Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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miércoles, 4 de mayo de 2016

"Palabras introductorias" a un libro de Ludwig Kösters

[Gentileza Vórtice.] 









Datos de portadillas y pie de imprenta:
LUIS KÖSTERS S. J., Profesor de Teología fundamental
LA IGLESIA DE NUESTRA FE. Fundamento teológico de la doctrina católica
versión de la 2ª edición alemana por el Profesor Juan Armelín S. J.
con palabras introductorias del Profesor Leonardo Castellani (pp.V-X)
Herder y Cía, Friburgo de Brisgovia (Alemania)
Imprimi potest 30-09-1938, Tomás J. Travi (Prepósito Provincia Argentina)
sin pie de imprenta, salvo la indicación de tipografía alemana de Herder & Cía.
presumo Bs. As. 1939/1940

martes, 26 de abril de 2016

Castellani y los obispos


Terminado el Concilio Vaticano II, en el territorio de la República Argentina se crean varias diócesis, renuncian viejos obispos y se nombran nuevos para reemplazarlos, otros prelados son desplazados a diócesis más o menos vistosas según su predisposición para encarar las reformas. [Cf. http://www.aica.org/guia-n-diocesis.html y http://www.catholic-hierarchy.org/country/dar.html]

Frente a esto, el P. Castellani sin ser en principio enemigo de estos cambios postconciliares, es sin embargo escéptico frente al entusiasmo de la prensa católica y secular, y lo refleja en esta nota de su primera Jauja.



lunes, 11 de abril de 2016

Adán Buenosayres en el cine

Preestreno de Adán Buenosayres: La película dirigida por Juan Villegas tendrá tres proyecciones en el BAFICI. 

Las funciones serán: 

Jueves 14 - 18:00 h VILLAGE RECOLETA Sala: 7
Viernes 15 - 15:00 h VILLAGE RECOLETA Sala: 7
Domingo 24 - 17:45 h ARTEMULTIPLEX BELGRANO Sala: 3




viernes, 18 de marzo de 2016

22ª Faja de Honor "Leonardo Castellani"

aica.org  |  Especial  |  Cursos, Seminarios y Charlas
Martes 15 Mar 2016 | 09:55 am
Buenos Aires (AICA): Hoy, martes 15 de marzo, se cumple el 35º aniversario de la muerte del escritor y pensador católico padre Leonardo Castellani. Con ese motivo el Comité Ejecutivo de la Exposición del Libro Católico rinde un homenaje a su memoria mediante la 22ª Entrega Faja de Honor que lleva su nombre, destinada a premiar obras editadas durante el año 2015 en su primera edición.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Recuerdo de Castellani en Radio Nacional


En el día de ayer, martes 15 de marzo de 2016, en Radio Nacional AM 870, durante el programa Con todo el país (9-13 hs.), de Oscar "Cholo" Gómez Castañón, se recordó que en la misma fecha, en 1981,

"fallece el sacerdote católico Leonardo Castellani, quien también desarrolló actividades como escritor y periodista. Escribió ensayos de temática religiosa, filosófica y socio-política, novelas, cuentos y poesía."



martes, 15 de marzo de 2016

El crimen de Ducadelia


En 1959, Ediciones "Doseme", Diagonal Roque Sáenz Peña 1119, de la Ciudad de Buenos Aires, publica del Padre Castellani el libro El crimen de Ducadelia y otros cuentos del trío.

No hemos podido encontrar mucha información sobre la editorial, sólo que publicaron el libro La Reforma Social, del economista demócrata cristiano --muy famoso en aquellos años-- Francesco Vito, El hombre y su máscara: Estudios de Psicología Social del abogado y sociólogo católico Dr. Roberto C. Covián y una traducción de Juan M. Iglesias a Huelga y Moral del P. Jean-Baptiste Janssens, curiosamente, el que como superior general de la Compañía de Jesús, expulsó a Castellani de ella.

La edición era en rústica y contaba con 155 páginas.






Como sucede con otros de los protagonistas de las novelas castellanianas, Ducadelia es el mismo Leonardo Castellani Contepomi o un aspecto de él. Pío Ducadelia (o Duca d'Elia) va aparece también en su novela fantástica Juan XXIII/XIV, que tanto dio que hablar en el último tiempo (ejemplos aquíaquí, aquí y aquí) y en artículos periódisticos cumpliendo un poco la función que en otras ocasiones tuvieron el tío cura Cipriano, el periodista Jerónimo Del Rey (o Delrey) o el "viejo" judío converso  Benjamín Benavides (o Don Benja).

Ediciones Nueva Hispanidad, en 2001, reeditó el libro como El crimen de Ducadelia y otros cuentos del trío (184 pp.), enlace aquí.

En cuanto a la riqueza literaria de estos cuentos policiales de Castellani, los mismos han tenido menos suerte que los que tienen como protagonista al "Padre Metri" y muchísimo menos que los de otros autores liberales o marxistas, sin embargo el Dr. Darrell B. Lockhart, profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nevada en Reno, incluye en su Latin American Mystery Writers: An A-to-Z Guide (Westport: Greenwood, 2004) un trabajo del profesor franco-argentino Néstor Ponce que rescata y revalora la figura de Castellani como autor del género y, en especial, El Crimen de Ducadelia.

Recordaba recientemente una carta de lectores de Juan Manuel Boggio Videla publicada en el diario La Nación que la novela multipremiada de Martín Caparrós, Valfierno, parece, sin decirlo, tomar como idea el cuento "El caso de la curva de la Gioconda", incluido en este volumen de Castellani que comentamos.

Sean, quizá, estos tímidos reconocimientos, los que la obra novelística del Padre Castellani no ha tenido aún.
 




lunes, 29 de febrero de 2016

Cuando Maritain se refirió a Castellani




Tomado de:
Jacques Maritain, Arte y Escolástica (Buenos Aires: Club de Lectores, 1972),
 1ª edición castellana de la 3ª edición francesa de Art et Scolastique (París: Louis Rouart et Fils, Editeurs). Traducción de María Mercedes Bergadá. Supervisión de Juan Manuel Fontenla.
 

viernes, 5 de febrero de 2016

† Patricio Randle, q.e.p.d.

Me piden que prologue este libro y mi pregunta ha sido: ¿Por qué yo? Honestamente, mi campo no es la Psicología por mucho que haya estimado al Padre Castellani. Me contestan que la razón del pedido es porque soy el único sobreviviente que conocen que haya asistido al curso sobre cuya versión textual dictada por el autor en 1953 se ha editado esta obra. 

La lectura de los originales ha sido para mí una experiencia muy honda porque me ha hecho revivir un momento de mi vida y recordar esas maravillosas lecciones recibidas del Padre

He dicho que no soy psicólogo y no importa ciertamente pues lo que nos enseñara Castellani era lo que un hombre medianamente culto debiera saber de Psicología y que precisamente no coincide con lo que nos dictaran en el bachillerato sino como la contracara de aquello. Lejos de la Psicología positivista, de la Psicometría y de una Psicología reñida con la Metafísica, las lecciones que siguen demuestran que para ser buen psicólogo se necesita cultivar el hábito y no encerrarse en el método, pero teniendo una base filosófica

Que es lo que demuestra Castellani enseñando con lenguaje llano —nunca hablaba “en difícil”— aun de las nociones más sutiles del alma. Todo sin neblinas subjetivas (a las que son proclives especialmente los psicoanalistas), transparente, lúcido y todo sobre un fondo de la realidad como es: completa, sin abstraer nada de su contexto. 

Para lo cual acude, cuando las circunstancias lo aconsejan, a la anécdota oportuna, el chiste ocurrente, al juego de palabras ingenioso; todos recursos didácticos finísimos que ayudan a entender mejor las cuestiones del alma que se presentan como una imagen y no como productos de puros raciocinios. 

Recuerdo que las clases de este curso memorable durante los meses de invierno empezaban a las 18:30 en punto los martes y costaban $10, lo cual era una pobre retribución a enseñanzas que no tenían precio pero que le venía bien al Padre desheredado por la Compañía y sin un lugar donde caerse muerto. ¡Por suerte vivió 27 años más! El lugar era el Teatro del Pueblo que ya no existe más aunque el edificio de Diagonal Norte a un paso del Obelisco todavía existe. Había que bajar al sótano por una escalera estrecha lo cual le daba el aire de una cueva subversiva, como lo fue originalmente esta sala donde se representaban exclusivamente obras de autores socialistas y anarquistas, con la particularidad de que después de la función había un debate. En este teatro insólito, el Padre Castellani subía al escenario, que estaba muy alto, con toda energía y se paseaba ágilmente de un extremo al otro mientras hablaba o se detenía frente a un pizarrón donde dibujaba esquemas o escribía nombres y frases que apelaban a la retentiva del público. Su voz modulaba dentro de un amplio registro convirtiéndose en vozarrón viril cuando convenía, adoptando tonos inesperados cuando imitaba a los personajes de los relatos y jamás cayendo en la monotonía

Mi encuentro con los originales de este curso no podría celebrarlo más pues es para mí como recobrar la memoria de un recuerdo muy caro intelectualmente hablando. Por sus características, leerlo ahora es como estar oyéndolo a su autor con su estilo directo, sin remilgos, sin frases hechas, con ese estilo conversado que tenía su oratoria no dirigida al mundo abstracto sino a cada uno de sus oyentes. De allí que pudiera decirse en verdad que el Padre Castellani daba estas conferencias para todo público, en el buen sentido de la expresión pues aunque fuera heterogéneo cada uno en su nivel recibía su mensaje. Tal vez podría compararse su fecundidad a un mar lleno de pesca la cual pudiera ser recogida con distintos tipos de redes según las especies. Porque nadie se quedaba sin cosechar. 

Me acuerdo bien que hablando con mi novia de entonces —que es mi mujer desde hace más de 40 años— le previne de que el Padre era un poco excéntrico y que tal vez le chocara. Para mis adentros yo tenía un poco de respeto humano porque me parecía que no podía presentarlo como un gran profesor por tener esa modalidad. Ella acababa de llegar de Cambridge en cuya Universidad se graduara y después de la primera conferencia me respondió: “El Padre Castellani me recuerda mucho más a los buenos profesores que tuve allá que a esos profesores pomposos que son tan comunes aquí.” Y es cierto, la falta de convencionalidad es una buena cualidad de los docentes universitarios ingleses —como lo pude comprobar después teniéndolos como maestros y como colegas en Londres— que se caracterizan por tener una soltura de espíritu no muy fácil de hallar entre nosotros. 

Estas clases de Psicología ciertamente no se parecen en nada a la lectura de un Tratado, como suelen ser frecuentemente las clases “doctorales”, sino que más bien se asemejan a una visita guiada a un laboratorio; no tenían nada de librescas y en todo caso uno participaba del experimento antes de sacar las conclusiones del caso. Todo lo que decía el Padre tenía una “fuerza tremenda”, eso que él mismo define como “la suprema cualidad de la literatura”. Por lo cual me quedó siempre pendiente una pregunta que me hubiera gustado hacerle: siendo así: ¿por qué quería y admiraba a Borges?, ya que haciendo aquella afirmación había dado en el clavo de por qué Borges no puede ser considerado un gran autor puesto que toda su literatura carece de esa fuerza tremenda que está necesariamente emparentada con la noción de “mysterium tremendum” que define a la Religión. Vaya uno a saber; el caso es que releyéndolo ahora me ha ayudado a descubrir el quid de la cuestión. 

Es que muchas cosas que he venido dando por sabidas hasta ahora, como descubiertas por mí mismo, me parece que las aprendí en este curso inolvidable. Algún psicólogo pedante y superficial dirá que la bibliografía que cita Castellani está pasada de moda. El contestaría que sí y remarcaría de moda pero también nos recordaría con von Monakof que “lo que en Psicología no es tan antiguo como el mundo es falso”. Suprema sabiduría de detectar primero lo permanente, lo principal y dejar lo accesorio en segundo lugar. 

Es curioso que, cuando hablando de la educación de los sentimientos hace algunas recomendaciones sobre la formación de un seminarista, resulte que todas las virtudes aconsejadas las tenía él en grado sumo: una sólida formación intelectual, educación artística, don de oratoria y hasta cierto histrionismo sin el cual la predicación puede ser poco efectiva: el ideal del hombre completo que él llenaba a las mil maravillas con humildad y hasta una exagerada timidez que sabía vencer cuando era preciso establecer comunicación con un auditorio nutrido y heteróclito. 

Porque el Padre Castellani no sólo sabía Psicología teórica sino que daba testimonio de dominar la práctica igualmente. Que es la que demostró en este curso felizmente rescatado para este tiempo y el que venga. 

Algún lector se preguntará si este es un libro de Psicología religiosa ya que su autor es un sacerdote y habrá que contestarle que sí, pero de la buena. Nunca cae en el lugar común, ni en la beatería. Al contrario, la combate. Lo religioso en este libro no viene prefabricado ni es, por lo tanto, deleznable. Pero todas sus reflexiones ayudan extraordinariamente al conocimiento del alma, de la propia alma, sin lo cual las virtudes personales pierden todo sustento. Y eso hay que saber agradecerlo porque no hay muchos autores que nos ayuden en ese sentido: una Psicología “desde el alma” en vez de sólo “hacia el alma”. 

Patricio H. Randle*

"Palabras Liminares" a Psicología Humana del P. Leonardo Castellani.

*Biografía publicada por la Fundación Konex al otorgarle el Premio 1987 aquí.

Patricio Horacio Randle 3/III/1927 - 1/II/2016


jueves, 4 de febrero de 2016

Postfacio del Padre Castellani a su traducción del Señor del Mundo, de R.H.Benson

He traducido este libro para una persona, y si ella lo lee, lo demás no importa, pero puede ser útil, si no me engaño, a muchos otros.

Qui scribit, bis legit, decían los romanos; bien pudieran decir: qui vertit, ter legit, el que traduce, lee tres veces… [Seguir leyendo.]

martes, 1 de diciembre de 2015

Aragón, Ordóñez y D'Angelo sobre Castellani




Las tres notas se publicaron en el nº 41 de la revista Cabildo de marzo de 1981 con motivo del fallecimiento del P. Leonardo Castellani el 15 de marzo de aquel año.

Domingo Demaría era pseudónimo de Roque Raúl Aragón.
V.E.O. eran las iniciales de Víctor Eduardo Ordóñez.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Repositorio de obras del P. Castellani

Obras del Padre Leonardo Castellani en “Que no te la cuenten”

Si ha habido un autor que, en el mundo católico del siglo XX ha quedado relegado y que merece ser conocido, ese fue el Padre Leonardo Castellani.
Como sus obras se encuentran aquí y allí en el espacio virtual, hace tiempo que quería colocarlas en orden para su consulta.
Vengan, entonces, como un humilde aporte
P. Javier Olivera Ravasi

Para descargar las obras, pueden hacer clic AQUÍ

Para una biografía completa de la primera parte de su vida, AQUÍ (en formato mobi) o AQUÍ (en formato pdf), con permiso expreso de su autor.
También puede ser de utilidad el congreso realizado en su honor, AQUÍ
leonardo-castellani

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lunes, 23 de noviembre de 2015

Con todos se peleó (Juan M. de Prada)


[http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=25385]

En mi existencia de lector he saboreado muchos deslumbramientos; pero ninguno tan gigantesco y perdurable como el que me proporcionó el argentino Leonardo Castellani. Con legítimo orgullo, puedo confesar que si hoy no soy un escritor sistémico, ni un católico chirle al uso, se lo debo a este gran maldito, que con todos se peleó salvo con Dios; también sin asomo de hipérbole, puedo añadir que, si he mantenido el entusiasmo por mi vocación en medio de tantas zancadillas y puñaladas traperas, ha sido gracias al ejemplo de este escritor duro y precioso como un diamante que supo sobreponerse a todas las penurias y animosidades. Y puede que también conserve la fe gracias a su influjo benéfico. Castellani ha sido mi faro en las noches oscuras del alma, mi consuelo en la tribulación, mi guía en la pesquisa de la verdad, mi profesor de energía, mi protección contra los sobornos mundanos y mi intercesor en el cielo; pues un pecador tan denodado como yo necesita un abogado tan pugnaz como Castellani.
Apasionado polemista, detractor implacable de la modernidad y de toda su cochambre ideológica, Castellani es sobre todo un campeón de la ortodoxia, que como ya sabemos es la única forma de heterodoxia que nuestra época repudia. Resulta, en verdad, sobrecogedor, que un escritor tan formidable haya sido confinado en los desvanes donde se pudren los escritores prescindibles; y tal confinamiento lo ha consumado la canallesca cultura sistémica, pero también -no nos engañemos- la desidia de los presuntos «buenos». Castellani se distinguió por sostener -y no enmendar- aquellas posturas estéticas, filosóficas o religiosas que los repartidores de bulas del cotarro cultural han decidido demonizar; las mismas que por respetos humanos, allanamiento ante el mundo o cobardía propia de eunucos muchos católicos (incluidos los que gastan báculo) no se atreven a defender. Aunque, para ser del todo sinceros, esta condena en muerte no es muy distinta de la que Castellani soportó en vida: expulsado de la Compañía de Jesús, sufrió todo tipo de tropelías, hasta morir viejo y achacoso, sin más refugio que unos pocos fieles que lo confortaron en la desdicha y la lealtad acérrima a sus dos vocaciones -la sacerdotal y la literaria-, íntimamente desposadas entre sí.
Terrible polemista
Nacido en 1899 en Reconquista, un pueblo santafesino, Castellani era hijo de emigrantes italianos. Su padre, un periodista librepensador, halló la muerte en una confusa trifulca con policías corruptos; es posible que este hecho marcase su carácter, misántropo y un poco neurótico. Por influjo de su piadosa madre, Castellani ingresa en la Compañía de Jesús en 1918; y la Compañía, que descubre enseguida sus dotes extraordinarias, lo envía a estudiar a Roma y a la Sorbona. En estos años de brillo y cosmopolitismo, Castellani prueba sus primeras armas literarias, que abarcan casi todos los géneros: volúmenes de relatos como «Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas» (con joyas que nada tienen que envidiar a los escritores más renombrados del género fantástico) o «Las muertes del padre Metri» (una especie de Padre Brown santafesinio), así como sátiras y colecciones de artículos como «El nuevo gobierno de Sancho» o «Las canciones de Militis», en las que junto a una cultura ecuménica Castellani revela dotes de apologeta consumado y temible polemista, dotado de un estilo vibrante y un humor socarrón de estirpe cervantina que le permite derribar los espesos muros de la mentira como si estuviesen hechos de alfeñique.
Son años en los que Castellani prodiga su pluma en las publicaciones más variopintas, exponiendo ideas disolventes, lúcidas hasta la imprudencia, que le van ganando una legión de enemigos, tanto entre las sotanas como entre los mandiles. Si sus comentarios políticos son tan luminosos como devastadores, sus ensayos religiosos fustigan sin melindres el vicio del fariseísmo y la sosería de una Iglesia resignada a la inanidad; y nada tan regocijante como sus artículos de crítica literaria, donde pone como chupa de dómine a todos los santones del canon, desde el tostónico James Joyce al señoritingo Borges.
En todas estas obras, Castellani muestra una hondura intelectual y una capacidad admirable paraprovocar en la inteligencia un movimiento de adhesión gozosa (o de rechazo fulminante, si la inteligencia está infestada de paparruchas políticamente correctas). Y es que nuestro autor era eso que los franceses llaman un «maître à penser», alguien que, a través de sus reflexiones, no sólo nos invita a pensar, sino que vertebra y muscula nuestros pensamientos; alguien que no sólo acicatea nuestra inteligencia, sino que la nutre, la robustece, la dota de un andamiaje robusto y, a la vez, la impulsa por caminos nunca antes transitados.
Con razón un escritor tan peligroso ha sido execrado igualmente por los impíos, los esnobs y los meapilas, y tanto en la vida como en la muerte…


Juan Manuel de Prada
Escrito originalmente en el diario ABC









ACTUALIZACIÓN 24-NOV-2015: También el portal español Religión en Libertad reproduce el artículo.





viernes, 6 de noviembre de 2015

Recuerdo del homenaje por los 80 años del Padre Castellani






[Revista Cabildo, 2ª época, año IV, nº 27, Buenos Aires: 6 de septiembre de 1979. Director: Ricardo Curutchet. Secretario de Redacción: Juan Carlos Monedero.]

jueves, 29 de octubre de 2015

Recuerdo de una injusticia poco conocida sufrida por Castellani

Revista Cabildo, año I, nº 3, Julio de 1973.

El hecho ocurrió el 2 de junio de 1973, cuando el Pbro. Osvaldo Francisco Musto (1934-2011), recientemente nombrado párroco de Santa Elisa, en la calle Salta 2290, frente al Hospital Rawson, en el barrio de Constitución, expulsa al P. Leonardo Castellani de su parroquia y le prohíbe seguir diciendo Misa en ella.


Vista actual del ex-Hospital Rawson y de la iglesia de Santa Elisa.

martes, 27 de octubre de 2015

Se estrena "El almuerzo": Castellani en el cine por primera vez

Martes, 27 de octubre de 2015  01:00 | Escenario

Una historia turbulenta retrata la época más oscura de Argentina

“El almuerzo” se estrena este jueves en los cines rosarinos. El filme se centra en el almuerzo que tuvo el dictador Videla con Jorge L. Borges, Ernesto Sabato, Horacio Ratti y Leonardo Castellani.

Argentina sangrienta. El filme muestra el secuestro del escritor Haroldo Conti por un comando de la dictadura militar de los años setenta.


Alejandro Awada, quien interpreta a Arquímedes Puccio en la tira de Telefe "Historia de un Clan" y al represor Jorge Rafael Videla en el filme "El almuerzo", dice "disfrutar mucho" del gran momento profesional que atraviesa y al cual llegó siendo "un hijo del trabajo y de la comprensión para poder evolucionar".
"Estoy disfrutando mucho y voy por más. Voy por seguir evolucionando y a ser más generoso, en todo sentido. Quiero tener más en cuenta a los demás. Apunto a ser feliz y la felicidad está con el otro", sostuvo Awada, quién estrenará este jueves en la pantalla grande "El Almuerzo", dirigida por Javier Torre.
"Soy hijo del ensayo y del error, del hacer para aprender y de aprender hasta que me vaya de este mundo. No creo en un hecho, sino en la prepotencia del trabajo. Trabajo mucho en profundizar el conocimiento de mí mismo", dijo el actor.
Con una extensa trayectoria, que incluye cine, teatro y televisión, el intérprete asegura que hoy, a los 53 años, se siente reconocido por el público y afirmó que el recorrido hasta este momento "no fue fácil" y que dudó "mil veces" sobre su vocación actoral.
Así, en estos días, a Awada le toca interpretar a dos personajes que tienen vínculos directos con el genocidio de la última dictadura militar y que le consumieron una carga emocional importante durante la actuación: el represor Videla y el secuestrador y asesino Puccio.
"Estoy muy lejos de considerar que el personaje se adueñe de la persona, no hay chances, es un mito. Pero con estos dos, entre toma y toma, transitar esas zonas oscuras era muy poco agradable. Había una sensación física de desagrado", sostuvo.
"El Almuerzo" narra la comida que Videla tuvo con Jorge Luis Borges (Jean Pier Noher), Ernesto Sabato (Lorenzo Quinteros), Leonardo Castellani (Pompeyo Audivert) y Horacio Ratti (Roberto Carnaghi) el 19 de mayo de 1976, una semana después de la desaparición de Haroldo Conti (Jorge Gerschman). En él, Videla (Awada) se muestra taciturno y con un empaque que no puede ocultar, habla de las intenciones culturales de su gobierno y encuentra, en el cuarteto de comensales, alguna pequeña adhesión.
Con un comienzo de franca violencia, el filme muestra el secuestro del escritor Haroldo Conti (Gershman) y el maltrato a su mujer Marta Scavac (Mausi Martínez) por un comando de la dictadura cívico-militar. La película se divide en un antes y un después del siniestro almuerzo, con un Borges que recuerda a sus antepasados militares y supone que su madre Leonor estaría orgullosa de su encuentro con el dictador, y un Sabato amenazado obscenamente por un matón en un bar.
"No creo que hayan acordado con el Proceso, sino que hicieron lo que pudieron en medio de esa coyuntura de terror y pánico", opinó Awada sobre el hecho narrado en una película que tiene la característica de ser coral.
Lo más interesante de "El almuerzo" es que esa comida no varió en absoluto el devenir del régimen que ensangrentó al país desde 1976 hasta 1983, ni a los intelectuales que quisieron "colaborar" con sus prestigios, ni al mismísimo Videla, que con su pétrea soberbia sólo buscaba blanquear su accionar frente a la opinión pública extranjera.
Las comparaciones con el fútbol son una constante durante todo el reportaje, porque para Awada son importantes los compañeros "delante y detrás de cámara", y, además, acotó que "el español es el único idioma que habla de 'actuar'; en francés, inglés y alemán se habla de «jugar»".
"Cuando Riquelme -dijo casi a los gritos, parado en el bar de la entrevista e imitando al ex diez de Boca- le tiró ese caño a Yepes no había contrato ni nada que valga. Ahí estaba jugando. Y yo, de forma madura y responsable, juego la actuación", sostuvo.
A lo largo de la charla, Awada hizo varias veces hincapié en que es "un trabajador" y en que para "evolucionar" es necesario aprender de las situaciones y de los demás.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Castellani, la mirada española

Leonardo Castellani
El pensamiento de Castellani puede resultar muy incómodo para los fanáticos de la equidistancia, porque se trata de un tipo capaz de vomitar todo lo tibio.

Kiko Méndez-Monasterio


[LEER]

sábado, 19 de septiembre de 2015

El Dr. Hugo Verdera recuerda al P. Castellani

El compromiso del laico N°24 - El Padre Castellani, auténtico sacerdote, maestro e inspirador.

En el editorial del mes, el conductor del programa ["El compromiso del laico"] recuerda al Padre Leonardo Castellani, señalando la impronta que este auténtico sacerdote, maestro e inspirador le ha dejado en su vida, como a tantos de sus discípulos. En una segunda parte, analiza el pensamiento del Padre Castellani respecto a la educación en la Argentina, trasladando su pensamiento a la grave crisis educativa que hoy vivimos.

https://youtu.be/EKK9AHhdvKA

martes, 11 de agosto de 2015

ens: Saltó la liebre

ens: Saltó la liebre: La liebre en el lino -Un linar siempre es peligroso para una liebre -dijo la Liebre Vieja-, y no asistiendo necesidad alguna, yo no veo....

jueves, 30 de julio de 2015

Castellani llega al Osservatore Romano

Juan Manuel de Prada acaba de iniciar en el diario "L'Osservatore Romano" una colaboración en la que analizará algunas de las "fantasías papales" más famosas de la literatura. En su primer artículo ha evocado la figura de su admirado Leonardo Castellani y comentado su novela "Juan XXIII (XXIV)".

Para Juan Manuel de Prada ha sido un inmenso honor poder dar a conocer al gran escritor argentino a los lectores de "L'Osservatore Romano". Y agradece infinitamente a su director, Giovanni María Vian, la oportunidad que le ha brindado.

(De la página oficial de Juan Manuel de Prada en Facebook.)

UN PAPA ARGENTINO ANTES DE FRANCISCO

Juan Manuel de Prada


En 1964 Leonardo Castellani imaginó a Juan XXIV


L'Osservatore Romano, 29 de Julio de 2015.

Han sido muchas, casi infinitas (y con frecuencia dictadas por una evidente animosidad anticatólica), las intrigas novelescas ambientadas en el Vaticano que fantasean con Papas que nunca existieron, por lo común envueltos en rocambolescas peripecias o víctimas de turbios contubernios. Pero quisiéramos iniciar esta serie de artículos con Juan XXIII (XXIV), una novela catoliquísima, en muchos aspectos profética, salpimentada de un humor de estirpe cervantina, en la que el santafesino Leonardo Castellani (1899-1981) se atreve a imaginar… ¡a un argentino en la sede de Pedro, medio siglo antes de que la ocupase Francisco!

Castellani fue un escritor de insuperable expresividad, pensamiento profundo e irresistible desenfado. Tenía sensibilidad de gran poeta que le permitía mirar más adentro y clarividencia de gran profeta que le permitía mirar más allá; y, sobre estas raras dotes, tenía el precioso don divino de contemplar las cosas abarcadoramente, con capacidad para conocer a un tiempo lo natural y lo sobrenatural, con la mirada de águila clavada siempre en el horizonte escatológico, manantial desde el que se nutre la esperanza cristiana. Cultivó casi todos los géneros literarios –poesía y novela, relato y ensayo, crítica literaria y exégesis bíblica--; y todos los géneros los bautizó con su peculiarísimo estilo, a la vez polemista y apologético, en el que comparece el hombre sufriente que Castellani sin duda fue, pero también el hombre que, en medio de sus padecimientos, se ata en obediencia a Jesucristo, para preservar íntegra su libertad. Castellani, que había sido expulsado de la Compañía de Jesús y suspendido a divinis en 1949, sería plenamente restituido al ministerio sacerdotal en 1966; pero aquel episodio traumático marcaría muy hondamente su biografía, y también su obra, que empuña el látigo de un Bloy o un Belloc, y a la vez la varita mágica de un Chesterton.

De esa magia y ese látigo se nutre la novela que ahora comentamos, Juan XXIII (XXIV), una especie de purga del corazón o sublimación autobiográfica publicada originariamente en 1964. Se trata de una obra muy influida por otra fantasía papal muy célebre, el Adriano VII de Frederick Rolfe (1860-1913), más conocido literariamente como Barón Corvo. Como ocurría en aquella novela, el protagonista de Castellani, Pío Ducadelia, hijo de italianos, es un trasunto del propio autor: religioso “jeromiano” (pronto descubriremos que esta orden jeromiana es un trasunto de la Compañía de Jesús) a quien se ha prohibido celebrar misa, de repente es rehabilitado y enviado a Roma, como asesor del arzobispo de Buenos Aires. Se ha empezado a celebrar el Concilio Vaticano II, que en mitad de sus sesiones habrá de trasladarse al Palacio de Letrán, por complicaciones políticas que no tardan en desembocar en una cruenta “guerra ruso-europea”, en la que los soviéticos lanzan bombas atómicas sobre las principales capitales europeas, antes de perder ante una alianza de países europeos que restaurarán la monarquía en Italia y Francia. Sobre este trasfondo de incertidumbre y agitación bélica transcurren las deliberaciones de los padres conciliares, en las que Ducadelia participará en calidad de teólogo pontificio, después de haber deslumbrado al Papa Roncalli con sus propuestas de reforma para la Iglesia, que se centran en combatir –citamos textualmente-- “la burocracia impersonal en el manejo de los asuntos eclesiásticos”. Para lograr esta desburocratización, Ducadelia propone, por ejemplo, una “descentralización del gobierno eclesiástico, con nombramiento de Patriarcas, a la manera del siglo V”, así como la constitución de un “Consejo del Papa” formado por doce peritos, “cada uno en un ramo del gobierno”. También propone Ducadelia una “revisión y ajuste del celibato eclesiástico para hacerlo más riguroso y decente”; y aconseja al Papa, para evitar escándalos financieros, que “ni los obispos ni las órdenes religiosas puedan tener papeles de crédito de ninguna clase”, sino que “todos los bienes eclesiásticos se inviertan en bienes raíces, los cuales serán encomendados para su productividad a los Cartujos y a los Trapenses”.

Pero el Concilio tendrá que disolverse, ante el avance de los soviéticos, y el Papa tomar el camino del exilio, donde morirá, dejando encomendado que –ante la diáspora del colegio cardenalicio-- su sucesor sea elegido por tres únicos compromisarios. Ducadelia, por su parte, es apresado y conducido a Rusia, donde sufrirá pavorosas torturas; cuando por fin sea evacuado y regrese a Roma descubrirá, para su estupor, que ha sido elegido Papa. En una muestra de veneración filial a su predecesor, decide adoptar el nombre de Juan y repetir su numeral, alegando lo siguiente: “No hubo Juan XX. Y hubo un Juan XV que murió al mes de ser elegido, y no fue coronado canónicamente. Hubo un Juan XXIII durante el cisma de Aviñón, que no fue Pontífice legítimo. De modo que, numerando con rigor histórico, nuestro Venerable Antecesor fue Juan XXII. Y así todos los Juanes in retro, restando uno a cada numeral… hasta el XV”. De inmediato, el nuevo Juan XXIII (ó XXIV) declarará que el cometido primordial de su pontificado será “la batalla de la pureza interna” de la Iglesia y el combate contra lo que denomina el “elesiasticismo”, que en algún momento se describe así: “Son todos esos magnates carcamales que no quieren cambios en la Iglesia porque a ellos les va bien así; y a ellos les va bien porque carecen de tacto y de olfato para ver (de vista también, por supuesto) que se están quedando solos, que el mundo se retira en silencio de la Iglesia… Solos y solazándose con sus honores pueriles y sus comodidades… mujeriles. El eclesiasticismo es la peor herejía que existe hoy en la Iglesia”. Para combatir este “eclesiasticismo” y librar la batalla de la pureza interna Ducadelia reduce en dos tercios la burocracia vaticana, considerando que se trata de “una máquina y por tanto no tiene tacto”. “Es menester –añade-- dotar a esa máquina, que ya tiene un cerebro arriba, de un corazón en el centro y de papilas táctiles en los extremos, allí donde ella entra en contacto con el ser humano vivo; porque el sacerdote es, o debe ser, humano…”. En su búsqueda de sacerdotes con calidez humana, Ducadelia no tendrá empacho en castigar a los predicadores “fallutos” (hipócritas o falsarios, en español de Argentina) ni en rebajar los estipendios de la curia, lo cual le granjeará muchos descontentos y animadversiones.

También levantará gran tempestad de críticas su decisión de instalarse a vivir muy pobremente en un edificio próximo a Letrán, alegando que “el enorme palacio de Michelángelo y Bramante no es apto ya para el trabajo y el alojamiento, sino para el turismo”. Ducadelia considera que “Roma se está volviendo, de museo que fue, un enorme y lujoso cenicero”; y apostilla que no quiere “iglesias de turismo”, sino parroquias vivas y activas, por lo que manda edificarlas en los barrios nuevos de la Urbe, con el dinero logrado vendiendo algunas obras de arte. Afirma que “el verdadero tesoro de la Iglesia son los pobres”; y por ello mismo se esfuerza en vivir en pobreza, con apenas un dólar al día. Asimismo, promueve una purificación de las órdenes religiosas, que debe iniciarse por su rechazo de las comodidades materiales: “Prefiero a mil jeromianos auténticos, conformes a la mente de su fundador, que 40.000 mil falsificados… Cuando aparecieron los primeros jeromianos en el mundo, parecían siete leones; y ahora parecen innumerables ovejas”.

Tantas y tan sustanciales reformas no hacen sino aumentar el número de sus enemigos, que buscan constantemente el modo de perderlo, como los fariseos hacían con Jesús, tendiéndole trampas y haciendo las interpretaciones más retorcidas de sus palabras. Así, desde ciertos sectores de derecha se le acusa de “hacer confusión con su política filosemita”; mientras que, desde el otro extremo, la prensa americana lo acusa de “antisemita”, por su condena de las grandes corporaciones financieros. Y también los democristianos meapilas empiezan, por su parte, a quejarse de que el Papa “ni siquiera cita la Biblia en sus escritos, sino muy raramente, como tampoco a Santo Tomás y San Agustín: sus encíclicas parecen escritas por un filósofo del siglo XVIII…”; y rematan sus críticas tachándolo de “indevoto”. A la vez que el “eclesiasticismo” lo asedia, la plutocracia internacional planea atentar contra su vida; y no es de extrañar, pues Ducadelia no ha tenido empacho en destapar sus manejos, señalando el mal que corrompe a las democracias parlamentarias, que “con el cuento chino de la soberanía del pueblo” se han convertido en “una tapadera de la plutocracia, un caballo de Troya de la Finanza apátrida, un cobertor de sociedades secretas y una arena espléndida para el despertar hirviente del comunismo”. Para Ducadelia, el conflicto anticrístico final antes de la Parusía será entre ese comunismo al que fatalmente nos conduce una democracia corrompida y la Finanza apátrida, que en otro pasaje se nos describe así: “Es una sociedad nueva (o vieja, no lo sé) que dirige o concierta el movimiento anticristiano secreto en todo el mundo. Posee por doquier filiales y grande pecunia. (…) Su objetivo es destruir el cristianismo y crear un Estado Mundial ateo; con todos los medios posibles, incluso los más infames, sin restricción moral ninguna y en el mayor secreto. Los oí también llamarse oneworlders, o sea, “mundounistas”. No son masones ni judíos; se sirven de los masones, de los judíos, de los ateos, de los protestantes, de los católicos tontos, y de cuanto haya. (…) No reparan en medio alguno: el asesinato político, el robo en gran escala, la calumnia, la mentira (…). Parecen tener recursos inmensos, no sólo de dinero, mas también puestos políticos y mandos militares. Los domina un odio ilimitado a la Religión. No sé si practican el culto a Satanás, pero lo dudo; aquí todo es sobrio, escueto, moderno; nada de las antiguas mojigangas y grotesquerías de los francmasones”.

La intrépida denuncia de esta conspiración mundialista provocará que la prensa, que en un principio lo había alabado fervientemente, se revuelva contra el Papa: “Resulta curioso –escribe Castellani-- que todo aquello por lo que lo alabaron se convirtió al final en defecto: que así son los ánimos humanos, o bien la madurez senil de esta época. No tanto en el popolino, que siempre siguió venerándolo, cuanto en parte de los magnates eclesiásticos y la Prensa… Al principio todos los periodistas se hacían lengua de sus cosas (que eran siempre “noticia”) y se llenaban la boca llamándolo colega y cofrade, pero al fin se gastaron las novedades y cambió el viento periodístico, sobre todo cuando empezaron las medidas duras e impopulares”. Pero, aunque su prestigio ante el mundo decaiga, el Papa Ducadelia no cejará en su propósito quijotesco de purificar la Iglesia, escribiendo incansable encíclicas, viajando (a veces de incógnito) a los parajes más variopintos del atlas y atreviéndose, incluso, a enfrentarse a la secta mundialista en su propio cubículo o madriguera, con riesgo de su propia vida. Y es que Juan XXIII (XXIV), que no en vano se subtitula La resurrección de don Quijote, es una obra transida de los ideales caballerescos de defensa del débil y combate sin cuartel contra la hipocresía y el fariseísmo ambientales; y perfumada por un humor de la mejor estirpe cervantina. En un pasaje especialmente hilarante de la novela, un entrevistador empeñado en malquistarlo con la Compañía de Jesús pregunta a Ducadelia: “¿Pueden los jesuitas viajar en avión?”. A lo que Ducadelia responde con gracejo: “Solamente como pilotos”.

Sin duda alguna, la novela de Leonardo Castellani debió resultar chocante, incluso estrafalaria, cuando se publicó, allá a mediados de los años sesenta; pero su autor, poeta que sabía mirar más adentro y profeta que sabía mirar más allá de las apariencias, habría podido responder con aquel aforismo de Oscar Wilde: “La naturaleza imita al arte”. Aunque a veces tarde medio siglo en hacerlo.

Juan Manuel de Prada


miércoles, 20 de mayo de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

Genial noticia

Gracias a la enorme generosidad del autor y de la editorial, podemos anunciar a nuestros lectores la posibilidad de bajar gratuitamente la primera parte de la excelente biografía del Padre Leonardo Castellani.

Biografía de Leonardo Castellani


Versión digital de la detallada biografía escrita por Sebastián Randle “Castellani (1899 – 1949)”
Finalmente, he aquí la versión digital de la primera mitad de la biografía del P. Castellani (más conocido como "el ladrillo verde") que escribiera Sebastián Randle.
La versión digital que aquí ofrecemos para que lo descargue quien quiera, en el formato de su elección, contiene las 293.651 palabras de su versión impresa, más las 60.294 palabras de sus 1658 copiosas citas.
¡Gratis! Para divulgar entre los amigos, para descargar  mientras aguardamos la aparición de la segunda parte (1949 – 1981) que el autor promete para fines de año.