Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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lunes, 25 de noviembre de 2019

10 enseñanzas que nos dejó Castellani

Los otros días llamábamos la atención sobre una conferencia dictada por el Dr. Sebastián Randle en Maschwitz (aquí). Ahora, gracias a la generosidad del autor, contamos con el texto de la misma. Espereamos que aprovechen de la misma como lo hemos hecho nosotros.

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10 enseñanzas que nos dejó Castellani
Por supuesto que Castellani nos dejó muchísimas enseñanzas más allá de las 10 que caprichosamente elegí para exponer acá (entre otras, sobre las que me podría haber explayado también, notemos sus lecciones acerca de la superioridad de la narrativa sobre la ensayística, cómo la inteligencia es uno de los principales dones de Dios al hombre, hasta qué punto es importante la literatura anglosajona —y no sólo la católica—, sus provocadoras notas sobre las taras de la contrarreforma o sobre el celibato sacerdotal, por qué la obediencia no es la última ratio en materia moral y cómo a veces es obligatorio desobedecer, que el comunismo no es el peor de los males, y muchas muchísimas cosas más sobre psicología, sobre literatura, sobre política, sobre historia argentina, que no acabaría nunca si quisiera enumerarlas todas).
Vamos pues a las 10 que arbitrariamente elegí para ustedes.
1)  La primera es que desde que reina la modernidad en el mundo, los enemigos principales de la Iglesia, son los cristianos de letrerito, los clérigos ventajeros, los obispos brutos, los cardenales venales y si me apuran, más de un Papa. Por eso, él urge que se empiece la batalla contra la modernidad “limpiando la Iglesia”, no tanto misionar, hacer apologética, sino hacer que los cristianos se vuelvan más cristianos. Así, por ejemplo, en “El ruiseñor fusilado”:

Lo que llaman la “apostasía de las masas” (que no es de las masas solamente) no se cura con “propaganda fide”. Es un fenómeno profundo, canceroso.
A los que me preguntan a mí qué remedio hay, no les digo el remedio; a los que me preguntan la causa, no les digo la causa.
Solamente digo: ¿Podría haber apostasía del mundo, si no hubiese porquería en la Iglesia? Si la Iglesia fuera hermosa, atraería necesariamente y no repelería. Y sería hermosa si estuviese limpia. Esto no tiene vuelta de hoja.

Claro, él libró esa batalla durante toda su vida—y ligó palos que no te digo nada, comenzando con su inicua expulsión de la Compañía de Jesús y terminando por un ninguneo sistemático de su prédica, de su obra, de sus clases, de su inteligencia toda. Y entonces, a veces le da por formular todo esto en primera persona:

Les voy a decir una cosa que más valiera callarla—que son las que hay que decir. Todos los golpes mortíferos (o "letales", como dice Avelino Herrero Mayor) los he recibido dentro de casa. Ningún judío me hizo nunca ningún mal, ningún liberal me hizo nunca ningún mal, ningún masón me hizo ningún mal, ningún mormón, ningún radical del pueblo, ningún perduelis, ningún espiritista, ningún psicanalista, ningún vendepatria, ningún estafador, ningún politiquero, ningún cipayo, ningún nazi, ningún malvinero, ningún escruchante, ninguna señora gorda, ningún “hippie”, ningún loco, ningún poeta modernista, ningún loquitor de Radio, ningún mahometano, ningún comerciante, ningún economista me han hecho nunca ningún mal. Si alguno ha tirado a matarme, como si dijéramos, ha sido un hermano no-separado; uno de los de “la estirpe electa, la gente santa, el sacerdocio reyal”, que dice San Pedro. El portero del cielo está viejo y un poco fuera de la buena información, quizás.

2)  La segunda enseñanza es que la “abominación y gran despelote” dentro de la Iglesia, ciertamente no empezó con el Concilio Vaticano II ni a partir de las reformas litúrgicas de Pablo VI. Él identificó como principal problema de la Iglesia, mucho antes que el progresismo y, a osadas, antes del modernismo, al fariseísmo—un producto natural de lo que él dio en llamar la “exteriorización” de la religión católica.

El mayor mal que corroe y amenaza a la religión católica hoy día es la “exterioridad”—el mismo mal al que sucumbió la Sinagoga.
El punto de disensión entre el Catolicismo y el Protestantismo en su nacimiento fue la “exterioridad”. Los protestantes protestaron contra una Iglesia que se volvía imperialismo, contra una fe que se volvía ceremonias y obras de filantropía, contra una religión que se volvía exterioridad: y apelaron a la religión interior… El remedio contra eso no era la rebelión y la desobediencia, por cierto; y así el Protestantismo no remedió el mal sino que lo agravó.
Y un poco más adelante:

Dondequiera hay un exceso de “reglamentismo”, una proliferación de mandatos, reglas, costumbres, glosas, formalidades y trámites, no solamente hay peligro de olvidar el espíritu y el fin de la ley, sino señal clara de que ese espíritu ha claudicado.
3)  La tercera enseñanza de Castellani fue enseñarnos a identificar al fariseísmo en todas sus modalidades, en todos los tiempos—y en el nuestro advertir que este paradigma fariseos-cristianos de verdad es infinitamente más importante que el de progresistas versus tradicionalistas (que en todas partes se cuecen habas).

Es un problema de “vitalidad”. Es el problema que Agustín Cochon llamó de “socialización de una sociedad”: de absorción de lo personal por lo social, de lo característico por lo colectivo, de lo vivo por lo automático, del gesto por la máquina y la savia por la corteza.  
Él, por su parte, combatió a los fariseos de su tiempo con todas sus fuerzas y con toda su inteligencia y llegó a conocerlos a la perfección:

Todo fariseo es fanático pero no todo fanático es fariseo. ¿Qué es el fanatismo? El fanatismo consiste en poner arriba de todo a los valores religiosos -lo cual está bien- y después suprimir o despreciar todos los otros valores, lo cual está mal. Los valores religiosos son ciertamente los más altos de todos, son la cúspide de la pirámide de los valores, pero la pirámide no es pura cúspide; la cúspide tiene que estar sustentada por la falda. Si Ud. se sube a la cúspide y después retira la falda, se cae Ud. y la cúspide; y ésta deja de ser cúspide. El fanático es muy religioso o cree serlo; pero da en despreciar todo el resto, la ciencia, el arte, la nobleza e incluso las virtudes naturales, el talento, el genio, el espíritu de empresa. Su religión se desboca, como si dijéramos. Hay religiosos que son buenos religiosos (o lo creen) y desprecian a medio mundo; desprecian por ejemplo, a las otra Órdenes religiosas o a los casados, desprecian el Matrimonio. Son fanáticos.
Alguna vez los retrató con saña, a estos malditos fanáticos:

Cautelosos como gatos, fríos como culebras, reservados como crustáceos, incapaces de efusión cordial y de verdadera amistad, acomodaticios, hinchados de una ciencia egoísta, duros, incomprensivos, preocupados de su salud y de sus ventajas, calculadores, insensibles, poco humanos, gazmoños, enemigos de la grandeza, amargos, antipáticos, temerosos del hombre y de lo humano, racionalistas, ingenerosos, replegados sobre sí mismos, infecundos, desmadrados, estériles, gélidos, autómatas, censuradores del prójimo, entristecidos, retrancados, negativistas, prudentes al exceso, susceptibles, reptores, maestros helados que muestran al mundo una imagen repelente del Divino Maestro.
¿Y quién no ha conocido clérigos, por no decir monjas también, así? Ahora, él nunca se llamó a engaño: sabía que ese combate contra los fariseos lo haría seguir la suerte de Cristo, porque es un combate a muerte... ¿con quién? Pues, en primer lugar con los magnates eclesiásticos.

Un obispo estaba almorzando en el Jockey y predicando que el Cristianismo era la sumisión a las autoridades constituídas; y un chico que estaba al frente le preguntó: «¿Qué es eso que tiene Su Excelencia colgado al pecho?» Tenía un crucifijo de oro. «Es el fundador de nuestra Religión» «¿Y quién lo clavó en la cruz?» «Las autoridades constituídas».
En esto, nadie más cristiano que Castellani, y por eso también, entiende tan bien a Cristo:

[Jesucristo] vino a luchar contra todos los vicios, maldades y pecados; pero él personalmente luchó contra el fariseísmo. Lo tomó por su cuenta. Ver los santos evangelios.
Empezó a quebrantar el farisaico Sábado, a olvidarse de las cuartas o quintas abluciones, a tratar con los publicanos, perdonar a las prostitutas arrepentidas; a curar en día de fiesta, a decir que escuchasen a los maestros legales pero no los imitasen, a distinguir entre preceptos de Dios y preceptos de hombres de Dios, a poner la misericordia y la justicia por encima de las ceremonias, aun de las ceremonias de culto, y no del culto samaritano, sino del verdadero; empezó a describir en parábolas más hermosas que la aurora el hondo corazón vivo de la religiosidad, del reino de Dios que está dentro de nosotros, y es espíritu, verdad y vida. Lo contradijeron, por supuesto; lo denigraron, calumniaron, acusaron, tergiversaron, persiguieron, espiaron, reprendieron. Y entonces el sereno recitador y magnífico poeta se irguió, y vieron que era todo un hombre. Recusó las acusaciones, respondió a los reproches, confundió a los sofisticantes con cinglantes réplicas. Y haciéndose la polémica más viva cada vez, con unos enemigos que contra él lo podían todo, se agigantó el joven Rabbí magníficamente hasta el cuerpo-a-cuerpo, la imprecación y la fusta.
4)  Claro, la otra enseñanza que nos dejó Castellani es que nunca hemos de dejar de centrarnos en el hecho de que Cristo fue asesinado, cosa que hoy en día se escamotea tan a menudo.

Todas las biografías de Cristo que recuerdo (Luis Veuillot, Grandmaison, Ricciotti, Lebreton, Papini) construyen su vida sobre otra fórmula: Fue el Hijo de Dios, predicó el Reino de Dios, y confirmó su prédica con milagros y profecías. Sí, pero ¿y su muerte? Esta fórmula amputa su muerte, que fue el acto más importante de su vida.

Y claro, está muy bien contemplar la Cruz con devociones sensibles, gratitud (“a gran precio habéis sido salvados”) y amor. Pero una cosa es una cosa y otra, otra, como lo explica Santo Tomás:

Si el origen de un gozo es bueno, hay que alegrarse del efecto y de la causa... Mas si la causa es mala, hay que alegrarse del efecto, no de la causa... así como nos alegramos de la redención de Cristo, no obstante que su causa fue el deicidio de Judas y de los Judíos.

Y por no hacer esta clase de distinciones, ahora les da a los teólogos, a los cardenales y a los Papas por decir que a Cristo no lo mataron los judíos…

Estos días me leyeron un párrafo del Cardenal Bea acerca de los que mataron a Cristo; dice que no el pueblo judío, sino algunos funcionarios judíos mataron a Cristo; pero esos mismos no pueden llamarse “deicidas” porque no sabían que Cristo era Dios. Con todo respeto, podemos advertir que no sabían lo que era Cristo, pero debían saber; otra cosa sería hacer agravio a Cristo; o sea, pensar que todo un Dios se hizo hombre con el fin de revelarse a los hombres; y no fue capaz de probar que era Dios, ni siquiera a los que lo rodeaban y eran los jefes religiosos de la religión verdadera.
No: lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia es que los fariseos, y sus secuaces—una parte del pueblo judío—asesinaron al Mesías; y si ignoraron que lo era, esa fue “ignorancia culpable” y por tanto, el delito es imputable. “No saben lo que están haciendo”—dijo Cristo en la cruz. Sí, pero antes dijo: “Padre perdónalos”; y si se pide un perdón, hay un delito; y por cierto un delito enorme.
El Cardenal se queda con el “No saben lo que hacen”; y se deja el “Perdónalos” porque para él no hay nada que perdonar. Los judíos todavía no lo han crucificado.
Je.

5)  La quinta enseñanza que nos dejó Castellani, fue la de estar en todo tiempo atentos a la Parusía, que siempre estuviésemos expectantes ante la Segunda Venida de Cristo. Porque además, eso es lo que nos distingue de los herejes, esa es la nota distintiva de la vera ortodoxia. Una vez lo puso en verso y no le salió del todo mal…

Ojo al Cristo que es de cobre
Le conozco la receta
Hoy día al falso profeta
Que el mundo loa y acata—
Para hacerlo hablar en plata
Les enseñaré una treta.

Al que venga con grandezas
Terrenales discursiando
Y los venga emborrachando
Con un silbo de serpiente
Pegúntelén solamente
Si volverá Cristo—y cuándo.

Les dirán que Cristo es Dios
Y el Credo y la Letanía—
Hay un punto todavía
Que a un hereje lo resuelve—
Pregunten si Cristo vuelve—

“¡Qué va a volver! ¡Volvería!”
Y eso de su Segunda Venida, precedida claro está, por el fin del mundo, idea que, desde luego, especialmente aborrecen los progres.
Yo no he venido para predicar la proximidad del fin del mundo como hizo San Vicente Ferrer en el s. XIV, y se equivocó. Vengo solamente a traer a los males actuales la consolación del Hno. Bartfield, el cual en El Salvador pidió permiso para ir a la enfermería a visitar a un enfermo y le dijeron,
-Sí, pero no lo aflija más, dígale palabras de consuelo.
-Osté deja eso por cuenta mía- dijo el alemán.
Y en efecto, al llegar al moribundo le dijo:
-No hay que desafligirse ni tomar poca pena porque todo lo que está pasando no pasará, y cosas peores vendrán.
Telón. 
6)  La sexta enseñanza de Castellani consiste en que en todo tiempo y lugar, siempre hay que amar a la Patria, por enferma que esté, por mucho que parece que desaparece. Ahora, el amor a la Patria en Castellani, es un amor específico, no el típico del nacionalista chauvinista. Al contrario, uno diría, como cuando hizo una suerte de balance en oportunidad de aquel homenaje que le hicieron en el Champagnat, a sus 70 años:
Ustedes tendrán sus propias experiencias, pero mi propia experiencia es que la Patria me ha puesto al margen de sus movimientos, me ha hecho ciudadano de segundo orden, me ha cargado como escritor con la conspiración del silencio, me ha exonerado de mi trabajo cinco veces, y en algunos lapsos no me ha dejado ejercitar ninguno de los tres oficios que sé, o sea: sacerdote, profesor y escritor. Son oficios que estudié bien; y ha habido trancos en mi vida en que no podía ejercitar ninguno. Podría haberme agregado a la «emigración de los técnicos»; pero no lo hice. Me quedé aquí. Incluso lo juré.
Y hay más:
 Siempre se puede amar a la patria, por fea, sucia y enferma que ande; y así amó Cristo a su nación, que era "una cosa de Dios" literalmente, y por por propia culpa estaba por dejar de serlo; de modo que su amor era compasión; y así la obra de ese amor fue conminación y consejo, antes que fuera demasiado tarde: no le dijo requiebros sino amenazas, desde el borde abrupto que domina por el Norte la ciudad de Jerusalén. Y lloró sobre ella.
Y en otro lugar:
¿Cómo va a ser la Patria esta inmensa laguna en que andamos braceando con desesperación, nadando contra corriente y empantanándonos sin poder ir ni atrás ni adelante; esa casona derruída donde respiramos aire gastado, comemos pan duro, estamos inundados de mentiras y pamplinas, leemos o vemos cada día cosas que nos dan en rostro, ¡estamos vejados por el cretinismo ambiente y creciente, soportamos vergüenzas nacionales!
Pero luego, termina aclarándole a sus amigos que lo homenajean, pese a todo:
La Patria son ustedes. ¿Entonces la Patria real es muy chica? No lo sé, puede que sí, puede que no. Pero la Patria son ustedes.
Es que, siguiendo a Simone Weil, Castellani sabía cómo había que amar a la Patria y hay una única manera posible… y es al modo cristiano.
En el Evangelio no hay rastro alguno de que Cristo sintiera por Jerusalén y Judea otro amor que el que nace de la compasión. Nunca mostró por su país otro tipo de afecto. Sin embargo mostró compasión más de una vez. Al prever la destrucción que pronto se abatiría sobre su ciudad, lloró por ella. O le habló como a una persona: “Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise...”
7)  La séptima enseñanza que nos dejó Castellani fue su loco amor a la verdad. Digo “loco” porque es un amor apasionado, sin reservas, sin la posibilidad de negociaciones espúreas, sin límites. Y eso procede, me parece, de haberse enganchado con una gran verdad tradicional que el catolicismo moderno ha olvidado por completo.
San Agustín decía que el peor mal del hombre es el error. ¿No es el pecado el peor mal de la tierra para el cristiano? San Agustín decía esta cosa enorme, que es el error. Pero Cristo también lo dijo en cierto modo: porque Él no dijo “Yo soy la moral”—dijo: “Yo soy la Verdad.”
Y un poco más adelante:
El error es el peor mal del hombre: “Todo pecado es un error”, enseñó Sócrates; lo cual es exacto en cierto sentido, en el sentido que todo delito depende de algún modo y últimamente de un error. Así pudo decir San Agustín que error es el mayor mal del hombre; porque de todo error brotan numerosos pecados. Pongamos un ejemplo de la gravedad de este mal: la gente ordinariamente no lo ve: ve el mal del pecado; no ve el mal del error.
Ahora, cuando uno alcanza a ver una verdad (y, como decía Newman, “la verdad se esconde de quien no la busca”) tiene la obligación de aferrarse a ella como a una tabla de salvación y no hacer caso, nunca de quienes no te quieren dar la razón (que es lo que suele suceder, en estos descastados tiempos). Pero en esto, Castellani, era inflexible y supo decírselo a un cardenal, a un “magnate eclesiástico” como los llamaba él.
Todo el mundo sabe que tengo razón, incluso Vuestra Eminencia. Y todo el mundo sabe que nadie me la va a dar, incluso yo. 
8)  Castellani nos dejó una enseñanza muy de notar al explicarnos el paradigma de “lo paródico” esa sutil falsificación de todas las mejores cosas y que caracteriza tan perfectamente a la mediocridad argentina.
Lo Paródico es la imitación de lo Serio; cuanto más parecido a lo Serio sin serlo, es más eficaz en el arte de la comedia. No es lo mismo que lo Cómico, no es lo mismo que lo Falso, aunque participa de esas dos categorías.
Y en efecto, la Argentina parece ser un país en donde domina esta falsificación de todo, incluso de las cosas más encumbradas.
La vida religiosa no es para todos. Y así como uno se puede equivocar no entrando en religión como Dios lo llamaba, que es lo más frecuente, así también se puede equivocar al revés…
El dejar los bienes exteriores por alcanzar los interiores, o como reza la fórmula consagrada "los bienes terrenos por los divinos" y "todas las cosas por Dios", es aprobado por la Iglesia y es la más grande sapiencia: allí se verifica la parábola del tesoro escondido y de la perla sin precio. Pero el dejar las cosas nobles y bellas de la creación por nada, eso no es negocio: es fakirismo o estupidez. En ese sentido algunos conventos actuales le dan la razón, por lo menos en parte, a Nietzsche. En ellos, la pobreza desemboca en envilecimiento o suciedad, la obediencia en servilismo, la castidad en misoginia y dureza de corazón, la oración en aburrimiento, la abnegación en mutilación; y el "abandono de todas las cosas" hecho no en la caridad ni dentro de la contemplación, convierte a los hombres en bueyes, o en carneros o en plantas.
Y, claro, es muy difícil pegarle a lo paródico sin lastimar lo parodiado…
De ahí que lo paródico no se puede atacar directamente sin peligro de lastimar lo que está detrás de esa corteza o ese tejido adiposo. Hay que usar las emanaciones radiactivas del humorismo.
Cosa, a veces, muy difícil de hacer (y porque, más que nada, no todos tienen ese sentido del humor inteligentísimo del P. Castellani—pero de él nos podemos aprovechar, no vayan a creer.  Por eso, recomiendo que lean y relean su famoso artículo sobre “Lo Paródico” (que hallarán reproducido en las dos ediciones de "Seis ensayos y tres cartas": la primera, en el primer tomo de la Biblioteca del Pensamiento Nacionalista Argentino (Buenos Aires, 1973, Dictio, pp. 316-321); la segunda como libro independiente (Buenos Aires, 1978, Dictio, pp. 83-88). Aunque, claro, los casos de parodia que él menciona se han vuelto más… paródicos que nunca. Fíjense si quieren; el habla de
La parodia de la cultura, triunfante por ejemplo en el "suplemento" de "La Nación"…
Sí, bueno, ahora fue reemplazado por ADN que es infinitamente más pobre… Después habla de otra parodia, peor todavía:
La parodia de la filosofía en hombres de algún talento que cayeron en la tentación de la rana que quiso hacerse buey, y estallaron…
Seguramente está pensando en Quiles, Pita o quizás incluso en Mandrioni. Pero después aparecieron tipos infinitamente peores, Ari Paluch, Bucay y Stamateas. Luego habla de otra más…
La parodia de la política que es una especie de borrachera y un verdadero alcoholismo en el país…
Sí bueno, pero qué no daríamos por tener de presidente a un tipo como Frondizi...
…y no quiero hablar de lo paródico en religión.
No, padre, nosotros tampoco—aunque hay que decir que, unos meses después de escribir este artículo, en su Diario hace un inventario de los componentes del catolicismo argentino de aquellos años que dan ganas de llorar:
El partido democristiano, Monseñor de Andrea, el "apóstol", los "nuevos" obispados, los versos devotos, la "filosofía" de Mons. Franceschi, los sermones del P. Filippo, los libros de los salesianos, la predicación sin el Evangelio o con el Evangelio mutilado, el diario "El Pueblo" y la revista "Criterio", devoción al Papa fingida y basada sobre mentiras ("es un sabio, es un santo, es un gran hombre", etc., rifas y colectas, colectas y rifas, multiplicar colegios "religiosos" sin elevar en ellos la religión, los "pastores" despreciadores y aun perseguidores del doctor y del profeta, etcétera. 
Pero en su artículo, Castellani continúa, inflexible.
El "figurón", parodia del hombre prócer; el "pedagogo" parodia del maestro; el cura relumbroso y meterete, parodia del sacerdote docto.
El pretoriano (o sea "el gorila") parodia del honor militar; el demagogo, parodia del tribuno; el sabihondo, parodia del modesto estudioso; el politiquero, parodia del estadista; el macaneador, parodia del orador; el chiripitifláutico, parodia del poeta; el compadrito, parodia del coraje; el guarango, parodia del hombre libre… con la parodia de la "Constitución", la parodia del gobierno y la parodia de la revolución. ¿Y detrás? Y detrás la falta de moral pública y una manga de "vivos" y de mentirosos… y los bienes del país recogidos sigilosamente por el extranjero, por el que es "extranjero" en todas parte, el supercapitalismo internacional. Castigo de Dios a los pueblos que no aman bastante la verdad.
Todo eso se cifra en la frase que pronunció Clemenceau al visitar la Argentina, y que a medio siglo de distancia vibra todavía en la mente de muchos con más actualidad que nunca: "El drama de los argentinos es que tienen que tener Institutos Pasteur… y no tienen Pasteur." La solución que daba Sarmiento era que había que tomar un mal Pasteur, y ayudarlo a volverse Pasteur. "Hay que hacer las cosas aunque sea mal—decía el sanjuanino—después habrá tiempo para enderezarlas." Pero la fórmula degeneró por el camino de la mayor facilidad: ahora simplemente se inventa un Pasteur. Se inventa un Pasteur espantapájaros, y después se lo aplasta para que no estorbe a los Pasteur pichones.
Sí, claro, un país pasteurizado…
Por no hablar de sus universidades. Por entonces rugía el debate de la educación "laica o libre"
La Universidad Libre… es necesaria. Pero si se fabrica una "universidad católica" por el camino que ahora parece se ha tomado (y que opinamos nosotros de todos modos no va a resultar) la Iglesia se manchará en la Argentina con una Universidad paródica.
Ciertamente que sí, pero no sólo la UCA…
El tal camino falso consiste simplemente en hacer una gran fachada con adentro hombres que no son profesores universitarios, es decir, sabios (puesto que ser "católico", es decir, amigo del Obispo, lo suple todo) y encomendar su dirección a un hombre que no sólo no tiene adentro una Universidad, pero ni siquiera un universitario. Nadie da lo que no tiene.
Claro, después nos atacan por pesimistas, por no querer a nadies, por enfatizar siempre lo que está mal…
Dicen que uno "destruye"… ¡que Dios los escuche! Y no caen en la cuenta de que lo destruible y destruendo es una cosa roñosa; y que uno trata de destruirla desde lo que está detrás de ella, que es "lo Auténtico"—Auténtico modesto quizá, "como cuadra a nuestra tierra", pero al fin Auténtico.
9)  Otra enseñanza muy importante que nos dejó el cura, es que teníamos que aprender a pensar y hablar honestamente. Y nunca decir algo si antes uno no ha pasado por ahí, como esos que hablan de “confiar en la providencia” o de “aprovecharse de sus sufrimientos” a pobres cristianos que están en la mala, padeciendo un cáncer de huesos, por ejemplo, librando gratis cheques de este tipo. Esa “honestidad” tan particular en él, fue desarrollada durante largos años de una especie de ascesis, pensar y hablar francamente, y si no, callarse. Como él mismo dijo muchas veces,
No creía en nada que no hubiese pasado por él.
Y esa idea, junto con la de la “subjetividad” en Kierkegaard, va a dar frutos muy particulares. Nosotros podríamos aprender algo de eso, eso que San Pablo llama “parrehesía”. Como la que él despliega en carta al Nuncio, carta escrita más o menos cuando yo nacía, esto es, hace 65 años…
No pedimos a los Obispos que sean todo varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones. No pedimos a los Curiales que tengan la santidad; les pedimos solamente que perciban y no persigan la santidad. No pedimos a los sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio.
Con usted, sin usted, o contra usted, nosotros trataremos de salvar a la Argentina; y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es lo que en definitiva importa.
Disculpe que use mi lengua franca, que es la lengua de la región en que nacía… ahora que soy viejo vuelvo a la lengua de mi niñez.
Como ven ustedes, en esa honestidad que digo, se conjugaba una cierta franqueza, con un coraje notable, más una cierta candidez de niño. Eso nos enseñó él: a pensar, a hablar y a actuar honestamente. Y no sólo eso, a rezar honestamente, también. Como lo cuenta en su “Evangelio de Jesucristo”.
Recuerdo que una vez, hace mucho, me preguntó el entonces (y siempre) jesuita P. Benítez: "¿Vos creés que esa promesa de Cristo del ciento por uno se cumple en esta vida?". -Yo sí, le dije. -Yo no creo, me dijo—Se cumplirá si acaso en la otra vida.
La verdad es que esa promesa en mí no se ha cumplido hasta ahora; y le queda poco tiempo y ninguna probabilidad.
Esa es mi experiencia interna contra la cual no vale ningún razonamiento ni esfuerzo alguno de la "voluntad de creer". El "camino espiritual" emprendido con tanto entusiasmo hace 40 años ha terminado en el desierto, en el vacío, en la nada. La Santa Iglesia no me ha salvado, el sacerdocio me ha arruinado y ha sido para mí una trampa mortífera. El famoso celibato o castidad ha sido causa de una enfermedad crónica del hígado que es una tortura continuada de cuerpo y alma. El "camino de las virtudes" me ha llevado al resentimiento y al tedio, a la tristeza y la irritación continuas, a la imposibilidad de vivir y de morir. Mi oración no ha sido oída, y mi buena voluntad burlada continuamente. Todas las ilusiones han muerto.
¿El ciento por uno? El cero por uno.
 Digan si no hay honestidad en eso. O como cuando le escribe a un comunista:
Yo elegí el ideal cristiano. Hoy día comporta riesgos de muerte. Siempre los comportó.
"Y decidí ponerme de parte de los astros", es decir, de los Santos. Pobres santos de hoy, que ya no son astros; son estrellas perdidas en medio de la tempestad de las tinieblas, que vertió la Quinta Fiala; que van como pueden, dando mugidos y topetazos de toros ciegos, aletazos al sesgo de águilas en la tormenta.
Los santos antiguos, fueron lucientes y luminosos; algunas veces milagrosamente fuertes: Bernardo de Claraval, que escribe como un igual a todos los señores feudales de Europa, y los levanta en mesnadas que arroja contra el Turco; Ignacio de Loyola, que organiza batallones espirituales para luchar contra la Reforma; Teresa de Jesús, que recorre España fundando "palomarcitos de la Virgen", refugios de la penitencia y la contemplación, cenáculos de gozo doliente de la fe; Isidro Labrador, a quien un ángel le ara el campo cuando concurre a las manifestaciones peronistas; Vicente Ferrer, que hace temblar a los pecadores y corrige a media Europa con el anuncio del próximo Fin del Mundo, que después no se verificó; Francisco de Paula, que hace tiritar a Luis Onceno; Juana de Arco, que manda batallones, gana batallas y desafía llorando a la hoguera; Domingo de Guzmán, que inventó la que debajo de él solamente fue Santa Inquisición; el pobrecito de Asís, poeta llagado; Luis Gonzaga, tronchado lirio de caridad; Antonio de Padua, dotador de doncellas y milagrero jefe... La lista sería interminable.
Esos santos de antes ya no hacen fe en el mundo. Es que ya no hay más tampoco, visiblemente al menos. Son historias, son imágenes de yeso, y son biografías untuosas en latín. O son vistas en el cine, entre una "de cow-boys" y otra "de amores".
Delante de ellos, yo me quedo boquiabierto, pero no puedo hablar; no puedo hablar con ellos como con hermanos. Pasan sobre mí envueltos en sus armaduras, hopalandas o aureolas.
Si estoy triste no me consuelan, porque ellos no fueron tristes. Si estoy alegre no se congratulan, porque mi alegría de perro cansado no es el éxtasis de ellos. Ellos eran vigiles y madrugadores, y yo lo que quiero es dormir. Mis dificultades, ellos no las tuvieron ni las entienden. ¿Qué le diría yo si lo viera a mi padre San Ignacio de Loyola? Me callaría como un muerto. Lo mismo que delante de su sucesor Juan Bautista Jannssens. A Santa Teresa cuando una monja le iba con tentaciones sexuales, se le fruncía el entrecejo y decía: "Vaya a la madre Tal y Cual, porque yo de esas cosas nada entiendo". Así todos esos santos fuertes, no entenderían nada de mis impotencias; todos esos luminosos, de mis oscuridades. "¡Cantad al Señor, hermano!—me dirían—. ¡Exultad en el Señor Dios fuerte, tañed la lira y la cítara y dad saltos de alegría como el recental al ver la ubre; porque grande es el Señor y abundosa su misericordia! ¡Alegráos en el Señor siempre! ¡De nuevo os digo: alegraos!''.
Un cuerno.
Como ya he dicho, Castellani nos enseñó muchas, muchísimas cosas más que las diez que caprichosamente elegí poner aquí. Pero quizás una de las más importantes de todas fue enseñarnos que la batalla modernistas vs. Tradicionalistas, o de conservadores vs. progresistas, depende cosas más altas, depende de una espiritualidad, de un modo de concebir la religión toda. Por eso peleó con toda su alma contra toda suerte de pelagianismo, contra todo tipo de moralismo. Así, explica clarísimamente el papel de la preceptiva en nuestra vida religiosa:
La vida devota no es un conjunto de prácticas y reglas fastidiosas, que fraccionan la vida, pero son ineludibles; una lucha contra los deseos permitidos que es necesario trabar para vencerse; en fin, la ejecución de lo más molesto para salir victorioso de sí mismo (Y, sin confesarlo, ¡se saborea la victoria!). Pues bien, ¡no, no y no! Todo esto es estar en el abecé de la vida espiritual; es no haber comprendido el esplendor de Dios y del hombre. La verdadera piedad, el amor verdadero, es una vida: una vida transformada, una vida apacible, llena de confianza en Dios; una vida gozosa, porque es libre, una vida amante, porque se ha dado, una vida de maravillosa dilatación del alma… ¡una novedad de vida! Una de las cosas más sorprendentes del Cristianismo, para el que lo mirase como una mera regla moral, sin espiritualidad, es ver cuántas veces los reprobados por Dios son precisamente los que quieren multiplicar los preceptos, como los fariseos de austera y honorable apariencia; mientras en la Epístola a los Gálatas San Pablo lucha por quitar preceptos en vez de ponerlos, con gran escándalos del beaterío de su época.
Es esto un ejemplo notable para comprender que lo esencial, para el Evangelio, está en nuestra espiritualidad; es decir, en la disposición de nuestro corazón para con Dios. Lo que Él quiere, como todo padre, es vernos en un estado de espíritu amistoso y filial para con Él, y de ese estado de confianza y de amor hace depender, como lo dice Jesús, nuestra capacidad (que sólo de Él viene) para cumplir la parte preceptiva de nuestra conducta."
Y en esta misma línea, yo creo que su principal enseñanza fue que debíamos ser santos, pero esto entendido en términos muy precisos, como los que estampó en su “Ruiseñor Fusilado”:
Santo es el que habitualmente y en todas sus acciones consulta y sigue la voz del Espíritu de Dios que habita su conciencia.
Nada más (y nada menos).

Bella Vista, 25 de octubre de 2019.

martes, 12 de noviembre de 2019

Castellani: su vida en diez minutos y conferencia con diez enseñanzas

Gracias al P. Olivera Ravasi y su página "Que no te la cuenten", podemos contar con la grabación de la conferencia del Dr. Randle que anunciábamos días pasados.

Introducción previa: ¿Quién fue Castellani?



Conferencia: P. Leonardo Castellani: Diez enseñanzas que nos dejó.



lunes, 16 de septiembre de 2019

Entrevista a Giaquinta sobre el P. Castellani


Leonardo Castellani, un referente del pensamiento, que Juan Manuel de Prada puso de moda


La figura gigantesca de Castellani no era muy conocida en España hasta que Juan Manuel de Prada la puso de moda. Semblante grave y enjuto, cejas plateadas, pipa en ristre, la bufanda enmarañada al cuello, ataviado de sotana negra y boina vasca, leyendo con mirada escrutadora que penetra las entrañas de cada libro. Mente lucidísima y preclara, fiel hijo de San Ignacio de Loyola. Santo sacerdote amante de la Tradición y la sana doctrina, excelente predicador, periodista incisivo, literato brillante y genio creativo, personaje polémico por su valentía en denunciar el fariseísmo, profeta del caos actual…Es sin duda una figura riquísima, poliédrica y transcultural.

[Seguir leyendo...]

viernes, 2 de agosto de 2019

Cartas del P. Castellani al Dr. Ignacio Pirovano 1953-56


Conjunto de cartas enviadas por Leonardo Castellani, sacerdote y escritor argentino, a Ignacio Pirovano entre 1953 y 1956. En este caso no se conservan las copias de la correspondencia remitida por Pirovano, sino únicamente las cartas recibidas, las cuales muestran desde el vínculo de amistad que los unía hasta el tratamiento de temas de política y cultura. Algunas fueron escritas por el jesuita durante su estadía en Cume-Có, estancia de la familia Pirovano.
En 1980 Josefina Pirovano de Mihura, tras la muerte de su hermano Ignacio y de acuerdo con su voluntad, decidió donar un conjunto de obras al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En ese contexto, la Biblioteca del Museo recibió para su custodia parte del Fondo Personal de Ignacio Pirovano.
En el sitio del Museo de Arte Moderno.

Ignacio Pirovano (1909-1980) fue abogado, pintor, diseñador-decorador, gestor cultural, empresario ganadero, etc. Entre 1937 y 1955, dirigió el Museo de Arte Decorativo y entre 1952-53, estuvo a cargo de la Comisión Nacional de Cultura.

Archivo con un PDF combinado de toda la correspondencia con Castellani.


 

viernes, 31 de mayo de 2019

Edición ampliada de "Los Papeles de Leonardo Castellani"



SOBRE LA PRESENTE EDICIÓN

En noviembre de 2017 se publicó la primera edición de Los Papeles de Leonardo Castellani, recopilación de prólogos y epílogos que fue resultado de una  prolija investigación. Sin embargo no habíamos podido hallar el prólogo de Castellani al libro Semblanzas heroicas de Blas A. Malvicini, que providencialmente llegó a nosotros en este año de 2019. 
Ofrecemos, pues, esta edición ampliada; renovando nuestro propósito de continuar con la tarea de difusión de la obra castellaniana, como un servicio a Dios y a la Patria.
Los editores

jueves, 30 de mayo de 2019

La desolación de Lugones

Tres años han pasado desde que el más grande poeta nacido en las tierras del Plata puso fin a su vida con mano violenta; y después de haber testimoniado acerca de la enfermedad de la Patria en sus obras LA HORA DE LA ESPADA y LA MISIÓN DEL ESCRITOR selló por desgracia su testimonio con un acto de desesperación infinitamente deplorable. Tres años, y la nación ha olvidado a Lugones.

[https://blogdeciamosayer.blogspot.com/2019/05/la-desolacion-de-lugones-p-leonardo.html]

lunes, 13 de mayo de 2019

Futbolista y castellaniano

EL OTRO LADO

“La vida no se debe reducir a una pelota”

Diego Valeri, un futbolista poco habitual: habla tres idiomas y lee a San Angustín y a Santo Tomás: “Me gustan la teología y la filosofía. Es una forma de vida”. Su presente en los EE.UU, su pasado en Lanús y su visión de la Argentina...

 

Hace seis años, el Pelusa abandonó Argentina para dirigirse a Portland. Allí se encontró con una ciudad tranquila y cálida que lo acogió junto a toda su familia. Tiempo más tarde sería amado por cada uno de los habitantes de aquel lugar. Valeri llegó para dejar su huella y marcar un antes y después en la historia del club, logrando conseguir el título de la Liga por primera vez, en la cual además se llevó el premio de MVP en el 2017.

El ex volante de Lanús se caracteriza por poseer una amplia cultural ya que domina tres idiomas distintos: alemán, portugués e ingles. Además, es un gran amante de la lectura, con dos grandes debilidades a la hora de elegir la temática de un libro: teología y filosofía. Autores como San Agustín o Eduardo Galeano son los elegidos por el Conde cuando se desata los botines y quiere desconectarse de la pelota.

- ¿Cómo ves la MLS?
- En un crecimiento constante. Es un tipo de liga muy cambiante, año tras año modifican cosas, se está empezando a notar la competencia, a raíz de la política y reglas que están tomando los clubes de incorporar gente más joven e invertir cada vez mas a los equipos.

- ¿Por qué jugadores jóvenes eligen la MLS?
- Se está empezando a ver a esta Liga y al país como una posibilidad de seguir creciendo en la carrera. Casos como Almirón, van a seguir pasando cada vez más. Se convirtió en un paso para adelante y no para atrás.

- ¿Cómo fue tu adaptación cuando llegaste?
- La verdad no me costó mucho, ya había tenido la experiencia de haber vivido afuera. Estoy con mi mujer, que es lo que me sostiene a mí y a nosotros como familia, nos ayudamos mucho. La comunidad fue muy importante para nosotros, porque Portland es un lugar chico y muy cálido, eso me favoreció muchísimo.

- ¿Socialmente que diferencias hay con Argentina?
- Es otro tipo de sociedad. Tienen un orden diferente al de nuestro país, con una forma muy distinta a la forma de ser de la gente. Son países totalmente distintos, con estructuras diferentes. Cosas buenas y malas hay ambas sociedades, uno se va adaptando a lo necesita su familia.

- ¿Cómo ves a Argentina desde afuera?
- Estamos en una situación de crisis muy importante, que puede llegar a estallar de una manera peor, esa inestabilidad vino estos años, está cada vez peor, tiene que terminar. Debería haber un consenso y lograr una estabilidad, en principio económica, revirtiendo valores que siempre tuvo nuestra sociedad y así salir fortalecidos de esta situación. Por lo que se ve va a estar complicado. Argentina es un país que tiene una gran capacidad en su dirigencia política y en su gente, con recursos naturales que favorecen. Será cuestión de brindar orden.

- ¿Qué te gusta hacer fuera del deporte?
- Me encanta leer, sobre todo teología y filosofía. Es algo que siempre me gustó, soy un hombre de fe, me gusta poder instruirme, creo que es algo positivo en la vida poder cultivarse. Es un hobby, pero a la vez lo hago como una forma de vida. Lo nuestro es el fútbol, lo amamos, crecimos con una pelota toda la vida , pero la vida no se puede reducir solamente a una pelota, ni se debe.

- ¿Qué autores te gusta leer?
- La verdad que de todo. Respecto a la teología: la época mas clásica, San Agustín, Santo Tomás o algún sacerdote argentino, como Castellani, ese me gusta mucho. Si me voy a otros tipos de lectura, Galeano, Sacheri o diferentes cosas de fútbol: Menotti y Cappa.


- ¿Extrañas Lanús?
- Si claro, yo soy hincha del Grana y lo sigo siempre. Me considero un hijo de Lanús ya que crecí en el club y viví toda la vida allí. Tuve la oportunidad de representar a todos los hinchas dentro de la cancha. En mi corazón hay un sentimiento de gratitud con todos ellos y aquellas personas que estuvieron cerca mio.

- ¿Se puede dar tu regreso al club?
- Uno nunca sabe. A esta altura de mi vida y lo más importante lo comparto con mi familia, por lo que al final lo vamos a terminar decidiendo entre todos. Sería muy egoísta de mi parte tomar una decisión así solo. Mi corazón es de Lanús. Vamos a ver que me permite mi carrera y también hay que ver si el club me quisiera.

- ¿Qué recuerdos te quedaron del Grana?
- Siempre digo, que no hay cosa más linda que salir campeón con tus amigos. Es un privilegio que tenemos unos pocos y fue un detalle único. Eramos un gran grupo, con Lagos, Pelle, Fritzler, Biglieri, el Laucha y teníamos a Ramón, él para mí fue un padre deportivo, que me formó. Hoy de alguna manera nos sigue acompañando a todos.

 

martes, 7 de mayo de 2019

Castellani y San Alberto Hurtado


[Castellani] nació en la provincia de Santa Fe, Argentina. Ingresó a la orden en 1918 en Córdoba, para pasar luego a Buenos Aires a cursar la teología. Sin embargo, terminó sus cursos en la Universidad Gregoriana de Roma en 1931. Hizo la Tercera Probación en St. Acheul, Francia, donde aprovechó para obtener un diplomado en estudios superiores de filosofía. Ahora bien, para obtener el grado debía rendir examente y Hurtado lo convenció de estudiarlo en Eegenhoven, cerca de Lovaina, después de invitarlo a dictar unos Ejercicios Espirituales [...]. Cuenta Castellani en sus memorias que ese viaje a Bélgica fue providencial, ya que "Hurtado me persuadió a quedarme a preparar el examen y me resultó muy bien a causa de las tres bibliotecas colosales, de la lujosa soledad del parque, el contacto con los profesores, sobre todo el padre Maréchal S.J.; abatí trabajando lo menos el doble que en París". Ese mismo año de 1934 publicó en París una obra en francés sobre los Ejercicios de san Ignacio y que se reeditó en Buenos Aires en 1991. A fines de 1936, Castellani ya se encontraba nuevamente en Argentina, desarrollando una labor intelectual verdaderamente polifacética. Es evidente que más de una preocupación tenía en común con Hurtado. El chileno, en un manuscrito suyo de 1938 sobre "una reforma del bachillerato", dice lo siguiente: "No olvidar la experiencia hecha por el padre Castellani con sus alumnos que leyeron los clásicos y lo que los aprendieron por texto", experiencia que compartió antes de que este jesuita publicara su libro Reforma de la Enseñanza en 1939. Castellani también incursionó en política y fue candidato a diputado y figura de un sector del nacionalismo argentino. Una biografía apunta: "A causa de problemas surgidos con sus superiores, fue amenazado con la expulsión. Viajó a Europa a fines de 1946 y recurrió al padre general [Jean Baptist Janssens], pero en respuesta fue enviado a España y residió dos años en Manresa (1947-1949)". Justamente estando Castellani en esta estadía forzosa recibió la visita de su ya viejo amigo chileno. En su viaje a Europa en 1947, en carta al padre Álvaro Lavín S.J. desde Barcelona, dice Hurtado que "en Manresa vi al padre Castellani, muy bien en su espíritu, pero muy roto en su cuerpo". Castellani, por su  parte, escribió en su diario, con fecha 10 de septiembre de 1947, que le resultó "gratísimo" recibirlo. Su biografía en el Diccionario de la orden apunta que, en 1949, a su regreso a Argentina, "se le leyó el decreto de expulsión de la orden y se vio sometido a una larga suspensión canónica (1949-1966), que le impidió el ejercicio del sacerdocio". Murió en Buenos Aires quince años más tarde.

Manuel Salas Fernández, “Castellani Contepomi, Leonardo Luis (1899-1981)”, La formación jesuita de Alberto Hurtado: De Chillán a Lovaina (1923-1936) (Santiago de Chile: Univ. A. Hurtado, 2018).



lunes, 29 de abril de 2019

Un poco de luz castellaniana sobre lo que es y lo que no es la infalibilidad papal

La Infalibilidad del Papa que Dios ha hecho, es una cosa milagrosa; pero no es tan milagrosa como la infalibilidad del Papa que algunos protestantes han hecho. Ni Dios mismo, con ser topoderoso, puede hacer la infalibilidad que hizo Mr. Charles Kingsley (novelista y clérigo episcopaliano inglés del s.XIX, padre del “socialismo cristiano”), por ejemplo, y que regaló gratuitamente al Sumo Pontífice. Por eso, para decir lo que es, ayuda decir juntamente lo que no es la Infalibilidad Pontificia.

1. Infalibilidad no es el poder de hacer del mal bien y del bien mal.

La doctrina de la Iglesia reconoce la existencia de la ley natural, existencia del bien y del mal, es decir, de un orden que nace de la misma naturaleza de las cosas. Orden que Dios mismo no puede deshacer, porque Dios no puede hacer cosas contradictorias (“Deus contra primum ordinem non agit, quia contra seipsum nemo agit”, dice San Agustín). Dios mismo no puede hacer que una blasfemia deje de ser pecado, porque Dios no puede hacer que la criatura no sea criatura y el Creador no sea Creador. Dios puede dispensar de una ley divina positiva, como la de comulgar alguna vez en la vida; la Iglesia puede dispensar de una ley eclesiástica positiva, como la de comulgar una vez al año: porque todo legislador puede dispensar de su ley, cuya obligatoriedad dimana de su propia voluntad.

Así, pues, la Iglesia podía quizá dispensar el impedimento del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, impedimento de afinidad en primer grado, aunque de hecho no lo dispensó; pero que de eso se deduzca que el Papa “tiene el poder de crear el bien y el mal” en tal desmesurada proporción, que pueda por medio de las indulgencias (!) asegurar el perdón a cualquiera, “etsi matrem Dei violavisset”, parece que es una consecuencia tan monstruosa, que es imposible que haya sido escrita. Y si ha sido escrita, parece que debe de ser por algún dejado de la mano de Dios. Y si fue escrita por el Rev. Charles Kingsley en una crítica de la historia de Froude en el MacMillan Magazine, en enero de 1864, parece que yo no debería repetir sus palabras, siquiera por no ofender los píos oídos y por respeto al género humano. Y sin embargo, las tengo que repetir, para que se vea hasta dónde puede llevar el prejuicio a un hombre de estudios, Doctor Divinity (doctor en teología), que dice creer en Jesucristo y tiene a todos los papistas por fanáticos: para que sirva de ejemplo de lo que decía arriba acerca de la razón humana.

2. Infalibilidad no es impecabilidad.

Dicen que en algunas lenguas estas dos ideas se expresan con una palabra común (unfehlhar en alemán, nepogriechimosti en ruso), lo cual hizo gritar a los viejo-católicos alemanes y a los cismáticos rusos cuando la definición Vaticana, que los ultramontanos habían fabricado un Papa igual que Dios. Por lo cual, en el II Congreso de Velehrad, en 1905, el obispo ortodoxo A. Maltzew propuso cambiar por la palabra bezochibotchnosti (sin error), para quitar piedra de tropiezo a nuestros hermanos orientales. Pero no es así en la lengua latina (falli = equivocarse) ni en la nuestra. Nosotros sabemos hace mucho tiempo que no todo es trigo limpio en la Iglesia Catolica, y que no sólo pueden pecar, sino que de hecho algunos Papas pecaron. ¡Miren a qué hora se despierta el buen diputado socialista! Lo sabía yo al hacer la primera comunión, que en el campo del Padre de familia el hombre enemigo sembró en medio del trigo limpio, cizaña.

El Papa es pecador como hombre privado, y por eso tiene confesor y se arrodilla ante él cada semana; pero es infalible cuando habla ex cathedra.

Esta expresión técnica de los teólogos (hablar desde lo alto de la cátedra de Pedro) expresa las condiciones y límites de la promesa divina, que son tres:

1) cuando habla como Doctor público y cabeza de la Universal Iglesia, no como hombre, no como teólogo, no como obispo de Roma, precisamente;

2) cuando habla acerca de cosas de la fe y de la moral, es decir, acerca del depósito de la revelación pública hecha por Cristo y clausurada por los Apóstoles; 

3) cuando define, es decir, pronuncia juicio solemne, auténtico y definitivo acerca de si una verdad está o no contenida en ese deposito inmutable, no cuando aconseja, exhorta, insinúa o administra.

Ojo con esta palabra “depósito de la revelacion” (“Apostoli contulerunt in Ea, tanquam in repositorium dives, omnia quae sunt Veritatis”, dice Ireneo), que no significa una caja de verdades colgadas, pinchadas y clasificadas, como la teca de un naturalista.

En el capítulo último de Orthodoxy, Chesterton ha ilustrado las relaciones de la autoridad y el aventurero, con la comparación de su padre llevándolo de la mano a él pequeño al descubrimiento del jardín de su casa. “Yo sabía que mi padre no era un montón de verdades, sino una cosa que dice la verdad.”

El montón de verdades supraterrenas que al Hijo de Dios plugo traernos están todas contenidas en la Iglesia Católica de Pío XI, como lo estuvieron en la Iglesia Católica de San Pedro; no precisamente en la cabeza de Pío X I, ni en el símbolo de Pedro, ni en la Suma Teologica, ni en el Concilio de Trento; sino en la vida de la Iglesia viva, a la cual pertenecen Pío X I y el símbolo y la Suma Teologica y el Concilio. La inspiración personal de los protestantes agarrados a la Biblia es el extremo contrario del estatismo autorital de los rusos agarrados a los ocho primeros Concilios; y las dos exageraciones matan la verdad revelada, la primera por desangramiento, la segunda por estrangulamiento.

Porque la asistencia continua del Espíritu de Verdad prometida a la Iglesia, ni es la continua profecía, ni es la profecía momentánea y petrificada en un libro o en veinte cánones.

Entre los dos extremos de la momificación del dogma y el continuo nacimiento del dogma, hay un medio verdadero que es la vida del dogma. Y de esta vida del dogma es la infalibilidad el órgano regulador y propulsor, como el corazón que en el medio del pecho bate tranquilamente la medida.

3. Infalibilidad no es ciencia universal.

Algunos católicos poco instruidos se imaginan quizá la Infalibilidad como un estado de ciencia actual, y al Papa flotando en mares de certidumbre infusa, ideal y sintética acerca de todas las cosas divinas.

Si no hay católicos tan sencillos, protestantes sí que los hay; y de esta gruesa fantasía brota la objeción anglicana que arbola cándidamente Chillinworth, por ejemplo: “Vamos a ver; si el Papa es infalible, ¿por qué no publica un comentario infalible de todos los versículos de la Escritura?” (Murray, De Ecclesia, t. II, p.361). Como si dijeran: “Si el Papa es infalible, que resuelva el problema aeronáutico de volar sin motor.”

De esta concepción nace también otra idea simplista, que ha cristalizado en el libro de Augusto Sabatier, Religions d’Authorite et la Religion de l’Esprit.

Representan la historia de la religión de Cristo como una lucha continua entre la Autoridad y la Razón, con mayúscula; y atribuyéndose a sí mismos la libertad de la razón, nos regalan gentilmente la esclavitud de la Autoridad. En la cual mazmorra papal el entendimiento del pobre papista tiene que estar preparado para recibir cada día nuevas listas de credenda, nuevos dogmas y verdades que, so pena del infierno, debe creer ciegamente, aunque contradigan todo lo que creyó ayer y creerá mañana. Claro que Sabatier no lo dice así, porque tenía más talento que eso; pero así lo dicen al pueblo los bautistas yanquis en la plaza Once de Buenos Aires y los anglicanos en el Hyde Park de Londres.

Pero no hay libertad para el entendimiento fuera de la verdad. Es no saber ontología, tener por un bien la libertad de pensar el error, que no es más que la esclavitud del espíritu a la carne y al orgullo. “La gente libre debajo de Dios” , llama San Agustín al pueblo cristiano.

Es no saber psicología, ignorar la elástica energía del entendimiento del hombre, centuplicada bajo la compresión benéfica de la Verdad Divina, como ya notara Aristóteles (X Etic., c. VII; De pan. anim. II), la elástica vitalidad de ese hijo del cielo, que como Anteo, hijo de la tierra, a cada golpe más gozoso salta y con freno es cuando más gallardea, piafa y salva barreras, mientras que sin freno se desboca y precipita.

Es no saber historia, ignorar por una parte el edificio estupendo de la Teología Católica, más sublime que la metafísica aristotélica y la ética platónica, que no son más que sus basamentos, arquitecturado bajo el rol de la Infalibilidad, por mentes como Atanasio, Agustín y Tomás de Aquino; ignorar, por otra parte, la descomposición casi instantánea de la teología protestante en manos del libre examen, la carrera al ateísmo pasando por el protestantismo liberal y el racionalismo, que hacía retroceder espantada en 1833 al alma religiosa de Newman y la ponía sobre el rastro de Dios. Descomposición de la cual escribió el mismo Loisy, a propósito de la encuesta “Jesus or Christ?” del Hibbert Journal: “Se siente uno tentadísimo de pensar que la teología contemporánea -excepción hecha de la católica romana…- es una verdadera torre babélica, donde la confusión de ideas es peor aún que la diversidad de lenguas.”

Es que dentro de la palestra de la Infalibilidad hay espacio amplísimo para el torneo formidable y benéfico de la Razón y la Autoridad Divina, para que se agarren Agustín y Jerónimo sobre los ritos judaicos, tomistas y suaristas sobre los Auxilios, mientras que fuera del recinto trazado por Dios mismo, la razón rebelde galopa al escepticismo que es su ruina, detenida un momento solamente por otra Autoridad bien innoble y esclavizante, la autoridad humana de un Estado civil, del Rey de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana; del ex zar Romanoff, ex jefe de la Iglesia Rusa.

De modo que el magisterio infalible de Pedro no es la plenitud de la ciencia adquirida ni de la ciencia infusa; y no ha sido instituido por la Providencia para crear nuevas creencias y dogmas, sino “para custodiar incorruptas las creencias reveladas por Jesucristo-Dios, ni una más, ni una menos” (“para que no andemos vagando a todo viento de doctrina”), a través de todas las vicisitudes de los tiempos, hasta el fin. He aquí cómo la entiende un gran escritor ateo, y hoy amigo de la Iglesia, pero que ha leído historia: “El viejo de blancos hábitos que asienta en la cima del sistema católico puede parecerse a los príncipes de horca y cuchillo cuando corta y separa, expulsa y fulmina; pero la mayor parte de las veces, su autoridad participa de la función pacífica del maestro de coro, que marca el compás de un canto que sus coristas conciben como él y al mismo tiempo que él.” (Charles Maurras, Politique, Dilemme I, pág. 382)

4. Infalibilidad no es poder despótico de gobernar la Iglesia y aun los Estados.

El Sumo Pontífice es jefe supremo de la Iglesia y su potestad es inmediata, ordinaria y episcopal. No podría, sin embargo, disolver el Episcopado, que es institución divina; porque Cristo quiso que fuese monárquico-aristocrático el gobierno de esta sociedad visible y cuerpo místico. Pero este poder de mandar, que llaman de imperio, no es el poder de enseñar, que llaman de magisterio, al cual está prometida la Infalibilidad. Lo cual no impedirá que el tigre Clemenceau vocifere en el Senado en 1864, cuando se iba a definir: “Quieren hacer [los ultramontanos] al Papa como en los tiempos en que los reyes eran sus tenientes”; porque ¿qué obligación tienen Ellos (“What They don’t know” que dice Chesterton) de saber estas cosas?

Sobre el poder temporal de los príncipes, los Papas no tienen ninguna jurisdicción directa, como han enseñado casi unánimemente los Teólogos, Santos Padres, Apóstoles y el mismo Cristo. Es conocido el ejemplo del jefe del Centro Alemán Mallinckrodt negándose a seguir una insinuación meramente política de León XIII (votar las leyes militares de Bismarck), por parecerle dañosa a la patria, conducta que fue aprobada por el mismo Pontífice.

¿Qué es, pues, la Infalibilidad?

La Infalibilidad Pontificia no es más que la promesa del Hijo de Dios de que la fe de Pedro y sus sucesores no fallará; antes bien, servirá de sostén a sus hermanos, y de este modo la Iglesia de Pedro será hasta el Fin del Mundo columna y fundamento de la verdad revelada. Para negar que Dios pueda hacer eso, hay que negar que hay Dios.

¿Cómo lo hará Dios, por revelación, por inspiración, por simple vigilancia, por su eterna presciencia sola y habitual providencia?… El hecho es que si lo ha prometido, lo hará.”

lunes, 15 de abril de 2019

Nueva convocatoria para la Faja de Honor Padre Leonardo Castellani

aica.org  |  Especial  |  Libros y Revistas
Lunes 15 Abr 2019 | 11:40 am

Buenos Aires (AICA): El Comité Ejecutivo del Libro Católico, que fundó y preside don Manuel Outeda Blanco, convocó a dos certámenes literarios, uno de ellos destinado a jóvenes estudiantes. Se trata del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, para trabajos de alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario y, la 25° Entrega Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, para obras cuyas primeras ediciones hayan sido publicadas en el año 2018.
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El Comité Ejecutivo del Libro Católico, que fundó y preside don Manuel Outeda Blanco, convocó a dos certámenes literarios, uno de ellos destinado a jóvenes estudiantes. Se trata del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, para trabajos de alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario y, la 25° Entrega Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani”, para obras cuyas primeras ediciones hayan sido publicadas en el año 2018.

XXV Certamen Literario Católico Nacional Cardenal Antonio Quarracino
Al recordar al cardenal Antonio Quarracino en el 21° aniversario de su fallecimiento, el Comité Ejecutivo del Libro Católico convocó al XXV certamen literario católico nacional Cardenal Antonio Quarracino, destinado a alumnos de los dos últimos años del ciclo secundario, quienes deberán presentar trabajos personales referidos al lema de este año: "La vida de los padres es el libro que leen los hijos” (San Agustín de Hipona).

El certamen, que tiene como finalidad promover la creación literaria y la edición de las obras de autores noveles, motivo por el cual el primer premio contempla la edición del trabajo ganador en la revista El Buen Libro, se llevará a cabo según las siguientes bases:

Bases del XXV certamen
1. Se convoca a alumnos y alumnas que estén cursando los dos últimos años del ciclo secundario.

2. Los trabajos presentados estarán referidos al lema “La vida de los padres es el libro que leen los hijos” (San Agustín).

3. Las propuestas contenidas en los trabajos deberán coincidir con las orientaciones fijadas en la materia por el Magisterio de la Iglesia Católica.

4. Los trabajos deberán ser personales, con una extensión máxima de 5 páginas tamaño carta y deberán estar impresos o mecanografiados a doble espacio en una cara del papel.

5. Los autores de los trabajos deberán firmar con sus nombres y apellidos reales y completos, indicando su domicilio (con mención del código postal), número telefónico y dirección electrónica. Indicarán también nombre y dirección postal y electrónica del colegio en el que cursan sus estudios.

6. Deberán presentar tres copias del trabajo en carpetas por separado, en cuya tapa figurarán el título, autor, datos personales y colegio en donde cursa (se aceptarán como máximo 4 (cuatro) trabajos por colegio).

7. Los trabajos deberán ser entregados personalmente o remitidos a nombre del XXV Certamen Literario Católico Nacional “Cardenal Antonio Quarracino”, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 18 horas.

8. El plazo de recepción de los trabajos vencerá el 30 de junio de 2019.

9. Las distinciones establecidas son:

Primer premio: Medalla de plata, diploma y edición de la obra.

Segundo premio: Medalla de plata y diploma.

Tercer premio: Medalla y diploma.

El jurado está facultado para adjudicar hasta 3 menciones.

Además se entregarán diplomas a los establecimientos de enseñanza en los que cursen sus estudios los autores distinguidos con premios y menciones.

10. El Jurado dará a conocer el nombre de los ganadores en la segunda semana de septiembre. El Comité Ejecutivo del Libro Católico enviará las correspondientes distinciones a los establecimientos educativos participantes.

11. Dado que entre los premios se encuentra la edición del trabajo, ésta se concretará dentro del año 2020.

12. El Jurado estará integrado por los escritores: doctor Jorge N. Ferro, profesora María Elena Vigliani de La Rosa y profesora Marta Susana Campos.

25° Entrega Faja de Honor Padre Leonardo Castellani
El Comité Ejecutivo del Libro Católico convocó también, por vigésimo quinto año consecutivo, a la Faja de Honor Padre Leonardo Castellani, que será otorgada a libros publicados en su primera edición durante el año 2018 y que cumplan los requisitos establecidos.

La faja tiene doble objetivo: rendir homenaje a la memoria del gran escritor y pensador católico padre Leonardo Castellani y alentar a los autores argentinos cuyas obras, a juicio del jurado, merezcan tal aliciente.

Los organizadores tienen el propósito de estimular "a quienes con su labor continúen la línea sostenida por el padre Castellani a lo largo de su vida, al servicio de la Iglesia y de la Patria". Por eso las obras que se presenten, además del requisito de ser primera edición, su contenido debe constituir, de una u otra manera, un aporte a la cultura nacional coincidente con los valores en que se funda la civilización cristiana".

El concurso se efectuará según las siguientes bases:

Bases de la 25 Entrega Faja de Honor
I. Objetivos: El otorgamiento de la faja tiene un doble objetivo: rendir homenaje a la memoria de ese gran escritor y pensador católico que fue el Padre Leonardo Castellani y, además, alentar a los autores argentinos cuyas obras, a juicio del jurado, merezcan tal aliciente.

II. Orientación: Los organizadores desean estimular a quienes continúen con su labor la línea sostenida por el Padre Castellani a lo largo de su vida, al servicio de la Iglesia y de la Patria.

III. Ámbito: El ámbito para la elección de los trabajos que resulten premiados es amplio, y no tiene limitaciones por materia ni forma de trabajo, (ensayos, narrativa, teatro, poesía), reduciéndose los requisitos fijados a: 1) Que se trate de obras editadas en su primera edición. 2) Que su contenido constituya, de una manera u otra, un aporte a la cultura nacional, coincidente con los valores en que se funda la civilización cristiana.

IV- Plazo: Las obras que serán consideradas para recibir la Faja de Honor deberán haber sido publicadas dentro del año calendario anterior a aquel en el que sean premiadas. El plazo de presentación vencerá el 30 de junio de 2019 y el jurado se expedirá en la segunda semana de septiembre del corriente año, mientras que el Comité Ejecutivo del Libro Católico dará a conocer las correspondientes distinciones a los autores o editoriales participantes.

V. Forma: Los autores podrán presentar directamente sus obras en el Hogar de la Empleada, Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1281, (1038) Buenos Aires, de lunes a viernes de 10 a 18 horas, o enviarlas allí por correo a nombre de: Faja de Honor “Padre Leonardo Castellani". En cualquiera de los casos, se acompañarán 4 ejemplares de las obras, sin obligación de los organizadores, de devolverlos.

VI. Distinciones: Las distinciones a otorgar serán las siguientes:

Primera, segunda y tercera Faja de Honor a las obras que resulten premiadas, por su orden.

Se otorgarán diplomas a los autores para acreditar su distinción.

El Jurado está facultado para otorgar hasta tres menciones.

VII. El Jurado destinado a discernir entre las obras presentadas estará integrado por el doctor Juan Luis Gallardo, el presbítero doctor José Ignacio Ferro Terrén y el doctor Horacio Sánchez de Loria.

Mayores informes: teléfono (011) 15-4470-7734: dirección electrónica: info@librocatolico.com.ar; sitio web: www.facebook.com/exposiciondellibro.catolico + 

sábado, 6 de abril de 2019

Linhas tortas

lunes, 25 de febrero de 2019

Apuntes sobre poesía /II




Este segundo volumen de Apuntes sobre poesía, Linhas tortas, toma su nombre de una serie de breves notas con ese título, que son sobre arte y belleza, y que están en contrapunto con unos textos del P. Leonardo Castellani. La serie está casi al final de este volumen que abarca apuntes que aparecieron en esta bitácora entre 2011 y 2013.

El trabajo de esta recopilación tiene cierta arduidad, que uno espera que no se traslade a la lectura. Por lo demás, tiene el beneficio cierto de permitirme repasar asuntos que de otro modo un servidor olvidaría casi por completo.