Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 21 de junio de 2018

Actualización Faja de Honor “P. Leonardo Castellani” 2018


30 de JUNIO de 2018
Cierra la recepción de libros editados durante el año 2017
24ª Entrega Faja de Honor
“Padre Leonardo Castellani” - 2018


El Comité Ejecutivo del Libro Católico, anunció que hasta el 30 de junio próximo se podrán presentar libros a fin de participar en el 24ª Entrega Faja de Honor que lleva su nombre, destinada a premiar obras publicadas durante el año 2017 en su primera edición.

Dicha Faja tiene, además, la finalidad de alentar a los autores argentinos cuyas obras merezcan tal aliciente y estimular a quienes continúen con su labor la línea vigorosamente sostenida por el padre Castellani a lo largo de toda su vida, al servicio de la Iglesia y de la Patria.

Deberán presentar cuatro ejemplares por cada título a participar, sin obligación, por parte de los organizadores, de devolver los ejemplares.

El jurado está integrado por el doctor Juan Luis Gallardo, el presbítero doctor José Ignacio Ferro Terrén y el doctor Horacio Sánchez de Loria.

Lugar de Presentación: Las obras deberán ser presentadas personalmente o remitidos por correo postal a nombre de: Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en el horario de lunes a viernes de 10 a 18 hs.

Informes: (011) 15-4-470-7734; info@librocatolico.com.ar; www.librocatolico.com.ar; @LibroCatolico; www.facebook.com/exposiciondellibro.catolico; y https://exposicionlibrocatolico.blogspot.com.ar.

BASES COMPLETAS EN: https://issuu.com/exlica/docs/bases_certamenes-2018

lunes, 18 de junio de 2018

Del profeta de la Argentina...

Es pozo casi sin fondo
Del humano la idiotez
Que llega a matar tal vez
Sin querer su padre a un hijo-
Hoy el mundo al crucifijo
Lo ha dao vuelta al revés.

sábado, 9 de junio de 2018

Reseña de "Los papeles..."

Leído para Ud.: “Los papeles de Leonardo Castellani”


De Castellani, ese profeta maldito que hemos tenido en la Argentina, ya se han publicado varias cosas en este sitio (sin ir más lejos, aquí podrán encontrar varias de sus obras).

Esta vez, gracias a un amigo -incansable recolector de frutos intelectuales- les traemos aquí una obra inédita: “Los papeles de Leonardo Castellani”, recién aparecida y de difusión gratuita (puede descargarse desde AQUÍ).

Vale la pena leerla. Venga pues el “Prólogo no indispensable” de una de sus estudiosas más importantes.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi





“Los papeles de Leonardo Castellani”
Prólogo no indispensable
Dra. Liliana Pinciroli de Caratti

La mayoría de los lectores se saltean los prólogos. Y los epílogos. Y es justo, ya que lo interesante es el “logos”: el quid, no sus alrededores.
El prólogo es un paratexto, es decir, un texto que rodea, como el caparazón a la perla, algo valioso en sí. Es un envoltorio que demora el acceso a la sustancia.
Pero hay prólogos y prólogos.
Están los del mismo autor: son prólogos autógrafos aclaratorios, o autobiográficos, o de defensa: “galeatos” (“con morrión” los llama Castellani), o simplemente introductorios, y muchas veces ndispensables para la comprensión del texto, en tanto lo enmarcan y justifican. Y ponen “en situación” al lector, que en este caso debe comportarse como el “amable lector” al que se pide entendimiento, tolerancia y complicidad.
Están los prólogos “alógrafos” o “de terceros”. Es decir, escritos por personas distintas del autor del libro a quien este ha solicitado su redacción.
Como lo exige la cortesía, suelen consistir en amables presentaciones de obras ajenas que aportan algún dato externo, una mirada crítica, una clave de interpretación. Es tanto la voz laudatoria que aconseja propagandísticamente su lectura, cuanto le da una autoridad en la materia que le da su aval y respaldo: garantiza su valor.
Algunas veces resultan superfluos, y su existencia ha marcado para siempre el desprestigio de sus congéneres. Otras veces demasiado extensos, un modo hábil de parasitar el propio libro en el ajeno…
Aquí el lector, interlocutor principal, ante cuyos ojos se exponen las tesis, se explayan las aclaraciones y se manifiestan las discrepancias sobre algún punto, participa como juez convocado por el afán persuasorio del prologuista.
Y entre todas las variedades de prólogos están los que han tomado vida propia y con ínfulas de texto-en-sí, han hecho casi olvidar que aparecieron como “dentorno” Son los que justifican su ascenso a la categoría de género literario y no pocas veces perexistieron aun a la obra que acompañaban. Son prólogos emancipados -aunque no absolutamente, como es obvio- que han alcanzado estatura de ensayo.
A más de los prólogos a sus propias obras, enjundiosos e insoslayables, Leonardo Castellani escribió prólogos a pedido -pues fue varias veces convocado a presentar obras ajenas- que resultan igualmente ineludibles. Fiel a su estilo, en más de una oportunidad, luego de realizar los elogios de rigor, se metió en tema y estableció un contrapunto con el autor en el que sus propias ideas prevalecieron para iluminar el asunto tratado en el libro. Entonces, más que una presentación, Castellani ha entablado en cada caso una conversación. Le dieron pie para expresarse: así, pues, lo hizo, dialógicamente, magisterialmente.
El responsable de esta recopilación de prólogos de Castellani a obras ajenas entendió que se los podía despegar del texto al que acompañaban para ser leídos por sí mismos, porque halló en ellos algo que trascendía la relación. Y ese algo es la universalidad que suele otorgar Castellani a sus reflexiones, aun cuando se refiera a un hecho puntual. Siempre pega el salto hacia los principios, hacia el deber ser, hacia el ideal, o como quiera llamárselo: siempre mira el meollo del asunto.
Con su pluma apurada -calamo cúrrente- escribe como debatiendo, como apuntando las ideas que se le caen a los labios – a los dedos- a propósito de.
Por eso es que cuando uno lee sus prólogos a terceros no siempre se entera acabadamente de qué tratará el libro al que saluda desde el umbral. Porque ni hace un análisis, ni una síntesis, ni una reseña.
Castellani, simplemente, acepta la incitación al canto, y entonces canta opinando porque ese es su modo de cantar.
Pero no se demora mezquinamente en los zaguanes: conduce al lector hasta la puerta y acompaña el ingreso al convite con la cortesía del anfitrión que recibe a los invitados. “Pase al banquete que lo espera detrás de estas cancelas” le dice.
La mesa está servida.

Dra. Liliana Pinciroli de Caratti
San Rafael, Mendoza, noviembre de 2017.

lunes, 4 de junio de 2018

Reseña de "Castellani maldito"

Castellani maldito


El padre Leonardo Castellani fue un genio singular, una inteligencia incisiva y lúcida que abarcó en la gama de sus intereses la política, la crítica literaria, la poesía, la filosofía, la teología y, hacia el final, la exégesis bíblica, volcada especialmente al estudio del Apocalipsis y otras revelaciones sobre las "ultimidades".


Ramiro Dillon

2 junio 2018


Castellani maldito resulta la segunda entrega de la biografía del padre Leonardo Castellani, que su autor Sebastián Randle iniciara con Castellani (Vórtice, Buenos Aires, 2003, 899 págs.) Este segundo volumen abarca la vida del padre desde su expulsión de la Compañía de Jesús el día 18 de octubre de 1949 hasta su muerte el día 15 de marzo de 1981.

El padre Leonardo Castellani fue un genio singular, una inteligencia incisiva y lúcida que abarcó en la gama de sus intereses la política, la crítica literaria, la poesía, la filosofía, la teología y, hacia el final, la exégesis bíblica, volcada especialmente al estudio del Apocalipsis y otras revelaciones sobre las «ultimidades». Pero a ese imponente abanico de gracia y cultura sumó Castellani la propia vida, signada por terribles avatares en su pulseada con la burocracia eclesiástica y un temperamento sensible y melancólico que revelan sus Diarios, en los cuales volcó impresiones e ideas asombrosas y riquísimas para sus futuros lectores.

Sebastián Randle hace en esta biografía una concatenación excelente entre los temas que aparecen en las «entradas» de sus diarios y las circunstancias de su vida particular, a lo que suma también las preocupaciones intelectuales que Castellani fue teniendo con el paso de los años. De esta manera, el libro es fruto de un enorme trabajo de reproducción de tópicos que acompañan la vida del cura. Claro que en esta segunda etapa de sus largos 81 años, Castellani no protagonizará las quijotescas aventuras de su pasado jesuita. Ahora lo encontramos recluido en un modesto departamento de la calle Caseros en Buenos Aires, haciendo vida de «ermitaño urbano». Pero la biografía muestra cómo al tiempo que Castellani encuentra relativa paz, su fecundidad literaria se expande hacia riquísimos campos, originales en la expresión y tradicionales en la doctrina. Y aunque el libro no lo analice suficientemente, hay algo místico en esta forma de vida que asumió Castellani y la intuición de un modo de santidad inédito, a tono con una modernidad inédita también en la contrariedad con que mina el camino existencial de cualquier hombre religioso. En Kierkegaard encontrará Castellani un verdadero compañero de ruta de este novedoso itinerario espiritual, cuya soledad tiene hoy la marca «sutil de los hermitaños, que conocen los colectivos, saben la hora de los trenes y hacen chistes en los cafés, eso lo inventó Kierkegaard –y es mi vocación», dirá. [El biógrafo nos aclara que Castellani (¿cuándo no?) gusta de tomarse sus propias licencias en el uso del castellano, como en este caso (hermitaños), cambiando palabras e inventando expresiones según las encuentre más exactas o simplemente mejor dichas.]

Por su parte, se encuentra Randle con el desafío de ir desbrozando el pensamiento castellaniano, lo que hace con acierto y claridad. En esto se notan en el biógrafo los años de relecturas y meditación de la extensa obra del padre. Además, es enormemente rescatable el trabajo de identificación y reunión de fuentes entre tantos artículos publicados al tiempo de editar Castellani sus distintos libros; lo que exhibe en el autor un paciente trabajo de investigación.

La Argentina navega (y prácticamente naufraga) en las aguas de su singular existencia histórica, al tiempo que el padre Castellani se preocupa cada vez menos por la política inmediata, aunque sin dejar de referirse saltadamente a ella en cualquier lugar de su obra. Llama la atención en este punto el conocimiento que Castellani siempre mantuvo de las personas públicas y movimientos sociales de su época. Nunca fue ajeno a las noticias ni dejó de lado este aspecto ordinario de la política. Aun sin intervenir casi, Castellani siempre quiso saber. Al mismo tiempo, la profundidad de sus impresiones sobre el nudo de lo religioso (que es el eje de su obra) es brillante. Como aquella entrada en el Diario que Randle destaca al final del capítulo XXXIX: «La religión debería ser para los pobres solamente consuelo y para los ricos, temor. Para predicar esa religión hay que ser muy pobre y tremendamente religioso».

Será este nudo de lo religioso en el pensamiento de Castellani una llave para entender sus gustos «modernos». Pues la modernidad en sí misma no quedará identificada con el error, verdadero enemigo de la religión, que la excede en el tiempo y en la multiplicidad de sus manifestaciones. En este mismo tópico puede comprenderse (aun sin compartirse) la indiferencia del cura ante los avances del progresismo litúrgico y consuetudinario en el seno de la Iglesia postconciliar.

Hasta aquí, en «cifra», diría Castellani, los aspectos relevantes de su biografía. Pero aprovechando que Randle no es amante de los elogios, haremos mínimas críticas. En primer lugar, la sintaxis que elige el autor es personal, ya lo advertimos en el primer tomo de la entrega. Puede que no guste, y no siempre resulta buena. Tiene la virtud de hacer ligera la lectura pero el defecto, entre otros, de hacer innecesariamente largo el libro. En segundo lugar, yendo a un aspecto más de fondo, advertimos que Randle hace paralelos históricos y teológicos en la vida del cura que son suyos, y no del biografiado; como se ve en las referencias al peronismo decadente de la década del cincuenta –para lo cual toma Randle fuentes a nuestro modo de ver confesamente liberales– o al problema de la nouvelle théologie –para lo cual toma Randle fuentes a nuestro modo de ver confesamente progresistas–. El marco autorreferencial opaca sin razón un trabajo de inmenso valor para los lectores de Castellani; tanto que, al final del grueso tomo, se vuelve un arma de apología pro vita sua del biógrafo que no tiene razón de ser excepto para él, que no es, a la postre, el verdadero protagonista.

¿Debemos detenernos en estos aspectos críticos? Ni por un segundo. Este Castellani maldito de Sebastián Randle es un libro valiosísimo y de enorme provecho. Celebramos su publicación que coronará, junto con el primer tomo, el espacio consagrado en nuestras bibliotecas a la magnífica obra del padre Leonardo Castellani.

Publicado en Razón Española, nº 207 (enero-febrero de 2018).