Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 5 de febrero de 2016

† Patricio Randle, q.e.p.d.

Me piden que prologue este libro y mi pregunta ha sido: ¿Por qué yo? Honestamente, mi campo no es la Psicología por mucho que haya estimado al Padre Castellani. Me contestan que la razón del pedido es porque soy el único sobreviviente que conocen que haya asistido al curso sobre cuya versión textual dictada por el autor en 1953 se ha editado esta obra. 

La lectura de los originales ha sido para mí una experiencia muy honda porque me ha hecho revivir un momento de mi vida y recordar esas maravillosas lecciones recibidas del Padre

He dicho que no soy psicólogo y no importa ciertamente pues lo que nos enseñara Castellani era lo que un hombre medianamente culto debiera saber de Psicología y que precisamente no coincide con lo que nos dictaran en el bachillerato sino como la contracara de aquello. Lejos de la Psicología positivista, de la Psicometría y de una Psicología reñida con la Metafísica, las lecciones que siguen demuestran que para ser buen psicólogo se necesita cultivar el hábito y no encerrarse en el método, pero teniendo una base filosófica

Que es lo que demuestra Castellani enseñando con lenguaje llano —nunca hablaba “en difícil”— aun de las nociones más sutiles del alma. Todo sin neblinas subjetivas (a las que son proclives especialmente los psicoanalistas), transparente, lúcido y todo sobre un fondo de la realidad como es: completa, sin abstraer nada de su contexto. 

Para lo cual acude, cuando las circunstancias lo aconsejan, a la anécdota oportuna, el chiste ocurrente, al juego de palabras ingenioso; todos recursos didácticos finísimos que ayudan a entender mejor las cuestiones del alma que se presentan como una imagen y no como productos de puros raciocinios. 

Recuerdo que las clases de este curso memorable durante los meses de invierno empezaban a las 18:30 en punto los martes y costaban $10, lo cual era una pobre retribución a enseñanzas que no tenían precio pero que le venía bien al Padre desheredado por la Compañía y sin un lugar donde caerse muerto. ¡Por suerte vivió 27 años más! El lugar era el Teatro del Pueblo que ya no existe más aunque el edificio de Diagonal Norte a un paso del Obelisco todavía existe. Había que bajar al sótano por una escalera estrecha lo cual le daba el aire de una cueva subversiva, como lo fue originalmente esta sala donde se representaban exclusivamente obras de autores socialistas y anarquistas, con la particularidad de que después de la función había un debate. En este teatro insólito, el Padre Castellani subía al escenario, que estaba muy alto, con toda energía y se paseaba ágilmente de un extremo al otro mientras hablaba o se detenía frente a un pizarrón donde dibujaba esquemas o escribía nombres y frases que apelaban a la retentiva del público. Su voz modulaba dentro de un amplio registro convirtiéndose en vozarrón viril cuando convenía, adoptando tonos inesperados cuando imitaba a los personajes de los relatos y jamás cayendo en la monotonía

Mi encuentro con los originales de este curso no podría celebrarlo más pues es para mí como recobrar la memoria de un recuerdo muy caro intelectualmente hablando. Por sus características, leerlo ahora es como estar oyéndolo a su autor con su estilo directo, sin remilgos, sin frases hechas, con ese estilo conversado que tenía su oratoria no dirigida al mundo abstracto sino a cada uno de sus oyentes. De allí que pudiera decirse en verdad que el Padre Castellani daba estas conferencias para todo público, en el buen sentido de la expresión pues aunque fuera heterogéneo cada uno en su nivel recibía su mensaje. Tal vez podría compararse su fecundidad a un mar lleno de pesca la cual pudiera ser recogida con distintos tipos de redes según las especies. Porque nadie se quedaba sin cosechar. 

Me acuerdo bien que hablando con mi novia de entonces —que es mi mujer desde hace más de 40 años— le previne de que el Padre era un poco excéntrico y que tal vez le chocara. Para mis adentros yo tenía un poco de respeto humano porque me parecía que no podía presentarlo como un gran profesor por tener esa modalidad. Ella acababa de llegar de Cambridge en cuya Universidad se graduara y después de la primera conferencia me respondió: “El Padre Castellani me recuerda mucho más a los buenos profesores que tuve allá que a esos profesores pomposos que son tan comunes aquí.” Y es cierto, la falta de convencionalidad es una buena cualidad de los docentes universitarios ingleses —como lo pude comprobar después teniéndolos como maestros y como colegas en Londres— que se caracterizan por tener una soltura de espíritu no muy fácil de hallar entre nosotros. 

Estas clases de Psicología ciertamente no se parecen en nada a la lectura de un Tratado, como suelen ser frecuentemente las clases “doctorales”, sino que más bien se asemejan a una visita guiada a un laboratorio; no tenían nada de librescas y en todo caso uno participaba del experimento antes de sacar las conclusiones del caso. Todo lo que decía el Padre tenía una “fuerza tremenda”, eso que él mismo define como “la suprema cualidad de la literatura”. Por lo cual me quedó siempre pendiente una pregunta que me hubiera gustado hacerle: siendo así: ¿por qué quería y admiraba a Borges?, ya que haciendo aquella afirmación había dado en el clavo de por qué Borges no puede ser considerado un gran autor puesto que toda su literatura carece de esa fuerza tremenda que está necesariamente emparentada con la noción de “mysterium tremendum” que define a la Religión. Vaya uno a saber; el caso es que releyéndolo ahora me ha ayudado a descubrir el quid de la cuestión. 

Es que muchas cosas que he venido dando por sabidas hasta ahora, como descubiertas por mí mismo, me parece que las aprendí en este curso inolvidable. Algún psicólogo pedante y superficial dirá que la bibliografía que cita Castellani está pasada de moda. El contestaría que sí y remarcaría de moda pero también nos recordaría con von Monakof que “lo que en Psicología no es tan antiguo como el mundo es falso”. Suprema sabiduría de detectar primero lo permanente, lo principal y dejar lo accesorio en segundo lugar. 

Es curioso que, cuando hablando de la educación de los sentimientos hace algunas recomendaciones sobre la formación de un seminarista, resulte que todas las virtudes aconsejadas las tenía él en grado sumo: una sólida formación intelectual, educación artística, don de oratoria y hasta cierto histrionismo sin el cual la predicación puede ser poco efectiva: el ideal del hombre completo que él llenaba a las mil maravillas con humildad y hasta una exagerada timidez que sabía vencer cuando era preciso establecer comunicación con un auditorio nutrido y heteróclito. 

Porque el Padre Castellani no sólo sabía Psicología teórica sino que daba testimonio de dominar la práctica igualmente. Que es la que demostró en este curso felizmente rescatado para este tiempo y el que venga. 

Algún lector se preguntará si este es un libro de Psicología religiosa ya que su autor es un sacerdote y habrá que contestarle que sí, pero de la buena. Nunca cae en el lugar común, ni en la beatería. Al contrario, la combate. Lo religioso en este libro no viene prefabricado ni es, por lo tanto, deleznable. Pero todas sus reflexiones ayudan extraordinariamente al conocimiento del alma, de la propia alma, sin lo cual las virtudes personales pierden todo sustento. Y eso hay que saber agradecerlo porque no hay muchos autores que nos ayuden en ese sentido: una Psicología “desde el alma” en vez de sólo “hacia el alma”. 

Patricio H. Randle*

"Palabras Liminares" a Psicología Humana del P. Leonardo Castellani.

*Biografía publicada por la Fundación Konex al otorgarle el Premio 1987 aquí.

Patricio Horacio Randle 3/III/1927 - 1/II/2016


jueves, 4 de febrero de 2016

Postfacio del Padre Castellani a su traducción del Señor del Mundo, de R.H.Benson

He traducido este libro para una persona, y si ella lo lee, lo demás no importa, pero puede ser útil, si no me engaño, a muchos otros.

Qui scribit, bis legit, decían los romanos; bien pudieran decir: qui vertit, ter legit, el que traduce, lee tres veces… [Seguir leyendo.]

martes, 1 de diciembre de 2015

Aragón, Ordóñez y D'Angelo sobre Castellani




Las tres notas se publicaron en el nº 41 de la revista Cabildo de marzo de 1981 con motivo del fallecimiento del P. Leonardo Castellani el 15 de marzo de aquel año.

Domingo Demaría era pseudónimo de Roque Raúl Aragón.
V.E.O. eran las iniciales de Víctor Eduardo Ordóñez.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Repositorio de obras del P. Castellani

Obras del Padre Leonardo Castellani en “Que no te la cuenten”

Si ha habido un autor que, en el mundo católico del siglo XX ha quedado relegado y que merece ser conocido, ese fue el Padre Leonardo Castellani.
Como sus obras se encuentran aquí y allí en el espacio virtual, hace tiempo que quería colocarlas en orden para su consulta.
Vengan, entonces, como un humilde aporte
P. Javier Olivera Ravasi

Para descargar las obras, pueden hacer clic AQUÍ

Para una biografía completa de la primera parte de su vida, AQUÍ (en formato mobi) o AQUÍ (en formato pdf), con permiso expreso de su autor.
También puede ser de utilidad el congreso realizado en su honor, AQUÍ
leonardo-castellani

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lunes, 23 de noviembre de 2015

Con todos se peleó (Juan M. de Prada)


[http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=25385]

En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero ninguno tan gigantesco y perdurable como el que me proporcionó el argentino Leonardo Castellani. Con legítimo orgullo, puedo confesar que si hoy no soy un escritor sistémico, ni un católico chirle al uso, se lo debo a este gran maldito, que con todos se peleó salvo con Dios; también sin asomo de hipérbole, puedo añadir que, si he mantenido el entusiasmo por mi vocación en medio de tantas zancadillas y puñaladas traperas, ha sido gracias al ejemplo de este escritor duro y precioso como un diamante que supo sobreponerse a todas las penurias y animosidades. Y puede que también conserve la fe gracias a su influjo benéfico. Castellani ha sido mi faro en las noches oscuras del alma, mi consuelo en la tribulación, mi guía en la pesquisa de la verdad, mi profesor de energía, mi protección contra los sobornos mundanos y mi intercesor en el cielo; pues un pecador tan denodado como yo necesita un abogado tan pugnaz como Castellani.
Apasionado polemista, detractor implacable de la modernidad y de toda su cochambre ideológica, Castellani es sobre todo un campeón de la ortodoxia, que como ya sabemos es la única forma de heterodoxia que nuestra época repudia. Resulta, en verdad, sobrecogedor, que un escritor tan formidable haya sido confinado en los desvanes donde se pudren los escritores prescindibles; y tal confinamiento lo ha consumado la canallesca cultura sistémica, pero también -no nos engañemos- la desidia de los presuntos «buenos». Castellani se distinguió por sostener -y no enmendar- aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido demonizar; las mismas que por respetos humanos, allanamiento ante el mundo o cobardía propia de eunucos muchos católicos (incluidos los que gastan báculo) no se atreven a defender. Aunque, para ser del todo sinceros, esta condena en muerte no es muy distinta de la que Castellani soportó en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, sufrió todo tipo de tropelías, hasta morir viejo y achacoso, sin más refugio que unos pocos fieles que lo confortaron en la desdicha y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones -la sacerdotal y la literaria-, íntimamente desposadas entre sí.
Terrible polemista
Nacido en 1899 en Reconquista, un pueblo santafesino, Castellani era hijo de emigrantes italianos. Su padre, un periodista librepensador, halló la muerte en una confusa trifulca con policías corruptos; es posible que este hecho marcase su carácter, misántropo y un poco neurótico. Por influjo de su piadosa madre, Castellani ingresa en la Compañía de Jesús en 1918; y la Compañía, que descubre enseguida sus dotes extraordinarias, lo envía a estudiar a Roma y a la Sorbona. En estos años de brillo y cosmopolitismo, Castellani prueba sus primeras armas literarias, que abarcan casi todos los géneros: volúmenes de relatos como «Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas» (con joyas que nada tienen que envidiar a los escritores más renombrados del género fantástico) o «Las muertes del padre Metri» (una especie de Padre Brown santafesinio), así como sátiras y colecciones de artículos como «El nuevo gobierno de Sancho» o «Las canciones de Militis», en las que junto a una cultura ecuménica Castellani revela dotes de apologeta consumado y temible polemista, dotado de un estilo vibrante y un humor socarrón de estirpe cervantina que le permite derribar los espesos muros de la mentira como si estuviesen hechos de alfeñique.
Son años en los que Castellani prodiga su pluma en las publicaciones más variopintas, exponiendo ideas disolventes, lúcidas hasta la imprudencia, que le van ganando una legión de enemigos, tanto entre las sotanas como entre los mandiles. Si sus comentarios políticos son tan luminosos como devastadores, sus ensayos religiosos fustigan sin melindres el vicio del fariseísmo y la sosería de una Iglesia resignada a la inanidad; y nada tan regocijante como sus artículos de crítica literaria, donde pone como chupa de dómine a todos los santones del canon, desde el tostónico James Joyce al señoritingo Borges.
En todas estas obras, Castellani muestra una hondura intelectual y una capacidad admirable paraprovocar en la inteligencia un movimiento de adhesión gozosa (o de rechazo fulminante, si la inteligencia está infestada de paparruchas políticamente correctas). Y es que nuestro autor era eso que los franceses llaman un «maître à penser», alguien que, a través de sus reflexiones, no sólo nos invita a pensar, sino que vertebra y muscula nuestros pensamientos; alguien que no sólo acicatea nuestra inteligencia, sino que la nutre, la robustece, la dota de un andamiaje robusto y, a la vez, la impulsa por caminos nunca antes transitados.
Con razón un escritor tan peligroso ha sido execrado igualmente por los impíos, los esnobs y los meapilas, y tanto en la vida como en la muerte…


Juan Manuel de Prada
Escrito originalmente en el diario ABC









ACTUALIZACIÓN 24-NOV-2015: También el portal español Religión en Libertad reproduce el artículo.





viernes, 6 de noviembre de 2015

Recuerdo del homenaje por los 80 años del Padre Castellani






[Revista Cabildo, 2ª época, año IV, nº 27, Buenos Aires: 6 de septiembre de 1979. Director: Ricardo Curutchet. Secretario de Redacción: Juan Carlos Monedero.]

jueves, 29 de octubre de 2015

Recuerdo de una injusticia poco conocida sufrida por Castellani

Revista Cabildo, año I, nº 3, Julio de 1973.

El hecho ocurrió el 2 de junio de 1973, cuando el Pbro. Osvaldo Francisco Musto (1934-2011), recientemente nombrado párroco de Santa Elisa, en la calle Salta 2290, frente al Hospital Rawson, en el barrio de Constitución, expulsa al P. Leonardo Castellani de su parroquia y le prohíbe seguir diciendo Misa en ella.


Vista actual del ex-Hospital Rawson y de la iglesia de Santa Elisa.

martes, 27 de octubre de 2015

Se estrena "El almuerzo": Castellani en el cine por primera vez

Martes, 27 de octubre de 2015  01:00 | Escenario

Una historia turbulenta retrata la época más oscura de Argentina

“El almuerzo” se estrena este jueves en los cines rosarinos. El filme se centra en el almuerzo que tuvo el dictador Videla con Jorge L. Borges, Ernesto Sabato, Horacio Ratti y Leonardo Castellani.

Argentina sangrienta. El filme muestra el secuestro del escritor Haroldo Conti por un comando de la dictadura militar de los años setenta.


Alejandro Awada, quien interpreta a Arquímedes Puccio en la tira de Telefe "Historia de un Clan" y al represor Jorge Rafael Videla en el filme "El almuerzo", dice "disfrutar mucho" del gran momento profesional que atraviesa y al cual llegó siendo "un hijo del trabajo y de la comprensión para poder evolucionar".
"Estoy disfrutando mucho y voy por más. Voy por seguir evolucionando y a ser más generoso, en todo sentido. Quiero tener más en cuenta a los demás. Apunto a ser feliz y la felicidad está con el otro", sostuvo Awada, quién estrenará este jueves en la pantalla grande "El Almuerzo", dirigida por Javier Torre.
"Soy hijo del ensayo y del error, del hacer para aprender y de aprender hasta que me vaya de este mundo. No creo en un hecho, sino en la prepotencia del trabajo. Trabajo mucho en profundizar el conocimiento de mí mismo", dijo el actor.
Con una extensa trayectoria, que incluye cine, teatro y televisión, el intérprete asegura que hoy, a los 53 años, se siente reconocido por el público y afirmó que el recorrido hasta este momento "no fue fácil" y que dudó "mil veces" sobre su vocación actoral.
Así, en estos días, a Awada le toca interpretar a dos personajes que tienen vínculos directos con el genocidio de la última dictadura militar y que le consumieron una carga emocional importante durante la actuación: el represor Videla y el secuestrador y asesino Puccio.
"Estoy muy lejos de considerar que el personaje se adueñe de la persona, no hay chances, es un mito. Pero con estos dos, entre toma y toma, transitar esas zonas oscuras era muy poco agradable. Había una sensación física de desagrado", sostuvo.
"El Almuerzo" narra la comida que Videla tuvo con Jorge Luis Borges (Jean Pier Noher), Ernesto Sabato (Lorenzo Quinteros), Leonardo Castellani (Pompeyo Audivert) y Horacio Ratti (Roberto Carnaghi) el 19 de mayo de 1976, una semana después de la desaparición de Haroldo Conti (Jorge Gerschman). En él, Videla (Awada) se muestra taciturno y con un empaque que no puede ocultar, habla de las intenciones culturales de su gobierno y encuentra, en el cuarteto de comensales, alguna pequeña adhesión.
Con un comienzo de franca violencia, el filme muestra el secuestro del escritor Haroldo Conti (Gershman) y el maltrato a su mujer Marta Scavac (Mausi Martínez) por un comando de la dictadura cívico-militar. La película se divide en un antes y un después del siniestro almuerzo, con un Borges que recuerda a sus antepasados militares y supone que su madre Leonor estaría orgullosa de su encuentro con el dictador, y un Sabato amenazado obscenamente por un matón en un bar.
"No creo que hayan acordado con el Proceso, sino que hicieron lo que pudieron en medio de esa coyuntura de terror y pánico", opinó Awada sobre el hecho narrado en una película que tiene la característica de ser coral.
Lo más interesante de "El almuerzo" es que esa comida no varió en absoluto el devenir del régimen que ensangrentó al país desde 1976 hasta 1983, ni a los intelectuales que quisieron "colaborar" con sus prestigios, ni al mismísimo Videla, que con su pétrea soberbia sólo buscaba blanquear su accionar frente a la opinión pública extranjera.
Las comparaciones con el fútbol son una constante durante todo el reportaje, porque para Awada son importantes los compañeros "delante y detrás de cámara", y, además, acotó que "el español es el único idioma que habla de 'actuar'; en francés, inglés y alemán se habla de «jugar»".
"Cuando Riquelme -dijo casi a los gritos, parado en el bar de la entrevista e imitando al ex diez de Boca- le tiró ese caño a Yepes no había contrato ni nada que valga. Ahí estaba jugando. Y yo, de forma madura y responsable, juego la actuación", sostuvo.
A lo largo de la charla, Awada hizo varias veces hincapié en que es "un trabajador" y en que para "evolucionar" es necesario aprender de las situaciones y de los demás.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Castellani, la mirada española

Leonardo Castellani
El pensamiento de Castellani puede resultar muy incómodo para los fanáticos de la equidistancia, porque se trata de un tipo capaz de vomitar todo lo tibio.

Kiko Méndez-Monasterio


[LEER]

sábado, 19 de septiembre de 2015

El Dr. Hugo Verdera recuerda al P. Castellani

El compromiso del laico N°24 - El Padre Castellani, auténtico sacerdote, maestro e inspirador.

En el editorial del mes, el conductor del programa ["El compromiso del laico"] recuerda al Padre Leonardo Castellani, señalando la impronta que este auténtico sacerdote, maestro e inspirador le ha dejado en su vida, como a tantos de sus discípulos. En una segunda parte, analiza el pensamiento del Padre Castellani respecto a la educación en la Argentina, trasladando su pensamiento a la grave crisis educativa que hoy vivimos.

https://youtu.be/EKK9AHhdvKA

martes, 11 de agosto de 2015

ens: Saltó la liebre

ens: Saltó la liebre: La liebre en el lino -Un linar siempre es peligroso para una liebre -dijo la Liebre Vieja-, y no asistiendo necesidad alguna, yo no veo....

jueves, 30 de julio de 2015

Castellani llega al Osservatore Romano

Juan Manuel de Prada acaba de iniciar en el diario "L'Osservatore Romano" una colaboración en la que analizará algunas de las "fantasías papales" más famosas de la literatura. En su primer artículo ha evocado la figura de su admirado Leonardo Castellani y comentado su novela "Juan XXIII (XXIV)".

Para Juan Manuel de Prada ha sido un inmenso honor poder dar a conocer al gran escritor argentino a los lectores de "L'Osservatore Romano". Y agradece infinitamente a su director, Giovanni María Vian, la oportunidad que le ha brindado.

(De la página oficial de Juan Manuel de Prada en Facebook.)

UN PAPA ARGENTINO ANTES DE FRANCISCO

Juan Manuel de Prada


En 1964 Leonardo Castellani imaginó a Juan XXIV


L'Osservatore Romano, 29 de Julio de 2015.

Han sido muchas, casi infinitas (y con frecuencia dictadas por una evidente animosidad anticatólica), las intrigas novelescas ambientadas en el Vaticano que fantasean con Papas que nunca existieron, por lo común envueltos en rocambolescas peripecias o víctimas de turbios contubernios. Pero quisiéramos iniciar esta serie de artículos con Juan XXIII (XXIV), una novela catoliquísima, en muchos aspectos profética, salpimentada de un humor de estirpe cervantina, en la que el santafesino Leonardo Castellani (1899-1981) se atreve a imaginar… ¡a un argentino en la sede de Pedro, medio siglo antes de que la ocupase Francisco!

Castellani fue un escritor de insuperable expresividad, pensamiento profundo e irresistible desenfado. Tenía sensibilidad de gran poeta que le permitía mirar más adentro y clarividencia de gran profeta que le permitía mirar más allá; y, sobre estas raras dotes, tenía el precioso don divino de contemplar las cosas abarcadoramente, con capacidad para conocer a un tiempo lo natural y lo sobrenatural, con la mirada de águila clavada siempre en el horizonte escatológico, manantial desde el que se nutre la esperanza cristiana. Cultivó casi todos los géneros literarios –poesía y novela, relato y ensayo, crítica literaria y exégesis bíblica--; y todos los géneros los bautizó con su peculiarísimo estilo, a la vez polemista y apologético, en el que comparece el hombre sufriente que Castellani sin duda fue, pero también el hombre que, en medio de sus padecimientos, se ata en obediencia a Jesucristo, para preservar íntegra su libertad. Castellani, que había sido expulsado de la Compañía de Jesús y suspendido a divinis en 1949, sería plenamente restituido al ministerio sacerdotal en 1966; pero aquel episodio traumático marcaría muy hondamente su biografía, y también su obra, que empuña el látigo de un Bloy o un Belloc, y a la vez la varita mágica de un Chesterton.

De esa magia y ese látigo se nutre la novela que ahora comentamos, Juan XXIII (XXIV), una especie de purga del corazón o sublimación autobiográfica publicada originariamente en 1964. Se trata de una obra muy influida por otra fantasía papal muy célebre, el Adriano VII de Frederick Rolfe (1860-1913), más conocido literariamente como Barón Corvo. Como ocurría en aquella novela, el protagonista de Castellani, Pío Ducadelia, hijo de italianos, es un trasunto del propio autor: religioso “jeromiano” (pronto descubriremos que esta orden jeromiana es un trasunto de la Compañía de Jesús) a quien se ha prohibido celebrar misa, de repente es rehabilitado y enviado a Roma, como asesor del arzobispo de Buenos Aires. Se ha empezado a celebrar el Concilio Vaticano II, que en mitad de sus sesiones habrá de trasladarse al Palacio de Letrán, por complicaciones políticas que no tardan en desembocar en una cruenta “guerra ruso-europea”, en la que los soviéticos lanzan bombas atómicas sobre las principales capitales europeas, antes de perder ante una alianza de países europeos que restaurarán la monarquía en Italia y Francia. Sobre este trasfondo de incertidumbre y agitación bélica transcurren las deliberaciones de los padres conciliares, en las que Ducadelia participará en calidad de teólogo pontificio, después de haber deslumbrado al Papa Roncalli con sus propuestas de reforma para la Iglesia, que se centran en combatir –citamos textualmente-- “la burocracia impersonal en el manejo de los asuntos eclesiásticos”. Para lograr esta desburocratización, Ducadelia propone, por ejemplo, una “descentralización del gobierno eclesiástico, con nombramiento de Patriarcas, a la manera del siglo V”, así como la constitución de un “Consejo del Papa” formado por doce peritos, “cada uno en un ramo del gobierno”. También propone Ducadelia una “revisión y ajuste del celibato eclesiástico para hacerlo más riguroso y decente”; y aconseja al Papa, para evitar escándalos financieros, que “ni los obispos ni las órdenes religiosas puedan tener papeles de crédito de ninguna clase”, sino que “todos los bienes eclesiásticos se inviertan en bienes raíces, los cuales serán encomendados para su productividad a los Cartujos y a los Trapenses”.

Pero el Concilio tendrá que disolverse, ante el avance de los soviéticos, y el Papa tomar el camino del exilio, donde morirá, dejando encomendado que –ante la diáspora del colegio cardenalicio-- su sucesor sea elegido por tres únicos compromisarios. Ducadelia, por su parte, es apresado y conducido a Rusia, donde sufrirá pavorosas torturas; cuando por fin sea evacuado y regrese a Roma descubrirá, para su estupor, que ha sido elegido Papa. En una muestra de veneración filial a su predecesor, decide adoptar el nombre de Juan y repetir su numeral, alegando lo siguiente: “No hubo Juan XX. Y hubo un Juan XV que murió al mes de ser elegido, y no fue coronado canónicamente. Hubo un Juan XXIII durante el cisma de Aviñón, que no fue Pontífice legítimo. De modo que, numerando con rigor histórico, nuestro Venerable Antecesor fue Juan XXII. Y así todos los Juanes in retro, restando uno a cada numeral… hasta el XV”. De inmediato, el nuevo Juan XXIII (ó XXIV) declarará que el cometido primordial de su pontificado será “la batalla de la pureza interna” de la Iglesia y el combate contra lo que denomina el “elesiasticismo”, que en algún momento se describe así: “Son todos esos magnates carcamales que no quieren cambios en la Iglesia porque a ellos les va bien así; y a ellos les va bien porque carecen de tacto y de olfato para ver (de vista también, por supuesto) que se están quedando solos, que el mundo se retira en silencio de la Iglesia… Solos y solazándose con sus honores pueriles y sus comodidades… mujeriles. El eclesiasticismo es la peor herejía que existe hoy en la Iglesia”. Para combatir este “eclesiasticismo” y librar la batalla de la pureza interna Ducadelia reduce en dos tercios la burocracia vaticana, considerando que se trata de “una máquina y por tanto no tiene tacto”. “Es menester –añade-- dotar a esa máquina, que ya tiene un cerebro arriba, de un corazón en el centro y de papilas táctiles en los extremos, allí donde ella entra en contacto con el ser humano vivo; porque el sacerdote es, o debe ser, humano…”. En su búsqueda de sacerdotes con calidez humana, Ducadelia no tendrá empacho en castigar a los predicadores “fallutos” (hipócritas o falsarios, en español de Argentina) ni en rebajar los estipendios de la curia, lo cual le granjeará muchos descontentos y animadversiones.

También levantará gran tempestad de críticas su decisión de instalarse a vivir muy pobremente en un edificio próximo a Letrán, alegando que “el enorme palacio de Michelángelo y Bramante no es apto ya para el trabajo y el alojamiento, sino para el turismo”. Ducadelia considera que “Roma se está volviendo, de museo que fue, un enorme y lujoso cenicero”; y apostilla que no quiere “iglesias de turismo”, sino parroquias vivas y activas, por lo que manda edificarlas en los barrios nuevos de la Urbe, con el dinero logrado vendiendo algunas obras de arte. Afirma que “el verdadero tesoro de la Iglesia son los pobres”; y por ello mismo se esfuerza en vivir en pobreza, con apenas un dólar al día. Asimismo, promueve una purificación de las órdenes religiosas, que debe iniciarse por su rechazo de las comodidades materiales: “Prefiero a mil jeromianos auténticos, conformes a la mente de su fundador, que 40.000 mil falsificados… Cuando aparecieron los primeros jeromianos en el mundo, parecían siete leones; y ahora parecen innumerables ovejas”.

Tantas y tan sustanciales reformas no hacen sino aumentar el número de sus enemigos, que buscan constantemente el modo de perderlo, como los fariseos hacían con Jesús, tendiéndole trampas y haciendo las interpretaciones más retorcidas de sus palabras. Así, desde ciertos sectores de derecha se le acusa de “hacer confusión con su política filosemita”; mientras que, desde el otro extremo, la prensa americana lo acusa de “antisemita”, por su condena de las grandes corporaciones financieros. Y también los democristianos meapilas empiezan, por su parte, a quejarse de que el Papa “ni siquiera cita la Biblia en sus escritos, sino muy raramente, como tampoco a Santo Tomás y San Agustín: sus encíclicas parecen escritas por un filósofo del siglo XVIII…”; y rematan sus críticas tachándolo de “indevoto”. A la vez que el “eclesiasticismo” lo asedia, la plutocracia internacional planea atentar contra su vida; y no es de extrañar, pues Ducadelia no ha tenido empacho en destapar sus manejos, señalando el mal que corrompe a las democracias parlamentarias, que “con el cuento chino de la soberanía del pueblo” se han convertido en “una tapadera de la plutocracia, un caballo de Troya de la Finanza apátrida, un cobertor de sociedades secretas y una arena espléndida para el despertar hirviente del comunismo”. Para Ducadelia, el conflicto anticrístico final antes de la Parusía será entre ese comunismo al que fatalmente nos conduce una democracia corrompida y la Finanza apátrida, que en otro pasaje se nos describe así: “Es una sociedad nueva (o vieja, no lo sé) que dirige o concierta el movimiento anticristiano secreto en todo el mundo. Posee por doquier filiales y grande pecunia. (…) Su objetivo es destruir el cristianismo y crear un Estado Mundial ateo; con todos los medios posibles, incluso los más infames, sin restricción moral ninguna y en el mayor secreto. Los oí también llamarse oneworlders, o sea, “mundounistas”. No son masones ni judíos; se sirven de los masones, de los judíos, de los ateos, de los protestantes, de los católicos tontos, y de cuanto haya. (…) No reparan en medio alguno: el asesinato político, el robo en gran escala, la calumnia, la mentira (…). Parecen tener recursos inmensos, no sólo de dinero, mas también puestos políticos y mandos militares. Los domina un odio ilimitado a la Religión. No sé si practican el culto a Satanás, pero lo dudo; aquí todo es sobrio, escueto, moderno; nada de las antiguas mojigangas y grotesquerías de los francmasones”.

La intrépida denuncia de esta conspiración mundialista provocará que la prensa, que en un principio lo había alabado fervientemente, se revuelva contra el Papa: “Resulta curioso –escribe Castellani-- que todo aquello por lo que lo alabaron se convirtió al final en defecto: que así son los ánimos humanos, o bien la madurez senil de esta época. No tanto en el popolino, que siempre siguió venerándolo, cuanto en parte de los magnates eclesiásticos y la Prensa… Al principio todos los periodistas se hacían lengua de sus cosas (que eran siempre “noticia”) y se llenaban la boca llamándolo colega y cofrade, pero al fin se gastaron las novedades y cambió el viento periodístico, sobre todo cuando empezaron las medidas duras e impopulares”. Pero, aunque su prestigio ante el mundo decaiga, el Papa Ducadelia no cejará en su propósito quijotesco de purificar la Iglesia, escribiendo incansable encíclicas, viajando (a veces de incógnito) a los parajes más variopintos del atlas y atreviéndose, incluso, a enfrentarse a la secta mundialista en su propio cubículo o madriguera, con riesgo de su propia vida. Y es que Juan XXIII (XXIV), que no en vano se subtitula La resurrección de don Quijote, es una obra transida de los ideales caballerescos de defensa del débil y combate sin cuartel contra la hipocresía y el fariseísmo ambientales; y perfumada por un humor de la mejor estirpe cervantina. En un pasaje especialmente hilarante de la novela, un entrevistador empeñado en malquistarlo con la Compañía de Jesús pregunta a Ducadelia: “¿Pueden los jesuitas viajar en avión?”. A lo que Ducadelia responde con gracejo: “Solamente como pilotos”.

Sin duda alguna, la novela de Leonardo Castellani debió resultar chocante, incluso estrafalaria, cuando se publicó, allá a mediados de los años sesenta; pero su autor, poeta que sabía mirar más adentro y profeta que sabía mirar más allá de las apariencias, habría podido responder con aquel aforismo de Oscar Wilde: “La naturaleza imita al arte”. Aunque a veces tarde medio siglo en hacerlo.

Juan Manuel de Prada


miércoles, 20 de mayo de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

Genial noticia

Gracias a la enorme generosidad del autor y de la editorial, podemos anunciar a nuestros lectores la posibilidad de bajar gratuitamente la primera parte de la excelente biografía del Padre Leonardo Castellani.

Biografía de Leonardo Castellani


Versión digital de la detallada biografía escrita por Sebastián Randle “Castellani (1899 – 1949)”
Finalmente, he aquí la versión digital de la primera mitad de la biografía del P. Castellani (más conocido como "el ladrillo verde") que escribiera Sebastián Randle.
La versión digital que aquí ofrecemos para que lo descargue quien quiera, en el formato de su elección, contiene las 293.651 palabras de su versión impresa, más las 60.294 palabras de sus 1658 copiosas citas.
¡Gratis! Para divulgar entre los amigos, para descargar  mientras aguardamos la aparición de la segunda parte (1949 – 1981) que el autor promete para fines de año.

domingo, 15 de marzo de 2015

34º aniversario de su fallecimiento



Parecemos devolvértelos a Ti, oh Dios, de Quién los recibimos. Pero así como Tú no los perdiste al darlos a nosotros, tampoco los perdemos cuando regresan a Ti.

Oh Amante de Almas, Tú no das como el mundo da. Lo que das no quitas, pues lo que es Tuyo, también es nuestro puesto que somos Tuyos, y Tú eres nuestro.

La vida es eterna, el amor es inmortal; la muerte no es más que horizonte, y el horizonte no mas que límite de nuestra visión.

¡Levántanos, oh Poderoso Hijo de Dios, para poder ver más allá; enjuga nuestros ojos para mirar con luz más clara; acércanos a Ti para sentirnos junto a Ti y hallarnos cerca de nuestros queridos seres que están contigo!

Y mientras preparas un lugar para nosotros, prepáranos a nosotros también para esa tierra feliz, por que donde estés, estemos nosotros también, por siempre. Amén.

Rdo. Padre Bede Jarret O.P.


miércoles, 14 de enero de 2015

Freudismo y Antropología según el Padre Leonardo Castellani


Por Hugo Alberto Verdera*

1. Introducción: Freud en el proceso de descristianización de occidente

Nada fácil resulta para quien les habla, analizar el pensamiento de quien uno considera, de todo corazón, su maestro. Y debido a que uno se considera, con plena verdad, totalmente insuficiente para haberlo apreciado en toda su dimensión, le parece asumir una actitud de irresponsabilidad. A esto hay que unir que, quien les habla no es médico, ni psicoanalista profesional, sino un estudioso del pensamiento del Padre Castellani que, guiado por el mismo, se aproximó a esos campos científicos específicos. Porque el Padre Castellani, en su vastísima y polifacética labor intelectual, abarcó, con los rasgos característicos de su genialidad, la esencia propia del pensamiento de Sigmund Freud y del movimiento por él y en él originado, así como sus derivaciones, imposibles de ignorar para comprender el contexto y la esencialidad propia de la modernidad, uno de cuyos signos más significativos de su degradación es la deformación de lo sexual, mediante un reducionismo que tiene, sin lugar a dudas, por padre putativo a Freud. Sin su aporte, no existiría, el denominado «pansexualismo» hoy auténticamente imperante.

Castellani vio, con objetividad, en el freudismo uno de los más importantes movimientos de la Psicología del siglo XIX, fundamentalmente, en su fase empirista. Y supo, genialmente, desentrañar que el sistema de Freud, nacido como un «análisis terapéutico para la cura de neurosis», se conformó pronto como una «pseudo-doctrina psicológica» y, fundamentalmente, como una filosofía, es decir, como una antropología totalitaria radical e intencionadamente falsa, que terminó en una utopía mitológica, cuyo éxito se explica en el proceso de descristianización de Occidente, constituyéndose en uno de los pilares fundamentes del mismo.

2. Freud como «teólogo» y filósofo

Se ha dicho con toda exactitud, respecto de Castellani, «...que él era psicólogo no sólo por sus excepcionales condiciones para la comprensión y descripción del misterio del hombre, dramáticamente vivido desde su experiencia en las cimas del dolor y la angustia como en las cimas de la esperanza y el éxtasis, sino que lo era tomado también por específica capacitación académica»[1].

Hablando de las herejías en la Argentina, caracteriza Castellani a la moderna como «que es oculta, resume a todas las otras, y es más peligrosa que todas: ella es el modernismo, el naturalismo religioso, el progresismo o como quieran llamarla. Ella consiste simplemente en suprimir lo sobrenatural y endiosar lo natural. Esa herejía central es el fondo común o cimiento de todas las formas del naturalismo herético actual...». Y Castellani agrega más adelante que «muchas de ellas son contrarias entre sí –aparentemente– y se golpean y patean», y cita expresamente entre ellas «el optimismo sucio de Rousseau y el pesimismo sucio de Freud...»[2], ya que la desintegración interior del hombre es no sólo dolorosa e inevitable, sino sobre todo, insuperable, y el creador de la Psicoanálisis propone «ocultar la desesperación bajo el manto de la resignación. Freud sólo puede ofrecer al hombre doliente la paz de “Thánatos” (la Muerte)», en primer lugar, porque su ateísmo le impidió admitir al Dios de Abraham y la Redención por Cristo, y luego, porque sus errores filosóficos le hicieron buscar la unificación del psiquismo humano donde jamás puede darse: «del lado de la tendencia, y después en la parte más baja de la tendencia, en el Instinto, reducido monstruosamente a uno solo (la Libido)»[3], y esto hasta tal punto que, anteriormente, señalaba Castellani que el Padre afirma, en otro lugar, que aún «el arte es un desahogo de la libido, dice Freud: no es verdad»[4]. Y en otra de sus obras, Castellani, analizando el Pecado Original, expresa que «es evidente que si te pones a predicar que este mundo es un paraíso, a poco tiempo los hombres gritarán a coro que es un infierno; siendo que no es ninguna de las dos cosas; y si te pones al hombre que él es naturalmente bueno, que el sumo bien es esta vida y que su naturaleza está entera e intacta como salió de las manos del Creador, al poco tiempo oscilará bruscamente el péndulo y los hombres dirán que el hombre es una porquería: a Rousseau sucederá Freud». Y termina el Padre: «Es peligroso consolar a nuestros semejantes negando el mito del Pecado Original, porque explota otro mito mucho más desconsolador, el mito maniqueo de La Libídine Omnipotente o el Pecado Universal e Inevitable o simplemente el Dios del Mal, Arriman o Satán...»[5]. Es comprensible que Freud haya afirmado, como nos recuerda Castellani, que «el ascetismo es una neurosis de ansiedad masoquista»[6].

Y en otra homilía, el Padre Leonardo señalaba que «El mérito de la Psicología Individual ha sido haber atraído fuertemente la atención, reaccionando contra el Pansexualismo de Freud, sobre su rol de primer orden en la formación del carácter y sus deformaciones, de ese apetito de poder y de esta experiencia de impotencia subordinados a un ideal lejano y relacionado con la realidad social»[7].

Y con precisión teológica irrebatible, Castellani ve en Lutero un antecedente ineludible de ese pansexualismo, al afirmar que «Lutero [...], en su libro De servo Arbitrio (opuesto al De Libero Arbitrio de San Agustín) estimó que el Pecado Original había arruinado y corrompido a fondo la natura humana: de él deriva la asquerosa Teología o Filosofía de Freud»[8].

Puede parecer apresurado calificar la teoría freudiana, es decir, al propio Freud como teólogo. Pero como nos enseña agudamente Castellani, «para un teólogo no es problema clasificar al freudismo teológicamente: es una herejía judaico-cristiana, una especie de maniqueismo luterano», luego de señalar, renglones antes, que «si me oyera Freud levantaría de su tumba la testa con asombro, ¿yo teólogo?»[9]. Más adelante, ratifica lo afirmado, expresando que «Emile Ludwig lo llama “mago” e “impostor”; Oliver Brachfeld, notable psicólogo [...] le llama “hiena hedionda”; y el Dr. Nathan ha escrito un libro titulado Los psicoanalistas deben ser fusilados». Y Termina el Padre: «Estas tres autoridades son judíos, no cristianos, porque el psicanálisis corroe la moral judía lo mismo que la moral cristiana, las cuales no son heterogéneas en fondo ni mucho menos»[10].

Para Castellani, Freud es como investigador, «un pensador de raza, de una cultura exitista, de un instinto psicológico excepcional, de una laboriosidad portentosa, de una gran honestidad intelectual». Y como psicólogo, «es el fundador de una doctrina filosófica que tiene grandes aciertos [...] mezclados a grandes errores, o mejor dicho prejuicios, prejuicios que afectaban su doctrina en forma que, preguntándose si es buena o mala, haya que contestar que es mala “simplemente” y buena “según un cierto aspecto”», añadiendo que «el llamado “pansexualismo”, el asocianismo psicológico, la exageración del llamado por Ribot “método patológico” y su incapacidad mental para distinguir la potencia del acto y la causa material o eficiente de la causa formal son los principales de esos prejuicios» o grandes errores[11].

Castellani, absolutamente fiel al principio tomista de «buscar la verdad donde se halle», expresa que «en vez de increpar, o tan siquiera refutar, nos limitaremos a exponer los aciertos de Freud completándolos en lo posible [...] en el fondo la mejor manera de refutar; porque liberado el núcleo de verdad que hay en todo error poderoso, el error se cae solo como una cáscara vacía»[12].

El Padre Castellani se pregunta «¿por qué tuvo el análisis freudiano esa difusión fulminante y esa “prensa” que no tienen ningún otro filósofo contemporáneo...», y da cinco razones:

«1. Por el «escándalo» que acompaña a todo lo que versa sobre lo que versa sobre lo «sexual», sobre todo en nuestra hechicera época, en que el llamado «problema sexual» es muy agudo; y la indisciplina de las costumbres también;

2. Por la «revolución» contra las buenas costumbres que prometer la cómoda moral freudiana.

3. Por el talento literario de Freud, que confiesa que él tuvo vocación (o al menos tentación de novelista).

4. Por la audacia del pensamiento que acomete todos los problemas del hombre frente a la enteca y deshumanizada psicología académica.

5. y principal, por las soberanas dotes de investigador científico del autor, que reportó como frutos verdaderos descubrimientos: la teoría del Subconsciente, la etiología de las neurosis, la definición psicológica del ensueño, una teoría completa acerca del instinto sexual, un planteo exacto y unitario de absolutamente todos los problemas Psicológicos principales»[13].

Más aun, afirma Castellani que «la aparición de la psicanálisis volvió de nuevo interesante la psicología y la puso de moda: se puede decir que fue un retorno a la ciencia del alma desde la pedantesca e inútil “Psicología experimental”. Puede ser clasificado como psicología antropológica»[14].

Pero, «por haberse fundado sobre bases filosóficas deleznables, la doctrina psicanalítica se volvió pronto un caos [...] se dobló pronto de una doctrina psicológica y vulgar, que se puede llamar una mitología»[15]. Es que, como magníficamente ha señalado Louis Jugnet, «Existe también una “litósfera”, es decir una atmósfera intelectual y afectiva propia de toda época. A fuer de tomar “la costumbre por la naturaleza” –según la hermosa expresión de Montaigne–, se llega, sobre todo gracias a la difusión de los “mas-media”, a hacer aceptar al hombre común como evidente, o por o menos como definitivamente adquirido, ideas que con frecuencia son totalmente contrarias a la verdadera naturaleza de las cosas. Tal es el caso [...] del psicoanálisis y del verdadero “sistema del mundo” construido por Sigmund Freud, cuyos postulados de base no son cuestionados en la práctica sino por un puñado de autores rebeldes a la moda y al célebre “Viento de la Historia”»[16].

3. El error de Freud

Para Castellani, «ponerse a perseguir las proposiciones erróneas que hay en los psicoanalistas sería interminable y ponerse a refutarlas sería enteramente desabrido», añadiendo que los errores de Freud han sido refutados por la clínica, incluso por la clínica del mismo Freud, del cual no de balde se distinguen tres épocas»[17]. Remitimos a la lectura de los mismos, como a su refutación, para centrarnos en la concepción de base antropológica freudiana y su utilización como elemento constitutivo esencial en la elaboración del modelo humano erótico y su importancia en la constitución del «nuevo orden mundial».

Para Castellani, el error filosófico de base en nuestro autor, es que «Freud es absolutamente incapaz de percibir la distinción entre acto y potencia, lo cual significa que filosóficamente se ha ido, se ha retrotraído y regresado (como decía él) más atrás de Platón, más atrás de Aristóteles, y más atrás de los presocráticos, es decir, al nivel mental del niño y el salvaje. [...] Toda la filosofía aristotélica reposa sobre la distinción entre potencia y acto y su consecuencia inmediata el “Motus” o devenir. Aunque entre el ser y el no ser no hay medio, existe una cosa que es en cierto modo y no es en cierto modo y se llama “dynamis”? O potencia; la cual simplemente hablando no es y según algo, es. El árbol está en la semilla en potencia»[18].

Señala Castellani que cuando Freud expresó que «el primer acto del recién nacido, es decir, tomar la teta, es un acto sexual, los franceses, que “son guasones”, produjeron grandes chistes. “El chico hace un acto sexual, pero convengamos en que de paso, se alimenta” dijo Charles Blondel. Por su parte, el Profesor Claude afirmó: “El primer movimiento del brazo del recién nacido es un acto guerrero, porque con ese brazo algún día empuñará el fusil; pero no conviene ahora mismo mandarlo a la conscripción”. Y un maestro de la Sorbona, George Dumas afirmó: ¡Freud dijo eso! ¡que Dios tenga piedad de su alma»[19].

Castellani expresa que un discípulo suyo, de 16 años hubiese respondido simplemente: «Potencialmente sí, actualmente no». [...] El muchacho alumno de Santo Tomás dice: «Nacemos con el (instinto sexual) in potentia; lo adquirimos in acto». Y continúa el Padre Castellani: «Dejemos hablar al muchacho bachiller en Artes en una Universidad del Medio Evo:

«¡Oh mis queridos borriquitos! Evidentemente el primer acto del niño procede de esa tendencia general que nosotros llamamos “apetito sensible” y vosotros burronamente Libido; pero por el hecho que más tarde ese apetito sensible, parte de él, se va a dirigir a objetos sexuales, no quiere decir que ya ahora sea sexual. Porque para conocer una función no hay que escudriñar su raíz, la cual es común a todas y se llama tendencia vital, sino su flor y su fruto. Quiero decir que las funciones se especifican por sus actos y los actos por sus objetos; y en el hombre hay una progresiva aparición de nuevas funciones, que son nuevas y no nuevas; nuevas por un nuevo objeto que las diversifica específicamente y en cierto modo, las crea; no nuevas por su lejana raíz, que no es otra cosa que la tendencia general al bien, o sea, al Ser, que en todas las lenguas del mundo se llama Amor. Tenéis cero en Metafísica; habéis confundido la potencia y el acto (Hasta aquí el Bachillerejo). Esa confusión es el origen de la mayoría de los errores de Freud; si no de todos. Podría ir aplicándola una tras otra a su teoría del instinto, teoría de las neurosis, teorías de las perversiones [...], teoría de la sublimación y teoría de la Sociedad». Y termina Castellani: «Esa confusión es la que da origen a la horrenda invención del Thánatos o Instinto de Muerte. Basta recordar aquí la importancia de esas cuatro frases sintéticas. A saber: Adler: “Ser hombre es sentirse en estado de inferioridad y constantemente impelido por un instinto de superación”. Jung: “Ser hombre es sentirse incompleto y continuamente espoleado, por una Pulsión Vital, que siendo general es, sin embargo, de natura sexual general”. Freud: “Ser hombre es estar continuamente espoleado por la Libido o Principio de Placer que lucha contra su contrario el Thánatos” (agregado de la tercera época). Aristóteles: “Ser hombre es sentirse vivir y continuamente atraído a vivir con plenitud” (Sullivan)»[20].

Respecto al concepto esencial freudiano de Libido, señala Castellani que existen cantidad «de amores espirituales, como el amor a la patria por ejemplo, que pese a Freud no tiene nada que ver con la Libido, y por encima todavía existe el amor místico de Dios, que es un misterio, que escapa ordinariamente al psicólogo, por más redes que le eche para atraparlo»[21].

Concluye nuestro querido Castellani que «el psicanálisis, aún corregido debe ser presentado como un remedio último para cuando fallen todos los otros, y es comparable a una seria operación quirúrgica. La “noche oscura” de los místicos es comparable al psicanálisis. Pero al revés: para arriba y no para abajo...»[22].

Castellani denunció «que ha habido muchas tentativas de unificar la ciencia psicológica (de reducir a unatodas las psicologías), ubicando entre ellas al freudismo»[23], y que «en el plano psicológico Freud aparece como un psicólogo intuitivo de penetración asombrosa, pero viciada por lagunas insalvables y prejuicios fortísimos»[24]. Hablando de Janet, Freud, Leuba, dice Castellani que «desconocen absolutamente la religión y encima la odian furiosamente. Pero También desconocen la psicología»[25].

Yendo al plano de lo político, Castellani vio con claridad la importancia del freudismo para la consolidación de un nuevo orden. Afirma (en la década de 1950), «que la psicología se reduce a Freud y a Pavlov porque dan poder, para domesticar animales y para dirigir a los hombres»[26].

Intentemos ahora, una síntesis respecto a la «filosofía freudiana», que ya realizamos en un trabajo anterior[27].

1. Todo su sistema está impregnado e imbuido de una concepción pesimista de la vida.

2. Su filosofía es radicalmente atea, materialista, determinista(no dejando ningún lugar a la libertad humana, ya que considera que todo acto del hombre está determinado por su pasado) y utilitarista (ya que considera que todo el psiquismo humano se reduce a una lucha entre el «principio del placer» y el «principio de realidad», es decir, los duros renunciamientos que nos infligen las leyes de la naturaleza y de la sociedad.

3. La filosofía freudiana procede por afirmaciones masivas y «explica toda crítica por alguna resistencia, represión o complejo».

4. Su noción de «Libido» convertida en el motor único y central de la actividad humana, dando como resultado un «pansexualismo»reduccionista, única explicación de lo humano. Para él, la libido, concupiscencia sexual, designa la energía psíquica primordial y única. Así, la libido freudiana significó la clave de toda la vida de relación, el núcleo de toda actividad afectiva, el motor de toda la vida cultural. Así, para Freud el hombre es monoinstintivo y el psiquismo humano es pansexual o totisexual. Y el fondo del hombre es primitivo activo bestial, infantil alógico y sexual. De ahí que la perversión sexual no sea pasible de ninguna condena moral.

En suma, el freudiano parte del presupuesto que el hombre es un manojo de fuerzas biológicas exclusivamente y que ellas se parecen a las fuerzas mecánicas. De este modo, su sistema moral no podía ser otro que el «hedonismo».

En suma, el pansexualismo psicoanalítico es plenamente explicativo y la resultante de las doctrinas freudianas, puesto que en éstas el pansexualismo se afirma de manera categórica. El mismo Freud escribe: «La mayoría de las personas cultas han visto en esta denominación una ofensa y se han vengado lanzando contra el psicoanálisis la acusación de pansexualismo. Quien ve en la sexualidad algo vergonzoso y humillante para la naturaleza humana puede servirse de las palabras más claras de eros y erótico. Habría podido hacer yo otro tanto desde el comienzo y me habría ahorrado no pocas objeciones, pero no lo he hecho porque no me gusta portarme como pusilánime. No se sabe dónde se puede llegar siguiendo por este camino; se comienza cediendo en las palabras y se acaba, a veces, cediendo en las cosas»[28].

Por lo tanto, Freud asume plenamente su «pansexualismo», ya que las cosas en las que no quería ceder y en realidad no ha cedido nunca, a pesar de algunas fluctuaciones verbales, se aclaran cuando dé la definición de libido, sin duda su caballito de batalla. Expresa al respecto: «Libido es una palabra que hemos tomado prestada de la teoría de la afectividad. Con ella designamos le energía (entendida como magnitud cuantitativa pero que no estamos todavía en condiciones de medir) de las tendencias que se enlazan a lo que nosotros llamamos en conjunto con la palabra amor. El núcleo de lo que nosotros llamamos amor está constituido, naturalmente, por lo que es conocido comúnmente por amor y es cantado por los poetas, es decir, el amor sexual cuya culminación constituye la unión sexual».

Si bien Freud no desconoce las otras variedades de amor (hacia sí mismo, hacia los padres, de los ciudadanos a la Patria, la amistad) empero para él todas estas variedades de amor «son otras tantas expresiones de un único conjunto de tendencias que, en ciertos casos, aún conservando rasgos característicos de su naturaleza que bastan para no inducir al error sobre su identidad, alejan de este fin e impiden su realización» (Psicología colectiva y análisis del yo, p. 104, citado por Felici, o. c., p. 155).

De este modo, el pansexualismo se inscribe como eje y resultante central del psicoanálisis freudiano[29].

4. Implicancias políticas del pansexualismo

Sydney Hook, al presentar su libro crítico sobre el método científico del psicoanálisis, hace notar que «no falta quien afirme que la teoría freudiana del hombre es potencialmente la teoría que prevalece sobre todas las otras justamente porque se ocupa de la mente y del comportamiento humano, porque ofrece la clave fundamental para comprender las elecciones y decisiones que los hombres toman o dejan de tomar»[30].

En primer lugar, encontramos en Freud cuáles eran sus opiniones políticas. Se ha señalado que careció de perspicacia en sus juicios políticos. «Fue admirador del nacionalismo y del militarismo alemán, juzgó a los servios de imprudentes, se entusiasmó [...] por la guerra de los imperios centrales y en este clima habló de “nuestras batallas”, esperó la caída de París, confió en la derrota de los rusos... cambiando de opinión sólo a fines de 1917, o sea con los hechos a la vista, pero todavía en el ’18 esperaba una victoria de Alemania... después asistimos a un sorprendente cambio de opinión. Más tarde, cuando ya el movimiento de Hitler estaba en plena actividad, pensó como absolutamente imposible que los alemanes dieran vía libre al nazismo. Aún aquella vez se equivocaba»[31].

Incluso, evidenció tendencias antidemocráticas. De hecho, «no sólo no expresa jamás juicios desfavorables contra el fascismo, sino que nutrió una gran admiración por el Duce, a quien dedicó en 1933 un pomposo elogio que tenía una clara e innegable referencia a la obra política mussoliniana»[32]. Afirma, en Moisés y el monoteísmo, Freud sostiene que bajo el fascismo «el pueblo italiano viene educado en el orden y en el sentido del deber»[33].

Señala Ennio Innocenti que surge en los propios textos de Freud su propensión a la dictadura. Escribe en 1927, Avvenire d’una illusione, «en donde se lee que la civilización es obra de una minoría que obliga a una mayoría recalcitrante. La invocación de la dictadura parecería implícita en aquello que piensa Freud sobre las masas: “la masa es un rebaño dócil, incapaz de vivir sin un patrón. Está tan deseosa de obedecer que se somete instintivamente a aquel que se le propone como jefe”, agregando que el advenimiento de las masas parece que conlleva una “regresión psíquica” (que, sin embargo, estaría “considerablemente atenuada en la masa organizada”, como es, por ejemplo, un ejército), casi una “resurrección de la horda primitiva” caracterizada “por el abajamiento de la actividad intelectual y de la incapacidad de controlarse”»[34].

En nuestro trabajo antes citado, bosquejamos los intentos de conformación de un «freudo marxismo». Afirmábamos que «la vinculación de su pensamiento con el proyecto revolucionario“pansexualista” no se comprende el concepto de hombre involucrado en dicho proceso revolucionario»[35]. Y desarrollamos como ejemplos de esa vinculación con dos «que ratifican lo expresado: el actuar concreto de Wilhelm Reich y su “revolución sexual” como requisito previo ineludible para la revolución marxista en Occidente; y Herbert Marcuse y su hegelianismo freudomarxista constitutivo de su “rebelión liberadora”, expresión de un proyecto hedonista y polisexual tomado de Freud y trasladado del plano de la vida del inconsciente al orden de los fenómenos conscientes individuales y colectivos. Vemos así que el freudismo subyacente en Wilhelm Reich y en Herbert Marcuse se constituye en un neo-erotismo, considerado como punto de partida del proyecto revolucionario “liberador” de la sociedad»[36].

5. Conclusión: necesidad de superar la concepción antropológica falsa del freudismo y su utilización ideológica

Concluimos este bosquejo, en el que hemos procurado demostrar, sucintamente, cómo Castellani desmenuza, aplicando incisivamente un bisturí de alta precisión intelectual, poniendo al descubierto la esencia antropológica falsa del freudismo y ve su utilización ideológica por los movimientos empeñados en la consolidación del «nuevo orden moderno», en radical oposición con el «hombre clásico tradicional». Pero nuestro querido Padre Leonardo no limita su tarea en la crítica aguda y certera; por el contrario, esa crítica es la que le permite enfatizar la urgente necesidad de una concepción antropológica realista, es decir, en la idea el hombre de la filosofía tradicional: greco, latina cristiana, el hombre cuya esencia psicológica radica en pensar y vivir con plenitud en la contemplación, fin último de el hombre plenamente humano y, como tal, plenamente católico, Sea ésta una muestra más del magisterio esencial que Castellani ejercitó, ejercita y ejercitará siempre en cumplimiento de su amor sin límites a la verdad.

* Hugo Alberto Verdera es Abogado y Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Córdoba (República Argentina).

[1] FARIÑA VIDELA, Alberto: «Un psicólogo desde la trascendencia», p. 108, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, Nro. 36, Julio/Setiembre 1994 (Número Extraordinario dedicado al R. P. Leonardo Castellani).
[2] CASTELLANI, Leonardo: Domingueras Prédicas, p. 195.
[3] Ib.: p.341, nota 4, remitiendo a la obra del Padre
«Psicoanálisis», Jauja, Mendoza, 1997, 2da. ed., pp. 26-27.
[4] Ib.: San Agustín y nosotros, Ediciones Jauja, Mendoza, 2000, p.215.
[5] Ib.: p.133.
[6] Ib.: p. 228.
[7] Ib.: Domingueras Prédicas II, p. 198, nota 8 que remite a La Catarsis Católica del Padre, pp. 77-78).
[8] Ib.: Domingueras Prédicas II, p. 351.
[9] Ib.: Freud, Psicanálisis, Jauja, Mendoza, 1996.p. 13. Aclara el Padre Leonardo porqué habla de «La Psicanálisis, expresando que “Análisis” es femenino y no masculino, de modo que están bien los franceses al llamarla la y no el, como el español, engañado por el artículo el, eufónico»; y que «otro barbarismo que debe corregirse es la socorrida “Libido”, que es llana y no esdrújula, como la hacen los “locutores”» (Freud, Freud en Cifra, oc., p. 31).
[10] Ib.: p. 14,
[11] Ib.: pp. 13-14.
[12] Ib.: Freud, Psicanálisis, o.c., pp., 14-15.
[13] Ib.: Freud, Psicanálisis, o.c., p, 15.
[14] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c., p. 33.
[15] Ib.: p. 35 y p. 36.
[16] JUGNET, Louis: Problemas y grandes corrientes de la Filosofía, Cruz y fierro editores, Bs. As., 1978, pp. 143-144.
[17] CASTELLANI, Leonardo: Freud, Freud en Cifra, o. c., Sección II, Capítulo, p. 53 y ss.
[18] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c., pp. 60-61.
[19] Ib.: o.c., p. 61.
[20] Ib.: o.c., pp. 61-62.
[21] Ib.: Lecciones sobre Psicología Humana, Ediciones JAUJA, 1995, p. 173.
[22] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c , p. 82.
[23] Ib.: Lecciones sobre Psicología Humana, Ediciones Jauja, 1995, p. 72. Y en la p. 129: «...sobre tentativas incompletas de Unificación de la psicología», ubicando nuevamente entre ellas la de Freud.
[24] Ib.: P.. 91.
[25] Ib.: p. 229.
[26] Ib.: P. 207.
[27] VERDERA, Hugo Alberto:
«El hombre erótico», publicado los Ciclos de Cultura Católica, Volumen I, ¿Qué tipo de hombre es usted?, CIES, 1997, pp. 65-72.
[28] FELICI, Pericle: El pecado en el pansexualismo psicoanalítico, Rialp, 1963, citando la obra de Freud «Psicología colectiva y análisis del yo», en Nuevos ensayos de psicoanálisis, Roma, p. 105.
[29] Ib.: o. c., p. 52. Cfr. VERDERA, Hugo Alberto: o. c., pp. 68-69..
[30] INNOCENTI, Ennio: «Orientaciones políticas del freudismo», Revista Diálogo, Nro. 10, 1994, p. 51.
[31] Ib.
[32] Ib.
[33] Ib.
[34] Ib.: p. 53.
[35] VERDERA, Hugo Alberto: o. c., p. 69.
[36] Ib., p. 69.


* Altar Mayor: Revista de la Hermandad del Valle de los Caídos, Nº 129, Junio-Julio de 2009.

viernes, 2 de enero de 2015

Homilía de Navidad

La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño – aunque eso nos enternece – sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: “apareció la benignidad y la humanidad de Dios – dice San Pablo; “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo” – dice San Juan. “Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como ésta podía mostrar su amor a los hombres” – dice Santo Tomás.

  Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: “propter nimiam caritatem suam qua dilexit no” – o sea, por la caridad loca con que nos amó (Ef.2,4). Ese es el misterio.

  Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacificador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el  mundo caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: “Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia”. El Niño Dios hubiese contestado: “Lo que me interesa son los individuos: por esos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz” -. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.

  Los antiguos no comprendía el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos que existe. Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento – y el temor – a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con los hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: “El amor busca iguales”“amor pares invenit”, al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: “aut facit”, ¡o los hace! “El amor busca iguales o los hace”. Así Dios comenzó por igualarse a los hombres haciéndose  hombre “nacido de mujer, nacido bajo la Ley”, y después trató de igualarnos con Él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues“seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es” dice el Evangelista del Amor (I Jn.3,2). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español:

“Si dese temblar de Dios
Yo también la causa fui
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
Cuando yo tiemble y no Vos?

  En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es el Infierno, anda cerca. “Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe” – que ése es el cántico de los ángeles: “tées eudokías”: no dice “de buena voluntad” sino de buena doctrina, de fe:“paz a los bienaventurados” (Lc.1,14): ésa es la palabra.

  Para el amor se precisan dos. EL Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre – una familia; también un padre postizo; al cual Dios Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque e agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, - contra lo que dice dél el “el negro gordo”, o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:

“Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenemos, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, su madre olvidada…

Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos…

  Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: “hay negros de todos colores”. (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; “El gallego ese”. Y le dijeron: “¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca”. Y él retrucó: “¿Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades”).

  Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrarlo, como hicieron y hacen después de él mucho filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡cómo! Y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas la amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino amistad conyugal –. Y él con una mujer se portó como un caballero andante – como Don Quijote con Dulcinea – si no es irreverencia.

  Así que “tanto amó Dios al mundo”, con una caridad de chiflado, que le dio su Hijo Unigénito para que salvara al mundo – con el Amor rectificado y santificado.


Leonardo Castellani – “Domingueras Prédicas”

TOMADO DE Nacionalismo Católico San Juan.