Punto de encuentro de todos aquéllos que estén interesados en vida y obra del Padre Leonardo Castellani (1899-1981)

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jueves, 28 de febrero de 2019

Reseña a "Castellani maldito"


Febrero de 2019.

Sebastián Randle, Castellani maldito: 1949-1981 (Buenos Aires: Vórtice, 2017).

Aunque parezca mentira, si bien teníamos el libro Castellani maldito hace tiempo y lo habíamos ojeado (y hojeado) cientos de veces, todavía no lo habíamos leído de corrido. Así que aprovechamos las últimas vacaciones para hacerlo. Pensamos que recorrer las más de 700 páginas nos llevaría buena parte de las dos semanas, pero la verdad fue que lo terminamos en menos de cuatro días. Así de atrapante es esta “segunda parte” de la biografía del Padre Leonardo Castellani.

En su (lárguisima) reseña de la “primera parte” publicada en Gladius (nº 59), Octavio Sequeiros desarrollaba las razones por las cuales Sebastián Randle “tendrá que seguir con su cruz y redactar el segundo tomo”. La quinta de estas razones se convirtió en profética. Decía allí que,

5)  Castellani  escribía  de  todo,  pero  publicaba  sólo  lo  rigurosamente  seleccionado  con  gran tino “sobre todo si se tiene en cuenta que quiso publicar más o menos la mitad de sus escritos.  Cuando  uno  lee  sus  papeles  privados,  se  siente  inmerso  en  un  mundo  de  tinieblas,  de  pesadillas,  de  tormentas  y  conoce  entonces  al  Castellani  maldito... A      me  pasa  que  cuando  leo  sus  diarios  termino  preguntándome  para  qué  diablos  quiero  escribir una biografía de un tipo tan atormentado... Cuando releo alguno de sus libros, me vuelve el entusiasmo, las ganas de divulgarlos a los cuatro vientos” aunque le quede grande (174). Es como confesar que va escribir la segunda parte, donde precisamente se dará el gusto de profundizar este Castellani más afín con don Sebastián Randle... aunque para mí que él también debe tener algo de maldito, sino no se hubiera entusiasmado con lo hecho hasta ahora, y hasta a veces le parece más “interesante” el Castellani maldito tentado por el suicidio (396).

Y así es como bautizaron esta “segunda parte” de la biografía: Castellani maldito.



Se trata de 24 capítulos que retoman al Padre Leonardo expulsado de la Compañía y suspendido en su ministerio —“en Pampa y la vía” — y nos ayudan a acompañarlo a través de las vicisitudes de esta segunda (y última) parte de vida, a la vez más dura y, acaso, más fructífera de Castellani.

Comienza el autor, convenientemente asistido por un canonista de la talla de Luis De Ruschi, analizando “el caso”: ¿cómo? ¿quién? ¿por qué? ¿qué pudo haber hecho? A continuación lo vemos a Castellani en Salta, rescatado (en parte) por el obispo Tavella, que, sin solucionar su situación canónica, le da (buen) alojamiento y algunas tareas docentes… por un tiempo.

Pareciera que a Castellani su “vida salteña” le da la sensación de estar “en jaula de oro” y se larga. Así, tras algunas vicisitudes en casa de sus hermanos y de amigos, en su pago natal de Reconquista, en Mendoza y en Buenos Aires, y la asistencia de “sus ángeles”, llega al departamentito de la calle Caseros que se transformará en su “cueva de ermitaño urbano”. Veremos ir y venir a los amigos, de los buenos y de los otros. 

Y siempre —durante todo este tiempo— el pesar por lo ocurrido, una herida que no cierra, y a través de la cual el “Cura Loco” analiza todo… genialmente. Pues aunque los diarios y las cartas nos muestren a un Castellani quejumbroso, casi resentido; su obra explota en genialidades llenas de esperanza (a la manera cristiana, que no siempre es como la que pretende el mundo): Los Papeles de Benjamín Benavides, El Ruiseñor Fusilado, Su Majestad Dulcinea, Juan XXIII/XXIV, La Vuelta del Martín Fierro, De Kirkegord a Tomás de Aquino, sus directoriales de Jauja y sus últimos reportajes.

Y esta contraposición, esta aparente contradicción entre estos dos Castellanis —el “privado” y el “público”—, es la que Randle nos muestra constantemente (y éste es quizá el principal logro de la biografía) como resaltando que —como el Soneto de Bernárdez— “después de todo he comprendido / que lo que el árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado”. 

Muchos creemos que la Argentina y la Iglesia fueron (y siguen siendo) injustas con Castellani. Pero sin estas injusticias, difícilmente hubiésemos tenido a este Castellani en su segunda mitad de la vida que bien nos describe esta obra que reseñamos. Seguramente, este sacerdote y pensador (quizá el único verdadero pensador que tuvo el país) lo hubiese cambiado todo porque aquel incidente que tanto lo hirió no hubiese ocurrido, pero acontecido éste, hizo con él —consciente o no de ello— lo mejor que pudo. Y el libro de Sebastián Randle, con la solvencia castellaniana que probó en su primera parte (ahora en su 2ª edición rebautizada Castellani jesuita) más la maduración adicional de 15 años entre un tomo y el siguiente, creo que lo prueba.

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