Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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miércoles, 15 de enero de 2014

Una novela del P. Castellani de difícil reseña


  • 29 DIC 2013

Lecturas LV: Una novela del P. Castellani de difícil reseña
Genial, con atisbos locoides, apasionante, profética...

Jerónimo del Rey (P. Leonardo Castellani): Juan XXIII (XXIV). Una fantasía. Librería Lectio, Córdoba (Argentina), 2013, 349 pgs.

El libro se escribió en 1964. Y es plenamente castellaniano: brillante, incluso genial, imposible, que atrapa enseguida al lector que tenga interés por cuestiones eclesiales y una cierta cultura pues al analfabeto cultural le será imposible entenderlo, con mucho fondo autobiográfico, crítico, amante de la institución, con atisbos que algunos podrían considerar progresistas y enorme fondo tradicional y profético. Ya me dirán si no es profético un Papa argentino y que renuncia al Pontificado. Y ya para rizar el rizo el Papa es él. Sacerdote abandonado, expulsado de la orden "jeromiana", la suya también empezaba por jota, y rescatado por Juan XXIII para reconducir un Concilio que se le iba de las manos. Para mí ha sido un gozo de lectura. Que me confirma más en la genialidad de este singular sacerdote argentino.

Es una novela y no os la voy a destripar. El lector que pueda hacerse con el libro, cosa que no será fácil pues está editado en Argentina y supongo que con escasa tirada, quedará asombrado de tanta imaginación y de tanto fondo real. Algunos personajes son identificables, otros, pura imaginación del autor. Que tenía mucha.

Y aquí concluyo la nota. Quien quiera saber más que intente hacerse con el libro. El mío no lo presto. Pero sí hago constar mi agradecimiento al queridísimo amigo que me lo regaló. 
¿Lo habrá leído el Papa Francisco?

[Aquí]

viernes, 11 de noviembre de 2011

Leonardo Castellani: El Apokalypsis de San Juan (Edición española)

    10
  • NOV 2011
  • 4

  • Lecturas XXVIII: El Apocalipsis al alcance de muchos
    Un libro magnífico de Leonardo Castellani
    Leonardo Castellani: El Apokalypsis de San Juan. Prólogo de Juan Manuel de Prada. Homo Legens, Madrid, 2010, 405 pgs.
    Cabía esperarlo. Porque el autor es inteligente, brillante, rompedor y hasta tocanarices. Juan Manuel de Prada se ha empeñado en dar a conocer a Castellani a los españoles y lo está logrando con algunos. Que sin duda se lo agradecerán.  Primero con una colección de artículos del sacerdote argentino, que ya comenté en el Blog con todo elogio, y ahora con la obra más comprometida de Castellani. A ambos libros dedicó dos inteligentes prólogos. De más difícil acceso es otro libro imprescindible para conocer a Castellani, la biografía que en Argentina publicó Sebastián Randle. Aunque tiene un gran defecto pese a su gran número de páginas., Concluye con la salida de Castellani de la Compañía de Jesús. Con lo que queda buena parte de la vida del ya exjesuita por conocer. Y fue tan apasionante, o más, que la de los años biografiados..
    El Apocalipsis es un libro que calificarlo de difícil es quedarse muy corto. Yo sólo tuve dos encuentros con él. El primero cuando debía tener quince o dieciséis años y un jesuita de mi colegio me instó a leer el Nuevo Testamento.  Los Evangelios, que sustancialmente ya conocía, los leí sin el menor problema. Y los Hechos, de los que sabía menos. Las Epístolas fueron una revelación y desde entonces quedé cautivado por San Pablo. Y llegué al Apocalipsis. Que fui incapaz de terminar. En realidad, de casi comenzar. No entendí nada. Y decidí no perder más el tiempo en tal lectura. No debí comentarlo con el padre que me recomendó  el Nuevo Testamento porque no tengo recuerdo de ninguna observación suya al respecto.
    Y en mi abandono del Apocalipsis pasaron más de 50 años. Sin que se me ocurriera volver a intentar leerlo. Ahora acabo de hacerlo con Castellani, según Castellani, y me ha parecido un libro deslumbrante. Una profecía de fe y de esperanza en la segunda venida de Cristo en gloria y majestad. No es un libro de temores, como tantos han dicho, sino de esperanza cristiana y de propósito de llegar a ese día llevando el nombre del Cordero sobre la frente, escritos en el libro de la vida del Cordero. Serán tiempos durísimos pero los que permanezcan fieles tienen la Palabra de Dios.
    “Y dijo el sentado en el Trono
    (Sigo la versión de Castellani, la de Nácar-Colunga, en su 6ª edición, que es la que manejo, la hallará quien quiera en la pg. 1535, y la de Alonso Schökel en la 447 del NT)
    “Yo lo hago nuevo todo”- Y díjome: “Escribe Pues estas palabras fieles son y VERACES”- Y díjome: “Ya está- Yo soy la A y la Z, El Principio y el Fin- Al sediento yo le daré de la fuente Del agua de la Vida Regalada gratis- El que venza poseerá todo esto Y yo le seré Dios Y él será hijo mío- Mas los cobardes y los incrédulos Y los asquerosos, los asesinos, los fornicarios Y los hechiceros y los idólatras Y todos los que mienten- La herencia dellos En el lago ardiendo En fuego y azufre, Lo cual es la Muerte Segunda””.
    No voy a decir que después de Castellani todo el Apocalipsis queda meridiano porque él mismo dice que hay pasajes que no sabe cómo interpretar. Y tampoco sostengo que la versión del sacerdote argentino es la canónica. Que tampoco la hay. Las profecías no son meridianas hasta que se cumplen y éste es un libro profético. Muchos autores han dado su interpretación del texto joanneo. Castellani recoge unas, rechaza otras, da la suya… Y la que da es brillante, apasionante, católica. Confirma en la fe y en la esperanza. Llegará un día en el que el Apocalipsis será un libro inútil porque ya se habrá cumplido y los hombres estarán gozando de Dios o en el fuego y en el azufre. Cuando ya no habrá profecías. Se habrán cumplido.
    Estamos ante un libro de absorbente lectura, ante una llave que abre el Apocalipsis, o lo abre de algún modo. Y en mi opinión desde la más absoluta ortodoxia. Aunque la fe no imponga seguir la interpretación de Castellani en todos sus puntos. ¿Hay reliquias de milenarismo en su versión? Ciertamente. Pero entiendo que en un sentido totalmente católico.
    Me ha parecido un texto apasionante que recomiendo vivamente a todos mis lectores que tengan un mínimo de formación religiosa y cultural. El que no llegue a esos mínimos, que se abstenga. Y también del Apocalipsis. Porque no entenderá nada.
    La cigüeña de la torre por De la Cigoña

viernes, 30 de septiembre de 2011

Sebastián Randle: Castellani

*Vórtice, Buenos Aires, 2003, 899 pp. 

¡Vaya cura! ¡Vaya libro! Tras novecientas páginas de lectura, interrumpida con enfado y recuperada con ansia, enorme decepción. ¿Cómo se puede terminar esto? ¿Dónde hay más para conocer mejor a Castellani? ¿Qué pasó después?

Sebastián Randle no sabemos si es mejor historiador que escritor o lo contrario. Con un estilo moderno, desgarrado, argentinista hace a un tiempo literatura e historia y consigue un espléndido resultado. Cierto que el personaje se lo facilitó pues el también era, a la vez, historia, literatura, religión, personalidad y, más que nada, sobre todo, insoportabilidad. Porque el P. Castellani, hay que decirlo, era insoportable.

Los jesuitas argentinos de su tiempo eran buenecitos, tranquilitos, aborregaditos... Y aun así, quedaban bien. Estaban por encima de la media, eran apreciados y reconocidos, vivían felices en esa alta burguesía clerical, de respetos mutuos, alabanzas mutuas y satisfacciones mutuas. Hasta que les llegó el P. Castellani. Convencido de que para seguir a Jesús no había que ser buenecito, aborregadito y tranquilito. Y que tampoco se podía hacerlo desde la cómoda tranquilidad burguesa. Desde ese establishment de reconocimientos y alabanzas recíprocas. Pero, sobre todo, no se le podía seguir desde la tontunez. No que el tonto no pudiera alcanzar el reino de los cielos. Castellani siempre vivió en el mundo y conocía sobradamente a sus habitantes. Claro que en el corazón de Dios cabía el tonto. Vaya corazón más vacío si no cupieran en él. Lo que le sublevaba es que el tonto fuera el dirigente. Porque, qué triste porvenir el de los dirigidos. Llevados no a Dios sino a lo que el tonto, por ignorancia o comodidad, o por ambas cosas, creía que era Dios. O le interesaba decir que era Dios.

Fácilmente se comprende el conflicto que se creaba en la Compañía de Jesús cuando llegaba a ella un P. Castellani. Inteligencia privilegiada, pluma brillantísima, carácter difícil, inclinado a meterse en cualquier charco, que suscitaba entusiastas adhesiones foráneas y no pocas reticencias internas, de las que la envidia no era ajena en estas últimas.

En el libro que comentamos, muchas cuestiones están apenas apuntadas. Y a veces en no pocas páginas. Porque respecto a Castellani todas son pocas. Él desborda cuantas se le dediquen. Su influjo en la política y de la política en él, sus trabajos literarios que abarcan tantos temas, sus amigos, tantos, sus enemigos, tantos, su estilo, sus versos, su castellanidad... Randle sugiere a veces, explica otras... Y yo creo que enfada siempre. Porque el lector querría más. Yo le comprendo. Novecientas páginas. Ya la empresa editorialmente era locura. Y serían necesarias más. Muchas más. La culpa no la tiene el biógrafo. La tiene el biografiado.

Fue Castellani un jesuita atípico. O, tal vez, demasiado típico para lo que quizá fuera entonces una ya atipicidad jesuítica. Y ciertamente un golondrino en la provincia jesuítica argentina. Del libro quedan muy mal el provincial y asistente Travi y el general Janssens. Creemos que Castellani les superó ampliamente. A Travi porque le desbordaba en todo. Y al P. General porque nunca llegó a entenderle. No era fácil entender a Castellani y menos cuando las informaciones venían contaminadas por su persona de confianza, el P. Asistente, absolutamente desquiciado por las “desobediencias” y, sobre todo, por la personalidad de Castellani.

El relato de la salida de la Compañía de Jesús de Castellani se lee como una novela de intriga. Hasta la fuga del jesuita recluido en Manresa. Y aquí una leve apostilla a Randle. No eran tan malos sus superiores. Es que Castellani les desquiciaba. Y cuando alguien pierde el “quicio” sus decisiones pueden ser injustas y faltas de caridad.

Después de la lectura de la obra yo me atrevería a pedir a Sebastián Randle, después de felicitarle por tan espléndido libro, que nos ofreciera otro con lo que falta de éste. Aunque nos tememos que ello de nuevo rebasaría las novecientas páginas y nos haría reclamar un tercero y un cuarto con más precisiones. Que si están tan bien escritos como éste se leerán con sumo gusto y notable aprovechamiento.

Francisco José Fernández de la Cigoña