Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 8 de julio de 2011

Artículo casi inédito

El breve artículo de Castellani que le adjunto, “Actualidad de Tomás de Aquino”, aparentemente era inédito cuando me lo regaló Jorge Castellani, sobrino del padre y responsable de ediciones Dictio, allá por 1988. Según él, su tío lo había enviado a La Gaceta de Tucumán pero nunca se lo publicaron, cosa que no pude confirmar. Para no hacer el papel del gordito de la pelota, lo ofrecí a la gente de Gladius, que efectivamente lo incluyó en la revista número 14 (Pascua de 1989). 
Aún cuando varios lo hayan leído, no está de más ponerlo de nuevo –o mejor dicho, ahora sí– al alcance de todos. Ya me dirá ud. si su brevedad no fortalece su densidad. Lo dejo tal cual, con las erratas de algunos nombres, que con Castellani nunca se sabe si atribuirlas a error o a jugueteo.
Alejandro Bilyk 

 ACTUALIDAD DE TOMÁS DE AQUINO
P. Leonardo Castellani



Santo Tomás es sumamente actual, e irá siéndolo más y más in dies. La razón es que intelectualmente no existirán más que Hegel y Tomás de Aquino trabados en lucha a muerte, dentro de poco. Estamparé aquí una afirmación osada, que a quien le parezca disparatada o temeraria no tiene más que pedirme se la pruebe... Es ésta: en la época en que estamos, la Epoca Atómica (que yo llamaría “Parusíaca”), no habrá más filosofía. Habrá solamente Teología; la filosofía habrá retrocedido a sus raíces religiosas. Habrá una lucha religiosa a muerte entre el ateísmo y la Iglesia Católica, es decir, entre la teología de Hegel y la de Tomás de Aquino. Podemos adelantar que Hegel vencerá, pero no para siempre.
Hace ya un siglo, el gran Menéndez Pelayo exclamó (en Ideas Es­téticas, tomo 4, I): “¡No hay filósofos, y quizás no los habrá ya nunca!”, que es lo que estamos diciendo. Tampoco los hubo después del gran crítico hasta nuestros días. Pero, ¿y esa bandada de filósofos disemina­dos por todo? Aquí en Buenos Aires tenemos como cinco... No son filósofos: son profesores de filosofía. Son discípulos, seguidores, epígo­nos de Hegel. Y lo mismo se ha de decir, pese a quien pese, de Bergson, de Max Scheller, de Gentile, de Julián Marías y de Ortega, etc., etc. Son a veces brillantísimos expositores, pero filósofos no son. Son flor de un día.
El de Aquino tiene en pos de sí a quienes podemos denominar filósofos sil vous plait: Rosmini, Maritain, Marechal, Zeferino Gonzá­les, Balmes, Ramírez, Josef Pieper, Haecker, Peter Wust... y otros. Y una brillantísima falange de expositores, como Zigliara, Mercier, Gus­tave Truc, De Wulf, Descogs, Rousselot, Sertillanges, Mandonnet, Thon­nard, Mánser, Bochenski, Garrigou Lagrange, Gardeil, Gredt, Gilson, etc. Se podría llenar una página de nombres.
Vean por otro lado las numerosas “escuelas” de filósofos actuales, si no están todas (excepto las tomistas) tocadas de una manera u otra por Hegel: desde los neohegelianos puros, que son legión, hasta los ateos, marxistas, materialistas, fenomenólogos, nietzcheanos... Eso irá en aumento hasta que no queden en finiquito más que la religión en su forma más pura y el hegelismo también puro, es decir, panteísta y ateo, con sus derivados, naturalismo y modernismo.
El causante de esta polarización en marcha fue un teólogo extraño y poderoso llamado Söeren Kierkegaard –si lo quieren mejor en espa­ñol, Suero Kirkegord–. Al fin de su vida, todas sus posiciones prin­cipales (testigo su expositor, traductor y biógrafo, Knud Ferlov) coin­cidían con las de Tomás de Aquino. Sobre esto hemos escrito un libro 1.
¿Cómo lo hizo? Rebatiendo a Hegel, con una refutación definitiva que está en su Postdata no científica definitiva principalmente, y luego en el resto de su obra. Educado en Hegel y Lutero, se desprendió con energía de los dos en el largo itinerario a Dios de su corta vida. Murió a los 43 años. Si hubiera vivido más, muy probablemente se hubiese reducido a la Iglesia Católica, pues al teólogo oficial de la Iglesia, Tomás de Aquino, ya había llegado solo, a oscuras, sin conocer de él ni una línea.
El historiador idealista Kuno Fischer escribió que Hegel era la “cúspide de la filosofía”. Si hubiera añadido “moderna” estaría en lo cierto. Hegel es el final del camino antitomista abierto por Descartes. Es el anti-Aristóteles, el Aristóteles invertido, patas para arriba: el devenir en lugar del Ser. Pero tiene una potencia de pensar y sistemar comparable a la del Estagirita. Pues bien, el endiosado Kirkegord lo derrumba entero con sólo retirarle el cimiento: el comienzo del filosofar no es el Devenir, sino el Ser. Antes que Heráclito, Parménides, y mejor la síntesis de ambos: Tomás, el “Buey Mudo”.
Lo primero que conocemos son las cosas sensibles, que por abs­tracción de nuestro intelecto nos llevan a Dios, tanteado en las tinieblas de lo Sumo. El principio de no contradicción, “nada puede ser y no ser” (a la vez, en el mismo sentido), eliminado por Hegel, es in-elimi­nable. Es el gozne mismo de nuestro pensar. Claro, el que elimina el principio de no contradicción puede llegar después adonde quiera: a decir que el Espíritu Absoluto es a la vez Dios y el hombre, en con­tinua evolución, por ejemplo.
La filosofía greco-latino-cristiana dijo su última palabra en el de Aquino. La filosofía antiescolástica-anticristana moderna dijo su última palabra en Jorge Guillermo Federico Hegel. Ya no queda nada que inventar: sólo se puede glosar y, si acaso, reconstruir y completar. Kir­kegord quedó sepultado casi un siglo, y lo resucitaron los alemanes, traduciéndolo del danés después de la Guerra del 14. Y Santo Tomás estuvo sepultado como seis siglos y fue resucitado por el Papa León XIII. Los dos escribieron para nuestra época, la Época Atómica; o, si quieren creerme, la Época Parusíaca.

1     De Kirkegord a Tomás de Aquino.

Imagen: Tomada gentilmente de http://danielmitsui.tripod.com

9 comentarios:

María Ángeles dijo...

Excelente artículo que no se puede rebatir por lo que dice, sino acaso por lo que omite.
A Santo Tomás de Aquino se le puede oponer Hegel. El devenir frente al ser y el principio de no contradicción. Seguramente es cierto que aquí está resumida toda la filosofía actual que pueda llamarse tal.
Lo que omite es San Agustín. Claro está que hablar de Santo Tomas es hablar de todos los teólogos que le precedieron. Y claro que Santo Tomás construyó un sólido edificio filosófico sobre el cual sustentar la teología. Y es cierto que dijo la última palabra. Pero San Agustín proporciona unos matices insuperados e irrenunciables en esta batalla.

Castellaniana dijo...

María Angeles: Gracias por comentar.

Castellani está hablando en este artículo en un plano eminentemente metafísico. Por eso no trae a San Agustín.

Para conocer lo que Castellani pensaba de Agustín, le recomiendo que lea San Agustín y nosotros. Verá allí que no hay necesidad de contraponer al de Hipona con Santo Tomás de Aquino.

María Ángeles dijo...

¿Dónde puedo conseguir San Agustín y nosotros?
En cualquier caso, no pretendía yo contraponer al de Hipona con Santo Tomás de Aquino.
Y es verdad que yo pensaba más desde un punto de vista teológico que metafísico, pero la metafísica es absolutamente indispensable para la teología dogmática. Y pensaba concretamente en la fundamentación metafísica de la teología sacramental.

María Ángeles dijo...

Ya he visto que se trata de un libro. Y también he visto que puede leerse un capítulo del mismo en:
http://hjg.com.ar/txt/lc/agust_6.html

Alguien de por ahi dijo...

Estimados Señores:

Conozco una serie de artículos que resumen diversos temas tratados por el Padre Castellani (por Ej: Las tres ranas del Apocalipsis).
Si tienen interés en ellos les ruego que se comuniquen a esta dirección fede.emmaledesma@gmail.com
para que se los pueda hacer llegar

Castellaniana dijo...

Estimado:

Si se trata de escritos inéditos del Padre, nos interesa.

Pero lo édito está más que representado en este bloc de notas y en las referencias que encontrará en el margen derecho del mismo.

Cordiales saludos

Anónimo dijo...

Estimados, soy un lector apasionado del P. Castellani. He leído muchas de sus obras. Coincido con muchas de las apreciaciones suyas hechas en el presente artículo. Sin embargo, disiento fuertemente con él cuando refiere a la falange de expositores brillantísimos. Creo que muchísimos de ellos, con las mejores intenciones, han deformado el pensamiento de Santo Tomás basándose sobre todo en sus intérpretes (Cayetano, Juan de Santo Tomás, etc.). No en todo sus puntos, claro está, por algo el P. castellani los tiene en tan buen concepto.
Esta desviación doctrinal de algunos tomistas ha sido mostrada muy bien por Gilson, a quién sí yo pondría entre uno de sus seguidores auténticos. Pero varios de los que menciona Castellani no creo que hayan contribuido al descubrimiento del verdadero Santo Tomás. Lo que no sus aciertos y deseos de proclamar la verdad.
Saludos.
Pablo

Anónimo dijo...

quise decir al final: lo que no quita sus aciertos y deseos de proclamar la verdad
Pablo

Castellaniana dijo...

No creo que el objetivo del P. Castellani en este escrito haya sido exponer a los comentadores del Aquinate o sus mejores intérpretes. Sí, quizá Gilson o Fabro o tantos otros hayan sido mejores que los citados por el Padre. Pero, repito, no creo que sea ése el quid. Castellani aquí pretende señalar la polarización entre el realismo tomista y el idealismo de Hegel. Y apuntar a Kirkegaard como a alguien que intentó un camino para volver desde el hegelianismo hasta el realismo más parecido a Santo Tomás.