Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 30 de julio de 2015

Castellani llega al Osservatore Romano

Juan Manuel de Prada acaba de iniciar en el diario "L'Osservatore Romano" una colaboración en la que analizará algunas de las "fantasías papales" más famosas de la literatura. En su primer artículo ha evocado la figura de su admirado Leonardo Castellani y comentado su novela "Juan XXIII (XXIV)".

Para Juan Manuel de Prada ha sido un inmenso honor poder dar a conocer al gran escritor argentino a los lectores de "L'Osservatore Romano". Y agradece infinitamente a su director, Giovanni María Vian, la oportunidad que le ha brindado.

(De la página oficial de Juan Manuel de Prada en Facebook.)

UN PAPA ARGENTINO ANTES DE FRANCISCO

Juan Manuel de Prada


En 1964 Leonardo Castellani imaginó a Juan XXIV


L'Osservatore Romano, 29 de Julio de 2015.

Han sido muchas, casi infinitas (y con frecuencia dictadas por una evidente animosidad anticatólica), las intrigas novelescas ambientadas en el Vaticano que fantasean con Papas que nunca existieron, por lo común envueltos en rocambolescas peripecias o víctimas de turbios contubernios. Pero quisiéramos iniciar esta serie de artículos con Juan XXIII (XXIV), una novela catoliquísima, en muchos aspectos profética, salpimentada de un humor de estirpe cervantina, en la que el santafesino Leonardo Castellani (1899-1981) se atreve a imaginar… ¡a un argentino en la sede de Pedro, medio siglo antes de que la ocupase Francisco!

Castellani fue un escritor de insuperable expresividad, pensamiento profundo e irresistible desenfado. Tenía sensibilidad de gran poeta que le permitía mirar más adentro y clarividencia de gran profeta que le permitía mirar más allá; y, sobre estas raras dotes, tenía el precioso don divino de contemplar las cosas abarcadoramente, con capacidad para conocer a un tiempo lo natural y lo sobrenatural, con la mirada de águila clavada siempre en el horizonte escatológico, manantial desde el que se nutre la esperanza cristiana. Cultivó casi todos los géneros literarios –poesía y novela, relato y ensayo, crítica literaria y exégesis bíblica--; y todos los géneros los bautizó con su peculiarísimo estilo, a la vez polemista y apologético, en el que comparece el hombre sufriente que Castellani sin duda fue, pero también el hombre que, en medio de sus padecimientos, se ata en obediencia a Jesucristo, para preservar íntegra su libertad. Castellani, que había sido expulsado de la Compañía de Jesús y suspendido a divinis en 1949, sería plenamente restituido al ministerio sacerdotal en 1966; pero aquel episodio traumático marcaría muy hondamente su biografía, y también su obra, que empuña el látigo de un Bloy o un Belloc, y a la vez la varita mágica de un Chesterton.

De esa magia y ese látigo se nutre la novela que ahora comentamos, Juan XXIII (XXIV), una especie de purga del corazón o sublimación autobiográfica publicada originariamente en 1964. Se trata de una obra muy influida por otra fantasía papal muy célebre, el Adriano VII de Frederick Rolfe (1860-1913), más conocido literariamente como Barón Corvo. Como ocurría en aquella novela, el protagonista de Castellani, Pío Ducadelia, hijo de italianos, es un trasunto del propio autor: religioso “jeromiano” (pronto descubriremos que esta orden jeromiana es un trasunto de la Compañía de Jesús) a quien se ha prohibido celebrar misa, de repente es rehabilitado y enviado a Roma, como asesor del arzobispo de Buenos Aires. Se ha empezado a celebrar el Concilio Vaticano II, que en mitad de sus sesiones habrá de trasladarse al Palacio de Letrán, por complicaciones políticas que no tardan en desembocar en una cruenta “guerra ruso-europea”, en la que los soviéticos lanzan bombas atómicas sobre las principales capitales europeas, antes de perder ante una alianza de países europeos que restaurarán la monarquía en Italia y Francia. Sobre este trasfondo de incertidumbre y agitación bélica transcurren las deliberaciones de los padres conciliares, en las que Ducadelia participará en calidad de teólogo pontificio, después de haber deslumbrado al Papa Roncalli con sus propuestas de reforma para la Iglesia, que se centran en combatir –citamos textualmente-- “la burocracia impersonal en el manejo de los asuntos eclesiásticos”. Para lograr esta desburocratización, Ducadelia propone, por ejemplo, una “descentralización del gobierno eclesiástico, con nombramiento de Patriarcas, a la manera del siglo V”, así como la constitución de un “Consejo del Papa” formado por doce peritos, “cada uno en un ramo del gobierno”. También propone Ducadelia una “revisión y ajuste del celibato eclesiástico para hacerlo más riguroso y decente”; y aconseja al Papa, para evitar escándalos financieros, que “ni los obispos ni las órdenes religiosas puedan tener papeles de crédito de ninguna clase”, sino que “todos los bienes eclesiásticos se inviertan en bienes raíces, los cuales serán encomendados para su productividad a los Cartujos y a los Trapenses”.

Pero el Concilio tendrá que disolverse, ante el avance de los soviéticos, y el Papa tomar el camino del exilio, donde morirá, dejando encomendado que –ante la diáspora del colegio cardenalicio-- su sucesor sea elegido por tres únicos compromisarios. Ducadelia, por su parte, es apresado y conducido a Rusia, donde sufrirá pavorosas torturas; cuando por fin sea evacuado y regrese a Roma descubrirá, para su estupor, que ha sido elegido Papa. En una muestra de veneración filial a su predecesor, decide adoptar el nombre de Juan y repetir su numeral, alegando lo siguiente: “No hubo Juan XX. Y hubo un Juan XV que murió al mes de ser elegido, y no fue coronado canónicamente. Hubo un Juan XXIII durante el cisma de Aviñón, que no fue Pontífice legítimo. De modo que, numerando con rigor histórico, nuestro Venerable Antecesor fue Juan XXII. Y así todos los Juanes in retro, restando uno a cada numeral… hasta el XV”. De inmediato, el nuevo Juan XXIII (ó XXIV) declarará que el cometido primordial de su pontificado será “la batalla de la pureza interna” de la Iglesia y el combate contra lo que denomina el “elesiasticismo”, que en algún momento se describe así: “Son todos esos magnates carcamales que no quieren cambios en la Iglesia porque a ellos les va bien así; y a ellos les va bien porque carecen de tacto y de olfato para ver (de vista también, por supuesto) que se están quedando solos, que el mundo se retira en silencio de la Iglesia… Solos y solazándose con sus honores pueriles y sus comodidades… mujeriles. El eclesiasticismo es la peor herejía que existe hoy en la Iglesia”. Para combatir este “eclesiasticismo” y librar la batalla de la pureza interna Ducadelia reduce en dos tercios la burocracia vaticana, considerando que se trata de “una máquina y por tanto no tiene tacto”. “Es menester –añade-- dotar a esa máquina, que ya tiene un cerebro arriba, de un corazón en el centro y de papilas táctiles en los extremos, allí donde ella entra en contacto con el ser humano vivo; porque el sacerdote es, o debe ser, humano…”. En su búsqueda de sacerdotes con calidez humana, Ducadelia no tendrá empacho en castigar a los predicadores “fallutos” (hipócritas o falsarios, en español de Argentina) ni en rebajar los estipendios de la curia, lo cual le granjeará muchos descontentos y animadversiones.

También levantará gran tempestad de críticas su decisión de instalarse a vivir muy pobremente en un edificio próximo a Letrán, alegando que “el enorme palacio de Michelángelo y Bramante no es apto ya para el trabajo y el alojamiento, sino para el turismo”. Ducadelia considera que “Roma se está volviendo, de museo que fue, un enorme y lujoso cenicero”; y apostilla que no quiere “iglesias de turismo”, sino parroquias vivas y activas, por lo que manda edificarlas en los barrios nuevos de la Urbe, con el dinero logrado vendiendo algunas obras de arte. Afirma que “el verdadero tesoro de la Iglesia son los pobres”; y por ello mismo se esfuerza en vivir en pobreza, con apenas un dólar al día. Asimismo, promueve una purificación de las órdenes religiosas, que debe iniciarse por su rechazo de las comodidades materiales: “Prefiero a mil jeromianos auténticos, conformes a la mente de su fundador, que 40.000 mil falsificados… Cuando aparecieron los primeros jeromianos en el mundo, parecían siete leones; y ahora parecen innumerables ovejas”.

Tantas y tan sustanciales reformas no hacen sino aumentar el número de sus enemigos, que buscan constantemente el modo de perderlo, como los fariseos hacían con Jesús, tendiéndole trampas y haciendo las interpretaciones más retorcidas de sus palabras. Así, desde ciertos sectores de derecha se le acusa de “hacer confusión con su política filosemita”; mientras que, desde el otro extremo, la prensa americana lo acusa de “antisemita”, por su condena de las grandes corporaciones financieros. Y también los democristianos meapilas empiezan, por su parte, a quejarse de que el Papa “ni siquiera cita la Biblia en sus escritos, sino muy raramente, como tampoco a Santo Tomás y San Agustín: sus encíclicas parecen escritas por un filósofo del siglo XVIII…”; y rematan sus críticas tachándolo de “indevoto”. A la vez que el “eclesiasticismo” lo asedia, la plutocracia internacional planea atentar contra su vida; y no es de extrañar, pues Ducadelia no ha tenido empacho en destapar sus manejos, señalando el mal que corrompe a las democracias parlamentarias, que “con el cuento chino de la soberanía del pueblo” se han convertido en “una tapadera de la plutocracia, un caballo de Troya de la Finanza apátrida, un cobertor de sociedades secretas y una arena espléndida para el despertar hirviente del comunismo”. Para Ducadelia, el conflicto anticrístico final antes de la Parusía será entre ese comunismo al que fatalmente nos conduce una democracia corrompida y la Finanza apátrida, que en otro pasaje se nos describe así: “Es una sociedad nueva (o vieja, no lo sé) que dirige o concierta el movimiento anticristiano secreto en todo el mundo. Posee por doquier filiales y grande pecunia. (…) Su objetivo es destruir el cristianismo y crear un Estado Mundial ateo; con todos los medios posibles, incluso los más infames, sin restricción moral ninguna y en el mayor secreto. Los oí también llamarse oneworlders, o sea, “mundounistas”. No son masones ni judíos; se sirven de los masones, de los judíos, de los ateos, de los protestantes, de los católicos tontos, y de cuanto haya. (…) No reparan en medio alguno: el asesinato político, el robo en gran escala, la calumnia, la mentira (…). Parecen tener recursos inmensos, no sólo de dinero, mas también puestos políticos y mandos militares. Los domina un odio ilimitado a la Religión. No sé si practican el culto a Satanás, pero lo dudo; aquí todo es sobrio, escueto, moderno; nada de las antiguas mojigangas y grotesquerías de los francmasones”.

La intrépida denuncia de esta conspiración mundialista provocará que la prensa, que en un principio lo había alabado fervientemente, se revuelva contra el Papa: “Resulta curioso –escribe Castellani-- que todo aquello por lo que lo alabaron se convirtió al final en defecto: que así son los ánimos humanos, o bien la madurez senil de esta época. No tanto en el popolino, que siempre siguió venerándolo, cuanto en parte de los magnates eclesiásticos y la Prensa… Al principio todos los periodistas se hacían lengua de sus cosas (que eran siempre “noticia”) y se llenaban la boca llamándolo colega y cofrade, pero al fin se gastaron las novedades y cambió el viento periodístico, sobre todo cuando empezaron las medidas duras e impopulares”. Pero, aunque su prestigio ante el mundo decaiga, el Papa Ducadelia no cejará en su propósito quijotesco de purificar la Iglesia, escribiendo incansable encíclicas, viajando (a veces de incógnito) a los parajes más variopintos del atlas y atreviéndose, incluso, a enfrentarse a la secta mundialista en su propio cubículo o madriguera, con riesgo de su propia vida. Y es que Juan XXIII (XXIV), que no en vano se subtitula La resurrección de don Quijote, es una obra transida de los ideales caballerescos de defensa del débil y combate sin cuartel contra la hipocresía y el fariseísmo ambientales; y perfumada por un humor de la mejor estirpe cervantina. En un pasaje especialmente hilarante de la novela, un entrevistador empeñado en malquistarlo con la Compañía de Jesús pregunta a Ducadelia: “¿Pueden los jesuitas viajar en avión?”. A lo que Ducadelia responde con gracejo: “Solamente como pilotos”.

Sin duda alguna, la novela de Leonardo Castellani debió resultar chocante, incluso estrafalaria, cuando se publicó, allá a mediados de los años sesenta; pero su autor, poeta que sabía mirar más adentro y profeta que sabía mirar más allá de las apariencias, habría podido responder con aquel aforismo de Oscar Wilde: “La naturaleza imita al arte”. Aunque a veces tarde medio siglo en hacerlo.

Juan Manuel de Prada


miércoles, 20 de mayo de 2015

lunes, 27 de abril de 2015

Genial noticia

Gracias a la enorme generosidad del autor y de la editorial, podemos anunciar a nuestros lectores la posibilidad de bajar gratuitamente la primera parte de la excelente biografía del Padre Leonardo Castellani.

Biografía de Leonardo Castellani


Versión digital de la detallada biografía escrita por Sebastián Randle “Castellani (1899 – 1949)”
Finalmente, he aquí la versión digital de la primera mitad de la biografía del P. Castellani (más conocido como "el ladrillo verde") que escribiera Sebastián Randle.
La versión digital que aquí ofrecemos para que lo descargue quien quiera, en el formato de su elección, contiene las 293.651 palabras de su versión impresa, más las 60.294 palabras de sus 1658 copiosas citas.
¡Gratis! Para divulgar entre los amigos, para descargar  mientras aguardamos la aparición de la segunda parte (1949 – 1981) que el autor promete para fines de año.

domingo, 15 de marzo de 2015

34º aniversario de su fallecimiento



Parecemos devolvértelos a Ti, oh Dios, de Quién los recibimos. Pero así como Tú no los perdiste al darlos a nosotros, tampoco los perdemos cuando regresan a Ti.

Oh Amante de Almas, Tú no das como el mundo da. Lo que das no quitas, pues lo que es Tuyo, también es nuestro puesto que somos Tuyos, y Tú eres nuestro.

La vida es eterna, el amor es inmortal; la muerte no es más que horizonte, y el horizonte no mas que límite de nuestra visión.

¡Levántanos, oh Poderoso Hijo de Dios, para poder ver más allá; enjuga nuestros ojos para mirar con luz más clara; acércanos a Ti para sentirnos junto a Ti y hallarnos cerca de nuestros queridos seres que están contigo!

Y mientras preparas un lugar para nosotros, prepáranos a nosotros también para esa tierra feliz, por que donde estés, estemos nosotros también, por siempre. Amén.

Rdo. Padre Bede Jarret O.P.


miércoles, 14 de enero de 2015

Freudismo y Antropología según el Padre Leonardo Castellani


Por Hugo Alberto Verdera*

1. Introducción: Freud en el proceso de descristianización de occidente

Nada fácil resulta para quien les habla, analizar el pensamiento de quien uno considera, de todo corazón, su maestro. Y debido a que uno se considera, con plena verdad, totalmente insuficiente para haberlo apreciado en toda su dimensión, le parece asumir una actitud de irresponsabilidad. A esto hay que unir que, quien les habla no es médico, ni psicoanalista profesional, sino un estudioso del pensamiento del Padre Castellani que, guiado por el mismo, se aproximó a esos campos científicos específicos. Porque el Padre Castellani, en su vastísima y polifacética labor intelectual, abarcó, con los rasgos característicos de su genialidad, la esencia propia del pensamiento de Sigmund Freud y del movimiento por él y en él originado, así como sus derivaciones, imposibles de ignorar para comprender el contexto y la esencialidad propia de la modernidad, uno de cuyos signos más significativos de su degradación es la deformación de lo sexual, mediante un reducionismo que tiene, sin lugar a dudas, por padre putativo a Freud. Sin su aporte, no existiría, el denominado «pansexualismo» hoy auténticamente imperante.

Castellani vio, con objetividad, en el freudismo uno de los más importantes movimientos de la Psicología del siglo XIX, fundamentalmente, en su fase empirista. Y supo, genialmente, desentrañar que el sistema de Freud, nacido como un «análisis terapéutico para la cura de neurosis», se conformó pronto como una «pseudo-doctrina psicológica» y, fundamentalmente, como una filosofía, es decir, como una antropología totalitaria radical e intencionadamente falsa, que terminó en una utopía mitológica, cuyo éxito se explica en el proceso de descristianización de Occidente, constituyéndose en uno de los pilares fundamentes del mismo.

2. Freud como «teólogo» y filósofo

Se ha dicho con toda exactitud, respecto de Castellani, «...que él era psicólogo no sólo por sus excepcionales condiciones para la comprensión y descripción del misterio del hombre, dramáticamente vivido desde su experiencia en las cimas del dolor y la angustia como en las cimas de la esperanza y el éxtasis, sino que lo era tomado también por específica capacitación académica»[1].

Hablando de las herejías en la Argentina, caracteriza Castellani a la moderna como «que es oculta, resume a todas las otras, y es más peligrosa que todas: ella es el modernismo, el naturalismo religioso, el progresismo o como quieran llamarla. Ella consiste simplemente en suprimir lo sobrenatural y endiosar lo natural. Esa herejía central es el fondo común o cimiento de todas las formas del naturalismo herético actual...». Y Castellani agrega más adelante que «muchas de ellas son contrarias entre sí –aparentemente– y se golpean y patean», y cita expresamente entre ellas «el optimismo sucio de Rousseau y el pesimismo sucio de Freud...»[2], ya que la desintegración interior del hombre es no sólo dolorosa e inevitable, sino sobre todo, insuperable, y el creador de la Psicoanálisis propone «ocultar la desesperación bajo el manto de la resignación. Freud sólo puede ofrecer al hombre doliente la paz de “Thánatos” (la Muerte)», en primer lugar, porque su ateísmo le impidió admitir al Dios de Abraham y la Redención por Cristo, y luego, porque sus errores filosóficos le hicieron buscar la unificación del psiquismo humano donde jamás puede darse: «del lado de la tendencia, y después en la parte más baja de la tendencia, en el Instinto, reducido monstruosamente a uno solo (la Libido)»[3], y esto hasta tal punto que, anteriormente, señalaba Castellani que el Padre afirma, en otro lugar, que aún «el arte es un desahogo de la libido, dice Freud: no es verdad»[4]. Y en otra de sus obras, Castellani, analizando el Pecado Original, expresa que «es evidente que si te pones a predicar que este mundo es un paraíso, a poco tiempo los hombres gritarán a coro que es un infierno; siendo que no es ninguna de las dos cosas; y si te pones al hombre que él es naturalmente bueno, que el sumo bien es esta vida y que su naturaleza está entera e intacta como salió de las manos del Creador, al poco tiempo oscilará bruscamente el péndulo y los hombres dirán que el hombre es una porquería: a Rousseau sucederá Freud». Y termina el Padre: «Es peligroso consolar a nuestros semejantes negando el mito del Pecado Original, porque explota otro mito mucho más desconsolador, el mito maniqueo de La Libídine Omnipotente o el Pecado Universal e Inevitable o simplemente el Dios del Mal, Arriman o Satán...»[5]. Es comprensible que Freud haya afirmado, como nos recuerda Castellani, que «el ascetismo es una neurosis de ansiedad masoquista»[6].

Y en otra homilía, el Padre Leonardo señalaba que «El mérito de la Psicología Individual ha sido haber atraído fuertemente la atención, reaccionando contra el Pansexualismo de Freud, sobre su rol de primer orden en la formación del carácter y sus deformaciones, de ese apetito de poder y de esta experiencia de impotencia subordinados a un ideal lejano y relacionado con la realidad social»[7].

Y con precisión teológica irrebatible, Castellani ve en Lutero un antecedente ineludible de ese pansexualismo, al afirmar que «Lutero [...], en su libro De servo Arbitrio (opuesto al De Libero Arbitrio de San Agustín) estimó que el Pecado Original había arruinado y corrompido a fondo la natura humana: de él deriva la asquerosa Teología o Filosofía de Freud»[8].

Puede parecer apresurado calificar la teoría freudiana, es decir, al propio Freud como teólogo. Pero como nos enseña agudamente Castellani, «para un teólogo no es problema clasificar al freudismo teológicamente: es una herejía judaico-cristiana, una especie de maniqueismo luterano», luego de señalar, renglones antes, que «si me oyera Freud levantaría de su tumba la testa con asombro, ¿yo teólogo?»[9]. Más adelante, ratifica lo afirmado, expresando que «Emile Ludwig lo llama “mago” e “impostor”; Oliver Brachfeld, notable psicólogo [...] le llama “hiena hedionda”; y el Dr. Nathan ha escrito un libro titulado Los psicoanalistas deben ser fusilados». Y Termina el Padre: «Estas tres autoridades son judíos, no cristianos, porque el psicanálisis corroe la moral judía lo mismo que la moral cristiana, las cuales no son heterogéneas en fondo ni mucho menos»[10].

Para Castellani, Freud es como investigador, «un pensador de raza, de una cultura exitista, de un instinto psicológico excepcional, de una laboriosidad portentosa, de una gran honestidad intelectual». Y como psicólogo, «es el fundador de una doctrina filosófica que tiene grandes aciertos [...] mezclados a grandes errores, o mejor dicho prejuicios, prejuicios que afectaban su doctrina en forma que, preguntándose si es buena o mala, haya que contestar que es mala “simplemente” y buena “según un cierto aspecto”», añadiendo que «el llamado “pansexualismo”, el asocianismo psicológico, la exageración del llamado por Ribot “método patológico” y su incapacidad mental para distinguir la potencia del acto y la causa material o eficiente de la causa formal son los principales de esos prejuicios» o grandes errores[11].

Castellani, absolutamente fiel al principio tomista de «buscar la verdad donde se halle», expresa que «en vez de increpar, o tan siquiera refutar, nos limitaremos a exponer los aciertos de Freud completándolos en lo posible [...] en el fondo la mejor manera de refutar; porque liberado el núcleo de verdad que hay en todo error poderoso, el error se cae solo como una cáscara vacía»[12].

El Padre Castellani se pregunta «¿por qué tuvo el análisis freudiano esa difusión fulminante y esa “prensa” que no tienen ningún otro filósofo contemporáneo...», y da cinco razones:

«1. Por el «escándalo» que acompaña a todo lo que versa sobre lo que versa sobre lo «sexual», sobre todo en nuestra hechicera época, en que el llamado «problema sexual» es muy agudo; y la indisciplina de las costumbres también;

2. Por la «revolución» contra las buenas costumbres que prometer la cómoda moral freudiana.

3. Por el talento literario de Freud, que confiesa que él tuvo vocación (o al menos tentación de novelista).

4. Por la audacia del pensamiento que acomete todos los problemas del hombre frente a la enteca y deshumanizada psicología académica.

5. y principal, por las soberanas dotes de investigador científico del autor, que reportó como frutos verdaderos descubrimientos: la teoría del Subconsciente, la etiología de las neurosis, la definición psicológica del ensueño, una teoría completa acerca del instinto sexual, un planteo exacto y unitario de absolutamente todos los problemas Psicológicos principales»[13].

Más aun, afirma Castellani que «la aparición de la psicanálisis volvió de nuevo interesante la psicología y la puso de moda: se puede decir que fue un retorno a la ciencia del alma desde la pedantesca e inútil “Psicología experimental”. Puede ser clasificado como psicología antropológica»[14].

Pero, «por haberse fundado sobre bases filosóficas deleznables, la doctrina psicanalítica se volvió pronto un caos [...] se dobló pronto de una doctrina psicológica y vulgar, que se puede llamar una mitología»[15]. Es que, como magníficamente ha señalado Louis Jugnet, «Existe también una “litósfera”, es decir una atmósfera intelectual y afectiva propia de toda época. A fuer de tomar “la costumbre por la naturaleza” –según la hermosa expresión de Montaigne–, se llega, sobre todo gracias a la difusión de los “mas-media”, a hacer aceptar al hombre común como evidente, o por o menos como definitivamente adquirido, ideas que con frecuencia son totalmente contrarias a la verdadera naturaleza de las cosas. Tal es el caso [...] del psicoanálisis y del verdadero “sistema del mundo” construido por Sigmund Freud, cuyos postulados de base no son cuestionados en la práctica sino por un puñado de autores rebeldes a la moda y al célebre “Viento de la Historia”»[16].

3. El error de Freud

Para Castellani, «ponerse a perseguir las proposiciones erróneas que hay en los psicoanalistas sería interminable y ponerse a refutarlas sería enteramente desabrido», añadiendo que los errores de Freud han sido refutados por la clínica, incluso por la clínica del mismo Freud, del cual no de balde se distinguen tres épocas»[17]. Remitimos a la lectura de los mismos, como a su refutación, para centrarnos en la concepción de base antropológica freudiana y su utilización como elemento constitutivo esencial en la elaboración del modelo humano erótico y su importancia en la constitución del «nuevo orden mundial».

Para Castellani, el error filosófico de base en nuestro autor, es que «Freud es absolutamente incapaz de percibir la distinción entre acto y potencia, lo cual significa que filosóficamente se ha ido, se ha retrotraído y regresado (como decía él) más atrás de Platón, más atrás de Aristóteles, y más atrás de los presocráticos, es decir, al nivel mental del niño y el salvaje. [...] Toda la filosofía aristotélica reposa sobre la distinción entre potencia y acto y su consecuencia inmediata el “Motus” o devenir. Aunque entre el ser y el no ser no hay medio, existe una cosa que es en cierto modo y no es en cierto modo y se llama “dynamis”? O potencia; la cual simplemente hablando no es y según algo, es. El árbol está en la semilla en potencia»[18].

Señala Castellani que cuando Freud expresó que «el primer acto del recién nacido, es decir, tomar la teta, es un acto sexual, los franceses, que “son guasones”, produjeron grandes chistes. “El chico hace un acto sexual, pero convengamos en que de paso, se alimenta” dijo Charles Blondel. Por su parte, el Profesor Claude afirmó: “El primer movimiento del brazo del recién nacido es un acto guerrero, porque con ese brazo algún día empuñará el fusil; pero no conviene ahora mismo mandarlo a la conscripción”. Y un maestro de la Sorbona, George Dumas afirmó: ¡Freud dijo eso! ¡que Dios tenga piedad de su alma»[19].

Castellani expresa que un discípulo suyo, de 16 años hubiese respondido simplemente: «Potencialmente sí, actualmente no». [...] El muchacho alumno de Santo Tomás dice: «Nacemos con el (instinto sexual) in potentia; lo adquirimos in acto». Y continúa el Padre Castellani: «Dejemos hablar al muchacho bachiller en Artes en una Universidad del Medio Evo:

«¡Oh mis queridos borriquitos! Evidentemente el primer acto del niño procede de esa tendencia general que nosotros llamamos “apetito sensible” y vosotros burronamente Libido; pero por el hecho que más tarde ese apetito sensible, parte de él, se va a dirigir a objetos sexuales, no quiere decir que ya ahora sea sexual. Porque para conocer una función no hay que escudriñar su raíz, la cual es común a todas y se llama tendencia vital, sino su flor y su fruto. Quiero decir que las funciones se especifican por sus actos y los actos por sus objetos; y en el hombre hay una progresiva aparición de nuevas funciones, que son nuevas y no nuevas; nuevas por un nuevo objeto que las diversifica específicamente y en cierto modo, las crea; no nuevas por su lejana raíz, que no es otra cosa que la tendencia general al bien, o sea, al Ser, que en todas las lenguas del mundo se llama Amor. Tenéis cero en Metafísica; habéis confundido la potencia y el acto (Hasta aquí el Bachillerejo). Esa confusión es el origen de la mayoría de los errores de Freud; si no de todos. Podría ir aplicándola una tras otra a su teoría del instinto, teoría de las neurosis, teorías de las perversiones [...], teoría de la sublimación y teoría de la Sociedad». Y termina Castellani: «Esa confusión es la que da origen a la horrenda invención del Thánatos o Instinto de Muerte. Basta recordar aquí la importancia de esas cuatro frases sintéticas. A saber: Adler: “Ser hombre es sentirse en estado de inferioridad y constantemente impelido por un instinto de superación”. Jung: “Ser hombre es sentirse incompleto y continuamente espoleado, por una Pulsión Vital, que siendo general es, sin embargo, de natura sexual general”. Freud: “Ser hombre es estar continuamente espoleado por la Libido o Principio de Placer que lucha contra su contrario el Thánatos” (agregado de la tercera época). Aristóteles: “Ser hombre es sentirse vivir y continuamente atraído a vivir con plenitud” (Sullivan)»[20].

Respecto al concepto esencial freudiano de Libido, señala Castellani que existen cantidad «de amores espirituales, como el amor a la patria por ejemplo, que pese a Freud no tiene nada que ver con la Libido, y por encima todavía existe el amor místico de Dios, que es un misterio, que escapa ordinariamente al psicólogo, por más redes que le eche para atraparlo»[21].

Concluye nuestro querido Castellani que «el psicanálisis, aún corregido debe ser presentado como un remedio último para cuando fallen todos los otros, y es comparable a una seria operación quirúrgica. La “noche oscura” de los místicos es comparable al psicanálisis. Pero al revés: para arriba y no para abajo...»[22].

Castellani denunció «que ha habido muchas tentativas de unificar la ciencia psicológica (de reducir a unatodas las psicologías), ubicando entre ellas al freudismo»[23], y que «en el plano psicológico Freud aparece como un psicólogo intuitivo de penetración asombrosa, pero viciada por lagunas insalvables y prejuicios fortísimos»[24]. Hablando de Janet, Freud, Leuba, dice Castellani que «desconocen absolutamente la religión y encima la odian furiosamente. Pero También desconocen la psicología»[25].

Yendo al plano de lo político, Castellani vio con claridad la importancia del freudismo para la consolidación de un nuevo orden. Afirma (en la década de 1950), «que la psicología se reduce a Freud y a Pavlov porque dan poder, para domesticar animales y para dirigir a los hombres»[26].

Intentemos ahora, una síntesis respecto a la «filosofía freudiana», que ya realizamos en un trabajo anterior[27].

1. Todo su sistema está impregnado e imbuido de una concepción pesimista de la vida.

2. Su filosofía es radicalmente atea, materialista, determinista(no dejando ningún lugar a la libertad humana, ya que considera que todo acto del hombre está determinado por su pasado) y utilitarista (ya que considera que todo el psiquismo humano se reduce a una lucha entre el «principio del placer» y el «principio de realidad», es decir, los duros renunciamientos que nos infligen las leyes de la naturaleza y de la sociedad.

3. La filosofía freudiana procede por afirmaciones masivas y «explica toda crítica por alguna resistencia, represión o complejo».

4. Su noción de «Libido» convertida en el motor único y central de la actividad humana, dando como resultado un «pansexualismo»reduccionista, única explicación de lo humano. Para él, la libido, concupiscencia sexual, designa la energía psíquica primordial y única. Así, la libido freudiana significó la clave de toda la vida de relación, el núcleo de toda actividad afectiva, el motor de toda la vida cultural. Así, para Freud el hombre es monoinstintivo y el psiquismo humano es pansexual o totisexual. Y el fondo del hombre es primitivo activo bestial, infantil alógico y sexual. De ahí que la perversión sexual no sea pasible de ninguna condena moral.

En suma, el freudiano parte del presupuesto que el hombre es un manojo de fuerzas biológicas exclusivamente y que ellas se parecen a las fuerzas mecánicas. De este modo, su sistema moral no podía ser otro que el «hedonismo».

En suma, el pansexualismo psicoanalítico es plenamente explicativo y la resultante de las doctrinas freudianas, puesto que en éstas el pansexualismo se afirma de manera categórica. El mismo Freud escribe: «La mayoría de las personas cultas han visto en esta denominación una ofensa y se han vengado lanzando contra el psicoanálisis la acusación de pansexualismo. Quien ve en la sexualidad algo vergonzoso y humillante para la naturaleza humana puede servirse de las palabras más claras de eros y erótico. Habría podido hacer yo otro tanto desde el comienzo y me habría ahorrado no pocas objeciones, pero no lo he hecho porque no me gusta portarme como pusilánime. No se sabe dónde se puede llegar siguiendo por este camino; se comienza cediendo en las palabras y se acaba, a veces, cediendo en las cosas»[28].

Por lo tanto, Freud asume plenamente su «pansexualismo», ya que las cosas en las que no quería ceder y en realidad no ha cedido nunca, a pesar de algunas fluctuaciones verbales, se aclaran cuando dé la definición de libido, sin duda su caballito de batalla. Expresa al respecto: «Libido es una palabra que hemos tomado prestada de la teoría de la afectividad. Con ella designamos le energía (entendida como magnitud cuantitativa pero que no estamos todavía en condiciones de medir) de las tendencias que se enlazan a lo que nosotros llamamos en conjunto con la palabra amor. El núcleo de lo que nosotros llamamos amor está constituido, naturalmente, por lo que es conocido comúnmente por amor y es cantado por los poetas, es decir, el amor sexual cuya culminación constituye la unión sexual».

Si bien Freud no desconoce las otras variedades de amor (hacia sí mismo, hacia los padres, de los ciudadanos a la Patria, la amistad) empero para él todas estas variedades de amor «son otras tantas expresiones de un único conjunto de tendencias que, en ciertos casos, aún conservando rasgos característicos de su naturaleza que bastan para no inducir al error sobre su identidad, alejan de este fin e impiden su realización» (Psicología colectiva y análisis del yo, p. 104, citado por Felici, o. c., p. 155).

De este modo, el pansexualismo se inscribe como eje y resultante central del psicoanálisis freudiano[29].

4. Implicancias políticas del pansexualismo

Sydney Hook, al presentar su libro crítico sobre el método científico del psicoanálisis, hace notar que «no falta quien afirme que la teoría freudiana del hombre es potencialmente la teoría que prevalece sobre todas las otras justamente porque se ocupa de la mente y del comportamiento humano, porque ofrece la clave fundamental para comprender las elecciones y decisiones que los hombres toman o dejan de tomar»[30].

En primer lugar, encontramos en Freud cuáles eran sus opiniones políticas. Se ha señalado que careció de perspicacia en sus juicios políticos. «Fue admirador del nacionalismo y del militarismo alemán, juzgó a los servios de imprudentes, se entusiasmó [...] por la guerra de los imperios centrales y en este clima habló de “nuestras batallas”, esperó la caída de París, confió en la derrota de los rusos... cambiando de opinión sólo a fines de 1917, o sea con los hechos a la vista, pero todavía en el ’18 esperaba una victoria de Alemania... después asistimos a un sorprendente cambio de opinión. Más tarde, cuando ya el movimiento de Hitler estaba en plena actividad, pensó como absolutamente imposible que los alemanes dieran vía libre al nazismo. Aún aquella vez se equivocaba»[31].

Incluso, evidenció tendencias antidemocráticas. De hecho, «no sólo no expresa jamás juicios desfavorables contra el fascismo, sino que nutrió una gran admiración por el Duce, a quien dedicó en 1933 un pomposo elogio que tenía una clara e innegable referencia a la obra política mussoliniana»[32]. Afirma, en Moisés y el monoteísmo, Freud sostiene que bajo el fascismo «el pueblo italiano viene educado en el orden y en el sentido del deber»[33].

Señala Ennio Innocenti que surge en los propios textos de Freud su propensión a la dictadura. Escribe en 1927, Avvenire d’una illusione, «en donde se lee que la civilización es obra de una minoría que obliga a una mayoría recalcitrante. La invocación de la dictadura parecería implícita en aquello que piensa Freud sobre las masas: “la masa es un rebaño dócil, incapaz de vivir sin un patrón. Está tan deseosa de obedecer que se somete instintivamente a aquel que se le propone como jefe”, agregando que el advenimiento de las masas parece que conlleva una “regresión psíquica” (que, sin embargo, estaría “considerablemente atenuada en la masa organizada”, como es, por ejemplo, un ejército), casi una “resurrección de la horda primitiva” caracterizada “por el abajamiento de la actividad intelectual y de la incapacidad de controlarse”»[34].

En nuestro trabajo antes citado, bosquejamos los intentos de conformación de un «freudo marxismo». Afirmábamos que «la vinculación de su pensamiento con el proyecto revolucionario“pansexualista” no se comprende el concepto de hombre involucrado en dicho proceso revolucionario»[35]. Y desarrollamos como ejemplos de esa vinculación con dos «que ratifican lo expresado: el actuar concreto de Wilhelm Reich y su “revolución sexual” como requisito previo ineludible para la revolución marxista en Occidente; y Herbert Marcuse y su hegelianismo freudomarxista constitutivo de su “rebelión liberadora”, expresión de un proyecto hedonista y polisexual tomado de Freud y trasladado del plano de la vida del inconsciente al orden de los fenómenos conscientes individuales y colectivos. Vemos así que el freudismo subyacente en Wilhelm Reich y en Herbert Marcuse se constituye en un neo-erotismo, considerado como punto de partida del proyecto revolucionario “liberador” de la sociedad»[36].

5. Conclusión: necesidad de superar la concepción antropológica falsa del freudismo y su utilización ideológica

Concluimos este bosquejo, en el que hemos procurado demostrar, sucintamente, cómo Castellani desmenuza, aplicando incisivamente un bisturí de alta precisión intelectual, poniendo al descubierto la esencia antropológica falsa del freudismo y ve su utilización ideológica por los movimientos empeñados en la consolidación del «nuevo orden moderno», en radical oposición con el «hombre clásico tradicional». Pero nuestro querido Padre Leonardo no limita su tarea en la crítica aguda y certera; por el contrario, esa crítica es la que le permite enfatizar la urgente necesidad de una concepción antropológica realista, es decir, en la idea el hombre de la filosofía tradicional: greco, latina cristiana, el hombre cuya esencia psicológica radica en pensar y vivir con plenitud en la contemplación, fin último de el hombre plenamente humano y, como tal, plenamente católico, Sea ésta una muestra más del magisterio esencial que Castellani ejercitó, ejercita y ejercitará siempre en cumplimiento de su amor sin límites a la verdad.

* Hugo Alberto Verdera es Abogado y Doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Córdoba (República Argentina).

[1] FARIÑA VIDELA, Alberto: «Un psicólogo desde la trascendencia», p. 108, en Revista del Instituto de Investigaciones Históricas, Buenos Aires, Nro. 36, Julio/Setiembre 1994 (Número Extraordinario dedicado al R. P. Leonardo Castellani).
[2] CASTELLANI, Leonardo: Domingueras Prédicas, p. 195.
[3] Ib.: p.341, nota 4, remitiendo a la obra del Padre
«Psicoanálisis», Jauja, Mendoza, 1997, 2da. ed., pp. 26-27.
[4] Ib.: San Agustín y nosotros, Ediciones Jauja, Mendoza, 2000, p.215.
[5] Ib.: p.133.
[6] Ib.: p. 228.
[7] Ib.: Domingueras Prédicas II, p. 198, nota 8 que remite a La Catarsis Católica del Padre, pp. 77-78).
[8] Ib.: Domingueras Prédicas II, p. 351.
[9] Ib.: Freud, Psicanálisis, Jauja, Mendoza, 1996.p. 13. Aclara el Padre Leonardo porqué habla de «La Psicanálisis, expresando que “Análisis” es femenino y no masculino, de modo que están bien los franceses al llamarla la y no el, como el español, engañado por el artículo el, eufónico»; y que «otro barbarismo que debe corregirse es la socorrida “Libido”, que es llana y no esdrújula, como la hacen los “locutores”» (Freud, Freud en Cifra, oc., p. 31).
[10] Ib.: p. 14,
[11] Ib.: pp. 13-14.
[12] Ib.: Freud, Psicanálisis, o.c., pp., 14-15.
[13] Ib.: Freud, Psicanálisis, o.c., p, 15.
[14] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c., p. 33.
[15] Ib.: p. 35 y p. 36.
[16] JUGNET, Louis: Problemas y grandes corrientes de la Filosofía, Cruz y fierro editores, Bs. As., 1978, pp. 143-144.
[17] CASTELLANI, Leonardo: Freud, Freud en Cifra, o. c., Sección II, Capítulo, p. 53 y ss.
[18] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c., pp. 60-61.
[19] Ib.: o.c., p. 61.
[20] Ib.: o.c., pp. 61-62.
[21] Ib.: Lecciones sobre Psicología Humana, Ediciones JAUJA, 1995, p. 173.
[22] Ib.: Freud, Freud en Cifra, o. c , p. 82.
[23] Ib.: Lecciones sobre Psicología Humana, Ediciones Jauja, 1995, p. 72. Y en la p. 129: «...sobre tentativas incompletas de Unificación de la psicología», ubicando nuevamente entre ellas la de Freud.
[24] Ib.: P.. 91.
[25] Ib.: p. 229.
[26] Ib.: P. 207.
[27] VERDERA, Hugo Alberto:
«El hombre erótico», publicado los Ciclos de Cultura Católica, Volumen I, ¿Qué tipo de hombre es usted?, CIES, 1997, pp. 65-72.
[28] FELICI, Pericle: El pecado en el pansexualismo psicoanalítico, Rialp, 1963, citando la obra de Freud «Psicología colectiva y análisis del yo», en Nuevos ensayos de psicoanálisis, Roma, p. 105.
[29] Ib.: o. c., p. 52. Cfr. VERDERA, Hugo Alberto: o. c., pp. 68-69..
[30] INNOCENTI, Ennio: «Orientaciones políticas del freudismo», Revista Diálogo, Nro. 10, 1994, p. 51.
[31] Ib.
[32] Ib.
[33] Ib.
[34] Ib.: p. 53.
[35] VERDERA, Hugo Alberto: o. c., p. 69.
[36] Ib., p. 69.


* Altar Mayor: Revista de la Hermandad del Valle de los Caídos, Nº 129, Junio-Julio de 2009.

viernes, 2 de enero de 2015

Homilía de Navidad

La maravilla de Navidad no es que Dios se haya hecho Niño – aunque eso nos enternece – sino que se haya hecho hombre: ése es el misterio. Tal como aparece aquí, es un Niño, no puede hacer daño a nadie, es débil y amable: “apareció la benignidad y la humanidad de Dios – dice San Pablo; “tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito, no para que juzgue sino para que salve al mundo” – dice San Juan. “Dios podía salvar a los hombres de varias maneras; pero en ninguna tanto como ésta podía mostrar su amor a los hombres” – dice Santo Tomás.

  Un poeta griego dijo que estar enamorado y tener seso, eso no puede ser, anoser en Dios. Pero aquí parecería que Dios también cayó en la volteada, pues nos amó con locura, dice San Pablo: “propter nimiam caritatem suam qua dilexit no” – o sea, por la caridad loca con que nos amó (Ef.2,4). Ese es el misterio.

  Cuando nace, ya es un hombre santo; se verifican en él todas las Bienaventuranzas que más tarde había de enseñar Él, como paradigma de la santidad; incluso la bienaventuranza de la persecución, a cargo del Rey Herodes: es manso y sumiso a todos, no sólo al Emperador de Roma sino a los posaderos de Belén; es pobre repobre; llora, es puro de corazón, y es pacificador como cantaron los ángeles. Todo lo que va a seguir hasta la Cruz se deriva desto; y del estado del mundo cuando nació, el  mundo caído, Israel decaído. Si un sabio de Atenas o Roma hubiese estado allí con los Pastores, le hubiese dicho: “Linda nación has venido a escoger para nacer: esta nación es una historia viva de la decadencia. Hay algunos individuos buenos; pero la nación como nación es una ignominia”. El Niño Dios hubiese contestado: “Lo que me interesa son los individuos: por esos dos que están a mi lado, yo hubiese nacido; y por el mismo Rey Herodes solo, hubiese muerto en la Cruz” -. Eso parece un poco de locura. El pueblo no se engaña con sus pesebres y sus crucifijos: en esas dos imágenes está indicado un amor incomprensible.

  Los antiguos no comprendía el amor de Dios: nosotros tampoco por supuesto, pero sabemos que existe. Los judíos comprendían el temor de Dios; los griegos comprendían sólo el agradecimiento – y el temor – a los dioses de la mitología, los cuales se amancebaban con los hombres y mujeres mortales, no por amor sino por liviandad. Y los filósofos griegos no creían posible el amor de Dios; por lo menos Aristóteles. Dios está demasiado alto: el amor pide igualdad. Tenían un refrán que decía: “El amor busca iguales”“amor pares invenit”, al cual San Agustín agregó dos palabras volviéndolo cristiano: “aut facit”, ¡o los hace! “El amor busca iguales o los hace”. Así Dios comenzó por igualarse a los hombres haciéndose  hombre “nacido de mujer, nacido bajo la Ley”, y después trató de igualarnos con Él, levantándonos al amor divino por medio de la gracia, hasta llevarnos a la unión perfecta con la Deidad; pues“seremos semejantes a Él porque Le veremos tal cual es” dice el Evangelista del Amor (I Jn.3,2). Pero desde el instante del Bautismo comienza en el hombre ese proceso de asimilación a Dios; cuya continuación está en nuestras manos y también puede fracasar; y eso es tremendo. Porque ese amor es inmenso, perderlo para siempre es tremendo. El Infierno no es más que un amor perdido, rechazado. Por eso dice un villancico español:

“Si dese temblar de Dios
Yo también la causa fui
¡Mi Dios! ¿qué será de mí
Cuando yo tiemble y no Vos?

  En fin, hoy no hay que acordarse del Infierno, aunque Herodes, que es el Infierno, anda cerca. “Gloria a Dios en lo alto y paz en la tierra a los hombres de fe” – que ése es el cántico de los ángeles: “tées eudokías”: no dice “de buena voluntad” sino de buena doctrina, de fe:“paz a los bienaventurados” (Lc.1,14): ésa es la palabra.

  Para el amor se precisan dos. EL Hijo de Dios se preparó un amor para cuando naciera, el amor más común, más barato y más seguro, una madre – una familia; también un padre postizo; al cual Dios Padre, que lo nombró su representante, le dio corazón de Padre. El amor de Dios es difícil, hay que empezarlo por lo más fácil, que es el amor de familia; porque e agradecimiento es más fácil y el temor a Dios todavía más, pero el amor de Dios es como subir al Aconcagua pasando antes por todos los faldeos. Y así hizo Cristo, acogiendo en sí todos los amores humanos, - contra lo que dice dél el “el negro gordo”, o sea nuestro poeta Pedro B. Palacios, Almafuerte:

“Corazón cuyo amor intangible
Sin ningún otro amor se dilata,
Cual se estrellan y esfuerzan flexibles
Sin lograr abatir la muralla,
Ya tenemos, ya febles, ya locos,
Bramando y silbando los vientos que pasan.
La invasora legión de cariños
Que a la vida real nos amarra
No logró reducirlo, siquiera,
Ni al sacro materno dogal de la patria.
Ni arrancó la mujer a sus labios
Nada más que un feliz epigrama
Y a sus pies en la Cruz, su madre olvidada…

Jesús de Galilea
Para mí no eres Dios,
Eres sólo una idea
De la que corro en pos…

  Esto es poesía de negro gordo. Almafuerte no era negro, era blanco y flaco, pero como decía Ramón Doll: “hay negros de todos colores”. (Una vez Ramón Doll estaba hablando de un individuo y lo nombraba a cada momento; “El gallego ese”. Y le dijeron: “¡Qué gallego! Si ése no nació en Galicia, nació en la Boca”. Y él retrucó: “¿Y qué tiene que ver? Hay gallegos de todas las nacionalidades”).

  Contra lo que cree el negro blanco, Cristo acogió en su corazón todos los amores. ¿Y el amor carnal? Saltó ese amor, porque no lo necesitaba para llegar a la caridad, pero se guardó muy bien de condenarlo o denigrarlo, como hicieron y hacen después de él mucho filósofos y herejes. El amor carnal existe ¡cómo! Y se convierte o bien en caridad o bien en calamidad. Ese es su destino. Por suerte casi siempre o la mayoría de las veces se convierte en caridad, o sea, en amistad conyugal, que dice Aristóteles es la más firme de todas la amistades (la mayoría de las veces creo yo; no sé bien cómo anda el mundo). Cristo no podía atarse a la amistad conyugal, a una mujer, un hogar, unos hijos, porque tenía algo difícil que hacer y poco tiempo para hacerlo; pero algunas mujeres o alguna mujer tuvo hacia él no sólo amistad filial sino amistad conyugal –. Y él con una mujer se portó como un caballero andante – como Don Quijote con Dulcinea – si no es irreverencia.

  Así que “tanto amó Dios al mundo”, con una caridad de chiflado, que le dio su Hijo Unigénito para que salvara al mundo – con el Amor rectificado y santificado.


Leonardo Castellani – “Domingueras Prédicas”

TOMADO DE Nacionalismo Católico San Juan.


jueves, 18 de diciembre de 2014

Pedido de ayuda de un lector

Nos llega el siguiente pedido a nuestro correo electrónico. Ojalá algún otro lector pueda ayudarnos.

Estimados amigos:
Pax tecum!
Les escribo para pedirles un gran favor: en una mudanza se me hizo trizas el cuadro del P. Leonardo Castellani y he buscado la foto que tenía en internet pero sólo encontré esta que no tiene muy buena calidad.
Tendrán uds. esta foto del Padre como para imprimirla y hacer de nuevo el cuadro?
Quedando a la espera de sus noticias, aprovecho para felicitarlos por la página.
En Cristo Rey y María, Madre de la Iglesia
D. O. G. C.
 
Tamaño original del archivo enviado como adjunto por el lector
 

lunes, 8 de diciembre de 2014

La muerte de Martin Fierro




Castellani
LA MUERTE DE MARTÍN FIERRO
(Desiderio Fierro y Cruz)

Buenos Aires
CINTRA
1953


Interesante estudio sobre esta obra poco conocida del P. Castellani:

María Mercedes Rodríguez Temperley, "'La muerte de Martín Fierro', de Leonardo Castellani: Apuntes de genética textual", IX Congreso Argentino de Hispanistas, 27 al 30 de abril de 2010, La Plata. Memoria Académica, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Benson, Castellani y fariseísmo


Los grados del fariseismo, según Castellani. El 5to. nuestra actual romana calamidad, según Bensonians

"- El fariseísmo viene a ser como...los fariseos son "religiosos profesionales"...como el profesionalismo de la religión - dije-, recordando una frase de Gustavo Thibon.
- Ese es solamente el primer grado de fariseísmo en todo caso - reflexionó el viejo -. A ver si podemos describirlo por sus grados:
El primero: la religión se vuelve meramente exterior...
El segundo: la religión se vuelve profesión, métier, gagne-pain.
El tercero: la religión se vuelve instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero.
- ¡Es como una escleorotización de lo religioso, un endurecimiento o decaimiento progresivo! - saltó el teólogo.
- Y después una falsificación, hipocresía, dureza hasta la crueldad...- dije yo.
-Jesucristo en el Evangelio condenó a los fariseos - machacó fray Florecita - y con eso basta.
El judío se había quedado como absorto. Después prosiguió con una voz hueca y ronca...
- Yo tiemblo de decir lo que oso pensar...Mi corazón tiembla delante de Dios como una hoja de árboñ al pensar en el misterio del fariseísmo. Yo no puedo indignarme como el Divino Maestro; yo, miserable gusano, le tengo miedo - y de hecho se estremeció bruscamente todo su cuerpo, y dos lágrimas asomaron a sus ojos.
- Los otros grados - prosiguió - ya son diabólicos. El corazón del fariseo primero se vuelve corcho, después piedra, después se vacía por dentro, después lo ocupa el demonio. "Y el demonio entró en él", dice Juan de Judas.
El cuarto: la religión se vuelve pasivamente dura, insensible, desencarnada.
El quinto: la religión se vuelve hipocresía: el "santo" hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera.
El sexto: el corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.
El séptimo: el falso creyente persigue de muerte a los veros creyentes, con saña ciega, con fanatismo implacable...y no se calma ni siquiera ante la cruz ni después de la cruz..."Este impostor dijo que al tercer día iría a resucitar"; de modo que, Oh Excelso Procurador de Judea...Guardias al sepulcro." 
Leonardo Castellani, Cristo y los Fariseos.
Ediciones Jauja 1999

lunes, 1 de diciembre de 2014

De Vórtice...

21/11/2014

Celoso guardián

En el apreciado blog Castellaniana han resuelto otra vez darle cabida a los comentarios de un tal “Pampeano”, quien, como fruto de sus rondas, y según lo que se deduce de sus ironías, aparentemente pudo comprobar la existencia de ejemplares clandestinos de algunas obras del padre Castellani tanto en una “librería de la calle Solís” como en Vórtice.

Todo lo que podía decir al respecto ya lo dije mediante nota que el mismo blog tuvo la gentileza de republicar en su momento, y de la cual no corrijo una coma. Pero aprovecho la insistencia del celador para incluir ahora otras cuestiones, parte de las cuales hacen a la vida íntima de un pequeño emprendimiento familiar y amical como Vórtice, cuya marca está sostenida en nombres y apellidos que este guardián anónimo ha decidido ensuciar en cumplimiento de alguna misión desconocida.

1) Vórtice es, específicamente, una editorial que hace ya muchos años no realiza tareas de distribución de otros fondos editoriales, pero aún cuenta con una pequeña librería que atiende en horarios reducidos y en la cual se exhiben y venden, acorde a las posibilidades físicas del local, una selección de otros productos editoriales aparte de los propios, con especial énfasis en algunos autores.

2) Uno de los autores que se privilegian es, lógicamente, Leonardo Castellani, pues no por nada la primera obra que decidimos publicar, allá por 1989, fue El Apokalypsis de San Juan, que dio comienzo a nuestro oficio editorial. Vale la pena recordar que, luego de haber editado cinco títulos más de tan querido autor (incluidas dos reediciones), a causa de razones ajenas tuvimos que dar por terminada la tarea. La involuntaria censura tuvo por broche o frutilla la misma obra con la que nos iniciamos, El Apokalypsis, que reeditamos en 2005; sin embargo, esta suerte de paradoja recién la pudimos constatar años después, en 2008, cuando nos vimos obligados a deshechar la edición ya terminada de otro libro del padre, Perogrullo y Compañía, que sin embargo había sido convenida con el entonces tenedor de los derechos. Lo hecho, hecho quedó. Todos los títulos editados siguen figurando en nuestro catálogo, aún agotados, como punto de orgullo. No nos dio oro, nos dio dicha, que es más valiosa que el oro.

3) Desde el 2005 hasta al presente, la única obra de Castellani que se publicó en la Argentina fue Juan XXIII-XXIV, por parte de la librería Lectio (Córdoba), en 2013. Hubo ediciones de algunas de sus obras en España, pero sólo llegaron a pocas librerías argentinas, en exiguas cantidades y a precio elevado. Según se informa, también su Lugones tuvo acá una reedición a cargo de la Biblioteca Nacional, mas formando parte quizás de alguna colección protocolar, pues no circula. En definitiva, han pasado casi diez años con apenas la edición argentina de un solo libro (o dos) de Castellani, y hay que apuntar que tal ausencia no se debe a la falta de interés de las editoriales argentinas, al menos de varias de ellas, incluida Vórtice.

4) Además de que conservamos ejemplares de dos de los títulos editados, La reforma de la enseñanza y Cristo ¿vuelve o no vuelve?, más otros pocos que en su momento fueron adquiridos a su anterior editor, Jorge Castellani, y a la anterior poseedora de los derechos, Irene Caminos, no sé si hace falta explicar que todo libro suyo que nos ofrecen, nuevo o usado, es en Vórtice bienvenido, bien pagado, bien exhibido y bien vendido. No tenemos ninguna obligación de cuestionar o investigar la procedencia, del mismo modo que no nos interesa en lo más mínimo conocer la identidad o la función de los comentaristas vigilantes. Que se apersone, en todo caso, quien corresponda. Mejor por sí que por apoderado.

5) Pero además, ¿no te das cuenta?, éste es el resultado de una inexplicable terquedad (lo digo sin ningún ánimo ofensivo o belicoso) que ya es hora de considerar. Supongamos que alguien obtuvo del estado, por equis motivo, la concesión de la laguna de la que bebe el pueblo, y a partir de entonces los pobladores se vieron impedidos de acceder a ella porque el concesionario la alambró y se ausentó o se cabreó o qué sé yo. Estaban todos dispuestos a pagar por el consumo, dadas las circunstancias, pero: o no le pareció nunca suficiente el precio justo, o tenía la expectativa de que alguien invirtiera en una gran cisterna que en menor tiempo le diera mayor beneficio, o intentó mudar de país la laguna pero sólo consiguió estibar unas cubas, o quizás se obstinó en imponer el sabor que debía tener esa agüita para el que la bebe. Sea lo que sea, la laguna siguió vedada, y como la sed no se puede controlar, tarde o temprano los pobladores iban a hacer lo que empezaron a hacer: entrar por las noches con unas cubetas, treparse a las ramas con baldes encordados, ocultar caños y mangueras en el pasto... Al final armarán hileras para pasarse los tachos de mano en mano, tal como se hacía antes para apagar un incendio.

6) A cada cual lo suyo, ¿quién lo niega? Más todavía: ¿quién es el que lo impide? Un principio moral, y del sentido común, más viejo que el más viejo de los antepasados: el que obtiene un derecho, obtiene a la vez un deber. Luego fortalecido por el Evangelio: obtiene ante todo un deber. Así que: explíquese o cállese. Mejor aún: restitúyase y edítese. Pero ya basta de vigilar y rezongar.

7) ¿Un título cada diez años? ¿Cuánto falta para que El Evangelio de Jesucristo vuelva a caminar? Va de vuelta: ojalá los libros que escribió el padre Castellani recuperen en la Argentina el lugar que se merecen, que los argentinos se merecen. “Que todos quieran ayudar”, incluidos los vigilantes. Lo quiera Dios.

Alejandro Bilyk