Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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sábado, 30 de marzo de 2019

La biosfera, Leonardo Castellani, una especie que espera

16/03/2019


La Patria son ustedes. ¿Entonces la Patria real es muy chica?
No lo sé, puede que sí, puede que no. Pero la Patria son ustedes.
Leonardo Castellani
 
La vida siempre te da razones para sorprenderte. Y una de esas razones fue descubrir paso a paso al reconquistense sacerdote, pensador y escritor Leonardo Castellani. Corría la década de 1980 y la Biblioteca Popular General Manuel Obligado comenzaba a respirar otra vez y con ella un anhelo que comenzaba a redireccionar algunas lecturas. Creo que fue casi al mismo tiempo cuando sucedió, tan sólo como una circunstancia inesperada, ese viaje con el escritor e historiador Don Manuel Roselli a Santa Fe. No recuerdo los pormenores del por qué compartí ese viaje pero fue en mi caso un despertar. Asistiríamos a un Panel que organizaba la Universidad Católica de Santa Fe con motivo de uno de los aniversarios del escritor reconquistense y, en el que uno de los expositores, el crítico literario santafesino y rector de la Universidad en ese momento, Osvaldo Valli, hablaría de este autor, el Castellani jesuita, polémico por su activismo ante problemáticas religiosas de la orden a la que pertenecía, pero por sobre todas las cosas, un escritor prodigioso, reconocido internacionalmente y puesto bajo la lámpara en medio del Panel anunciado. 

Leonardo Castellani surgiría en mi vida cargada de simplezas como un faro que atraería mi atención a pesar de no imponerse, un atractivo que nunca abandonaría en tiempos transcurridos. No fue la lectura de su obra, en mi caso, una especialidad considerable pero sí, ella fue como un despertar glorioso a la posibilidad de escribir, leer y leer en segundas y terceras líneas, desde lo propio y colectivo con definitivo asombro. 

Dice Edelweis Serra: “Leonardo Castellani se inserta, a través de lo regional, dentro del marco de la narrativa nacional. Potenciado por una capacidad oratoria envolvente instala una situación comunicativa teñida de instancias juglarescas donde, a pesar de mediar la letra escrita, persiste el tono peculiar de la oralidad; una tendencia original dentro de la narrativa regional y nacional de su momento“
 
Hice algunos recorridos conversando con sacerdotes locales que tenían una idea muy vaga de este cura sorprendente lo que me confirmaba un silenciamiento sobre su existencia y accionar. Castellani experimento la persecución de la iglesia y fue excomulgado, a pesar de haber recibido como muy pocos hombres en la historia el diploma Ad Gradum, que exige la especialización en temas tan complejos que ningún hombre de nuestro continente lo había recibido, y nadie del mundo desde el siglo XVI. 

Indudablemente su vida contenía suficiente material para la realización de un film exitoso, así lo fui constatando en cada lectura sobre su vida. Entre hechos conmovedores es común recuperar el relato sobre aquella mesa de escritores junto al Dictador de turno en un almuerzo, sobre el que Vicente Zito Lema recuerda de esta manera en la entrevista de Daniel Dussex. 

Cuando el secuestro de Haroldo Conti, y a los pocos días del mismo, Borges, Sábato y el Padre Castellani fueron llamados a almorzar con el dictador Videla. Yo por entonces, compartía con Eduardo Galeano la dirección de la revista Crisis y Haroldo era parte de nuestra revista. Lo llamé a Borges, lo llamé a Sábato… y los dos con burlas y con malos tratos se negaron a aceptar el pedido que yo les hacía, cuando yo tenía relación tanto con Borges como con Sábato que publicaban habitualmente en nuestra revista. Bueno, la realidad concreta es que cuando salen del almuerzo, están los archivos y están las cámaras de entonces, Borges y Sábato dicen que había sido una conversación y un almuerzo espléndido en el que intercambiaron ideas. Cuando le preguntan al Padre Castellani, como tercero, aunque parecía que la prensa no tenía nada que preguntarle, Castellani dice “fue realmente una farsa, yo le hablé de los desaparecidos, de los escritores y especialmente de Haroldo Conti, como me pidieron sus compañeros de Crisis, y el General Videla se negó siquiera a contestarme.”
 
Sobre esta anécdota hay otras versiones, pero concluyen en un mismo acto que nos dice muy a las claras quién era Leonardo Castellani. 

Por éstas y otras actuaciones, en un contexto dado, se supone que su presencia en el canon literario nacional, regional y local careciera de real trascendencia. Sin embargo, en nuestra débil biosfera, recuerdo que en algunas aulas de la escuela normal y promovido por la Profesora Delia Ittig de Vasallo, en ese mismo tiempo, Camperas ocupaba un lugar en los programas de estudio de la Escuela Secundaria. También recuerdo nítidamente, como caso único, el haber presenciado la “clase modelo”, práctica de una estudiante de la carrera de Literatura, basada en el género policial que incluía un cuento de Castellani. Desde entonces fui forjando una probabilidad audaz y crítica. Consideré al autor como un pionero de este género en la Literatura Nacional pero entendiendo que su definición y activismo político como “nacionalista” entre otras rebeliones y procedimientos ya descriptos no propiciaban su aceptación en los grupos de intelectuales argentinos, políticos tradicionales, sectoriales y mucho menos en el “orden” de “la orden jesuítica.” 

Castellani en toda su obra literaria y filosófica, según E. Serra, expresa una voluntad seleccionadora en el manejo funcional del lenguaje. La oralidad dinamiza, dentro del discurso, el papel de una profunda función emotiva. Hay un emisor poderosamente imbuido de la necesidad de su mensaje. Es muy clara la idea ilusoria de un destinatario que experimente una excitante atención ante lo dicho en sus textos. Castellani deseaba convocar a un lector partícipe, a través de formas interrogativas y exclamativas, asegurando la función fática de la comunicación donde era posible que la narración de un ”hecho y sus consecuencias” constituyeran en su mensaje implícito un desafío a la razón que podía, inesperadamente, disolverse y desplazarse todo el hecho como sus consecuencias hacia un orden absolutamente natural y trascendente, propio de la vida, propio de la humanidad que tanto desconcierta, concede, amenaza, acepta, naturaliza o rinde un homenaje cósmico inquietante sobre nuestra existencia. 

Así, paso a paso, es posible acceder a un aspecto esencial de Castellani. Su actitud dialógica que se plasma una y otra vez con el “otro” ya sea ese otro el Mal o el Bien, a través de dos tipos de recursos: unos, propios de la técnica literaria que operan como excitantes para el lector, reforzando lo más poderoso de su estilo, el tono conversacional. Otros, extraídos de la lengua oral, plasmando fuertemente su estilo coloquial en la enunciación, proyectando genuina cercanía en un mismo saber y naturaleza. 

Este Castellani, nada inocente, estaba, indudablemente, abriendo la puerta “a un otro” diverso, distinto, o espejo de sí mismo, en esa tendencia al diálogo con el lector, con un total arrojo, virtualmente presente en toda su obra , particularmente, poniendo luz sobre problemáticas sociales, políticas, religiosas y hasta psicológicas de alta carga significativa. En este terreno, no resulta difícil para él, proclamar un “lector amigo” con extraordinario ingenio para la causa que lo motiva como maestro, sociólogo, filósofo, sacerdote, político, literato, ya que lo supone lector sabio, sensible, social, estratégico. Es más, necesita este tipo de lector porque su mensaje urge, en medio de la anécdota y la sentencia y todas las sombras a iluminar a pesar del dolor o una eficaz ironía. 

Reconquista, extrañamente, tal vez por la resistencia a su figura extravagante, a su decir incisivo, a su pensamiento nacionalista, a su genuina entrega religiosa, a su desmedida didáctica, o por el escenario de un crimen impune que lo antecede en su escritura, establece con el autor, ciertas y escasas conversaciones. Entre ellas recuperamos algunas tácitas o implícitas establecidas con Castellani a través del Certamen Nacional de Cuentos que lleva su nombre, a través de sus textos en la Biblioteca Popular General Obligado, los que fueran oportunamente gestionados en casas académicas para que pueblen sus estantes. 

Con tímida voluntad colectiva Reconquista ha logrado reconquistar sus restos que descansan en el Panteón de la Ciudad en el Cementerio Municipal y le ha ofrendado una Comisión Homenaje Permanente. Pero no es suficiente. Leonardo Castellani es una especie que espera en esta Biosfera reconquistense, lugar cuyas interrelaciones le dieron vida y hoy , albergan su muerte. 

Pienso en quienes deseen sumarse a estas conversaciones interrumpidas tantas veces, con el autor trashumante, pero jamás clausuradas porque se percibe por algún rayo de luz el valor de su talla internacional que prestigia nuestro patrimonio literario y filosófico. Hoy convoco a estudiantes en general a considerar un campo de investigación como lo es su vida y obra. Hoy promuevo su nombre a pesar de todos los silencios que lo amordazan injustificadamente. 

Es hora de permitirnos ser la pequeña patria que nos toca, ser nosotros mismos, pertenecernos en un encuentro sin prejuicios, continuar o iniciar conversaciones que nos impregnen de revelaciones castellanianas o no, revelaciones al fin, de viejos o nuevos enigmas que asolan a los unos y otros de este terruño inigualable.

lunes, 25 de marzo de 2019

El recuerdo de un pensador inclasificable

El recuerdo de un pensador inclasificable

Se cumplió otro aniversario de la muerte del extraordinario padre Leonardo Castellani.

POR CARLOS BUKOVAC
Un 15 de marzo de 1981 fallecía el Padre Leonardo Castellani, para muchos, un verdadero genio intelectual y literario. Nació el mismo año que Borges, en la ciudad de Reconquista; no obstante, pese a su enorme talento, no tuvo la misma suerte que Jorge Luis en cuanto a su fama. Su obra es inmensa y de lo más variada. Hace algunos años, fue escrita una biografía suya de dos tomos por el Dr. Sebastián Randle, un fabuloso libro, pero sólo para fanáticos del jesuita santafesino. Valga entonces este artículo para acercar a los lectores a la figura de este gran argentino.
Como datos biográficos vale repasar que luego de su infancia en el norte santafesino, ingresó como pupilo en el colegio santafesino "La Inmaculada" de los Padres Jesuitas. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1930, donde también logró el título de Doctor en Filosofía en la Universidad Gregoriana. En 1935 regresa a la Argentina, llevando a cabo una enorme actividad intelectual.
Su dolorosa vida fue sobrellevada bajo el signo constante de la incomprensión. Nunca rehuyó la polémica, pero le hizo mucho daño la mediocridad que lo rodeaba. En 1946 se le pide que abandone la Compañía de Jesús, a lo que se niega. Al poco tiempo se le ordena que se recluya en Manresa, España, comenzando a quebrarse su salud. Acusado falsamente ante el Papa Pío XII, en 1949 es expulsado de la Compañía y se le impide todo ministerio sacerdotal. A partir de allí, quedaría en la miseria, logrando sobrevivir gracias a algunos pocos amigos y a su brillante labor como escritor y conferencista.
Luego de muchos años en los que a lo largo de sus libros describiría de variadas formas autorreferenciales su doloroso caso, en 1966 se arregló definitivamente su situación canónica absurda e injusta. Sus últimos años los pasaría más recluido que nunca en su departamento del barrio de Constitución, ámbito que describen con claridad Pablo Hernández y Rodolfo Braceli en sendos reportajes que le harían, un tiempito antes de su muerte.
En cuanto a su obra, se ha dicho que Castellani era inclasificable o, también, de género único. Su tema principal fue la teología (y dentro de ella la esjatología: "Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de fe"), pero también brilló como crítico literario, periodista, poeta, cuentista y novelista. Pero acaso lo que mejor lo defina sea su especial sentido del humor, sumamente irónico y capaz de mecharlo en cualquier tema del que estuviera escribiendo o disertando, inclusive el Fin de los
Tiempos. Quizás sea ese uno de los aspectos que más lo emparentaba con el inglés Chesterton. Como muestra, basta un botón, permitiéndonos recomendar el fabuloso "Credo del incrédulo".
LA IDEOLOGIA
En relación a su filiación ideológica, también es absolutamente imposible de etiquetar. Dentro de la Iglesia, imposible catalogarlo como progresista. Su ortodoxia y su profundo amor por la Verdad descartan de plano esa posibilidad. Ahora bien, menos posible aún es identificarlo como conservador, seguramente por sus disputas con la jerarquía que lo llevaron a una de sus grandes luchas: su combate contra el fariseísmo católico. Son célebres sus quejas por un catolicismo amanerado o mistongo y sus cartas a sus superiores y obispos.
Vale citar una al Nuncio Apostólico de aquél entonces en la que le reclamaba: "No pedimos a S.E. que salve a la Nación Argentina, déjenosla nomás; le pedimos que cumpla el mínimum mínimo de su deber. No pedimos a los Obispos que sean todos varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones. No pedimos a los Curiales que tengan la santidad; les pedimos que perciban y no persigan la santidad. No pedimos a lo sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio".
Por otra parte, en lo político, también es sumamente difícil ubicarlo. En efecto, mal puede afirmarse que haya sido de izquierda, recordando su ortodoxia. Es cierto, en el contexto de su expulsión, en el que se ganaba la vida dando conferencias, frecuentó a varios intelectuales de izquierda con los que entabló una cordial relación. Ejemplo de ello es el interesante Los zurdos y Castellani (Pablo Hernández). No obstante, a pesar de esa cordial relación, ninguno logró convencerlo de que apostatara. Al respecto, es célebre su respuesta a Leónidas Barletta: "Tengo fe en Cristo y en la Iglesia por El fundada, que creo indestructible".
Y bien, ¿era entonces Castellani de derecha? ¿Era el típico nacionalista católico? Es verdad, suele ser un autor especialmente leído por los nacionalistas. No obstante, luego del paso en falso de su candidatura a Diputando Nacional en 1946 por la Alianza Libertadora Nacionalista, su relación con ellos fue por demás de compleja debido a los tan conocidos vicios que los caracterizaron a lo largo de su vida política. Ahora bien, que no se sintiera cómodo entre los nacionalistas y que los criticara con su habitual sarcasmo, no significa que su labor intelectual no haya estado impregnada de un profundo patriotismo. Vinculado con lo anterior, el politólogo Marcelo Gullo se atreve a realizar un parangón entre la figura de Borges, como paradigma del intelectual "cipayo" y el Padre Castellani, como un pensador verdaderamente nacional.
EL CASO BORGES
Aquí es por demás de interesante dedicarle una mención especial a la relación con Borges. En su faceta de crítico literario, Castellani le dedicó unos cuantos conceptos, algunos elogiosos y otros, bastante ácidos, entre los que vale mencionar la "agorafobia" de la que lo acusaba y su calidad de "blasfemo tímido". Por otra parte, ambos, Castellani y Borges, compartieron junto a Ernesto Sábato y Horacio Ratti, el famoso almuerzo en la Casa Rosada con el presidente Videla. Lo cierto es que, luego del almuerzo, tanto Borges como Sábato destinaron elogiosos comentarios hacia Videla, en tanto que Castellani fue el único que se atrevió a interceder por el paradero de Haroldo Conti, ante el desesperado pedido de su pareja.
Para ir finalizando, vale destacar que no son pocos los que opinan que el Padre Castellani fue una especie de Profeta. En tal sentido, no está de más citarlo en el prólogo a uno de sus mejores libros (Su Majestad Dulcinea): "Hay que saber que el que escribe un libro de estos no escribe lo que quiere sino lo que le sale de la cabeza; la cual a veces parece como conectada con una voluntad imperiosa, que no es la propia."
Llegado este punto, si bien su obra es relativamente conocida, considerando lo enorme de su talento, podemos preguntarnos, al igual que Rodolfo Braceli: "¿Cómo es posible que Castellani continúe siendo casi desconocido en la Argentina?" Quizás en parte debido a la acción de quién le había comprado los derechos sobre su obra a la heredera, para vendérselos luego a un grupo de españoles, impidiendo que se editen aquí y costando una enormidad los editados en la Península.
Pero quizás también, citando a su biógrafo, por aquello de que nadie es profeta en su tierra; pareciera que los argentinos sufrimos de un mal por el cual sólo apreciamos algo argentino si antes resulta alabado por extranjeros (el Martín Fierro, el tango y el mismo Borges son ejemplo de ello).
Quizás, ahora que el lúcido y valiente español Juan Manuel de Prada anda aprovechando cuanta ocasión sea para difundir y alabar su obra, quizás, sea hora de que el Padre Castellani sea reconocido como lo que realmente fue, uno de los más grandes pensadores que ha dado la "Argentada Tierra".

domingo, 24 de marzo de 2019

In memoriam P. Castellani

In memoriam P. Castellani

03/15/2019

Se cumple un nuevo aniversario de la muerte del Padre Leonardo Castellani, personaje ilustre y multifacético de nuestra historia argentina reciente. Sacerdote, por encima de todo; religioso jesuita, hasta su polémica expulsión de la Compañía de Jesús en 1947; teólogo, filósofo, poeta, novelista, periodista, profesor….Posiblemente algo se nos esté olvidando, pues ni siquiera una candidatura política falta en su extenso historial, integrando la lista de candidatos a diputados por la Alianza Libertadora Nacionalista en 1946, bien que a pedido de sus amigos, como lo confesó en su famosa entrevista a Pablo Hernández, en 1977. De más está decir que esta aventura tuvo un alto costo para él, dada su condición eclesiástica.

Si en algo concuerdan todos los lectores asiduos del querido p. Castellani, es en que ha sido injustamente relegado como escritor, al menos en nuestro país, ya que en España se han editado en los últimos años algunas obras de su autoría, como así también selecciones de textos suyos, a instancias del escritor y ensayista Juan Manuel De Prada, quien no vacila en afirmar que se trata del “mayor autor de la literatura católica de habla hispana del s. XXI”. Y es que, salvo contadas excepciones de alguna que otra edición o reimpresión reciente, los ejemplares nacionales que circulan de sus obras cuentan con más de una década de antigüedad, por decir lo menos.

No obstante ello, no se puede dejar de destacar, en este orden de ideas, la ímproba labor del Dr. Sebastián Randle, laico católico de nuestro medio, quien ha dedicado un esfuerzo titánico a la elaboración de su valiosísima biografía de Castellani, en dos tomos, publicada por la editorial Vórtice. El último de ellos es de aparición relativamente reciente, por lo que cuenta con el valor adicional que le otorga la actualidad de sus interesantes comentarios. Sin suscribir muchos de los juicios que se expresan en sus páginas (algunos del autor, otros del mismo biografiado), es de estricta justicia reconocer el gran valor de la obra, además del mérito que supone la recuperación de la figura del p. Castellani. No poco nos hemos valido de este trabajo a la hora de redactar estas líneas.

De personalidad harto compleja, Leonardo Castellani nació en el Chaco santafesino, en la ciudad de Reconquista, allá por 1899, el día 16 de noviembre. La prematura y violenta muerte de su padre Luis, asesinado cuando Leonardo eran tan solo un niño, contribuyó no poco a la formación de su carácter más bien introvertido, que con el correr de los años y bajo el influjo de los sufrimientos y contradicciones (también de un temperamento artístico y sensible), lo volverían un tanto huraño y sombrío, reduciendo al máximo su vida social, muy escasa durante los últimos 30 años de su vida. Él mismo llegó a definirse por aquel entonces como un “ermitaño urbano”, en líneas que destilan humor, pero que dan cuenta (sobre todo si las lee a la luz de las anotaciones de su diario personal) de una dedicación a tiempo completo a su labor de intelectual y escritor.

Capítulo aparte merece el “caso Castellani”, así llamado por su biógrafo Sebastián Randle, en referencia al proceso de su expulsión de la Compañía de Jesús. No caben dudas de que la difícil personalidad de Castellani, reacio a sujetarse a la estrecha disciplina de la vida religiosa jesuítica, tuvo su cuota, pero tampoco que la estrechez de miras y una excesiva rigidez por parte de sus superiores, derivada inclusive en el “fariseísmo” denunciado por nuestro autor, contribuyeron no poco al funesto desenlace, acaecido en 1947. Es dable destacar que la expulsión de la orden fue acompañada de la suspensión en el ejercicio del ministerio sacerdotal, en que Castellani se vio restablecido recién años más tarde.

A partir de su salida de la Compañía, la vida del padre continua en Salta, en donde es acogido por Mons. Tavella, arzobispo de la ciudad. Sin embargo, no se prolongó demasiado allí su estadía, ya que a los pocos años decidió regresar a Buenos Aires. Después de un tiempo ocupando una habitación en la casa de su hermano, logró comprar, con la ayuda de sus amigos Florencio Gamallo y Enrique Von Grolman, el pequeño departamento de un edificio sobre la avenida Caseros, en el que habitó durante casi 30 años, hasta su muerte, acaecida un día como hoy, hace 38 años.

La extensa bibliografía del P. Castellani puede consultarse por doquier. Quizá sus trabajos más sobresalientes sean “El Evangelio de Jesucristo”, verdadera obra maestra, y otros basados en comentarios del texto evangélico, como “Las parábolas de Cristo”, o “Domingueras prédicas”. Su preocupación escatológica, por otro lado, se plasmó en títulos como “El Apokalypsis de San Juan”, o “Cristo, ¿vuelve o no vuelve?”, de extraordinaria sustancia teológica. En el género de ficción o novela, finalmente, nos encontramos con “Su Majestad Dulcinea”, o “Juan XXIII (XXIV)”, que adquirió notoriedad a partir de la elección de Jorge Mario Bergoglio para ocupar la sede de Pedro, toda vez que relata la historia de un sacerdote argentino devenido Papa (el libro fue escrito en 1964).

Con todo, a nosotros nos interesa principalmente destacar aquí, a modo de homenaje, algunos rasgos del P. Castellani como escritor. En tal sentido, decir que nuestro autor supo amalgamar, en un estilo único y personalísimo, una vasta y pasmosa erudición (adquirida en parte durante sus años de estudio en Europa), que incluye el conocimiento de los autores más variados y el dominio de al menos ocho idiomas; profundidad filosófica y teológica como pensador; sensibilidad de artista (escribió muchas poesías), que confiere a sus escritos una gran belleza y amenidad; y el sentir genuino de criollo hispano-católico, por así decirlo, el cual se manifiesta a cada paso en toda su producción, sea a través del humor (otro rasgo muy suyo, cómo olvidarlo), sea a través del análisis más serio. Porque no podemos dejar de señalar su condición de verdadero patriota: Castellani amó y sufrió a la Argentina como pocos. Y todo lo que escribió al respecto constituye para nosotros un verdadero legado. Quizá nadie mejor que él lo haya expresado, al decir que su “segunda vocación” era precisamente la de escribir libros para Dios, mendigar para publicarlos, y regalárselos a la República Argentina. A lo que responde Sebastián Randle, en diálogo imaginario, con afectuosa ironía: “Casi nada, Padre, casi nada”.

Permitida su reproducción citando autor y a la www.lacumbrera.com

martes, 19 de marzo de 2019

Colección de la obra del Padre Castellani en la Biblioteca Popular de Reconquista


Colección de la obra del Padre Castellani en la Biblioteca Popular

La Municipalidad de Reconquista informa que, en el marco de la conmemoración por el fallecimiento del padre Leonardo Castellani, la Biblioteca Popular Gral. Manuel Obligado expone una nutrida colección de su obra.
Durante todo el mes de marzo, en la sala principal de la Biblioteca, quienes lo deseen podrán conocer y profundizar el contacto con los  escritos del sacerdote, escritor y periodista reconquistense.

La muestra permanecerá abierta en los horarios habituales de la Biblioteca, de lunes a viernes de 6:30 a 12:30 y 14:00 a 20:00 horas.

Vida

Leonardo Luis Castellani Contepomi nace en Reconquista, (Santa Fe, Argentina) el 16 de noviembre de 1899. Pierde a su padre -periodista y maestro librepensador-. Termina el bachillerato en Santa Fe, y en 1918 ingresa al noviciado jesuita de Córdoba. Estudia letras, filosofía y teología en Santa Fe, luego en Buenos Aires y comienza a escribir (Camperas), luego es enviado en 1929 a Europa a proseguir sus estudios, en 1931, es ordenado sacerdote y estudia Filosofía y Teología en la Gregoriana de Roma. Después estudia Psicología en la Sorbona de París. Tras unos meses en Alemania, en 1935 vuelve a Argentina.

Había egresado de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con las más altas notas obteniendo el Título de “Doctor Sacro Universal” en Teología y Filosofía, lo que lo habilitaba a escribir con notas propias sobre las Sagradas Escrituras, sin previa autorización del Vaticano, lo que sólo pudieron hacer muy pocos hombres en los 2.000 años de historia de la Iglesia Católica.  El título obtenido se conoce vulgarmente como “Doctor de la Iglesia”.

Es el título más alto que la Iglesia otorga a los más sabios entre sus doctores, con Diploma Bulado que lleva como protocolización el mismo sello de plomo de las bulas pontificias. Nunca nadie lo obtuvo en América Latina y en Europa fue el primero otorgado en los últimos quinientos años hasta ese momento.

Luego parte a Francia estudiando durante tres años en La Sorbona  en la carrera Superior de Filosofía, Sección Psicología. Luego pasa a Alemania para profundizar los estudios y la práctica con enfermos mentales.

Leonardo Castellani fallece en Buenos Aires el 15 de marzo de 1981.

Obras

Publicó 56 obras tanto religiosas como poéticas, fábulas campestres, relatos, y luego de una serie de conflictos con su orden (Jesuitas), fue expulsado de la misma soportando dos años de prisión en Manresa (España), de la cual puede escapar con ayuda de amigos en un estado físico y mental deplorable. Tampoco pudo ejercer su ministerio sacerdotal durante varios años. Pero nunca dejó de escribir tanto libros como artículos periodísticos en Diarios y Revistas.

El año 1975 marca el reconocimiento de los argentinos a este ciudadano ilustre: la Universidad de Buenos Aires le otorga el grado de “Doctor Honoris Causa” y el Gobierno Nacional le otorga el premio “Consagración Nacional”.

Fuente: Municipalidad de Reconquista.

 

viernes, 15 de marzo de 2019

Leonardo Castellani (†Buenos Aires 15/III/1981)


—Pero Ud. ¡ha hecho y pasado de cosas! Ud. ha vivido como dos vidas...

—Tres —sonrió el Cura—, por lo menos. Tengo una tercera vida secreta, que ni Ud. conoce ni nadie puede conocer, incomunicable, soledad absoluta. He vivido con gran rapidez. [...] He vivido en el aire. [...] Algún día lo contaré... Algún día o ningún día, no sé. Mis días están contados. Presiento que moriré pronto, lo cual no es nada extraño, por lo demás. ¿Cómo será mi muerte, Díos mío? Con tal que no me torturen... Pero en fin, Dios lo sabe.

Su Majestad Dulcinea

martes, 12 de marzo de 2019

Leído para Ud.: nueva edición de “Su Majestad Dulcinea” del P. Leonardo Castellani

“Dulcinea Argentina, nuestra Reina. Ella representa a la Reina del cielo a quien acabáis de invocar, representa a la Patria, representa a la Iglesia, y representa la Hermosura, que es uno de los nombres de Dios, por el cual nos batimos. Es una realidad, es una mujer real, que aunque intangible a todos, es de todos nosotros. Ella corre peligros mayores que los nuestros, ha hecho hazañas mayores que cualquiera, y sufre en su corazón la desolación y la ruina de este país en el cual nació como nosotros, peor que todos nosotros juntos. ¡Doblad todos la rodilla izquierda, no delante de una pobre mortal, sino delante de lo que ella divinamente representa!”.

Una nueva “patriada”, como decimos en mi país. Se trata de una nueva edición de la señera y profética novela del gran Padre Leonardo Castellani, “Su majestad Dulcinea”. Aquellos que conocen su trama y singular clarividencia sabrán recomendarla

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Castellani recordado nuevamente en el diario La Prensa

El recuerdo de un pensador inclasificable

Se cumplió otro aniversario de la muerte del extraordinario padre Leonardo Castellani.

POR CARLOS BUKOVAC

Un 15 de marzo de 1981 fallecía el Padre Leonardo Castellani, para muchos, un verdadero genio intelectual y literario. Nació el mismo año que Borges, en la ciudad de Reconquista; no obstante, pese a su enorme talento, no tuvo la misma suerte que Jorge Luis en cuanto a su fama. Su obra es inmensa y de lo más variada. Hace algunos años, fue escrita una biografía suya de dos tomos por el Dr. Sebastián Randle, un fabuloso libro, pero sólo para fanáticos del jesuita santafesino. Valga entonces este artículo para acercar a los lectores a la figura de este gran argentino.

Como datos biográficos vale repasar que luego de su infancia en el norte santafesino, ingresó como pupilo en el colegio santafesino "La Inmaculada" de los Padres Jesuitas. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1930, donde también logró el título de Doctor en Filosofía en la Universidad Gregoriana. En 1935 regresa a la Argentina, llevando a cabo una enorme actividad intelectual. 

Su dolorosa vida fue sobrellevada bajo el signo constante de la incomprensión. Nunca rehuyó la polémica, pero le hizo mucho daño la mediocridad que lo rodeaba. En 1946 se le pide que abandone la Compañía de Jesús, a lo que se niega. Al poco tiempo se le ordena que se recluya en Manresa, España, comenzando a quebrarse su salud. Acusado falsamente ante el Papa Pío XII, en 1949 es expulsado de la Compañía y se le impide todo ministerio sacerdotal. A partir de allí, quedaría en la miseria, logrando sobrevivir gracias a algunos pocos amigos y a su brillante labor como escritor y conferencista.

Luego de muchos años en los que a lo largo de sus libros describiría de variadas formas autorreferenciales su doloroso caso, en 1966 se arregló definitivamente su situación canónica absurda e injusta. Sus últimos años los pasaría más recluido que nunca en su departamento del barrio de Constitución, ámbito que describen con claridad Pablo Hernández y Rodolfo Braceli en sendos reportajes que le harían, un tiempito antes de su muerte.

En cuanto a su obra, se ha dicho que Castellani era inclasificable o, también, de género único. Su tema principal fue la teología (y dentro de ella la esjatología: "Jesucristo vuelve, y su vuelta es un dogma de fe"), pero también brilló como crítico literario, periodista, poeta, cuentista y novelista. Pero acaso lo que mejor lo defina sea su especial sentido del humor, sumamente irónico y capaz de mecharlo en cualquier tema del que estuviera escribiendo o disertando, inclusive el Fin de los Tiempos. Quizás sea ese uno de los aspectos que más lo emparentaba con el inglés Chesterton. Como muestra, basta un botón, permitiéndonos recomendar el fabuloso "Credo del incrédulo".

LA IDEOLOGIA

En relación a su filiación ideológica, también es absolutamente imposible de etiquetar. Dentro de la Iglesia, imposible catalogarlo como progresista. Su ortodoxia y su profundo amor por la Verdad descartan de plano esa posibilidad. Ahora bien, menos posible aún es identificarlo como conservador, seguramente por sus disputas con la jerarquía que lo llevaron a una de sus grandes luchas: su combate contra el fariseísmo católico. Son célebres sus quejas por un catolicismo amanerado o mistongo y sus cartas a sus superiores y obispos.

Vale citar una al Nuncio Apostólico de aquél entonces en la que le reclamaba: "No pedimos a S.E. que salve a la Nación Argentina, déjenosla nomás; le pedimos que cumpla el mínimum mínimo de su deber. No pedimos a los Obispos que sean todos varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones. No pedimos a los Curiales que tengan la santidad; les pedimos que perciban y no persigan la santidad. No pedimos a lo sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio".

Por otra parte, en lo político, también es sumamente difícil ubicarlo. En efecto, mal puede afirmarse que haya sido de izquierda, recordando su ortodoxia. Es cierto, en el contexto de su expulsión, en el que se ganaba la vida dando conferencias, frecuentó a varios intelectuales de izquierda con los que entabló una cordial relación. Ejemplo de ello es el interesante Los zurdos y Castellani (Pablo Hernández). No obstante, a pesar de esa cordial relación, ninguno logró convencerlo de que apostatara. Al respecto, es célebre su respuesta a Leónidas Barletta: "Tengo fe en Cristo y en la Iglesia por El fundada, que creo indestructible".

Y bien, ¿era entonces Castellani de derecha? ¿Era el típico nacionalista católico? Es verdad, suele ser un autor especialmente leído por los nacionalistas. No obstante, luego del paso en falso de su candidatura a Diputando Nacional en 1946 por la Alianza Libertadora Nacionalista, su relación con ellos fue por demás de compleja debido a los tan conocidos vicios que los caracterizaron a lo largo de su vida política. Ahora bien, que no se sintiera cómodo entre los nacionalistas y que los criticara con su habitual sarcasmo, no significa que su labor intelectual no haya estado impregnada de un profundo patriotismo. Vinculado con lo anterior, el politólogo Marcelo Gullo se atreve a realizar un parangón entre la figura de Borges, como paradigma del intelectual "cipayo" y el Padre Castellani, como un pensador verdaderamente nacional.

EL CASO BORGES

Aquí es por demás de interesante dedicarle una mención especial a la relación con Borges. En su faceta de crítico literario, Castellani le dedicó unos cuantos conceptos, algunos elogiosos y otros, bastante ácidos, entre los que vale mencionar la "agorafobia" de la que lo acusaba y su calidad de "blasfemo tímido". Por otra parte, ambos, Castellani y Borges, compartieron junto a Ernesto Sábato y Horacio Ratti, el famoso almuerzo en la Casa Rosada con el presidente Videla. Lo cierto es que, luego del almuerzo, tanto Borges como Sábato destinaron elogiosos comentarios hacia Videla, en tanto que Castellani fue el único que se atrevió a interceder por el paradero de Haroldo Conti, ante el desesperado pedido de su pareja.

Para ir finalizando, vale destacar que no son pocos los que opinan que el Padre Castellani fue una especie de Profeta. En tal sentido, no está de más citarlo en el prólogo a uno de sus mejores libros (Su Majestad Dulcinea): "Hay que saber que el que escribe un libro de estos no escribe lo que quiere sino lo que le sale de la cabeza; la cual a veces parece como conectada con una voluntad imperiosa, que no es la propia."

Llegado este punto, si bien su obra es relativamente conocida, considerando lo enorme de su talento, podemos preguntarnos, al igual que Rodolfo Braceli: "¿Cómo es posible que Castellani continúe siendo casi desconocido en la Argentina?" Quizás en parte debido a la acción de quién le había comprado los derechos sobre su obra a la heredera, para vendérselos luego a un grupo de españoles, impidiendo que se editen aquí y costando una enormidad los editados en la Península.

Pero quizás también, citando a su biógrafo, por aquello de que nadie es profeta en su tierra; pareciera que los argentinos sufrimos de un mal por el cual sólo apreciamos algo argentino si antes resulta alabado por extranjeros (el Martín Fierro, el tango y el mismo Borges son ejemplo de ello).

Quizás, ahora que el lúcido y valiente español Juan Manuel de Prada anda aprovechando cuanta ocasión sea para difundir y alabar su obra, quizás, sea hora de que el Padre Castellani sea reconocido como lo que realmente fue, uno de los más grandes pensadores que ha dado la "Argentada Tierra".