algunos periodistas en particular. Escribió también sobre la prensa:

El diario de hoy es viejo y dice lo mismo que ayer.
Homero es nuevo como el sol.
El diario lo sé de memoria y por eso me pongo a leer
la última noticia en Platón.

Pues bien, pese a no considerar al periodismo un sacerdocio y pese a no guardar una actitud reverente ante la prensa, el cura ejerció el periodismo con denuedo, valiéndose de la prensa para servir a la patria y divulgar esforzadamente la verdad. Que no es poco mérito.

*Esta conferencia fue pronunciada el 14 de octubre de 2011 en la Universidad Católica Argentina.

 

jueves, 24 de diciembre de 2020

Homilía de Navidad (1964)

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/ba/Adorazione_del_Bambino_-_Beato_Angelico.jpg/1200px-Adorazione_del_Bambino_-_Beato_Angelico.jpg
 
 La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño – aunque eso nos enternece – sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: “apareció la benignidad y la humanidad de Dios – dice San Pablo; “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo” – dice San Juan. “Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como ésta podía mostrar su amor a los hombres” – dice Santo Tomás.
 
Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: “propter nimiam caritatem suam qua dilexit no” – o sea, por la caridad loca con que nos amó (Ef.2,4). Ese es el misterio.
 
Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacificador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el mundo caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: “Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia”. El Niño Dios hubiese contestado: “Lo que me interesa son los individuos: por esos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz” -. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.
Los antiguos no comprendía el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos que existe. 
 
Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento – y el temor – a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con los hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: “El amor busca iguales”, “amor pares invenit”, al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: “aut facit”, ¡o los hace! “El amor busca iguales o los hace”. Así Dios comenzó por igualarse a los hombres haciéndose hombre “nacido de mujer, nacido bajo la Ley”, y después trató de igualarnos con Él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues “seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es” dice el Evangelista del Amor (I Jn.3,2). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español:
 
“Si dese temblar de Dios
Yo también la causa fui
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
Cuando yo tiemble y no Vos?
 
En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es el Infierno, anda cerca. “Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe” – que ése es el cántico de los ángeles: “tées eudokías”: no dice “de buena voluntad” sino de buena doctrina, de fe: “paz a los bienaventurados” (Lc.1,14): ésa es la palabra.
 
Para el amor se precisan dos. EL Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre – una familia; también un padre postizo; al cual Dios Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque e agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, - contra lo que dice dél el “el negro gordo”, o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:
 
“Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenemos, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, su madre olvidada…
Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos…
 
Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: “hay negros de todos colores”. (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; “El gallego ese”. Y le dijeron: “¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca”. Y él retrucó: “¿Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades”).
 
Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrarlo, como hicieron y hacen después de él mucho filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡cómo! Y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas la amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). 
 
Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino amistad conyugal –. Y él con una mujer se portó como un caballero andante – como Don Quijote con Dulcinea – si no es irreverencia.
 
Así que “tanto amó Dios al mundo”, con una caridad de chiflado, que le dio su Hijo Unigénito para que salvara al mundo – con el Amor rectificado y santificado.
 
Domingueras Prédicas

viernes, 16 de junio de 2017

Sale la tan esperada segunda parte de la biografía



En esta segunda parte de la vida del P. Leonardo Castellani, el lector podrá acompañarlo en el largo calvario que le tocó en suerte después de su expulsión de la Compañía de Jesús (peripecia que se expuso con detalle en la primera parte de su biografía).

Con apenas 50 años de edad, Castellani es suspendido “a divinis”: no puede administrar sacramentos, ni predicar, ni enseñar, ni publicar libros, y es, prácticamente, reducido al estado laical. Pero como no hubo debido proceso previo a esta condena, tampoco hubo apelación posible. Y mucho menos término al castigo que, de hecho, duró casi veinte años. Randle examina minuciosamente todo esto y muestra cómo Dios –una vez más– se las arregló para sacar bienes de tanto mal: veremos cómo Castellani adoptó el estado de “ermitaño urbano”, consiguió casa y se puso a escribir los mejores libros de su vida. También comprobaremos cómo se santificó en perfecta pobreza y cómo se las ingenió para no volverse loco, cerrando en cambio el ciclo de su vida, después de haber combatido el buen combate, con una muerte tan santa cuanto conmovedora.


Más información en http://www.vorticelibros.com.ar/libro.php?id=144

viernes, 2 de enero de 2015

Homilía de Navidad

La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño – aunque eso nos enternece – sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: “apareció la benignidad y la humanidad de Dios – dice San Pablo; “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo” – dice San Juan. “Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como ésta podía mostrar su amor a los hombres” – dice Santo Tomás.

  Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: “propter nimiam caritatem suam qua dilexit no” – o sea, por la caridad loca con que nos amó (Ef.2,4). Ese es el misterio.

  Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacificador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el  mundo caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: “Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia”. El Niño Dios hubiese contestado: “Lo que me interesa son los individuos: por esos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz” -. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.

  Los antiguos no comprendía el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos que existe. Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento – y el temor – a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con los hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: “El amor busca iguales”, “amor pares invenit”, al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: “aut facit”, ¡o los hace! “El amor busca iguales o los hace”. Así Dios comenzó por igualarse a los hombres haciéndose  hombre “nacido de mujer, nacido bajo la Ley”, y después trató de igualarnos con Él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues“seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es” dice el Evangelista del Amor (I Jn.3,2). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español:

“Si dese temblar de Dios
Yo también la causa fui
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
Cuando yo tiemble y no Vos?

  En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es el Infierno, anda cerca. “Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe” – que ése es el cántico de los ángeles: “tées eudokías”: no dice “de buena voluntad” sino de buena doctrina, de fe:“paz a los bienaventurados” (Lc.1,14): ésa es la palabra.

  Para el amor se precisan dos. EL Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre – una familia; también un padre postizo; al cual Dios Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque e agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, - contra lo que dice dél el “el negro gordo”, o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:

“Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenemos, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, su madre olvidada…

Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos…

  Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: “hay negros de todos colores”. (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; “El gallego ese”. Y le dijeron: “¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca”. Y él retrucó: “¿Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades”).

  Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrarlo, como hicieron y hacen después de él mucho filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡cómo! Y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas la amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino amistad conyugal –. Y él con una mujer se portó como un caballero andante – como Don Quijote con Dulcinea – si no es irreverencia.

  Así que “tanto amó Dios al mundo”, con una caridad de chiflado, que le dio su Hijo Unigénito para que salvara al mundo – con el Amor rectificado y santificado.


Leonardo Castellani – “Domingueras Prédicas”

TOMADO DE Nacionalismo Católico San Juan.


miércoles, 25 de junio de 2014

Corpus Christi

HOMILÍA DE CORPUS CHRISTI - PADRE LEONARDO CASTELLANI





Festejamos el Santísimo Sacramento del Altar: leemos un trozo de la promesa de la Eucaristía; y en la Epístola, su Institución narrada por San Pablo en la Primera a los Corintios: "Dominus Jesús, in qua nocte tradebatur...": "El Señor Jesús, la noche en que fue entregado...".

Los tres Sinópticos narran también la Institución; y comienzan con esa palabra de Cristo: "Desiderio desideravi hoc Pascha manducare vobiscum, antequam patiar.": Con deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer. En hebreo, la repetición de una palabra hace el superlativo: "con deseo he deseado", como en castellano cuando decimos: "con mucho, pero mucho deseo"; significa "muchísimo deseo".

Con muchísimo deseo Cristo deseó la Institución de la Eucaristía en su Última Pascua y Cena. No deseó su Pasión: en el Huerto dijo: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz", y aquí dice: "Antes de que yo padezca". Eso no se puede desear, ese cáliz colmado de dolores, humanamente; y Cristo era humano. Deseó la Eucaristía porque era el Misterio del Amor, el signo y el sello de su amor a los hombres; no a los hombres en general, sino a cada uno dellos, a mí: particularmente a los suyos: "vobiscum" —con vosotros. Cristo tuvo aquí una enajenación mística y la expresó con gran sobriedad.

Si uno se asoma al Misterio del Amor de Dios humanado a través de esta frase, se asoma a un abismo: solamente Cristo pudo decir y hacer eso. Nosotros amamos a los hombres... Sí: Américo Ghioldi ama a toda la Humanidad en general, dijo en un discurso: eso es fácil; decirlo sobre todo. Pero si yo voy por la calle, digo cada cosa de cada uno de los pobres gatos que cruzo, que si me oyeran me correrían; después me corrijo, por supuesto; pero después; yo digo después: "Tienen un alma, Dios me manda amarlos"; o por lo menos digo: "Tienen dos pies como yo y caminan." Amar a la Humanidad en general es fácil; amar bien a los hombres particulares, a nuestros amargos hermanos los hombres, es difícil —sobre todo cuando uno ve la espléndida manada de siete autos juntos a toda velocidad por la Avenida Caseros. Hablo por mí.

Cristo amó a todos los hombres en particular, los presentes y los futuros —a mí en particular; y por eso instituyó un sacramento en el cual Él se hace humildemente comida, un pedacito de comida, para todos los hombres y para mí en particular.

Eso es tener una capacidad de amar inmensa, solamente posible a un Dios —a un Dios hecho hombre. Con gran deseo deseó poner ese sello a su amor, dar esa muestra incomparable. Nosotros no tenemos ese gran deseo de recibirlo ("Nosotros": hablo por mí), pero algún deseo tenemos, puesto que nos arrastramos a pie o en colectivo a la iglesia a recibirlo. Nosotros no podemos tener ese gran deseo con nuestras propias fuerzas; solamente podemos tener el deseo de tenerlo. Él lo puede dar; a veces lo da. Nosotros sin Él nada podemos.

—¿Ud. ama mucho a Dios? —Así lo espero: mucho o poco, no sé. Mi amor a Dios, si vamos a mirarlo de cerca, consiste en rezar una cantidad de oraciones vocales sencillas, en tener un constante propósito de no hacer daño a nadie, y en querer ser "honrado" lo más posible, sin serlo algunas veces. Ser honrado significa ser veraz con los otros y consigo mismo, no significa tan solamente no robar; y ser así veraz significa vivir en la realidad; en la realidad moral, que es la realidad propia del hombre. Todos los males que hay en el mundo universo vienen de que los hombres, de una u otra manera, nos salimos de la realidad real; nos inventamos otra realidad; a veces incluso le trazamos programas a Dios, de lo que debe hacer.

La Prudencia, que es la primera y la madre de las virtudes morales, consiste simplemente en discernir la realidad moral; pero ahora la palabra "Prudencia" significa algo como cautela, precaución, astucia, y a veces hasta pillería; ése es un mal sentido de la palabra; habría que llamar ahora a esa Primera Virtud Cardinal "discernimiento" o "discriminación". ¿De qué? De la realidad, o sea, del Ser. El que posee la virtud de prudencia, posee todas las otras virtudes; y el que no la tiene, no tiene ninguna otra virtud. Y las virtudes son para hacernos vivir en la realidad más real, sacarnos de todo error, imaginación o ficción. Veracidad.

Nuestro amor de Dios es prudente, a veces demasiado prudente —en el mal sentido; y a veces IMprudente. Hablo por mí. Una vez cuando yo oía sermones en vez de decirlos, oí un sermón en una Parroquia sobre el amor de Dios —creo que este mismo día de Corpus. El Predicador dijo literalmente: "Cuando uno ha cumplido todos los mandamientos, ¿ya ama a Dios? No todavía. Si además ha cumplido todos los consejos evangélicos, ¿ya ama a Dios? No todavía..." Yo, que estaba en primera fila, dije en voz alta: "¡Pero eso no es poco, canastos!" No sé si me oyó, mis vecinos me miraron enojados. Vuelto a casa, escribí una carta al Superior de esos Religiosos, diciéndole debía retirar de la predicación a ese Religioso; el cual después habló de no sé qué "arrobos cristianos" y "enajenaciones místicas", que yo nunca he tenido; y él tampoco probablemente. Yo le escribí al Superior que Jesucristo había dicho: "El que me ama, que cumpla los mandamientos; y entonces el Padre y yo vendremos y estaremos con él"; y desde entonces el negocio compete más bien al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo que a nosotros.

El Domingo siguiente fui a Misa esperando que el Superior hubiese retirado al Predicador; y lo veo adelantarse muy orondo y empezar otro sermón irreal. Yo me volví a una viejita a mi lado, y le pregunté: "¿Cómo se llama ese Padre?" "Es el Padre Superior", me dijo. "Aquí la hicimos", dije yo. No volví más a esa Parroquia, porque como me conocían, me iban a echar. Yo había firmado la carta: "Leonardo Castellani, Visitador clandestino de Parroquias."

Perdonen este cuento poco piadoso, pero el Cura Brochero decía que nunca había que predicar sin contar algún cuentito; pero éste no es cuentito sino sucedido de pe a pa. Ha sido para decir que el amar a Dios no puede consistir en tener "arrobos cristianos" ni "enajenaciones místicas". Si alguno de Uds. los tiene, mejor para él; yo no los tengo. Yo he llorado a veces leyendo una novela, pero comulgando jamás he llorado.

Para acabar, amar a la Humanidad es fácil, amar a este prójimo o a esta prójima es difícil —amarlo bien; y amar a Dios es fácil y difícil: es fácil entenderlo y es difícil hacerlo. El amor de Cristo hacia nosotros es un abismo, es una cosa inmensa: "Con gran deseo he deseado..." Pero el saber esto no ha de hacernos "antropomorfar" a Dios; Cristo es humano pero no es antropomorfo. "Antropomorfismo" significa hacer a Dios igual a nosotros o quizás un poquito inferior a nosotros: es un error o abuso mental. No hemos de pensar el amor de Dios como una camaradería entre iguales, o como el amor de mi padre y madre, ni como el amor de dos novios, ni como el amor ya firme y tranquilo de dos casados, ni siquiera como el amor de los Santos, que tienen arrobos cristianos y enajenaciones místicas. Es mayor que eso, es inmenso.

Pero así como es inmenso, así es también de inmensa su pérdida, si lo perdemos por nuestra culpa. El Evangelio del próximo Domingo trae la Parábola de los Invitados', y ella dice que los invitados a la cena que rechazaron la cena fueron pasados a cuchillo y la ciudad incendiada. Cristo no encontró nada mejor que una masacre para significar el rechazo del amor de Dios, la perdición eterna; y se quedó corto. "Quia Deus zelotes es Tu" —dijo el Profeta judío: "Porque Tú eres un Dios celoso." "Porque el amor es fuerte como la muerte y los celos son duros como el infierno" —dijo otro Profeta judío. Estos judíos...

No hemos, pues, de decir como Don Babel Manitto, un criollo que conocí cuando chico: "Dios es bueno; si no hace más el pobre, es que no puede." Podría ser que escarbando en esa opinión teológica, uno encontrara que Don Babel Manitto dijo más de lo que sabía; pero lo que él quiso decir es que Dios era un viejito lleno de buenas intenciones, como Illia, pero que no hacía nada, o hacía muy poco; pero el pobre seguía siendo bueno. Y así no es Dios. Es celoso, es omnipotente, es justiciero.

Hoy día es mejor ser deudor que acreedor: somos deudores de Dios, mejor así. Si a mí todo el mundo me dijera que soy un santo, a lo mejor yo me creía que Dios me debía algo. Por suerte en mi vida me han dicho muchísimas veces más que soy un chiflado, que no un santo.

Perdonen otra vez que en vez de hablar del amor de Cristo a nosotros haya hablado más bien del amor a Cristo de mí. Si alguno tiene mucho más amor que eso, lo cual es muy posible, bien, dichoso él. Yo lo que no quiero es darme pisto con lo que no tengo; ni tampoco hacer sermones "irreales" —ni tampoco sermones piola— NUEVA OLA.


Domingueras prédicas II, Ediciones Jauja, 1998.

Tomado del blog Syllabus.


sábado, 14 de diciembre de 2013

Pascua (1966)

 

Pascua (II)– P. Leonardo Castellani


Más actual que nunca el Padre Castellani nos ilumina con esta homilía del año 1966. 
 
Transcrita en "Domingueras Predicas"
 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Pascua (1963)

Pascua – P.Leonardo Castellani


  La Pascua es la fiesta más grande de los cristianos como lo era y lo es de los judíos: para los judíos festejaba la liberación de la esclavitud  en Egipto; para los cristianos festeja la liberación de la Muerte: Pascua de Resurrección.

LEER

jueves, 11 de octubre de 2012

Miedo y cobardía


Debo decir algo sobre los malos soldados del Rey Cristo, es decir, los cristianos cobardes. 

Nada aborrece tanto a un Rey como la cobardía de sus soldados; si sus soldados son cobardes, el Rey está listo. 

No hacen honor al Rey Cristo los cristianos que tienen un especie de complejo de inferioridad de ser cristianos.

...

Para que Cristo sea realmente Rey, por lo menos en nosotros, hemos de vencer el miedo, la cobardía, la pusilanimidad; no ser ‘hombres para poco’, como decía Santa Teresa, y ¡pobre de aquél a quien ella se lo aplicaba! 

¿Y cómo podemos vencer al miedo? ¡El miedo es un gigante! 

‘¿Os olvidasteis que Yo estaba con vosotros?’.


Domingueras prédicas

"Cristo Rey" de Juan Ballester Peña


jueves, 7 de junio de 2012

Homilía de Corpus Christi

Festejamos el Santísimo Sacramento del Altar: leemos un trozo de la promesa de la Eucaristía; y en la Epístola, su Institución narrada por San Pablo en la Primera a los Corintios: “Dominus Jesús, in qua nocte tradebatur...”: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado...”.




jueves, 17 de mayo de 2012

Perseguidos por no adecuarse al sistema


Promesa del Espíritu Santo. El odio del mundo. Sermón de Leonardo Castellani.



La persecución del mundo moderno a los verdaderos cristianos, ya no será por “cristianos” en sí, al menos eso es lo que se verá públicamente; sino que serán perseguidos por no adecuarse al sistema, a las reglas del “nuevo orden”, y serán perseguidos por “retrógrados”, “medievales”, “nazis”, “fachos”, etc. Epítetos que ya se vienen utilizando y que, mediante la presión psicológica de los medios, irá entrando en las mentes de las masas descreídas. Y la misma persecución, se verificará tanto desde fuera como desde dentro de la Iglesia. Falsos hermanos perseguirán a los buenos cristianos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Audios del P. Castellani



En YouTube, el usuario "Malpibe" ha subido gran cantidad de archivos de audio con homilías, discursos y charlas de Castellani. Aquí.


jueves, 16 de junio de 2011

No ser "hombres para poco"

Debo decir algo sobre los malos soldados del Rey Cristo, es decir, los cristianos cobardes. Nada aborrece tanto a un Rey como la cobardía de sus soldados; si sus soldados son cobardes, el Rey está listo. No hacen honor al Rey Cristo los cristianos que tienen una especie de complejo de inferioridad de ser cristianos. [...] Para que Cristo sea realmente Rey, por lo menos en nosotros, hemos de vencer el miedo, la cobardía, la pusilanimidad; no ser ‘hombres para poco’, como decía Santa Teresa, y ¡pobre de aquel a quien ella se lo aplicaba! ¿Y cómo podemos vencer al miedo? ¡El miedo es un gigante! ‘¿Os olvidasteis que Yo estaba con vosotros?’.Domingueras prédicas.

Detalle "Los caballeros de Cristo"
del Políptico del Cordero Místico,
de la Catedral de Gante,
obra de Hubert y Jan van Eyck.