Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 13 de febrero de 2020

La Otra Argentina

Es la edición, largamente esperada, de todos los ensayos publicados por el padre Castellani en la revista Dinámica Social entre los años 1951 y 1964, la mayoría inéditos, acompañada de un prólogo, actualizaciones y notas de Aníbal D'Ángelo Rodríguez. En esta voluminosa obra se encuentra el itinerario espiritual, intelectual y aun literario sobre nuestra patria, su historia y su destino.


Datos del libro


sábado, 30 de marzo de 2019

La biosfera, Leonardo Castellani, una especie que espera

16/03/2019


La Patria son ustedes. ¿Entonces la Patria real es muy chica?
No lo sé, puede que sí, puede que no. Pero la Patria son ustedes.
Leonardo Castellani
 
La vida siempre te da razones para sorprenderte. Y una de esas razones fue descubrir paso a paso al reconquistense sacerdote, pensador y escritor Leonardo Castellani. Corría la década de 1980 y la Biblioteca Popular General Manuel Obligado comenzaba a respirar otra vez y con ella un anhelo que comenzaba a redireccionar algunas lecturas. Creo que fue casi al mismo tiempo cuando sucedió, tan sólo como una circunstancia inesperada, ese viaje con el escritor e historiador Don Manuel Roselli a Santa Fe. No recuerdo los pormenores del por qué compartí ese viaje pero fue en mi caso un despertar. Asistiríamos a un Panel que organizaba la Universidad Católica de Santa Fe con motivo de uno de los aniversarios del escritor reconquistense y, en el que uno de los expositores, el crítico literario santafesino y rector de la Universidad en ese momento, Osvaldo Valli, hablaría de este autor, el Castellani jesuita, polémico por su activismo ante problemáticas religiosas de la orden a la que pertenecía, pero por sobre todas las cosas, un escritor prodigioso, reconocido internacionalmente y puesto bajo la lámpara en medio del Panel anunciado. 

Leonardo Castellani surgiría en mi vida cargada de simplezas como un faro que atraería mi atención a pesar de no imponerse, un atractivo que nunca abandonaría en tiempos transcurridos. No fue la lectura de su obra, en mi caso, una especialidad considerable pero sí, ella fue como un despertar glorioso a la posibilidad de escribir, leer y leer en segundas y terceras líneas, desde lo propio y colectivo con definitivo asombro. 

Dice Edelweis Serra: “Leonardo Castellani se inserta, a través de lo regional, dentro del marco de la narrativa nacional. Potenciado por una capacidad oratoria envolvente instala una situación comunicativa teñida de instancias juglarescas donde, a pesar de mediar la letra escrita, persiste el tono peculiar de la oralidad; una tendencia original dentro de la narrativa regional y nacional de su momento“
 
Hice algunos recorridos conversando con sacerdotes locales que tenían una idea muy vaga de este cura sorprendente lo que me confirmaba un silenciamiento sobre su existencia y accionar. Castellani experimento la persecución de la iglesia y fue excomulgado, a pesar de haber recibido como muy pocos hombres en la historia el diploma Ad Gradum, que exige la especialización en temas tan complejos que ningún hombre de nuestro continente lo había recibido, y nadie del mundo desde el siglo XVI. 

Indudablemente su vida contenía suficiente material para la realización de un film exitoso, así lo fui constatando en cada lectura sobre su vida. Entre hechos conmovedores es común recuperar el relato sobre aquella mesa de escritores junto al Dictador de turno en un almuerzo, sobre el que Vicente Zito Lema recuerda de esta manera en la entrevista de Daniel Dussex. 

“Cuando el secuestro de Haroldo Conti, y a los pocos días del mismo, Borges, Sábato y el Padre Castellani fueron llamados a almorzar con el dictador Videla. Yo por entonces, compartía con Eduardo Galeano la dirección de la revista Crisis y Haroldo era parte de nuestra revista. Lo llamé a Borges, lo llamé a Sábato… y los dos con burlas y con malos tratos se negaron a aceptar el pedido que yo les hacía, cuando yo tenía relación tanto con Borges como con Sábato que publicaban habitualmente en nuestra revista. Bueno, la realidad concreta es que cuando salen del almuerzo, están los archivos y están las cámaras de entonces, Borges y Sábato dicen que había sido una conversación y un almuerzo espléndido en el que intercambiaron ideas. Cuando le preguntan al Padre Castellani, como tercero, aunque parecía que la prensa no tenía nada que preguntarle, Castellani dice “fue realmente una farsa, yo le hablé de los desaparecidos, de los escritores y especialmente de Haroldo Conti, como me pidieron sus compañeros de Crisis, y el General Videla se negó siquiera a contestarme.”
 
Sobre esta anécdota hay otras versiones, pero concluyen en un mismo acto que nos dice muy a las claras quién era Leonardo Castellani. 

Por éstas y otras actuaciones, en un contexto dado, se supone que su presencia en el canon literario nacional, regional y local careciera de real trascendencia. Sin embargo, en nuestra débil biosfera, recuerdo que en algunas aulas de la escuela normal y promovido por la Profesora Delia Ittig de Vasallo, en ese mismo tiempo, Camperas ocupaba un lugar en los programas de estudio de la Escuela Secundaria. También recuerdo nítidamente, como caso único, el haber presenciado la “clase modelo”, práctica de una estudiante de la carrera de Literatura, basada en el género policial que incluía un cuento de Castellani. Desde entonces fui forjando una probabilidad audaz y crítica. Consideré al autor como un pionero de este género en la Literatura Nacional pero entendiendo que su definición y activismo político como “nacionalista” entre otras rebeliones y procedimientos ya descriptos no propiciaban su aceptación en los grupos de intelectuales argentinos, políticos tradicionales, sectoriales y mucho menos en el “orden” de “la orden jesuítica.” 

Castellani en toda su obra literaria y filosófica, según E. Serra, expresa una voluntad seleccionadora en el manejo funcional del lenguaje. La oralidad dinamiza, dentro del discurso, el papel de una profunda función emotiva. Hay un emisor poderosamente imbuido de la necesidad de su mensaje. Es muy clara la idea ilusoria de un destinatario que experimente una excitante atención ante lo dicho en sus textos. Castellani deseaba convocar a un lector partícipe, a través de formas interrogativas y exclamativas, asegurando la función fática de la comunicación donde era posible que la narración de un ”hecho y sus consecuencias” constituyeran en su mensaje implícito un desafío a la razón que podía, inesperadamente, disolverse y desplazarse todo el hecho como sus consecuencias hacia un orden absolutamente natural y trascendente, propio de la vida, propio de la humanidad que tanto desconcierta, concede, amenaza, acepta, naturaliza o rinde un homenaje cósmico inquietante sobre nuestra existencia. 

Así, paso a paso, es posible acceder a un aspecto esencial de Castellani. Su actitud dialógica que se plasma una y otra vez con el “otro” ya sea ese otro el Mal o el Bien, a través de dos tipos de recursos: unos, propios de la técnica literaria que operan como excitantes para el lector, reforzando lo más poderoso de su estilo, el tono conversacional. Otros, extraídos de la lengua oral, plasmando fuertemente su estilo coloquial en la enunciación, proyectando genuina cercanía en un mismo saber y naturaleza. 

Este Castellani, nada inocente, estaba, indudablemente, abriendo la puerta “a un otro” diverso, distinto, o espejo de sí mismo, en esa tendencia al diálogo con el lector, con un total arrojo, virtualmente presente en toda su obra , particularmente, poniendo luz sobre problemáticas sociales, políticas, religiosas y hasta psicológicas de alta carga significativa. En este terreno, no resulta difícil para él, proclamar un “lector amigo” con extraordinario ingenio para la causa que lo motiva como maestro, sociólogo, filósofo, sacerdote, político, literato, ya que lo supone lector sabio, sensible, social, estratégico. Es más, necesita este tipo de lector porque su mensaje urge, en medio de la anécdota y la sentencia y todas las sombras a iluminar a pesar del dolor o una eficaz ironía. 

Reconquista, extrañamente, tal vez por la resistencia a su figura extravagante, a su decir incisivo, a su pensamiento nacionalista, a su genuina entrega religiosa, a su desmedida didáctica, o por el escenario de un crimen impune que lo antecede en su escritura, establece con el autor, ciertas y escasas conversaciones. Entre ellas recuperamos algunas tácitas o implícitas establecidas con Castellani a través del Certamen Nacional de Cuentos que lleva su nombre, a través de sus textos en la Biblioteca Popular General Obligado, los que fueran oportunamente gestionados en casas académicas para que pueblen sus estantes. 

Con tímida voluntad colectiva Reconquista ha logrado reconquistar sus restos que descansan en el Panteón de la Ciudad en el Cementerio Municipal y le ha ofrendado una Comisión Homenaje Permanente. Pero no es suficiente. Leonardo Castellani es una especie que espera en esta Biosfera reconquistense, lugar cuyas interrelaciones le dieron vida y hoy , albergan su muerte. 

Pienso en quienes deseen sumarse a estas conversaciones interrumpidas tantas veces, con el autor trashumante, pero jamás clausuradas porque se percibe por algún rayo de luz el valor de su talla internacional que prestigia nuestro patrimonio literario y filosófico. Hoy convoco a estudiantes en general a considerar un campo de investigación como lo es su vida y obra. Hoy promuevo su nombre a pesar de todos los silencios que lo amordazan injustificadamente. 

Es hora de permitirnos ser la pequeña patria que nos toca, ser nosotros mismos, pertenecernos en un encuentro sin prejuicios, continuar o iniciar conversaciones que nos impregnen de revelaciones castellanianas o no, revelaciones al fin, de viejos o nuevos enigmas que asolan a los unos y otros de este terruño inigualable.

domingo, 16 de marzo de 2014

El P. Castellani y Alianza

Hay que decirlo con total convencimiento: el padre Castellani se sentía muy cómodo entre nacionalistas. No buscaba beatos de sacristía ni burgueses clericalistas, gustaba evidentemente de ese aroma a trinchera que sus amigos en el nacionalismo sabían contagiar. El religioso tenía allí un auditorio muy bien dispuesto a escucharlo. Mientras su propia orden religiosa lo ignoraba o castigaba, encontraba entre ellos un acompañamiento que por momentos resultaba muy cercano.

La amistad de Castellani para con los nacionalistas en estos años ´40 fue perdurable y estrecha si tenemos en cuenta que por su condición de religioso jesuita estaba limitado rígidamente no sólo en sus relaciones sino aún en sus movimientos. Sin embargo no dejaba escapar ocasión de frecuentarlos, y esto, pese a las miradas que parecían censurar su particular estilo. Cuando otros religiosos ocultaban o evitaban a los nacionalistas como a verdaderos leprosos él supo dar continuidad a la amistad que lo unía. De manera singular siguió de cerca el juicio que a Queraltó y otros dirigentes se les siguió por asociación ilícita. Por eso no dudó en hacer acto de presencia aquel día de octubre de 1945 en que se produjeron los alegatos ante una sala judicial colmada por los más importantes dirigentes de Alianza.

(Fragmento del libro de Hernán M. Capizzano, Alianza Libertadora Nacionalista, Historia y crónica: 1935-1953, Memoria y Archivo, Buenos Aires, 2013).

domingo, 10 de marzo de 2013

Dichoso


‎"Dichoso aquél que muere por su casa y su tierra.
Pero sin haber hecho dolo ni fuerza injusta,
Dichoso aquél que compra su tálamo de tierra,
Que compra con su sangre la cama eterna y justa.
Dichoso aquel que muere por la cosa solemne,
Aunque sea más chica que un granito de anís.
Dichoso aquel que muere para que siga indemne
La vida de un niñito, la gloria de un país.
Dichoso aquel que muere por la Cosa Perenne,
Por un Santo Sepulcro, Dulcinea, Beatriz,
O por un sol en campo de color cielo y Lis."

lunes, 10 de diciembre de 2012

"La Argentina ha sido gobernada por masones"


Fragmentos de una carta del P. Castellani al Pbro. Virgilio Filippo, introducción del libro Imperialismos y Masonería de este último (Buenos Aires: Organización San José, 1967).

[Tomado del bloc de notas Autores católicos argentinos.]

El Padre Virgilio M. Filippo (1896-1969) fue ordenado sacerdote en 1922. Era presbítero del clero secular de Buenos Aires. Durante un tiempo ofició como cura de San Antonio, en el barrio de Villa Devoto, de la Ciudad de Buenos Aires; pero por décadas fue párroco de la Inmaculada Concepción del barrio de Belgrano, popularmente conocida como "la Redonda". Además, se hizo muy conocido por sus disertaciones que transmitía todos los domingos al mediodía desde Radio París. Amigo y colaborador de Eva Duarte de Perón, fue diputado por el Partido Peronista en el período 1948-1952. Confortó a "Evita" en su período agonizante y presidió su Misa de réquiem. Era extremadamente popular entre su feligresía en la Redonda y el velatorio de sus restos mortales fue concurridísimo. Fue autor de La religión en la escuela primaria, El Plan Quinquenal, Perón y el comunismo, El reinado de satanás, Confabulación contra la Argentina, Imperialismo y masonería, Ciencia, milagros y convertidos, Marcha hacia la fe, Sistemas genialmente antisociales, y muchos otros títulos.




114029870 Carta Del r p Leonardo Castellani Al r p Virgilio Filippo


lunes, 5 de noviembre de 2012

"Sacerdote y soldado de Dios y de la Patria"

Seguimos con el tesoro que amablemente Whiskerer comparte con nosotros. 

En esta oportunidad, se trata de un artículo de la sección "Apóstoles" de la revista Patria Bárbara, año I, nº 5 (1ª quincena, diciembre de 1964).

La revista Patria Bárbara tendrá un intenerario bastante curioso desde el peronismo nacionalista a mediados de los '60, al peronismo de "extrema izquierda" (Patria Bárbara Revista Peronista de Izquierda era su nombre en este otro tiempo; llegando a ser en algún momento una de las publicaciones oficiales de Montoneros para 1973). Además de los temas nacionales y peronistas, la revista se preocupaba mucho por los movimientos de liberación nacional, especialmente en Medio Oriente. Entre sus redactores y colaboradores, estuvieron el P. Virgilio Filippo, el periodista Raúl Jassen y el militante palestino Ismael Hayek.

Leonardo Castellani: Sacerdote y soldado de Dios y de la Patria


martes, 2 de octubre de 2012

El caballo con alas


Por Leonardo Castellani
Relato incluido en "Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas".

[Es —al parecer— una recreación o versión libre de un texto de Hilaire Belloc: "On a Winged Horse and the Exile who Rode him".]

La primera guerra extranjera que tuvo la Argentina fue una derrota —aunque los vivachos argentinos la han convertido en una "victoria contra la tiranía"; todos los días lo dicen por radio, y yo vivo en la calle que conmemora esa derrota-victoria (¡como para olvidarla!)—; la segunda guerra extranjera que tuvo fue una iniquidad y una estupidez. Después no tuvo más guerras extranjeras, por suerte. No cuento la "victoria paralítica" de Ituzaingó, porque aquélla no fue guerra.

Este país, que no ha dado nada hermoso al mundo, que está ahora ulcerado de ignominias, que traga ignominia y vergüenza como si fuera agua, que no reacciona por ganar dinerillos —que después se los quitan— al proceso de cretinización a que está sometida, me duele. Yo no tengo más remedio que haber nacido aquí y salir no puedo, sin contar que he hecho un voto a Dios de no salir; y la necesidad, la charlatanería y la sordidez son como un baño de ácido sulfúrico en mi piel.

Así que no tengo más remedio que aislarme. Yo no sé cuánto voy a vivir todavía, pero el médico dice "mucho"; según él, tengo malos nervios pero buenas arterias; de modo que mi vida va a ser mala pero larga. La peor enfermedad que existe es la vejez; pero es una enfermedad que todos desean.

Lo único que me sostiene es un encuentro que tuve en el año..., bueno, hace muchos años; si fijo fecha van a pretender que miento.

Estaba junto a una laguna en el sur de Buenos Aires. En las costas del Salado: una laguna cubierta de juncos y yuyales, que no sirve para pescar aunque hay muchos sábalos; que no sirve para cazar aunque hay patos; no sirve para navegar; y no sirve para plantar arroz.

Ni para verla sirve.

A mi lado estaba suelto mi caballo Monstruo. Relinchó.

Había al lado otro caballo blanco que un hombre vestido de tela sucia, botas finas y sombrero negro traía de la rienda.

Era un caballo como en mi vida he visto: parecía tener la fuerza de un frisón con la esbeltez de un árabe; tenía la crin casi hasta los cascos, los ojos enormes parecían un poco maliciosos; un gesto como de un hombre que ha visto cuanto hay que ver en el mundo y no se la pega nadie. Le hablé al animal, sin darme cuenta de lo que hacía.

—¡Oh flete! —le dije— aquí no hay nada, ¿qué andás buscando?

El flete hizo una sonrisa con el belfo. El hombre dijo:

—Entiende pero no habla. Hablo yo por él.

Era un petisón medio viejón, barba gris; me pareció haberlo visto en algún lado y más de una vez, pero más joven. Le dije:

—Discúlpeme si le hablo sin que nos hayan presentado, pero estamos en el mediolcampo; ¿usté no es por casualidad el que arregla los teléfonos en Buenos Aires?

Se rió y dijo:

—Otras cosas hay que arreglar primero.
—¿Y usté las va a arreglar?
—Mi caballo —dijo él—. Mi caballo vuela. Si acaso, las va a arreglar él. No sé si podrá.

Los criollos son medio bromistas y hay algunos locos.

—Me voy a presentar: yo soy escritor o algo así, y me llamo Pablo Venancio Borges.

El viejo rió en su barba:

—Yo acabo de decir una mentira, ahí en el boliche del Turco me preguntaron mi nombre y dije el primero que me vino. Pero esto que le dije de mi caballo no es mentira del todo, ¿eh, Rohanel?

El caballo estaba plantado con las delanteras abiertas, oliendo el aire; el mío pastaba.

—Aquí —continuó el viejo— al otro lao, sobre esa lomita del ombú, fue la batalla del Cainil contra los indios: Rosas los arrojó a la laguna, simplemente. Aquí me cortaron la quijada de un lanzazo, por eso llevo barba. También estuve con San Martín...

—¿Y con Juan de Garay? —le pregunté.

—Llegué tarde. Ya se habían repartido todos los terrenos —respondió muy serio.

—¿No se llamará usted Rodrigo de Triana, por un acaso? ¿Con Colón no anduvo?

—Aquellos españoles —continuó él— eran bravos y bastante rudos; pero no era mala gente. Lástima los echaron demasiado pronto.

—Y fue San Martín el que los echó —le retruqué.

—No crea, amigo. Mucho antes comenzó la cosa. Cuándo, no se lo podré decir. Pero ahora ya eso es agua pasada, como la famosa "Reconquista" contra los moros, que fue cosa grande. Yo conocí al Cid Campeador. También a San Fernando Rey, que era así como yo más o menos de alzada y bastante feo el pobre.

—¿Usted trabaja aquí, en el Reposo?

—Trabajé —dijo—. Tuve que salir a causa de la malevosía de un comisario. Anduve con los indios un tiempo.

—¿Y ahora?

—No tengo ni una tapera —dijo—. No trabajo más. Enseño a la gente a vivir bien. Y gano carreras.

—¿Enseña a la gente a vivir sin trabajar?

—Vendo cantares —rezongó—. El oficio más excelente que hay en el mundo es hacer cantares; y el segundo, es cantarlos, con tal que sean buenos. Y además, doy buen ejemplo. Jesucristo no hizo otra cosa.

Sin darme cuenta me había puesto a discutir con un loco, que era gracioso. Entonces sonó un tiro de escopeta y un verdadero nubarrón de patos se alzó sobre el lugar y la laguna se pobló de gritos. Solamente entonces me percaté del extremo silencio que nos había rodeado. Miré mi matungo, que ni siquiera había oído el tiro; el otro caballo había desaparecido.

—Dígame un cantar —le dije al hombre.

—Desde la madrugada ando haciendo uno; y todavía no tengo más que cinco versos...

—¡Uno antiguo!

—Aquí va:

"Almita, blanducha, loquincha
traslúcida, trépida, cálida
socia y sostén del cuerpo
¿adónde irás hora luego?
Desnudilla, tímida y pálida
terminóse ya tu juego".

—Éste lo hizo Martín Fierro —concluyó.

—No sea loco —le dije—. Eso lo hizo el emperador Adriano Elio cuando estaba por morir:

"Animula, vagula, blandula
hospes comesque corporis
¿quae nunc abilis in loca?
Pallídula, rígida, núdula ...
Nec ut soles dabis jocos".

Dicen que el último verso es flojo. Ninguno hasta hoy ha podido traducirlo bien; y los ingleses han hecho más de cien traducciones al inglés. Conozco uno de memoria, de Lord Byron nada menos:

"Ah! gentle fleeting wavering sprite
Friend and associate of this clay
To what unknown region borne
Will thou now wing thy distant flight?
No more, with wonted humour gay
But pallid, cheerless and forlorn... ".

—Eso lo hizo Adriano, español del Sur nacido en Itálica, o sea en Sevilla, el mayor emperador romano.

—Y bueno —dijo él—. Será.

—El mayor en cierto sentido. Tuvo los tres vicios paganos: fue orgulloso, cruel y libertino.

—Y bueno —dijo él.

—¿Me va'a decir que usted también anduvo con Elio Adriano?

—Mi caballo —dijo él, indicando a la derecha con la barbilla.

—¿Dónde anda, a esta hora?

—Ya volverá —dijo—. Vuelve solo. Bueno: el verso que andaba hoy haciendo dice así:

Salve, país del Plata y de la plata
Vanilocuo bastardo y botarate
Donde la carne y la gloria es barata
Mitre es un héroe, Mármol es un vate.
Salve, país donde la gloria en lata...

—Ese verso es flojo —le dije.

—Justamente —ripostó— por eso no pude seguir. ¿Qué consonante hay de plata?

—¡Mata! —le dije.

—Muy bien. ¿Mata verbo o mata sustancia?

—Los dos si a mano viene.

—Pero éste es mejor dejarlo para el final. Pienso decir al final que el ombú no es un árbol, es una mata; pero se cree árbol. Es el símbolo nacional de la Argentina. Es un yuyo megalómano —y miró al ombú de la lejanía—. Se cree árbol y es mata.

—Sabe mucho usted para ser tropero. Se ve que ha hecho de todo, hasta de mestrescuela, como todos nosotros. Pero ese cantar que está haciendo es contra la patria.

—¿Y de áhi? ¿Qué estaba haciendo usted, sentao en ese tronco cuando yo llegué? ¿No estaba maldiciendo la patria?

Me espantó, porque realmente no sé cómo lo pudo saber. El caballo estaba otra vez a su lado, y me miraba; y realmente tenía los ojos con malicia, un poco tristones.

—Yo maldigo lo que Ellos llaman "patria" —objeté— que está plagada de ignominia. Fíjese, me acaban de echar de mi cátedra y otro empleíto que tenía, y que cumplía. ¿No es una ignominia? Siete veces ya me han echado, que ellos llaman exonerado, y el primero que me echó fue el arzobispo de Buenos Aires; y eso, por un antojo.

—Bah —dijo él—, ésa no es una ignominia mayor. Más me han echao a mí; y del mundo me echarían si pudieran. Me han corrido de todas partes, de la Escuela, del Trabajo y de la Iglesia, como dijo el emperador ese que su merced antes mentó. Pero yo corro más que ellos. Gano todas las carreras. Diga que no juego por plata.

—¿Y usted cree que esto puede tener arreglo?

—Há'i tener —dijo con los ojos bajos, rayando el suelo con una bota— há'i tener. Tiene que ver usté qué buena es la gente de aquí en el fondo, cuando a uno lo entienden un poco. Malos deveras no debe haber más que uno cada cinco o cada diez. Pero bueno del todo, la broma es que no hay ninguno.

Yo recorro todo el país, al tranco nomás, sin apuro, con este caballo; que cuando él quiere y yo no quiero, vuela. En donde quiera encuentro alguno que quiera vivir bien, le enseño a bien vivir, a veces solamente haciéndole que sí con la cabeza.

Ése há'i ser el remedio. Cuando haya muchos que quieran vivir bien; claro que algunos van a tener que morir ...

—A mí me han muerto —musité—. Yo me doy por muerto.

—Mejor —dijo él—. Así le voy a poder prestar el caballo; que lo que es el suyo, no sirve. De no estar usted desesperao, no se habría sentao aquí; y de no sentarse aquí, no se hubiera encontrao conmigo.

El poderoso silencio nos había envuelto de nuevo: ni soplo de viento, ni una hoja. El tiempo estaba tapado de espesos nubarrones. El animal blanco olía soplando la tormenta. Yo no sabía qué decir. El viejo loco se me imponía.

—Pero ¿por qué? —balbucí—. Pero ¿cómo? ¿Y entonces?

Me había puesto en turbación como un fantasma, si era real o irreal el viejo, no lo sé, pero si no era real, yo estaba más loco que él; porque patentemente lo veía a la luz espesa de la tarde fulva leonada.

—Estos tiempos son demasiado para mí —concluí—, ¿por qué tuve que nacer en este tiempo?

Y lo miré; el viejo estaba montado en pelo y yo no lo había visto montar. Las riendas arrastraban por el suelo y él estaba agarrado a la larga cuna; la cual partida pareja en dos parecía en crenchas plumosas mismamente como dos alas. El viejo tardó en contestar:

—Yo estuve —dijo— con Policarpo obispo de Esmirna, que fue un escritor mediocre como vos... bien sabés, que ahora le dicen San Policarpo cada 26 de enero, porque hizo un milagro o dos después de morir, que en realidad lo mataron, pero mucho pior que a vos.

Cuando el obispo andaba por la calle, porque caballo no tenía y auto mucho menos, y veía venir un grupo de gente, y nianquesea un solo gente, salía disparando a los gritos diciendo: "¿Dios mío, en qué tiempo me has hecho nacer?". Y era obispo.

Yo no digo que no sean malos estos tiempos, pero todos los tiempos han sido malos; y si éstos son los piores, se aplica el refrán que dice: por lo más oscuro amanece; porque todos los tiempos están a igual distancia de Dios. Porque tenés que ganarte la vida haciendo copias a máquina con un solo dedo, ya te das por muerto y condenado, y porque no te dejan acabar un libro y otro libro que publicaste nadie le hizo caso, como si el mundo pudiera salvarse con libros, que ya hay demasiao dellos.

¿Y Jesucristo qué hizo? Mesas y arados y después cantares a su manera, a la manera de aquel tiempo. En este tiempo hay máquinas de hacer versos, dicen, así que Jesucristo se ahorra el trabajo; yo los hago a mano. Pero quería decirte esto: a vos en la escuela te enseñaron una punta de macanas acerca deste país, las creíste —y a mí me pasó lo mesmo— y al llegar a la madurez se te vino abajo el techo y hasta las paredes; así que ahora te das el lujo de hacerte el desesperao y el crucificao. No es para tanto.

—Me vas a decir seguro que el hombre puede vivir sin patria ...

—Patria provisoria tenemos ya basta los hombres solos. Solos hay que andar en este tiempo si uno quiere andar mejor. Cuesta al principio, pero se puede. Las langostas andan en mangas; pero el pájaro cantor, solo.

No has conocido tu vocación, querías sacar premios literarios y andar con el gaterío. Ahora ya sabés; y nunca es tarde. ¡Sé más feliz que yo! —y alzó la voz hasta un grito en el gran silencio.

Sin talonear, el caballo dio un brinco hacia la laguna. Di un grito, pero el caballo no se hundía.

Que me caiga muerto aquí mismo si miento, pero mismamente parecía que volaba. Se perdieron atrás del ombú, y yo mirando a ver si salían, en el cielo por un abra (o clarazón que le dicen) vi el lucero de la tarde.

Cuando les conté todo esto con precaución a dos vecinos, no tuve mayor éxito. Tengo que andar solo, porque la mayoría no creen; y los que creen, a lo mejor creen demasiado.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Amor y sacrificio


“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma.”


martes, 10 de julio de 2012

En el día de la patria


El disparate de nuestros “próceres” anti tradicionalistas nos vino de España misma: aunque el modelo que se tomó aquí (después de Rivadavia) fue “la Francia” o los Estados Unidos: para desmadrarnos. En la España de Carlos III y sucesores se dio por muerto al pasado, y como ideal, la creación de una nación NUEVA, sobre la base de una “ideología”, el iluminismo. (…) Nuestros “próceres” no partieron tan siquiera a buscar una patria que tenían delante: partieron a buscar una ideología.

Notas a caballo de un país en crisis.

lunes, 9 de abril de 2012

Patria



Opinan los clásicos: La Patria según el Padre Castellani

La Revelación nos enseña que nuestra Patria definitiva es el Cielo.

Y para llegar a tal meta, debemos arraigar en un marco geográfico determinado, donde resulte posible vivir según una tradición, un patrimonio de valores, recuerdos, costumbres, para cumplir un destino propio.

Lo telúrico y la misión o empresa que tiene frente a sí una comunidad responden a las exigencias de nuestra naturaleza, sensible y espiritual. Ésta es la razón por la cual el hombre necesita una Patria, que es objeto de amor espontáneo.
El patriotismo es virtud cuando ese apego natural a lo propio entra en los ámbitos de la razón; y es una virtud moral perteneciente al cuarto mandamiento, cuando se ama a la Patria por ser ”patria” o ”paterna“; y una virtud teológica que ingresa en el primer mandamiento cuando además se ama a la Patria por ser una cosa de Dios; y así tenemos el patriotismo común y el patriotismo heróico – que poquísimos poseen hoy día . Así siempre se puede amar a la Patria, por fea, sucia y enferma que ande; y así amó Cristo a su nación.
La Patria es la tierra donde el hombre recibe una tradición, que da sentido a la vida y la orienta a la realización de una empresa común: le propone un ideal.



martes, 6 de marzo de 2012

En memoria del camarada

Dichoso aquel que muere sobre un campo de guerra,
pero siempre que sea campo de guerra justa;
dichoso aquel que muere por diez palmos de tierra
donde pone sus plantas alguna causa augusta.

Dichoso aquel que muere por su casa y su tierra,
siempre sin haber hecho dolo ni fuerza injusta;
dichoso aquel que compra su tálamo de tierra,
que compra con su sangre la cama eterna adusta.

Dichoso aquel que muere por la Cosa Solemne,
aunque sea pequeña como un grano de anís;
dichoso aquel que muere para que quede indemne
la vida de un niñito, la gloria de un país;

Dichoso aquel que muere por algo que es perenne,
sea el Santo Sepulcro, Dulcinea o Beatriz…
O por un sol en campo de doble cielo y lis.

JERÓNIMO del REY

martes, 28 de febrero de 2012

Nuestra bandera


Palabras del Padre Leonardo Castellani para homenajear a nuestra Bandera

Domingo 26 de Febrero de 2012

En el día en que nuestra insignia patria cumple 200 años desde su creación, muchas son las palabras que se escribirán acerca de este acontecimiento. Unas de las tantas confluyó en forma de semblanza, que el Padre Samuel Molina nos ha enviado para que compartamos con todos los lectores de nuestra publicación por internet, y cuya autoría corresponde al clérigo Leonardo Castellani:


"Nuestra bandera nació en un pedazo de pampa, junto al río inmenso y melancólico, en tiempos de guerra y de heroico apuro. No es símbolo de ninguna herejía, no es símbolo de ningún capitalismo, de ningún imperialismo, de ningún rencor fratricida; no ha amparado piratería ni conquistas injustas, ni siquiera venganzas criminales… Yo quisiera decir que los males que sufrimos hoy como pueblo los argentinos no son fruto de los crímenes nacionales, sino más bien de la imprevisión y de ingenuidad, de superficialidad y de ignorancia en último caso."

PADRE LEONARDO CASTELLANI.

lunes, 24 de octubre de 2011

Patriota y Parusíaco



ARQUETIPOS

Flavio INFANTE

Castellani, Patriota y Parusíaco



.

De la escritura de Castellani supo decirse que es un "paneo entre tiempo y eternidad", atribución ésta propia de los profetas. Puede el hombre hablar en lugar de Dios porque vive el tiempo a la vista de la eternidad, porque su vista va de las cosas de acá abajo a las celestes, en donde reconoce el modelo y acabamiento de aquéllas. La gracia extraordinaria llamada "don de profecía" otorga al hombre una visión de lo venturo justamente porque la historia y las edades —las pasadas y las advenientes— son sumergidas, si así cabe decirse, en ese presente absoluto de la vida eterna, y desde allí se las atisba.


jueves, 23 de junio de 2011

Amor y sacrificios


Amar a la Argentina de hoy,  
si se habla de amor verdadero,  
no puede rendir más que sacrificios,  
porque es amar a una enferma.

Decíamos ayer.