Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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viernes, 3 de febrero de 2012

La defensa del football

UTILIDAD EDUCATIVA DEL DEPORTE

Wee Willie Winleie
Runs through the town
Up stairs and down stairs
In his night-gown...
Turling at the window
Crying at the lock
Are the weans in their beds
For it's now ten o'clock.



                Días pasados tuve una discusión con mi tío Cipriano—por causa de un catálogo de football y box que me traje de Harrods —sobre los deportes.
                — No, tío — le dije respetuosamente — . En eso no hacemos migas. El fútbol es una gran cosa.
                —Sí, para formar caballos.
                —No, tío. No me va a encontrar ningún caballo que juegue al fútbol. O por lo menos que juegue bien. No es broma, tío. El fútbol tiene más intríngulis de lo que algunos piensan.
                —¿Intríngulis quiere decir el tobillo amoratado de una coz que trajiste a casa el otro día?
                —Ese tobillo, tío, ya se lo he dicho, me lo hizo uno que no sabía jugar al fútbol. ¿Ustedes creen que jugar al fútbol es patear al rumbo? El que patea a otro, se le cobnfree-kiky pierde el team por causa de él, y los compañeros le gritan: "¡Mira, idiota, lo que nos pasa por no fijarte!". Y los contrarios gritan: "¡Muía amaestrada del circo Sarrasani!".
                —¡Mira que lindo modo de hablar aprenden en el fútbol! —dijo mi hermana mayor.
                —¡Mira vos, calíate, Chela, porque nadie te ha dado vela en este entierro!
                —Oy, Jesús, qué fino se va poniendo este chico —dijo Chela, muy remilgada.
                —¿Así se trata a su hermana, caballerito?—dijo mamá, severa.
                Una de las grandes desgracias que puede sucederle a un muchacho en este mundo es tener hermana, y la mayor de todas es tener hermanas mayores. Yo tengo dos, que quisiera mejor tener dos diviesos. Con los hermanos uno se puede arreglar lo más bien, sobre todo si son más chicos, como los míos. Pero las mujeres son enredonas y nadie las entiende. Criticonas que no hacen más que reírse de uno y no saben jugar a nada. Pellizcan espantosamente, y si uno les da el bife más insignificante, enseguida lloran y mamá les da la razón y me dice que no soy caballero y otras cosas bien duras. Finalmente, cuando tienen un año más que uno, se piensan que pueden mandarlo y gobernarlo como si uno fuera sirviente suyo.
                —Lo que a mí me displace en esos depogtes ingleses — salió Mile. Boguet, que es la institutriz de Chela—, es que echan a pegdeg las buenas manegas. Aprenden allí unas manegas de brutos... La esgrima, que es el depogte de Francia, es un depogte fino...
                —El hombre para ser hombre, tiene que ser un poco bruto —dije yo.
                —Eso se lo enseñan esos amigotes guarangos que este
mocito va sacando ahora —dijo Chela.
                —El hombre más hombre debe tener maneras—dijo serio mi padre —. Lo cortés no quita lo valiente.
                —Pero las maneras del hombre no son las de las mujeres — dije yo —. Lo que quiere Chela es que yo haga un papel comilfaut cuando vienen las Lassaga a tomar el té con ella, que vaya a sentarme en la sala a hablar de sonseras. ¡No las puedo ni ver! ¡Primero me voy al Colegio toda la tarde a estudiar Cosmografía, que es lo último que se puede decir! Y últimamente, en el fútbol no se aprenden guaranguerías. En el fútbol no hay que irritarse, y eso es ser sufrido; no hay que hacer trampas, y eso es ser leal; hay que someterse al refere, y eso es ser disciplinado; hay que jugar combinado, y eso es ser generoso. Y si no, free-fdk que te crió. ¿No son éstas maneras de hombre? El fútbol ha sido inventado por un pueblo de gentlemen *.
                —¿De qué?
                —De gentiles-hombres. Para jugar al fútbol hay que ser todo un hombre.
                —¿Tú me tienes a mí por un hombre?
                —Sí, querido tío.
                —Pues en mi tiempo no se jugaba al fútbol ni por pienso.
                Es de saber que en el tiempo de mi tío las cosas eran mejor que ahora. Pero mi parecer es que ya no estamos en el tiempo de mi tío, sino en el nuestro, y por lo tanto no hay más remedio que contentarnos con lo que tenemos. Así se lo dije, añadiendo que en mi opinión los porteños, en general, no perderíamos nada haciéndonos más varoniles, ya que no lo somos tanto ahora (según mi tío), como en el tiempo "en que los muchachos no usaban gomina". Era un argumento terrible, porque éste precisamente es uno de los tópicos favoritos de mi tío.
                —La virilidad del varón—retrucó éste—no se mide por aquí, sino por aquí (dándose un gran bife en la frente). El hombre vale por esto (otro bife) y no por los pies, en lo cual cualquier rocín gana.
                —¡Ah, entonces usted piensa que yo, porque juego al fútbol, no me distingo por también esto"—dije yo con otro bife en la frente.
                —Hijo, por de pronto, todo el tiempo que gastas en el fútbol, no estudias.
                —Y todo el tiempo que duermo, tampoco. Pero si juego un buen match el jueves, estudio mejor toda la semana.
                —Ya sabes, Manuel, que el médico le ha recomendado el ejercicio — dijo mamá.
                (Se me ensanchó el corazón. Mamá empezaba a ponerse de parte mía. ¡Oh, buena, dulce, discreta mamá, que sabe lo que es tener una discusión uno sólo contra toda una sobremesa!).
                —Moderadamente y como gimnasia recetada por el médico, como medio higiénico-terapéutico, pase. Pero esa fiebre futbolística que ha invadido a toda la juventud contemporánea... — empezó mi tío.
                —Perdón, tío; pero es que a toda la juventud contemporá¬nea se lo ha recetado el médico —dije.
                —Efectivamente. Los deportes yo los tengo por necesarios a las grandes ciudades modernas — dijo mi padre.
                (Mi padre también. ¡Magnífico!).
                —Cuando se juega tanto, tío, por alguna razón será—dije yo — .El entusiasmo del mundo moderno por los deportes no puede ser inmotivado.
                —Es artificial—dijo mi tío—, provocado por los diarios y los profesionales. Si se jugara tanto, como dice; pero se juega poco. Se mira y se habla mucho. Se habla sobre todo. ¡Qué disgusto me da oir hablar a los niños de ahora! ¡No tienen en la boca más que el gol y el chut y el arco, la patada, Firpo, Tesorieri! Nos vamos embruteciendo.
                —¿Y qué le gustaría más a usted, oir a dos muchachos de cuarto año como yo, decirse: "¿ Viste, che, el chut esquinado que tiró Giardino ayer, como un teorema ? ", o bien decirse: "¿ Viste la cinta de ayer, che, cuando la princesa sale del castillo a escondidas de sus padres para fugarse con el trovador?". Vamos a ver, ¿cuál le gustaría más?
                —Ninguno. Lo que me gustaría más sería que hablasen de cosas serias e instructivas.
                —Los muchachos no podemos hablar de cosas serias. No las sabemos. Las estamos aprendiendo. Nuestros padres y maestros hablan por nosotros de cosas serias y después nos las dan hechas en pequeñas dosis. El muchacho que reza, obedece, juega y estudia, ya ha cumplido. ¡No me venga a contar usted a mí que en su tiempo hablaban los muchachos de sociología!
                —Lo que yo censuro no es el juego en sí, es el entusiasmo exagerado de las turbas. Revela poquísimo ideal, poquísima elevación de miras, un materialismo craso, el culto animal de la fuerza...
                —El pueblo tiene que admirar alguna cosa, tío. Ay del pueblo sin entusiasmo. "We life of admiration, hope and love", dijo un poeta. (Para que vea si sé solamente jugar fútbol). "Ilfaut que les pauvres gens aient aussi son ideal", dijo otro. ¡Que vayan las masas a ver partidos atléticos para respirar aire puro y olvidar que son desdichadas, tío!
                —¿Y no pueden entusiasmarse por cosas un poco más elevadas que la fuerza bruta?
                —No. No están a su alcance. ¡Ah! ¿Entonces usted cree que lo que admiran las multitudes clamorosas en torno de los estadios, desde Pericles acá, es la fuerza bruta?
                —Pues, ¿qué admiran entonces? —La inteligencia y la belleza. —Anda.
                —Un partido de fútbol es una cosa bella. Un partido de football no lo ganan los pies, sino la inteligencia.
                —Sí, eso es, por medio de logaritmos.
                —Diga que usted nunca ha visto un partido de football bien jugado.
                —Lo he visto y me parece un espectáculo estúpido.
                —Pues es un hermoso espectáculo. Aire abierto, la cancha verde y el cielo azul maravilloso: ése es el limpio teatro, con el sol por candilejas y el viento por ventilador. Las camisetas rojas y azules que se esparcen por él como grandes flores, que se desparraman ordenadamente a tomar sus puestos como una bandada de... patos marruecos. (No se rían. ¿Ustedes no los han visto en la estancia, rojos y enfilados?). Hay un minuto de silencio profundo como el que precede a las batallas. En todos los rostros tenaces se lee la voluntad del esfuerzo. (¿Ustedes piensan que es poco educativo ese ejercicio de energía, esa voluntad de vencer, esa práctica del esfuerzo colectivo? ¿Usted cree que se necesita poca energía para continuar animosamente un partido que va 3 a 0? La energía es una virtud natural que se acrece por repetición de actos; y el saber querer con vigor, aunque sea ganar un partido, es muy buena cosa, tío). Pero he aquí que un silbido hiende el aire y la pelota da un brinco y tres jugadores se lanzan sobre ella como tres leones...
                —Y empieza una behetría de carreras, patadas, caídas y gritos, que dura hora y media de la más monótona y sonsa manera que del cerebro de un inglés esplenético pudo brotar. Excepto el caso en que la aridez se rompa con algún incidente divertido, como piernas rotas,
insultos, botellas tiradas por el público o trenzada de dos jugadores a puñete limpio. Si, lo he visto       — No hay tal aridez, tío. No hay tal confusión. De las botellas tiene la culpa la policía. Por encima de aquel conjunto de movimientos variadísimos, de las carreras precisas, de los saltos atrevidos, de los ataques y de las defensas, de los limpios esguinces (gambetas en italiano), de los golpes poderosos al balón derecho al blanco como una bomba dorada que en inglés se llaman chutes, hay una voluntad ordenadora, hay un jefe, tío, y hay una idea. Mejor dicho dos jefes en lucha entre sí, mayor belleza. Por eso un buen partido de fútbol tiene tanta unidad como un drama, con sus peripecias y su desenlace, y por eso oprime los pechos y arranca gritos. Así como en cada jugador hay una voluntad tensa hacia un fin, que preside el juego de los músculos elásticos (¡oh, el cuerpo humano es hermoso, es una maravillosa criatura de Dios, tío, más hermosa que una puesta de sol!), así también hay en el team una voluntad superior que unifica a los Once, que les ha repartido su puesto eficaz, que trabaja por medio de ellos y hace por ellos lo que por sí no podría hacer. Eso es gobernar, tío; ese es el placer, el arte, y el dolor de gobernar. ¡Las cosas que yo aprendí siendo capitán del team "Coscorrones"! El capitán tiene que ser el más disciplinado, el más animoso y el más sufrido de todos, porque su voluntad debe ser el sostén de las otras, que son como su prolongación. Manda a todos pero también tiene que someterse a todos, siervo de los siervos de Dios, como el Papa. "Ninguno manda bien sino el que sirve a todos", dijo otro poeta inglés.
Some beneath the further stars
Bear the greater burden:
Set to serve the lands they rule
(Save he serve no man may rule)
Serve and love the lands they rule,
Seeking praise nor guerdon...
                                                 KIPLING
                Mi tío ya iba de capa caída y me miraba sonriendo de mi elocuencia.
                Es que también yo me estaba sobrepujando a mí mismo.
                —El fútbol no consiste en la fuerza bruta, dije. Mire los que juegan mejor en el Colegio: Miglioli Juan, Pérez, Ferrer Pedro, Méndez Carlos, Noriega, yo mismo... ¿Soy un buey, yo? ¿No soy un tipo elegante, Chela?
                —Ja, ja—dijo mi tío—.Buenos estamos. ¿Qué le vamos a responder a este abogadillo impetuoso?
                —Nada, tío. Es inútil. Hay que embromarse. Lo tengo bien estudiado, he leído libros y oído a personas que entienden; y sobre todo lo he vivido y lo he visto...
                —Jugando despacio y con buenas maneras — dijo mi hermana—, dice la Madre Hortensia que el fútbol no es malo. Pero esos modos guarangos, muía y patadura, que querés que te diga, a mí no me gustan.
                —No seas pata, Chela — le dije — , esos modos representan una sanción social que vos no entendés. ¿No ves que esos apelativos son un medio de educación un poco rudo que usan entre sí los muchachos? "Los muchachos se educan unos a otros mucho más de lo que nosotros podríamos y osaríamos", dijo un gran educador inglés. ¿No ves vos que un muchacho inurbano o abusador, se va ganando poco a poco la fama de muía; y después viene una elección de team y ninguno lo quiere elegir? "Es un muía (dicen los dos capitanes), no sirve". Y el pobre se lleva un calor negro, y aprende... que pocas faltas quedan sin castigo en este mundo, aunque el castigo no sea siempre inmediato; que existe una sanción social para las faltas contra la sociedad, que consiste en la opinión de los otros; y que la fama es un bien precioso que todo hombre debe velar por conservar íntegro. Chela mía, ¿qué sabes vos de confituras si nunca has sido confitera?
                Y volviendo sobre mi tío, como Napoleón sobre Brunswick en la batalla de Jena, le di la última carga.
                —Tío, los que dicen que los espectáculos atléticos embrutecen son unos atrofiados. Las multitudes han tenido siempre espectáculos. ¡Ojalá que el football y aún el box -sí, el box-derrotaran para siempre al cine nervioso y afrentoso y se hicieran nuestros espectáculos nacionales! Los asirios, tío, admiraron a Asurbanipal el cazador de leones; los griegos a Milón el atleta en la palestra; los romanos a Galo el reciario en la arena; los bizantinos a Critias el cochero en el circo; la Edad Media a Ricardo Lionhearted en el torneo... ¿por qué no hemos de admirar nosotros a Tesorieri el arquero en elfied y a Firpo en el ring, cuando admiran ustedes los españoles a Belmonte el espada en el redondel?
                —¡Pasando por alto lo del Belmonte, a quien yo no admiro ni tampoco ningún español que se respete — gritó mi tío indignado—, conste que no es lo mismo admirar a Tesorieri que admirar a Firpo! ¡Oh, el box, no, el box, eso sí que no!
                —¿A que lo convenzo, tío, que el box sí?... Porque así como el Fútbol es la Disciplina, el Box, tío, es la Iniciativa...
                —¿A que no me convences?
                —¿Qué me da usted si le escribo una "Defensa del Box" con razones razonables y convincentes?
                —¿Qué quieres tú que te dé, si las razones me convencen!
                —¿Me compra ese par de guantes de box de trece pesos
que está ahí en el catálogo de Harrods?...

Tomado de: Leonardo Castellani, “La reforma de la enseñanza”, Vórtice, Buenos Aires, 1993, pp. 189-196. [Gentileza Luciano Gallardo.]

martes, 31 de enero de 2012

Un profeta de los últimos tiempos

FUENTES El Reverendo Padre Castellani... (reseña)

viernes, 27 de enero de 2012

Tanto peor… para los sepultureros

“No cumple a uno que trabaja para Dios amargarse porque su trabajo prenda poco, remueva nada, e incluso sea por violencia o fraude sepultado. Tanto peor… para los sepultureros.”

martes, 24 de enero de 2012

Louis Billot: El cardenal que renunció a la púrpura



Yo estudié toda la teología con las obras del cardenal Billot.
--Testimonio del P. Leonardo Castellani
en Pablo Hernández, Conversaciones con el Padre Castellani (1977).

La nota es de Filippo Rizzi* y fue publicada en el periódico de los obispos italianos Avvenire el 15-12-2011 [Avvenire, vía el blog del Instituto Humanitas Unisinos, vía Fratres in Unum.com]. La traducción es nuestra.


“Habiéndose retirado a Galloro, el venerable Padre Billot vivió del todo apartado, ocupándose apenas de la oración y el estudio, dando a sus cofrades admirable ejemplo de humildad y obediencia religiosa.” Ese fue el lacónico y conciso comentario publicado en enero de 1932 en la revista La Civiltà Cattolica en ocasión de la muerte —ocurrida hace 80 años, el día 18 de diciembre de 1931— del Padre Louis Billot: jesuita, eminente teólogo neotomista, más conocido sobre todo por haber sido cardenal y después haber renunciado a la púrpura. El hecho —rarísimo en la historia de la Iglesia— tuvo lugar el 14 de septiembre de 1927 y causó escándalo. Una semana después el diario Il Popolo d’Italia lo describe con vivacidad simbólica: el cardenal que había puesto en San Pedro la tiara sobre la cabeza del neo-electo pontífice Pío XI el 12 de febrero de 1922 (era justamente Louis Billot el que lo hizo) ponía ahora en manos del mismo Pontífice la púrpura y el capello, volviendo al estado de simple religioso.

E hizo eso en vez de retractarse de su manifiesta simpatía por la Action Française de Charles Maurras, condenada en 1926 por el ahora reinante Pío XI. Pero Louis Billot no merece ser recordado sólo por este gesto: a 80 años de su desaparición, aún permanece viva la actualidad de un estudioso que fue considerado la estrella polar por el refinamiento de su investigación en el campo de la teología dogmática y en la escolástica hasta el Vaticano II. No por casualidad, sus famosos tratados De Verbo Incarnato, De gratia Christi y De Ecclesia Christi se convirtieron en clásicos.

Discípulos de su escuela son importantes teólogos del siglo XX como Pietro Parente, Carlo Figini o el memorable Jules Lebreton. Sus estudios sobre la disciplina de los sacramentos fueron un punto de referencia para grandes teólogos del post-concilio como Karl Rahner y Edward Schillebeeckx, como ha documentado el ensayo reciente de Giancarlo Vergano La forza dalla grazia: La teoria della causalità sacramentale di L. Billot (Cittadella).

Académico de raza que restauró en las cátedras de los ateneos pontificios romanos la actualidad del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, por expreso deseo de León XIII, Billot fue convocado a la cátedra de Dogmática de la Gregoriana (1885). Pero la influencia teológica del jesuita francés, originario de Metz, se impondrá sobre todo durante el pontificado de Pío X: no es novedad que el hijo de San Ignacio será uno de los redactores de la encíclica Pascendi que condenaba el modernismo. Uno de los méritos por los cuales el Papa Sarto lo creará cardenal en 1911. ¿Cómo fue, por lo tanto, que un teólogo tan popular ante la Sede Apostólica hará un gesto tan desconcertante como la renuncia a la púrpura?

Para revelar hoy la verdadera dinámica del caso Billot existe una investigación conducida en 2009 por el prefecto del Archivo Secreto Vaticano, el obispo barnabita Sergio Pagano, ahora publicada en las “Collectanea Archivi Vaticani 68”, Il Papato Contemporaneo (Libreria Editrice Vaticana). Investigación hecha posible gracias a la desclasificación de los documentos de dicho Archivo correspondientes al papado de Achille Ratti (1922-1939).

La investigación permite iluminar la situación embarazosa creada en el episcopado francés —particularmente el cardenal de Bordeaux, Paul Andrieu— por los testimonios de aprecio (incluyendo una nota dirigida al periodista Léon Daudet) enviados por el Cardenal Billot a algunos miembros de la Action Française, el movimiento político que buscaba el regreso de la monarquía a Francia.

En el origen del conflicto estuvo, sobre todo, la “baja tolerancia”, devenida posteriormente “irritación”, de Pío XI hacia un cardenal de la Curia que, con sus declaraciones, hacía de contrapunto con la posición oficial de la Santa Sede, contraria a una confrontación con la Francia republicana de ese tiempo. En torno al caso Billot, se desarrolló subterráneamente una verdadera tratativa diplomática, hecha de contactos y mediaciones, y conducida en “absoluto secreto”, y que tuvo como actores al Secretario de Estado cardenal Pietro Gasparri, al prepósito superior de la Compañía de Jesús, Wlodimir Ledóchowski, y al nuncio Francesco Borgoncini Duca. Pero no fue todo.

Como testimonio del clima de tensión que se estaba espesando en el Vaticano —como bien documenta la investigación de Pagano— quedan las palabras del Cardenal en el acto de su dimisión (“La passion est plus forte que moi”) y un último intento, para muchos ingenuo, de parte de Billot de retirarse a una casa jesuita en Francia para continuar así cerca de la Action.

“El prudente superior Ledóchowski —escribe Pagano—, sabiendo que el Papa nunca consentiría en esto, eligió enviarlo a la tranquila y aislada casa de Galloro”, cerca de Ariccia (Roma). Para alejar cualquier rumor y “poner coto a las leyendas” en torno a su salida del Sacro Colegio, el mismo Billot escribió de su puño y letra, el 2 de marzo de 1928, una carta clarificadora enviada al nuevo director de Études, Henri du Passage, en la que explicaba el sentido de su decisión de volver a ser un simple jesuita y así prepararse “para la buena muerte”.

Y la elección del “claustro” en nombre de la más rígida pobreza religiosa fue realmente sincera, y es también consistente con el carácter de Billot, como confirmaba Ledóchowski en una carta a Pío XI: “Su Santidad debe rezar por el pobre sacerdote que evidentemente, como pude de nuevo confirmar estos días, tiene ciertas ideas fijas, de las que no pudo liberarse.”

Más allá de las declaraciones oficiales, reportadas en ese tiempo por La Civiltà Cattolica y L’Osservatore Romano, en las que el Papa lamentaba como “pérdida no menor” la renuncia a la púrpura del jesuita de Metz, la prensa internacional de la época (salvo excepciones), interpretó la figura de Billot como una “víctima sacrificial” del sistema curial romano.

Pero la verdad histórica de aquellos hechos es mucho más compleja, según Monseñor Pagano: “Los eventos finales del singular movimiento de la Action Française, sin embargo, dieron la razón a la previsión de Pío XI que, en el caso Billot, considerando todo, hizo uso de ‘insigne benevolencia’, soportando con paciencia hasta lo tolerable que el irrefrenable purpurado francés, bajo sus ventanas, hiciese continuas declaraciones de apoyo del movimiento reaccionario, al que reivindicaba continuamente la libertad de acción en el ámbito político.

“Tomada la medida, por el decoro de la Santa Sede y la pacificación del clero francés, la única solución posible era su dimisión.” Un gesto romántico que ochenta años después aún siegue siendo emblemáticamente fuerte y, más allá del refinamiento y agudeza teológica del protagonista, es objeto de admiración y estima de partidarios “insospechables” como el cardenal Giacomo Biffi y el senador Francesco Cossiga, y también por el jesuita y cardenal Carlo Maria Martini, el que, precisamente en Galloro consultó documentaciones inéditas sobre la vida de su cofrade francés.

*Filippo Rizzi, nacido en 1973 en Roma, es Licenciado en Letras, periodista del periódico Avvenire en Milán desde mayo de 2001.

jueves, 19 de enero de 2012

Libertad - Igualdad - Fraternidad, y los curas progresistas


LIBERTAD
El librepensamiento
Proclamo en alta voz
¡Y muera quien no piensa
Igual que pienso yo!

IGUALDAD
¡Igualdad!, oigo gritar
Al jorobado Fontvona,
Y me pongo a cavilar;
-¿Querrá verse sin joroba
O nos querrá jorobar?

FRATERNIDAD
El hombre al hombre en este siglo ingrato
Dice: “Seamos hermanos…o te mato”

CURAS PROGRESISTAS
Un cura liberal, Breviario en mano,
Se fue al infierno andando a contramano.
Y esto es un sucedido, y no es un cuento…
No te extrañes, lector, de este portento,
Porque en esta estrambótica figura
O sobra el liberal o sobra el cura…
-¿Y el resto de los curas liberales?
-Fueron al limbo de los animales.

Publicado por el P. Leonardo Castellani en la revista De Este Tiempo, director Juan Luis Gallardo [n°11, Buenos Aires, mayo de 1966].

lunes, 16 de enero de 2012

Progreso y verdad

–Poseo la verdad como la puede conocer el hombre; es decir, en continua inquisición, investigación y progreso.
–Progresar me parece muy bien. Pero ¿cómo sabes que progresas?

miércoles, 11 de enero de 2012

Sigue creciendo en España el interés por Castellani


  • OCIO Y CULTURAEL GRUPO INTERECONOMÍA NO ES RESPONSABLE
    DE LAS OPINIONES EMITIDAS EN ESTE ESPACIO
    Galería de heterodoxia por Kiko Méndez-Monasterio




  • 11JAN 2012
  • 0

miércoles, 4 de enero de 2012

jueves, 29 de diciembre de 2011

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Para recordar en estas fiestas...

“Desconfíe grandemente
Del que nunca se emborracha
O es santo o viejo vizcacha
Pero hay pocos santos puros
Yo, Dávalos y otros churos
Tenemos la mesma macha…”

- La Muerte del Martín Fierro




Dedicado a nuestro amigo y colaborador Whiskerer, "Un caminante de las tabernas de la postmodernidad".

miércoles, 21 de diciembre de 2011

¡Feliz y Santa Navidad!

Cristo quiso nacer en la mayor pobreza, quiso hacernos ese obsequio a los pobres.

La piedad cristiana se enternece sobre ese rasgo y hace muy bien; pero ese rasgo no es lo esencial de este misterio: no es “el misterio”.

El misterio inconmensurable es que Dios “haya nacido”.

Aunque hubiese nacido en el Palatino, en local de mármoles y cuna de seda, con la guardia pretoriana rindiendo honores, y Augusto postrado ante El, el misterio era el mismo.

El Dios invisible e incorpóreo, que no cabe en el universo, tomó cuerpo y alma de hombre, y apareció entre los hombres, lleno de gracia y de verdad: ése es el misterio de la Encarnación, la suma de todos los misterios de la fe.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sobre una carta de Alberto Rougés al P. Castellani (1939)

tucumanos

APENAS AYER

Rougés y el analfabetismo


Sábado 10 de Diciembre de 2011 | Juicio sobre la tarea que condujo en 1931.

Autor

Autor
Redacción LA GACETA

En carta del 27 de agosto de 1939 a Leonardo Castellani, el gran filósofo tucumano Alberto Rougés hacía consideraciones sobre el analfabetismo. Recordaba que en 1931 presidió el Consejo Escolar Nacional del Distrito Tucumán, y enumeraba la actividad que éste cumplió.


ALBERTO ROUGÉS. El filósofo presidió el Consejo Escolar Nacional de Distrito. LA GACETA / ARCHIVO


Juan el Bautista y los fariseos

Homilías de lujo
Hoy, tercer domingo de Adviento, ¿qué dijo Castellani sobre Juan el Bautista y los fariseos?
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=19415
«El fariseísmo es la sífilis de la religión», afirmó el gran jesuita argentino, que no se andaba con tapujos.
Carmelo López-Arias / ReL

miércoles, 30 de noviembre de 2011

APOLOGETICUM: P. Leonardo Castellani: El Anticristo y el Falso Profeta

APOLOGETICUM: P. Leonardo Castellani: El Anticristo y el Falso P...: Visión Undécima Las Dos Fieras Las Visiones que se siguen se sitúan ya patentemente en los últimos tiempos; por lo cual las ll...

Los cuatro septenarios

LA HONDA DE DAVID






El gran Castellani, en su "Apokalypsis de San Juan" nos abrió el camino, y con cuánta amenidad, para entender los cuatro septenarios del último libro de la Revelación. No obstante, porque "un enano en los hombros de un gigante" ve más lejos y porque,  a diferencia de él, tenemos frente a nosotros acontecimientos que él no pudo presenciar, nos atreveremos a hacerle algunas modificaciones -explicando las circunstancias que las motivan- a alguna de sus aserciones referidas precisamente,  casi en la generalidad de los casos,  a eventos contemporáneos. [Seguir leyendo...]

martes, 29 de noviembre de 2011

"...Podría decir (digo yo) Leon Bloy"

Leon Bloy - por Leonardo Castellani


Yo vivo ya en los últimos tiempos.
Yo conozco la Gran Tribulación.
Yo he visto al Anticristo....
podría decir (digo yo) Leon Bloy.
Viernes Santo de 1953

Sobre la nueva edición española de "El Evangelio de Jesucristo"


  • CUANDO LA PALABRA DE DIOS LLEGABA POR RECITACIÓN

    ¿Se contradicen los Evangelios?

    http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/iglesia/se-contradicen-los-evangelios-20111124
    26 NOV 2011 | Carmelo López-Arias
    Las discrepancias entre los sinópticos (san Mateo, san Marcos y san Lucas) fueron durante miles de años un quebradero de cabeza hasta que las explicó un jesuita francés, Marcel Jousse, en 1925. Otro jesuita singular le sirvió de perfecto altavoz: el gran Leonardo Castellani.

  • ¿Cuándo curó Jesús a los ciegos en Jericó, antes de llegar a la ciudad, o después de abandonarla? ¿Eran uno o dos los endemoniados gerasenos? ¿Fue hombre o mujer la persona ante quien negó Pedro a Cristo por segunda vez? Estas pequeñas discrepancias de los evangelios sinópticos (san Mateo, san Marcos y san Lucas) fueron un quebradero de cabeza para los exégetas hasta que las explicó en 1925 el jesuita y psicolingüista francés Marcel Jousse.
    Sus teorías las recogió el sacerdote y escritor argentino Leonardo Castellani en la introducción de un libro que se publica ahora por primera vez en España, con prólogo de Juan Manuel de Prada: El Evangelio de Jesucristo (Cristiandad).
    Reúne sus homilías para cada domingo del año litúrgico: punzantes, poco convencionales... Doctrina y piedad envueltas en ese estilo hosco-irónico tan peculiar suyo, popular y erudito a la vez, profundo en ideas y genial siempre en la expresión.
    Los cuentos de la abuela
    ¿Y qué sostenía el padre Jousse? Que los Evangelios no son libros escritos, sino transcritos, a partir de un recitado que obedecía a las leyes propias de una época ágrafa y de una cultura oriental no grecolatina.
    Los recitadores populares (meturgemanes) recogían sus enseñanzas en esquemas rítmicos fácilmente memorizables basados en clichés, frases hechas y palabras mnemotécnicas. Estos recursos buscaban desatar un automatismo mental en la recitación que garantizase la fidelidad de la transmisión durante generaciones.
    Como su abuela doña Magdalena, dice Castellani, que les contaba cuentos infantiles siempre igual, tal y como los había aprendido. De tal forma que si la historia tenía tres partes..., ¡era incapaz de empezar por la segunda!
    Los apóstoles, como Mateo, recitaban en arameo. Otros meturgemanes, como Marcos o Lucas, lo calcaban oralmente en griego encajándolo en sus personales clichés, recurriendo a sinónimos e interpretando en un sentido u otro palabras que, por una degradación fonética que Jousse detalló en sus estudios, tenían un sonido idéntico.
    Jousse logró explicar buena parte de las divergencias evangélicas remontándose desde los textos griegos a los posibles relatos arameos. Las discrepancias siempre tenían una explicación en las diferentes formas de expresión oral original de cada meturgemán.
    El Mesías depositó el contenido del Evangelio en una muchedumbre de “imprentas vivientes”, dice Castellani. Bella metáfora para indicar que la transmisión no habría sido más fiable si lo hubiese escrito a máquina y repartido después ladera abajo.

martes, 22 de noviembre de 2011

Fotografía

El lector Luciano G. nos regala la siguiente fotografía color del P. Castellani. 

Según lo que nos cuenta, las copias se hicieron a partir de un negativo que perteneció al propio sacerdote y que encontraron en su departamento de la calle Caseros luego de su muerte. 

Hay varias versiones de la misma dando vueltas, pero esta copia es muy nítida. 

Posiblemente sea una de las últimas imágenes de Castellani con vida. Y de las poquísimas fotografías a color de que disponemos, es la de mejor calidad.

Clic para ampliar





jueves, 17 de noviembre de 2011

Castellani sobre aristocracia y tradición


Gracias al lector y amigo Pablo J. podemos contar con el siguiente texto inédito en la web:




Castellani - Prólogo a "Reflexiones sobre y desde la Pampa" de J. V. Schoo

Audios del P. Castellani



En YouTube, el usuario "Malpibe" ha subido gran cantidad de archivos de audio con homilías, discursos y charlas de Castellani. Aquí.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Leonardo Castellani: El Apokalypsis de San Juan (Edición española)

    10
  • NOV 2011
  • 4

  • Lecturas XXVIII: El Apocalipsis al alcance de muchos
    Un libro magnífico de Leonardo Castellani
    Leonardo Castellani: El Apokalypsis de San Juan. Prólogo de Juan Manuel de Prada. Homo Legens, Madrid, 2010, 405 pgs.
    Cabía esperarlo. Porque el autor es inteligente, brillante, rompedor y hasta tocanarices. Juan Manuel de Prada se ha empeñado en dar a conocer a Castellani a los españoles y lo está logrando con algunos. Que sin duda se lo agradecerán.  Primero con una colección de artículos del sacerdote argentino, que ya comenté en el Blog con todo elogio, y ahora con la obra más comprometida de Castellani. A ambos libros dedicó dos inteligentes prólogos. De más difícil acceso es otro libro imprescindible para conocer a Castellani, la biografía que en Argentina publicó Sebastián Randle. Aunque tiene un gran defecto pese a su gran número de páginas., Concluye con la salida de Castellani de la Compañía de Jesús. Con lo que queda buena parte de la vida del ya exjesuita por conocer. Y fue tan apasionante, o más, que la de los años biografiados..
    El Apocalipsis es un libro que calificarlo de difícil es quedarse muy corto. Yo sólo tuve dos encuentros con él. El primero cuando debía tener quince o dieciséis años y un jesuita de mi colegio me instó a leer el Nuevo Testamento.  Los Evangelios, que sustancialmente ya conocía, los leí sin el menor problema. Y los Hechos, de los que sabía menos. Las Epístolas fueron una revelación y desde entonces quedé cautivado por San Pablo. Y llegué al Apocalipsis. Que fui incapaz de terminar. En realidad, de casi comenzar. No entendí nada. Y decidí no perder más el tiempo en tal lectura. No debí comentarlo con el padre que me recomendó  el Nuevo Testamento porque no tengo recuerdo de ninguna observación suya al respecto.
    Y en mi abandono del Apocalipsis pasaron más de 50 años. Sin que se me ocurriera volver a intentar leerlo. Ahora acabo de hacerlo con Castellani, según Castellani, y me ha parecido un libro deslumbrante. Una profecía de fe y de esperanza en la segunda venida de Cristo en gloria y majestad. No es un libro de temores, como tantos han dicho, sino de esperanza cristiana y de propósito de llegar a ese día llevando el nombre del Cordero sobre la frente, escritos en el libro de la vida del Cordero. Serán tiempos durísimos pero los que permanezcan fieles tienen la Palabra de Dios.
    “Y dijo el sentado en el Trono
    (Sigo la versión de Castellani, la de Nácar-Colunga, en su 6ª edición, que es la que manejo, la hallará quien quiera en la pg. 1535, y la de Alonso Schökel en la 447 del NT)
    “Yo lo hago nuevo todo”- Y díjome: “Escribe Pues estas palabras fieles son y VERACES”- Y díjome: “Ya está- Yo soy la A y la Z, El Principio y el Fin- Al sediento yo le daré de la fuente Del agua de la Vida Regalada gratis- El que venza poseerá todo esto Y yo le seré Dios Y él será hijo mío- Mas los cobardes y los incrédulos Y los asquerosos, los asesinos, los fornicarios Y los hechiceros y los idólatras Y todos los que mienten- La herencia dellos En el lago ardiendo En fuego y azufre, Lo cual es la Muerte Segunda””.
    No voy a decir que después de Castellani todo el Apocalipsis queda meridiano porque él mismo dice que hay pasajes que no sabe cómo interpretar. Y tampoco sostengo que la versión del sacerdote argentino es la canónica. Que tampoco la hay. Las profecías no son meridianas hasta que se cumplen y éste es un libro profético. Muchos autores han dado su interpretación del texto joanneo. Castellani recoge unas, rechaza otras, da la suya… Y la que da es brillante, apasionante, católica. Confirma en la fe y en la esperanza. Llegará un día en el que el Apocalipsis será un libro inútil porque ya se habrá cumplido y los hombres estarán gozando de Dios o en el fuego y en el azufre. Cuando ya no habrá profecías. Se habrán cumplido.
    Estamos ante un libro de absorbente lectura, ante una llave que abre el Apocalipsis, o lo abre de algún modo. Y en mi opinión desde la más absoluta ortodoxia. Aunque la fe no imponga seguir la interpretación de Castellani en todos sus puntos. ¿Hay reliquias de milenarismo en su versión? Ciertamente. Pero entiendo que en un sentido totalmente católico.
    Me ha parecido un texto apasionante que recomiendo vivamente a todos mis lectores que tengan un mínimo de formación religiosa y cultural. El que no llegue a esos mínimos, que se abstenga. Y también del Apocalipsis. Porque no entenderá nada.
    La cigüeña de la torre por De la Cigoña

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Jornada sobre el padre Leonardo Castellani (Rosario)


(AICA, Bs. As., 8 de noviembre de 2011)     El sábado 19 de noviembre, de 15.30 a 19.30, se realizará la jornada: “La Iglesia fue su vida, la Patria fue su herida”, sobre el padre Leonardo Castellani. Este acontecimiento, organizado por el Instituto José Manuel Estrada, tendrá lugar en la parroquia Santa Rosa de Lima (Mendoza 1381, Rosario). 

martes, 1 de noviembre de 2011

Castellani a 30 años de su muerte (Rafael Breide Obeid en televisión)



El rector de la Universidad Católica de La Plata, doctor Rafael Breide Obeid, habla en este reportaje sobre el "Padre Leonardo Castellani" (1899-1981), a 30 años de su muerte (Programa "Claves para un Mundo Mejor", sábado 15 de Octubre del 2011).